La actriz Elisa Mouliaá, en una de las imágenes que ha compartido en sus redes sociales desde Dubái, donde asegura encontrarse trabajando.

La actriz Elisa Mouliaá, en una de las imágenes que ha compartido en sus redes sociales desde Dubái, donde asegura encontrarse trabajando.

Reportajes

Auge y caída de Elisa Mouliaá, la hija de un jefe de Hacienda que derrocó a Errejón y está en Dubái con una orden de captura

La actriz asegura a EL ESPAÑOL que se encuentra en el país del Golfo "realizando labores de marketing" para la marca turística del emirato.

Más información: El juez ordena detener a Elisa Mouliaá en cuanto vuelva a España para que declare por la querella de Íñigo Errejón

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Entre fotografías compartidas desde hoteles de cinco estrellas y un incesante goteo de mensajes contra jueces, fiscales y el Gobierno, Dubái ha terminado convirtiéndose en mucho más de un destino profesional para Elisa Mouliaá.

Desde este escenario la actriz libra ahora la última batalla por controlar un relato que hace ya mucho tiempo que dejó de pertenecerle únicamente a ella y a los tribunales.

Dos años después de que la intérprete denunciara a Íñigo Errejón por una presunta agresión sexual, el titular del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, Arturo Zamarriego, ha ordenado su detención y puesta a disposición judicial por no comparecer en la causa en la que se la investiga por presuntas calumnias contra el expolítico.

Elisa Mouliaá.

Elisa Mouliaá. Diseño: Arte EE

Tras las incomparecencias del 27 de marzo, del 24 de abril y del pasado lunes, el juez instructor ha concluido que las sucesivas justificaciones presentadas por la actriz forman parte de "una estrategia procesal" destinada a evitar declarar en la causa en la que está investigada.

Su defensa justificó sus ausencias alegando, primero, un "cuadro ansioso-depresivo" y, ahora, un "contrato profesional internacional" que la mantiene desplazada en Dubái hasta el 31 de julio.

Mientras tanto, Mouliaá sigue tratando de explicar, a través de sus redes sociales, que no ha tratado de eludir a la Justicia. A más de 5.000 kilómetros también ha contestado a las preguntas de EL ESPAÑOL.

"El otro [Errejón] estaba ordenando que me detuvieran y el juez coge y lo hace. Separación de poderes ya", ha expresado en declaraciones recogidas por este diario.

Ascenso y caída

La historia de Elisa Mouliaá tiene algo de tragedia clásica y no porque naciera entre dificultades, sino, precisamente, porque parecía destinada a no conocerlas nunca.

Su vida parecía seguir un guion sin sobresaltos: una familia bien situada, una formación de élite y una carrera que, desde muy joven, fue cumpliendo cada una de las etapas previstas.

Mouliaá nació en Madrid hace 37 años en una familia situada cómodamente en el corazón de la élite administrativa y cultural del Estado.

Su padre, Ignacio Mouliaá, desarrolló su carrera como jefe del servicio de informática de la Agencia Estatal de Administración Tributaria. Su madre, Isabel Ruiz de Elvira, lleva años dirigiendo el Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros de la Biblioteca Nacional, uno de los puestos de mayor responsabilidad de la institución.

Elisa creció en un entorno donde las oportunidades parecían llegar por sí solas. Cursó toda su escolarización en el Colegio Estudio, uno de los centros privados más exclusivos de Madrid, heredero de la Institución Libre de Enseñanza e históricamente vinculado a familias de profesionales liberales, intelectuales, altos funcionarios y empresarios.

Con apenas ocho años su padre la apuntó a la compañía teatral Napoleón. Quería que fuera actriz, pero nunca le hizo elegir entre estudiar o actuar; hizo ambas cosas a la vez.

Estudió y se graduó en Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid recibiendo, paralelamente, formación actoral en el prestigioso Estudio Corazza. La televisión le abrió pronto las puertas. Con apenas 17 años comenzaron sus primeras apariciones episódicas en series como Génesis, Círculo Rojo o El Internado.

Aunque el verdadero salto llegaría en 2010 con Águila Roja, donde interpretó durante nueve temporadas a Irene, una joven criada en un convento, cuya vida estuvo atravesada por abusos, agresiones sexuales, matrimonios impuestos y relaciones marcadas por la violencia masculina.

Con el paso de los años, el destino terminaría trazando un inesperado y fatal paralelismo entre el personaje y la vida de la actriz, convirtiéndola, además, en un rostro conocido para millones de espectadores.

Después, llegaron Las Meninas, que le valió un premio internacional como mejor actriz protagonista; la nominación al Goya como Actriz Revelación por Al final todos mueren; y su participación en películas como Bernarda, donde interpretó a Adela, el personaje más rebelde de Federico García Lorca, otra mujer incapaz de aceptar el papel que la sociedad le imponía.

Más adelante daría el salto a la presentación televisiva con TVEmos y, posteriormente, con Zapeando.

Fuera de los focos, Mouliaá también fue construyendo una vida familiar. En 2019 contrajo matrimonio con el empresario australiano Shaun Raymond, con quien tuvo una hija y de quien se divorció en 2023.

En la entrevista concedida a EL ESPAÑOL en marzo, la actriz atribuyó la ruptura a un "episodio de violencia física" que le llevó a poner "una denuncia por maltrato" apenas unos meses antes de que denunciara a Errejón.

Desde que interpuso la denuncia contra el fundador de Podemos, su presencia en redes sociales empezó a ocupar tanto espacio como lo hacía, en su día, su carrera artística.

Sus publicaciones sobre conspiraciones, geoingeniería, teorías relacionadas con la DANA y las respuestas agresivas a sus haters fueron alimentando una imagen cada vez más excéntrica de la intérprete.

"Parece que no puedes publicar nada en redes y que tienes que estar en tu casa llorando 24 horas al día", lamentaba.

Mouliaá considera que la denuncia contra Íñigo Errejón terminó por absorberlo todo. "Al denunciar se ha eliminado por completo mi carrera", reconoció resignada.

Y, es cierto, la búsqueda de su nombre hace tiempo que no remite a una nominación al Goya o a sus personajes, sino a sus procesos judiciales y, desde esta semana, también a su orden de detención.

La denuncia

Aunque aquella noche nadie podía imaginarlo, una fiesta en septiembre de 2021 acabaría dinamitando dos carreras.

Por un lado, la de Elisa Mouliaá, que dejó de ser solo una actriz de éxito para convertirse en la mujer que se atrevió a poner nombre y apellidos a una de las denuncias que más han sacudido a la izquierda nacida del 15M.

Y, por otro lado, la de Íñigo Errejón, que tres años después abandonaría su cargo como diputado y portavoz de Sumar tras reconocer haber llegado "al límite de la contradicción entre el personaje y la persona".

Según la denuncia presentada por la actriz, ambos mantenían contacto desde hacía meses cuando el expolítico la invitó a la presentación de su libro. Después fueron a tomar algo y terminaron en una fiesta en casa de unos amigos de ella.

La actriz Elisa Mouliaá atiende a los medios de comunicación frente a los Juzgados de Plaza de Castilla.

La actriz Elisa Mouliaá atiende a los medios de comunicación frente a los Juzgados de Plaza de Castilla. Europa Press

Mouliaá sostiene en su denuncia que el entonces portavoz de Más País comenzó a mostrarse "dominante", la besó sin su consentimiento y, más tarde, la condujo hasta un dormitorio donde la sometió a distintos tocamientos.

Horas después asegura que volvió a rechazarle y le espetó una frase que acabaría marcando el caso: "Íñigo, solo sí es sí". Errejón siempre ha negado los hechos y mantiene que las relaciones fueron consentidas.

El 24 de octubre de 2024, en plena oleada de testimonios anónimos difundidos por Cristina Fallarás, Mouliaá decidió hacer pública su denuncia.

La investigación avanzó durante meses hasta que el juez Adolfo Carretero apreció indicios suficientes para procesarlo por un presunto delito de agresión sexual y acordó la apertura de juicio oral, una decisión recurrida y pendiente todavía de la Audiencia Provincial de Madrid.

La actriz se convirtió, desde ese momento, en una denunciante sometida a un escrutinio público permanente, pero del que supo sacar partido.

Platós de televisión, entrevistas, redes sociales, enfrentamientos públicos y un procedimiento paralelo por presuntas calumnias acabaron ocupando tanto espacio como la propia investigación por agresión sexual.

El pasado marzo, Mouliaá justificó a EL ESPAÑOL que cobrar por esas intervenciones era legítimo porque, a su juicio, los medios también obtenían un beneficio económico del caso. "Lo que no voy a permitir es que se mercantilice mi historia gratis", sostuvo.

Los meses fueron endureciendo su discurso y complicando su situación procesal. El 4 de febrero anunció que retiraba "de forma irrevocable" la acusación contra Errejón. Seis días después rectificó.

Alegó que había tomado aquella decisión en un momento de ansiedad y anunció que seguiría adelante con el procedimiento tras conocer que la Fiscalía solicitaba la absolución del expolítico.

Mientras el procedimiento principal seguía su curso, Errejón presentó una querella por presuntas calumnias después de que la actriz le acusara por X de coordinar la declaración de varios testigos.

Mouliaá respondió asegurando que la nueva denuncia era una estrategia para "ensuciar" la causa principal y llegó a cargar contra la Fiscalía, el Gobierno y el propio sistema judicial.

En la tercera y última citación de ese procedimiento, la actriz alegó que se encontraba trabajando en Oriente Medio y solicitó declarar por videoconferencia.

Sin embargo, según sostiene, el juzgado nunca respondió a esa petición. A esas alturas, el caso ya había dejado de ser una única causa judicial para convertirse en un laberinto de querellas cruzadas.

"Dubái es lo más occidental"

A más de 5.000 kilómetros de Plaza de Castilla, Elisa Mouliaá ha asegurado a EL ESPAÑOL que no se encuentra en Dubái por ocio, sino por trabajo.

Explica que está realizando "labores de marketing y comunicación" con la empresa Visit Dubai, la marca oficial de promoción turística del emirato, que desde hace años utiliza a creadores de contenido e influencers como uno de sus principales instrumentos de promoción internacional.

Cuando este periódico le pregunta por qué fue elegida para esa colaboración, responde sin rodeos: "Se llama tener 118.000 seguidores".

Sin embargo, apenas ofrece más detalles sobre ese acuerdo. No aclara el alcance de la colaboración, ni si trabaja directamente para el organismo turístico o mediante alguna agencia especializada en campañas con creadores de contenido.

Mientras el juez sostiene que ha evitado declarar, ella insiste en que estaba disponible para hacerlo.

"Presentamos el contrato de trabajo en tiempo y forma y pedimos hacer videollamada. El juez lo denegó el mismo viernes. El lunes ni siquiera dijo que no a la videollamada. Yo estaba esperando", ha asegurado a este diario.

La orden de detención, asegura, ni siquiera le fue comunicada oficialmente.

"De la detención me enteré por los medios. También mi familia y mi abogada", sostiene.

Después enumeró las obligaciones que, según explica, la empujan a aceptar ese contrato.

"Tengo que pagar facturas, alquiler, colegios y pedidos. La vida está muy cara, por no hablar de los abogados... Yo solo fui solidaria", declara.

También rechaza cualquier crítica hacia el país en el que reside temporalmente.

"No es verdad que en Dubái se aprovechen de la vulnerabilidad de las mujeres. Dubái es de lo más occidental que hay. Aquí las chicas van en minifalda, llevan el pelo largo y hacen lo que quieren", afirma.

Cuando se le recuerda que la legislación emiratí difiere notablemente de la española en materia de derechos y libertades, zanja la conversación: "¿Y eso qué? Es donde me han ofrecido trabajo".

La actriz Elisa Mouliaá, en una de las imágenes que ha compartido en sus redes sociales desde Dubái.

La actriz Elisa Mouliaá, en una de las imágenes que ha compartido en sus redes sociales desde Dubái.

Ese mismo relato continúa en su cuenta de X, convertida ya en un auténtico diario procesal.

"Tenía un contrato de trabajo acreditado. Ofrecí declarar por videollamada. Cancelé mi jornada para estar disponible. El juez lo rechazó", escribió horas antes de conocerse la orden de detención.

En otro comunicado añadió: "Mi abogada se entera por la prensa antes que por el juzgado de una orden de detención. No es Justicia cuando los titulares llegan antes que las notificaciones".

Los planes 'B'

Si algo ha caracterizado a Elisa Mouliaá es su capacidad para reinventarse. O, al menos, para intentarlo.

Ha sido actriz, presentadora y más tarde empresaria del cannabis legal. Incluso trató de ser promotora de un proyecto para mujeres maltratadas. Más adelante, impulsó una línea de suplementación natural, otra de cosmética "libre de tóxicos" y, de fondo, es propietaria de viviendas que alquila mientras reivindica un nuevo modelo de economía social.

Este periódico ha analizado el entramado empresarial con el que la actriz ha intentado abrirse camino lejos de la televisión y el resultado es que, de todos los proyectos que ha anunciado en los últimos años, solamente uno de ellos presenta una actividad pública verificable: Greenery Ponzano.

La tienda abrió en 2022 en una de las calles más concurridas de Madrid y está especializada en productos derivados del CBD, un compuesto del cannabis alrededor del cual ha proliferado en los últimos años un lucrativo negocio de productos de cosmética y bienestar.

Mouliaá siempre defendió que había llegado al CBD buscando una solución para su insomnio y que aquel descubrimiento terminó convirtiéndose en una oportunidad empresarial.

Lo cierto es que su negocio tampoco ha conseguido escapar de la tormenta.

"Hace poco me mandaron una redada a mi tienda de CBD y se llevaron productos valorados en 3.000 euros. Además, se rompió una tubería comunitaria y me han hecho una auditoría de Hacienda", ha afirmado la actriz este jueves en conversación con este diario.

Mucho más controvertido resulta Safe Home, el proyecto con el que Mouliaá pretende convertir sus apartamentos turísticos en un modelo de inserción para mujeres víctimas de violencia de género.

La idea, según explicó a este diario hace dos meses, consiste en reservar un 80% de las viviendas al alquiler turístico y un 20% a la acogida de mujeres que han sufrido malos tratos.

A cambio del alojamiento, ellas participan en el funcionamiento del propio proyecto mediante empleos vinculados a la gestión de los apartamentos, por los que, según la actriz, reciben un contrato y alta en la Seguridad Social.

"Doy acogida a mujeres maltratadas y alta en la Seguridad Social. Yo las empodero de verdad. No las tengo de 'chachas' gratis. Les doy acogida y un trabajo a personas que han perdido su economía. Me parece un sistema autosostenible y que ayuda a la sociedad", declaró.

Sin embargo, la investigación no ha encontrado rastro público del desarrollo de esa iniciativa. No existe una página web operativa del proyecto, no constan convenios anunciados con administraciones o entidades sociales, ni información pública que permita conocer el número de viviendas gestionadas o de beneficiarias atendidas.

Algo parecido sucede con Resetea, definida en su perfil de LinkedIn como una futura línea de adaptógenos —plantas y hongos a los que se atribuyen propiedades para combatir el estrés— y con LÚMICA Beauty, presentada como una marca de maquillaje natural y cosmética.

Ambos proyectos aparecen descritos en su perfil profesional, pero su actividad pública resulta, por ahora, inexistente.

EL ESPAÑOL ha hablado con una de las personas que fue inquilina de uno de esos inmuebles. Su recuerdo de la actriz dista mucho del discurso que Mouliaá proyecta sobre sus proyectos de vivienda.

Según relata, el primer encuentro ya resultó llamativo. El día en que habían quedado para visitar el piso, la actriz se había olvidado las llaves. Mientras esperaban, comenzó a hablarle de la "buena energía" de la vivienda y de cómo esa energía acabaría transmitiéndose a quien viviera en ella.

Con el paso de los meses, la relación fue deteriorándose. Según su relato, en una ocasión Mouliaá le pidió poder utilizar temporalmente la vivienda mientras se encontraba fuera.

"Me dijo que, si la dejaba entrar en casa unos días, me rebajaba el alquiler. Yo me negué", explica.

La respuesta de la actriz, recuerda, fue tajante: "Me equivoqué contigo totalmente. Pensaba que eras feminista".

"En casa había alguna pegatina de Podemos. Era, probablemente, una auténtica fan de Errejón y del partido", asegura. Una imagen difícil de imaginar hoy, cuando ambos mantienen una batalla judicial en los tribunales.

La convivencia terminó rompiéndose porque, según recuerda, "era muy difícil la comunicación". Con el tiempo, Mouliaá terminó bloqueando a esta persona en todas sus redes sociales.

Su testimonio es solo una pieza más de una biografía llena de contrastes: la de una actriz que pasó de construir una carrera delante de las cámaras a vivir bajo el foco permanente de los tribunales y de la opinión pública.