El soldado exlegionario Juan Astray vestido con su uniforme militar

El soldado exlegionario Juan Astray vestido con su uniforme militar Joan Gálvez EE

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El 'boom' de las academias para mercenarios en España como la del exlegionario Astray: "Valen 1.000€ y luego ganas 6.000€"

El contratista ha estado en siete zonas en conflicto y ahora tiene una academia de cursos militares para civiles, milicianos retirados o en activo.

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Los mercenarios hicieron “un trato con la muerte”, dice el exmilitar Juan Astray (Barcelona, 1980). Él ha batallado en seis guerras. Ucrania ha sido la más reciente.

No le molesta que lo llamen mercenario, aunque prefiere que le digan contratista. "Lo principal en este trabajo es saber que te pueden herir, que puedes ver muertos o recibir ataques. Eso te deja secuelas difíciles", asegura, además de que reconoce que su profesión ha cambiado.

Él estuvo en el Ejército español y en la Legión durante seis años, pero fue apartado del cargo tras un juicio en el que prefiere no ahondar. Desde ese momento consideró convertirse en un mercenario.

"No me gusta cuando me dicen que me pagan por matar. No es así. Yo intento sobrevivir a las hostilidades, batallar contra una injusticia y me contratan para ello, por eso el término de mercenario cambió a contratista", explica Astray a EL ESPAÑOL.

Desde que tomó esa decisión y comenzó a ejercer, lo hirieron en dos ocasiones. Vio atrocidades ante sus ojos: gente morir, disparos, bombas, asesinatos y experimentó la sensación de no saber si regresaría a salvo a su hogar.

Las secuelas de la guerra lo marcaron profundamente. Desde que regresó de Ucrania, en 2023, no ha vuelto a considerar marcharse a una guerra.

Pero tampoco podía dejar de lado la pasión por la vida militar. Es por ello que hace menos de un año fundó Astray Private Services, una compañía que entrena a civiles y militares para intentar sobrevivir en una zona de conflicto.

Detalle del uniforme militar y el chaleco antibalas de Juan Astray

Detalle del uniforme militar y el chaleco antibalas de Juan Astray Joan Gálvez EE

“No es nada fácil abrir una empresa de este tipo. Se requieren muchos permisos para el uso de armas. En nuestro caso, hacemos los entrenamientos con airsoft”, asegura.

Para estos cursos no se requiere una experiencia previa ni saber manejar un arma. Astray se encarga de impartir cursos para diferentes niveles: desde principiantes hasta avanzados y adecuarse a las necesidades de su cliente.

Guerra

Antes, para llegar a una guerra, era necesario ir hasta el consulado del país que estaba en conflicto, preguntar por las vacantes, dejar la documentación y cumplir con los requisitos (experiencia, habilidades útiles en la guerra, pasado militar).

Después de la burocracia, en un lapso de un mes, daban una respuesta con los pasos a seguir. "Para irte a una zona en conflicto podría tardar algo más de 30 días", asegura Astray, mientras que actualmente los procesos son llevados -además de los consulados- por empresas privadas en internet como Ukraine Join Army.

En ese portal hay ofertas de todo tipo y los salarios mensuales oscilan entre 480 euros y 4.600 euros, dependiendo de la experiencia. A esto se suman bonos mensuales de 1.600 euros por estar en la primera línea de guerra.

"Un contratista puede ganar más de 6.000 euros mensuales si consigue un buen trato. Además, es indispensable que todo lo deje por escrito y también consiga un seguro de vida porque a la guerra vamos, pero no sabemos si regresamos o si volvemos completos", añade Astray.

Antes de Irak, su primera guerra fue en Bosnia, en el 2000. Luego fue escolta en el País Vasco y su mayor preocupación era que ETA pusiera una bomba en su coche o que le dispararan. En 2012 escoltó a buques atuneros españoles de los piratas en las costas de Somalia y posteriormente, en 2017, ejerció como jefe de seguridad de un empresario en Ciudad de México. Allí recibió un disparo en su tobillo izquierdo.

La ideología, reza Astray, es lo primero que se deja en la puerta al entrar en ese tipo de vida. Al haber formado parte de la Legión en la Brigada de Caballería Castillejos II, algunas personas lo confunden por llevar el apellido del fundador, el general José Millán-Astray.

"Hay raíces franquistas, pero es lo que hay. Nos obligan a ser apolíticos. También ya quisiera ser descendiente de José Millán-Astray. Fue un gran referente", asegura.

Cursos

Por su parte, alias Persia, un contratista colombiano que está en Ucrania desde hace más de dos años, explica que llegó a la guerra por necesidad. "No tenía muchos conocimientos sobre cómo empuñar un arma, pero realicé algunos cursos en escuelas privadas en España que te preparan para ello", asegura.

En esos cursos estuvo cerca de 20 días y el precio que pagó fue de más de 1.000 euros. Allí le enseñaron cómo se empuña un arma, qué hacer si resulta herido en combate o cómo ayudar a sus compañeros. "También te enseñan a disparar, cómo apuntar a un enemigo y saber que en la guerra, pese a que hay que respetar los derechos humanos, el objetivo principal es sobrevivir", dice.

Juan Astray, de espaldas, portando un chaleco y un uniforme militar

Juan Astray, de espaldas, portando un chaleco y un uniforme militar Joan Gálvez EE

Sin ese entrenamiento, confiesa 'Persia', "no habría sobrevivido cinco días en Donetsk. He tenido que asesinar a otros mercenarios, también he visto morir a mis compañeros. La guerra te hace cuestionar muchas cosas de la vida", comenta en un tono de voz apagado.

Sin embargo, Astray explica que su empresa no se dedica a reclutar personas para enviarles a la guerra debido a que incurriría en un delito. "Lo único que hacemos es ofrecer servicios para personas que ya han decidido irse a una zona en conflicto o que simplemente tienen interés. En todo caso, si alguien está en la búsqueda de ir a un conflicto armado y no es militar, sí le recomiendo hacer algún curso que le dé herramientas para sobrevivir en combate", agrega.

Contratistas

Según el colombiano, convertirse en mercenario es "relativamente sencillo". Requiere, principalmente, de no tenerle miedo a la muerte. "Tampoco se necesita experiencia. Lo único es que se recomienda hacer este tipo de cursos cívico-militares para que las personas se sepan defender en combate y también por esos certificados te pagan más que a alguien que no sabe nada", asegura.

El tiempo que tardó en llegar a Ucrania, en su caso, fue de poco más de un mes. Cuando envió la solicitud, compró un billete de avión desde Bogotá hasta Madrid. Una vez en España, realizó los cursos por más de dos semanas en Murcia y Barcelona hasta que aprobaron su viaje a la zona de conflicto.

Sin embargo, añadió que quienes busquen ser mercenarios deben leer bien los contratos dado que en la mayoría de estos hay un tiempo de permanencia mínimo. "El contrato que firmé junto a los de otros compañeros que he conocido es hasta que la guerra culmine y solo se puede rescindir a los seis meses, antes de ello no te lo permiten", agrega 'Persia'.

La socióloga y antropóloga María del Carmen Muñoz explica que los contratistas, en su mayoría, buscan "hacer dinero en un corto tiempo. Son personas que han vivido conflictos y por ello no les importa ir a otra zona hostil. O también son ciudadanos que están sin trabajo y viven en condiciones precarias".

Es por ello que algunos de los contratistas van para zonas como Venezuela, Cuba, Oriente Medio o Ucrania. "A veces no dimensionan las secuelas de la guerra o el costo real en la salud mental. No vuelven a ser iguales y también suelen tener problemas para reintegrarse en la sociedad. Requieren de un proceso especial que los ayude a adaptarse y a entender que ya no están en un conflicto", dice la experta Muñoz.

Lo anterior ha ocasionado, según Muñoz, una "zona gris" en la parte legal debido a que impartir el curso bajo la idea de que cualquier persona puede instruirse para una zona en conflicto no es sinónimo de reclutamiento, "pero sí se ve que las empresas privadas ofrecen mejores salarios a quienes tengan cursos particulares, entonces no hay una claridad sobre la legalidad".

Es decir, en España está prohibido ser mercenario, por eso Astray explica que cuando va como contratista a una zona de conflicto, no lo hace en representación de su nación y en su uniforme no lleva su bandera.

Final

Para Astray, ser contratista lo ha llevado a alejarse de la sociedad. Eso no le incomoda. Pero su nueva vida, como empresario, le ha generado un estrés que lo está sobrepasando.

"Crear una empresa es muy difícil en España por toda la burocracia y el dinero que se pide. Todo lo he puesto de mi bolsillo, sin ver resultados significativos aún. Prefiero estar en una zona de guerra que hacer esto", comenta.

Además de tener que asumir ese nuevo rol, las cicatrices del pasado afloran de vez en cuando. Cuando asesinó por primera vez sintió una “satisfacción” por cumplir su deber.

Pero también, en Irak, perdió a un compañero de primera línea, al cual conoció seis meses antes del suceso. Era de Kurdistán e integraba las fuerzas especiales Peshmerga.

"La amistad en la guerra es más rápida e intensa que en la vida civil. No era un amigo de toda la vida, pero cuando te dan un cigarro, un poco de comida extra, un café para que no te duermas o cualquier tipo de acto, te hace valorar mucho a esa persona", asegura Astray, de 46 años.

Las heridas físicas que ha sufrido son lo de menos, dice. En esa guerra tuvo una fractura de dos costillas por un impacto de bala en el chaleco y luego, cuando se recuperó, un disparo de un enemigo rebotó en una pared de hormigón y se le incrustó en la rodilla izquierda.

Todos esos recuerdos intentó sanarlos corriendo largas distancias en solitario, boxeando o en bares.

"El problema estaba en que apagaba mi cuerpo, pero no mi cabeza. Los primeros meses después de una misión uno se autodestruye. Yo no bebía mucho alcohol por felicidad, lo hacía por tristeza, pero siempre en casa. No lo hacía afuera para no tener que conducir o evitar una pelea en un bar", añade Astray.

Entre tanto, la voz de una mujer interrumpe la entrevista. Él gira su cabeza y sus ojos cambian de la frialdad de la muerte hacia la luz que irradia el amor.

Detalle de las botas de combate de Juan Astray

Detalle de las botas de combate de Juan Astray Joan Gálvez EE

La razón por la cual decidió no volver a la guerra es por el temor de su pareja sentimental a que Astray pierda la vida. "Al final ella siempre se queda esperando, sin saber si regresaré o no", dice.

Tras unos segundos, sus recuerdos regresan a Ucrania y sus ojos nuevamente se transforman. “Vi al ser humano convirtiendo la guerra en una verdadera carnicería. Tuve que ver muchos cadáveres, drones que atacaban a compañeros y los ataques de los morteros”.

Al ser sargento, además de tener que ir al frente, también debía intentar recuperar los cadáveres de sus compañeros y posteriormente llamar a sus familias para avisarles. "Eso te rompe. Siento responsabilidad porque ellos confían en ti y cuando te atacan no puedes ver nada. Solo intentas sobrevivir, contraatacar y luego ves a tu alrededor los caídos", dice.

Según Ukraine Join Army se han reclutado más de 40.000 contratistas desde la invasión rusa en 2022. Durante ese tiempo, cerca de 60 mercenarios españoles han muerto en combate.

Algunas familias de las víctimas han denunciado que los cuerpos de sus seres queridos no han podido ser recuperados, por lo que el seguro de vida no les ha dado una indemnización.

Tras casi un año en el frente de guerra, decidió regresar a casa a finales de 2023. Allí, dice Astray, empezó a escribir su libro en el que está logrando contar lo que no se atrevería a decir mirando a los ojos a alguien: sus miedos, la sensación de la muerte y las pesadillas recurrentes.

Volver a la vida civil ha sido difícil, murmura. Astray siente que no encaja, que algo falla. "Aquí veo más injusticias", comenta. Pero también está el problema de las noches y el insomnio. "A veces sueño con que me matan. Otras veces me levanto de madrugada gritando y mi esposa debe calmarme. El problema de la guerra es que te cambia, pero nunca entiendes cuándo lo hizo. Te das cuenta tarde y ya no hay forma de volver atrás", concluye con una sonrisa melancólica.

Gustavo Molina es alumno del Máster de Periodismo Multimedia con IA de El Español en su tercera edición. El reportaje se basa en una investigación para hacer el Trabajo Fin de Máster (TFM)