A izquierda, derecha y abajo, imágenes de Rosario y Carmen LLin, y arriba una fotografía del Hospital Militar donde trabajaron como auxiliares de enfermería durante la guerra.

A izquierda, derecha y abajo, imágenes de Rosario y Carmen LLin, y arriba una fotografía del Hospital Militar donde trabajaron como auxiliares de enfermería durante la guerra. Daniel Duart / Ayuntamiento de Onteniente / Cedidas

Reportajes 90 AÑOS DE LA GUERRA CIVIL

Las hermanas Llin, la bordadora y la estudiante que acabaron de enfermeras en la Guerra Civil: 'Atendíamos 1.000 camas al día'

Carmen y Rosario, de 107 y 104 años, fueron movilizadas al estallar el conflicto para servir como auxiliares de enfermería en el Hospital Militar de Onteniente.

En guerra, perdieron a sus otras dos hermanas mayores, Elisa y María, una durante un parto y la otra por enfermedad: "Las guerras son criminales".

Más información: Los 90 años del pistoletazo de salida a la Guerra Civil: el desfile del 5º año de la República que acabó con un guardia muerto

Onteniente (Valencia)
Publicada

Un día de 1936 un nutrido grupo de militares rebeldes tomaron la ciudad de Melilla. Los oficiales declararon el estado de guerra en nombre del general Franco, y al día siguiente, más soldados siguieron sus pasos en territorio peninsular. Era 18 de julio. Tal día como este sábado, pero hace 90 años. La Guerra Civil acababa de comenzar.

El conflicto arrastró a varios millones de españoles a tomar partido, queriendo o sin querer. Dos de esas personas que aún viven para contarlo son las hermanas Llin Belda: Rosario y Carmen. En 1937, ya en guerra, ellas eran solo dos jóvenes nacidas en Bocairente (Valencia) y que, como tantos, no sabían que el conflicto iba a condicionar su vida para siempre. Pero así fue.

Ese año, las dependencias del colegio y el convento del municipio vecino de Onteniente se convirtieron en un hospital militar para atender a soldados enfermos y heridos del Ejército Popular de la Segunda República.

Soldados heridos y enfermeras en una de las salas del Hospital Militar de Onteniente.

Soldados heridos y enfermeras en una de las salas del Hospital Militar de Onteniente. Archivo gráfico del Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Ontinyent

Y las dos hermanas fueron movilizadas para trabajar como auxiliares de enfermería para ayudar a los sanitarios. Su historia no la explican solo los libros de historia o los documentales. La narra la propia Carmen Llin a sus 107 años, tras abrir a EL ESPAÑOL las puertas de su casa, donde vive con su hermana Rosario, de 104, asistidas ambas por familiares.

Y como las casualidades a veces parece que no existen, Rosario cumplió años el día anterior a la publicación de este reportaje, el 17 de julio.

"Después de la guerra la vida cambió mucho... Se quedaron muchos hijos sin padre, muchas madres sin hijos. Nosotras la pasamos como pudimos, como todo el mundo. Mucha gente tuvo que dejar sus casas, y nosotras tuvimos la suerte de no tener que hacerlo", rememora.

Hasta ese momento, las hermanas vivían una vida muy austera. Rosario estudiaba en el colegio, mientras Carmen se dedicaba a bordar: "Éramos pobres, pero trabajadoras. Eso es lo que nos enseñó nuestra madre. Pero con el conflicto nos quedamos sin trabajo".

Carmen Llin recibe a EL ESPAÑOL en su casa.

Carmen Llin recibe a EL ESPAÑOL en su casa. Daniel Duart EL ESPAÑOL

Y la urgencia del Gobierno republicano de poner todos los recursos del país para frenar el avance de las tropas sublevadas las llevó a ser movilizadas para trabajar en el recién creado Hospital Militar, que sería conocido como 'hospital de sangre'.

PREGUNTA.— ¿Cómo era su trabajo en el hospital?

RESPUESTA.— Yo tenía 17 años, me asignaron a la Sala 2, y a mi hermana al quirófano. Cuando nos movilizaron, el comité del Ayuntamiento del pueblo nos hizo un examen, y así fue como nos asignaron.

Como con lo que nos pagaban en el hospital no teníamos suficiente, teníamos que ir a buscar estraperlo, porque no había qué comer. Mi madre solo podía prepararnos la cebada de los animales para comer.

En el hospital hacíamos tapones para curar a los heridos, poníamos gasas... No podíamos parar. Había 1.000 camas.

Carmen Llin expone sus vivencias en la Guerra Civil.

Carmen Llin expone sus vivencias en la Guerra Civil. Daniel Duart EL ESPAÑOL

P.— ¿Qué vivieron trabajando allí durante la guerra

R.— Recuerdo un herido de Manises que llegó con la pierna destrozada... Se llamaba Rafel, y su mujer, Anita. Ella no tenía dónde quedarse a dormir, y le pregunté si podía quedarse en nuestra casa.

En otra expedición de heridos vino un hombre pobre que parecía que tenía al menos 70 años... Cuando hicimos las pruebas necesarias para curarle, resultó que tenía 21.

También atendimos otra expedición de soldados que llegó porque habían parado a reposar en Játiva, y la aviación contraria les encontró y abrió fuego contra ellos...

Ambulancias ante el Hospital Militar Internacional de Onteniente, en plena Guerra Civil.

Ambulancias ante el Hospital Militar Internacional de Onteniente, en plena Guerra Civil. Archivo gráfico del Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Ontinyent

P.— ¿Cómo vivió el conflicto su familia?

R.— Mi marido tuvo que marchar a la guerra cuando tenía 18 años. Se fue con cuatro amigos más. Mis otras dos hermanas fallecieron. Una durante un parto, y la otra de una enfermedad. Eran mis dos hermanas mayores: Elisa y María.

Las guerras son criminales. Pero en fin... Lo que es menester es que no volvamos a verlo otra vez.

P.— ¿Qué ocurrió cuando terminó la Guerra Civil?

R.— Muchas cosas feas que no estaban bien. Pero fue una alegría que se acabara. Mi hermana siguió trabajando, fue a estudiar a la universidad y se hizo enfermera. El hospital lo reclamaron los franciscanos y a partir de ahí se hicieron cargo de él.

Yo me puse a trabajar en una fábrica durante un tiempo, hasta que me casé.

La mayor parte del conflicto, Onteniente se mantuvo bajo el Gobierno de la Segunda República. No en vano, el mismo huyó de Madrid en los primeros compases del conflicto pensando que la capital sería conquistada rápidamente por las tropas franquistas, aunque tardó mucho más en caer.

Carmen Llin, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Carmen Llin, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Daniel Duart EL ESPAÑOL

Pero en los últimos meses de la guerra, la situación dio un giro. Entre el personal del centro sanitario había miembros de la Quinta Columna: activos partidarios del bando sublevado en territorio republicano,

Hasta el punto de que fue en el mismo hospital de sangre donde se organizaron los preparativos para la ocupación franquista de Onteniente, que acabaría materializándose el 29 de marzo de 1939, según información del portal de Turismo del Ayuntamiento de Onteniente.

Solo tres días más tarde cayó Alicante: la última ciudad en ser conquistada por las tropas franquistas. Ese mismo día, en un parte oficial de guerra, el propio Francisco Franco dio la guerra por concluida.

Mamás belgas

Pero todo eso pasó al margen de las hermanas, a quienes no les quedaba más remedio que trabajar para poder sobrevivir el hambre y la miseria de un país destrozado y dividido por la guerra.

En el Hospital Militar trabajaron junto a ellas más de 40 médicos y unas 80 enfermeras —muchos de ellos de origen internacional—, además de personal administrativo y auxiliar, como era el caso de ambas.

Esa experiencia marcó especialmente a Rosario, que trabajó en el quirófano codo con codo junto a las mamás belgas: un grupo de 28 mujeres que viajaron desde Bélgica al municipio valenciano para colaborar en las tareas sanitarias.

Algunas de las mamás belgas en la puerta del hospital.

Algunas de las mamás belgas en la puerta del hospital. Instituut voor Sociale Geschiedenis

La mayoría eran militantes comunistas y de origen judío y centroeuropeo, y vinieron como brigadistas internacionales con el convencimiento de apoyar la causa republicana.

Las 28 regresaron a su país cuando terminó la guerra. Rosario se quedó en Onteniente, donde no han olvidado su esfuerzo por salvar vidas durante aquellos años, y ha sido homenajeada en múltiples ocasiones. Incluso se puso su nombre a una de las calles del nuevo hospital local.

Tras el conflicto, decidió marcharse a Valencia a estudiar Enfermería y logró hacerse con una plaza en Algeciras. En ese momento comenzó una vida de trabajo y viajes que la llevó por todo el mundo: Estados Unidos, Japón...

Las hermanas Llin Belda, en una antigua fotografía.

Las hermanas Llin Belda, en una antigua fotografía. Cedida

Nunca se casó ni tuvo hijos. Decidió vivir la vida a su manera. Hoy, disfruta de su jubilación en Onteniente junto a su hermana, que sí tuvo dos hijas, tres nietos y dos bisnietos. Aunque como el tiempo no pasa en vano para nadie, no puede conceder declaraciones de primera mano a EL ESPAÑOL. Por eso delega la entrevista en su hermana Carmen.

Cada vez menos veteranos

El caso de Carmen y Rosario es excepcional, dada la poca cantidad de personas que siguen en condiciones de poder contar sus vivencias en el conflicto.

No en vano, suponiendo que en el último año de la guerra -1939- una persona tuviera 16 años, eso quiere decir que en la actualidad tiene entre 102 y 103 años. De ellos, además, no todos participaron o se vieron movilizados por culpa del conflicto.

Este diario ha contactado con el entorno de múltiples veteranos del conflicto, todos ellos mayores de 105 años, pero han declinado colaborar alegando, en la mayor parte de los casos, un "deterioro" en su fortaleza física y/o intelectual.

Lo cierto es que la Guerra Civil, incluso cuando han pasado 90 años de su estallido, sigue siendo para muchas familias una cicatriz abierta.

El doctor Manuel de la Peña, cardiólogo y validador de LongeviQuest, expone a este diario que, para llegar a esas edades, "un 25% depende de los genes, pero el 75% depende de nuestros hábitos de vida".

Y asegura que esa generación, que tuvo que soportar el horror, las calamidades y la escasez de la guerra y la posguerra "se convirtieron en imbatibles".