Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

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Blanca Portillo: "No me he casado porque no creo en el matrimonio ni me interesa la convivencia permanente"

La actriz reflexiona sobre el auge del odio, la desafección política y el poder transformador de la cultura a propósito de su nueva película, 'Días de caza'.

Más información: 'Día de caza': Pedro Aguilera cambia el género del clásico de Saura y anula la tensión

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Hay actores que elevan cualquier proyecto con su sola presencia. Blanca Portillo (Madrid, 1963) pertenece a esa estirpe: de las que convierten cada personaje en una exploración del alma humana y entienden la interpretación como un ejercicio de riesgo antes que de lucimiento.

No es casualidad que haya sido nominada en cuatro ocasiones a los Premios Goya —alzándose con el galardón por Maixabel, gracias a su conmovedora interpretación de la viuda de Juan Mari Jáuregui, asesinado por ETA, una de esas composiciones destinadas a permanecer en la memoria del cine español— ni que haya trabajado a las órdenes de algunos de los directores más importantes de nuestro país.

Ahora regresa a la gran pantalla con Días de caza, la nueva película de Pedro Aguilera, que resulta una especie de diálogo contemporáneo con el clásico de Carlos Saura (La caza, 1966).

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Traslada los conflictos de poder, violencia y odio a un universo actual protagonizado, esta vez, por mujeres que por el hecho de querer tener poder "cometen los mismos errores que los hombres", explica la actriz en una entrevista con EL ESPAÑOL.

Un filme que sirve de punto de partida para una conversación que va mucho más allá del cine. Así, durante el encuentro con este periódico, Portillo trazará un diagnóstico tan lúcido como inquietante de la sociedad actual.

Cree que "somos más insolidarios, más incapaces de ver lo que ocurre a nuestro alrededor y de empatizar con los demás" y lamenta que "vivimos instaurados en una especie de cultura del odio".

Por ello, reivindica el poder transformador de la cultura frente a los que la cuestionan.

"¿De verdad podría yo llegar a pensar que el cine no es cultura y que ha sido el gran mimado de los progres? Porque mucha gente lo piensa. Todo lo que tiene que ver con cultura siempre se ha considerado peligroso porque te hace pensar", explica.

La actriz también analiza la creciente desafección política y rechaza el conformismo ciudadano.

"Los políticos quieren que no nos preocupemos tanto de la política para que ellos puedan hacer lo que quieran y cuando quieran. Es muy cómodo aceptar que la política no sirve para nada, que lo de la izquierda es mentira, que lo de la derecha es horrible", señala.

Así, en tiempos de confrontación y vergüenza política, la actriz reflexiona también sobre el legado de Maixabel a la hora de tender puentes: "Maixabel me dio una lección tremenda. Es una mujer que emprendió un camino que luego siguió mucha más gente y creo que ahora es momento de construir, no de destruir".

Su querencia por los personajes que ponen a prueba sus propias convicciones, la sigue guiando. "Me gusta interpretar a personajes que me incomodan y que me lleven a plantearme mis ideas (...) luego acabas descubriendo que sí que tienes algo en común con ellos, aunque solo sea que los dos somos humanos y compartimos emociones".

También se muestra sincera al abordar su esfera personal: explica que nunca se ha casado porque no cree "en el matrimonio ni me interesa la convivencia permanente" y reconoce que incluso cuidar de un perro, como es su caso, supone "un hándicap" para una profesión tan exigente como la de actor.

"Cualquier obligación que te pongas te exige un compromiso, me da igual si es un hijo, un marido o un perro", afirma.

Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Pregunta.- Días de caza dialoga directamente con La caza, una de las grandes películas de Carlos Saura. ¿Qué cree que aporta esta nueva versión, protagonizada por mujeres, sobre este clásico?

Respuesta.- Yo creo que intentar volver a hacer La caza hubiera sido un grandísimo error. La caza es una película maravillosa y emblemática, y esta establece un bonito diálogo con aquella.

Plantea una serie de cuestiones que están en la original vistas desde la mirada de hoy y desde el punto de vista femenino, lo cual resulta particular.

La original es una película profundamente testosterónica y abordarla desde el punto de vista de las mujeres aporta una nueva visión.

P.- Y en ese diálogo con aquellos hombres 'testosterónicos', en esta nueva versión se nos muestra a mujeres de armas tomar nunca mejor dicho—, 'testosterónicas', con poder. Pero, ¿son mujeres con poder o son mujeres empoderadas? ¿Son diferentes conceptos?

R.- Es interesante esto que planteas. El término 'empoderada' es algo muy contemporáneo, y tiene que ver con mujeres que alcanzan su lugar en el mundo y la posibilidad de ser lo que quieren ser, cuando quieren ser, como quieren ser, y donde quieren ser.

Ese es el empoderamiento, hoy por hoy. Otra cosa diferente es tener el poder y ejercerlo como si fueras un hombre. Entonces, es muy distinto.

Estas son mujeres que quieren detentar el poder y están en búsqueda constante de ello; y ellas, por el hecho de querer tener poder, cometen errores que también cometen los hombres.

P.- Y en esta revisión del clásico, se presupone que aquella España de La caza de Saura era diferente, aunque no sé si tanto. ¿Hasta qué punto seguimos anclados en el pasado?

R.- Pues el hecho de que esta sea una visión desde el hoy, te permite ver qué ha cambiado y qué no. También, qué tenemos metido en nuestro ADN de españolitos que no conseguimos quitarnos de encima.

Si ves La caza te das cuenta de que quizá no hemos cambiado tanto, y eso es peligroso, porque entonces significa que no hemos aprendido mucho.

Claro que las cosas han cambiado, pero la ambición, el deseo de poder, el orgullo, la destrucción de las emociones… eso desgraciadamente sigue estando ahí.

P.- Además, Días de caza es una muestra de cómo el clasismo y el racismo continúan siendo fuentes de odio. ¿Hay más racismo ahora que nunca?

R.- Creo que nos están enseñando a ser muy egoístas. Sobre todo a través de las redes sociales, nos enseñan que el mundo es nuestro y que cualquier persona a tu alrededor te lo puede robar.

Nos hemos hecho cada vez más conservadores de nosotros mismos, quiero lo mío para mí y para nadie más, y todo lo que hay alrededor es un peligro.

Somos más insolidarios, más incapaces de ver lo que ocurre a nuestro alrededor y de empatizar con los demás.

Y eso está en la película, estamos viviendo esos tiempos, que tampoco son muy diferentes, desgraciadamente, a hace 60 o 70 años.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.- ¿Cada vez odiamos más?

R.- Es una pena, pero sí, somos muy incapaces de leer las cosas con amabilidad y generosidad.

El odio lo único que genera es mucha violencia, lo cual desemboca en lugares muy peligrosos. Además, odiar tampoco vale para mucho, es una emoción que no genera nada bueno en ti, no te hace ningún bien, sino que genera mal en los demás.

Vivimos instaurados en una especie de cultura del odio y de no respetar el ser de los demás. Y no entiendo por qué.

P.- "No me cabe en la cabeza que el cine se considere cultura. Siempre ha sido el gran mimado de los progres", dice su personaje en la película. ¿Le costó mucho interpretar esa frase?

R.- (Risas). Recuerdo que cuando me llegó el guion, le dije a Pedro Aguilera, el director, que no sabía si iba a poder decirla.

Pero está bien, había que decirla con mucha contundencia, con mucha verdad, porque desgraciadamente hay mucha gente que piensa eso y no hay nada como el sentido del humor ácido y crudo para ver las cosas agrandadas.

Es muy fuerte ver en una pantalla de cine a alguien decir, con absoluta solvencia, que "el cine no es cultura”.

Hace que te lo replantees y lo analices incluso, ¿de verdad podría llegar a pensar que el cine no es cultura? Porque mucha gente lo piensa pero, desde luego, es un error gravísimo.

P.- ¿Por qué cree que el cine sigue siendo una amenaza para mucha gente?

R.- Pues porque es una lupa donde se ven las cosas. Hay gente que no quiere ir al cine porque sabe que de alguna manera le va a afectar y le va a hacer replantearse las cosas desde otro lugar.

Todo lo que tiene que ver con cultura siempre se ha considerado peligroso porque te hace pensar. Hace que tu suelo se mueva y cuando nos mueven el suelo no nos hace mucha gracia.

P.- Haciendo una radiografía de la situación actual, también vemos como hay mucha decepción y rabia con esta izquierda actual, por todo lo que está pasando. ¿Comparte esa decepción?

R.- Creo que es un mensaje que nos están metiendo en la cabeza sobre todo a través de las redes. Espantos ha habido siempre, gente que abusa del poder ha habido siempre, tanto en la izquierda como en la derecha, adelante y atrás.

Entonces no es un momento precisamente para la decepción, es momento para luchar, decir todo lo contrario y seguir creyendo, porque, si no, estamos perdidos.

Es muy cómodo aceptar que nada vale para nada, que la política no sirve para nada, que lo de la izquierda es mentira, que lo de la derecha es horrible. Los políticos quieren que no nos preocupemos tanto de la política para que ellos puedan hacer lo que quieran y cuando quieran.

Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo posa para su entrevista a EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.- ¿Cree que hay que marcar una diferencia entre los ideales y la política de partidos? Porque mucha gente está enfadada con esta izquierda institucional que pervierte el mensaje.

R.- Los partidos son una cosa. Tienen sus estructuras y su funcionamiento. Detentar el poder siempre implica estar en riesgo de cometer atrocidades.

Así que pensemos más en las personas que en lo que es el concepto de política. La política es un instrumento beneficioso para la sociedad, otra cosa es que los seres humanos sigamos siendo deplorables.

P.- Además, da la sensación de que el debate público se ha empobrecido, ¿hay menos intelectualidad que nunca?

R.- Sí, yo tengo esa impresión y creo que eso es por falta de cultura también.

Creo que nosotros, la sociedad, tenemos responsabilidad en ello, porque quien hace que los políticos suban el nivel somos nosotros.

Si les exigimos más, trabajarían más, pero nosotros nos hemos relajado.

Hay una especie de devaluación, y eso me da mucha tristeza. Por eso te digo que no es momento para la decepción, sino para la exigencia.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.- Y hablando de odio, también quiero que hablemos de perdón. Le quiero preguntar por Maixabel, viuda de Juan Mari Jáuregui. Un personaje que te hizo ganar el Goya. Ahí se planteaba la posibilidad de escuchar al otro, combatiendo así la violencia. ¿Qué le enseñó ese personaje?

R.- Lo que más me conmocionó de la película fue descubrir cómo Maixabel es un ser que nunca transita el camino del odio, a pesar de todo, porque sabe que no sirve para nada. ¡Para nada!

Hay que construir, porque ya ha habido quien se ha encargado de destruir, así que ella no iba a hacer lo mismo. A mí me dio una lección tremenda.

Es una mujer que emprendió un camino que luego siguió mucha más gente y creo que ahora es momento de construir, no de destruir.

Cada día que pongo la tele no veo más que destrucción y a nadie que construya para que las cosas sean mejor. Maixabel es una película que deberíamos ver cada cierto tiempo.

P.- También se metió en la piel de José Antonio Primo de Rivera, entre otros personajes históricos, en la obra 1936, ¿busca conscientemente personajes que le incomoden o que cuestionen sus propias certezas?

R.- El otro día escuchaba a Viola Davis decir que el mejor lugar para trabajar la interpretación es la incomodidad. Me gusta interpretar a personajes que me incomodan y que me lleven a plantearme mis ideas y ver si tengo algo en común con ellos o no.

Luego acabas descubriendo que sí que tienes algo en común, aunque solo sea que los dos somos humanos y compartimos emociones.

De eso va esta profesión. Me interesa menos trabajar un personaje que me resulta fácil y cómodo.

P.- Hace poco le escuché decir que su madre le dijo que no tuviera hijos, ni marido, ni perro, ya que esto está reñido con la profesión de actriz. ¿Llevaba razón?

R.- (Risas). Creo que no. En esta profesión hay mucha gente casada, con hijos y con perros. No está reñido, pero son hándicaps.

Yo no he tenido hijos, no porque mi madre me lo dijera, aunque creo que de alguna manera eso se quedó ahí. Los padres nos inoculan cosas que, a la larga, dejan su huella.

Tampoco me he casado porque no creo en el matrimonio ni me interesa la convivencia permanente, pero sí he tenido un perro, en los últimos tres años, y considero que es un hándicap.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL.

Blanca Portillo durante la entrevista para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.- ¿Por qué es un hándicap?

R.- Porque cualquier obligación que te pongas te exige un cumplimiento, como es el hecho de cuidar a un ser vivo, me da igual si es un hijo, un marido o un perro.

Eso te exige un compromiso, una dedicación, un tiempo, y volcar tus afectos; programar tu vida para eso.

Y con esta profesión, que es tan absorbente, parece que está reñido, pero creo que se puede compaginar. Yo ahora lo llevo muy bien.

Mi perro es un gran compañero de trabajo, y estoy muy orgullosa, y de vez en cuando le digo a mi madre: "¿Ves como sí se podía?".

P.- Blanca, ¿qué le pide a la vida?

R.- Que no me robe mi capacidad de sorprenderme; que no se me duerma la niña que llevo dentro. Eso es lo único que pido.