El boxeador Ilia Topuria en una imagen promocional.

El boxeador Ilia Topuria en una imagen promocional. Cedida

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Cara a cara con Ilia Topuria ante su pelea en Washington DC: "La Casa Blanca es icónica, pero no dejo que el escenario me afecte"

EL ESPAÑOL ha podido charlar con el hispano-georgiano antes de su pelea en la Casa Blanca.

Más información: Asalto a la Casa Blanca: Trump convierte su jardín en un octágono y Topuria protagoniza una pelea para la Historia

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El UFC Freedom 250 ha conseguido algo que parecía reservado a la ficción: convertir los jardines de la Casa Blanca en un escenario deportivo. La velada del 14 de junio, organizada como parte del 80 cumpleaños de Donald Trump, es un movimiento que mezcla política, espectáculo y músculo mediático.

La UFC ha entendido que, en 2026, el impacto no solo se mide en cinturones o audiencias, sino en la capacidad de ocupar espacios simbólicos. Y no hay un símbolo mayor que la residencia presidencial estadounidense.

“Nunca antes la residencia presidencial estadounidense había acogido un evento de artes marciales mixtas”, destacaron en su anuncio, y esa frase basta para situar la cita en un plano histórico.

En ese escenario, Ilia Topuria defenderá el cinturón del peso ligero ante Justin Gaethje, un veterano que ha hecho carrera en el filo del caos. Gaethje es uno de esos luchadores que convierten cada combate en un intercambio de riesgo permanente, un tipo que no negocia y que vive cómodo en el desorden.

El contraste con Topuria —más calculado, más quirúrgico, más frío— ha alimentado los días antes del combate. Pero lo que realmente ha elevado la pelea es el lugar: un enclave institucional que jamás había sido escenario de un deporte de contacto.

Para España, es un hito sin precedentes; para la UFC, una demostración de fuerza global; para Topuria, un reto que intenta reducir a lo esencial.

“Lo estoy preparando como cualquier otro combate que tuve hasta ahora: con muchísima profesionalidad, con muchísima dedicación, con muchísimo estudio”, le explica a EL ESPAÑOL el hispano-georgiano.

Su discurso es firme, casi metódico. No quiere que el escenario lo distraiga. “No dejo que me afecte el ambiente o el lugar en el que se va a llevar a cabo el combate. No me gusta agregarme presiones externas. Pelee donde pelee soy el mismo”.

Ilia Topuria durante un entreno.

Ilia Topuria durante un entreno. Cedida

La Casa Blanca impone, sí, pero él ha decidido no pensarlo demasiado. “Es la Casa Blanca, aunque al final del día no dejará de ser un combate como cualquier otro”. Y añade una reflexión que revela su disciplina mental:

“Intento mantenerme un poco lejos de toda esa percepción de que el evento es allí. Como caigas un poquito en eso, después la mente es muy poderosa y te puede jugar malas partidas”.

La Fight Week en Washington ha sido un despliegue mediático sin precedentes para un deportista español. La UFC ha convertido a Topuria en uno de los rostros centrales de su expansión global.

La organización sabe que su figura funciona: conecta con audiencias diversas, tiene una historia potente y proyecta una mezcla de seguridad y vulnerabilidad que lo hace reconocible. En España, la velada podrá seguirse en directo a través de HBO Max, en la madrugada del 14 al 15 de junio, a partir de las 02:00.

La plataforma ha convertido el evento en uno de sus grandes reclamos de la temporada, reforzando su apuesta por las MMA y por la figura del campeón.

Pero si hay un punto que revela quién es Topuria más allá del octágono, es cuando habla de la vida que pudo haber tenido. “Creo que siempre me habría dedicado al deporte”, dice. Su primera pasión no fueron las artes marciales, sino el fútbol. “Desde pequeño tenía mucha pasión por el fútbol; quizá habría sido futbolista”.

Es una confesión que humaniza al campeón: antes de los guantes, hubo un balón. Antes del octágono, hubo un niño que soñaba con llenar estadios metiendo goles y no dejando KO a sus rivales con su habilidad para la pelea. También le interesaba la tecnología:

“Me gustaba mucho el mundo tecnológico, hacer páginas web y cosas así. Pero me fui alejando cuando empecé con el deporte. Me metí dentro de las pantallas… pero desde otro lado”, comenta Topuria.

Los hermanos Topuria jugando al ajedrez.

Los hermanos Topuria jugando al ajedrez. Cedida

Y es que el hispano-georgiano, en el cara a cara, es una persona amable, con una sonrisa permanente en la cara, aunque luego en el octógono dé una imagen de un luchador que te puede dejar KO en el primer golpe.

Su vida, al descubierto

No obstante, más allá del combate o de esos sueños de juventud, el luchador llega a esta cita con un nivel de exposición pública que no había tenido antes. Durante dos años, un equipo de cámaras lo ha acompañado para grabar Los Topuria, la serie documental de tres capítulos que acaba de estrenar HBO Max.

La serie muestra un lado del hispano-georgiano que rara vez se ve: dudas, tensiones, momentos de fragilidad y escenas que rompen la imagen del deportista invulnerable. Él mismo explica por qué decidió abrir su casa:

“Sentía la necesidad de compartir mi vida. Hay muchos ojos puestos en los deportistas y en las celebridades, pero muchas veces no se conoce el camino ni todo lo que tenemos que atravesar para llegar a un objetivo”.

Imagen promocional del documental Los Topuria.

Imagen promocional del documental "Los Topuria". Cedida

Y añade una reflexión: “La percepción suele ser que las cosas nos caen del cielo, que son fáciles, que nos vienen regaladas. Y quería que vieran que no es así: si quieres algo en esta vida, te cuesta”.

Esa exposición, sin embargo, no fue sencilla. Topuria reconoce que verse desde fuera le generó incomodidad. “A uno le sorprende verse porque hay momentos en los que no te gusta tu voz o no te gustan ciertas imágenes o no te ves como crees que eres”.

Si hubiera dependido solo de él, la serie habría sido mucho más corta. “Si fuera por mí, en vez de tres capítulos habría uno”, confiesa con una sonrisa. Pero entendió que la autenticidad también pasa por mostrar lo incómodo.

“Cuando lo compartes con los productores y los directores, te dan su punto de vista y entiendes que tienen razón, eso hay que dejarlo, la gente tiene que verlo, porque eso es lo que soy”, explica.

La docuserie recoge momentos de tensión, de sacrificio y de vulnerabilidad. Topuria destaca especialmente los instantes previos a los combates: “Me encantan los momentos en los vestuarios, esa tensión que no se puede fingir”.

También los episodios más duros del recorte de peso: “Muchos podrían decir: ‘¿Qué necesidad tengo de seguir torturándome así?’, y ni siquiera sabes responderte”.

Pero también están los momentos de recompensa: “Me gustan los momentos de sufrimiento, pero también los de satisfacción, los de compartirlo con el mundo y sentir esa energía que es inigualable”.

Su faceta más desconocida

En la docuserie, el espectador puede ver a un Topuria distinto. “Un Ilia sensible”, admite. “Hay momentos en los que se me caen un par de lágrimas durante el recorte de peso: desesperación, tristeza, felicidad… muchas emociones mezcladas”.

Y reivindica su humanidad frente a la imagen de superestrella: “Soy una persona de carne y hueso, siento y me duele igual que a cualquiera. A veces las historias de las celebridades se cuentan como si fuéramos seres lejanos, inaccesibles. Pero al final del día todos somos mortales normales”.

Ilia Topuria entrenando en una bicicleta.

Ilia Topuria entrenando en una bicicleta. Cedida

El rodaje también le sirvió como espejo. “Una cosa es vivirlo en primera persona y otra verte desde fuera, en plano general. Dices: ‘Así es como me ve el de al lado, así es como me escucha, esta es mi voz, esta es mi cara, este soy yo’”, comenta el luchador.

Y reconoce que descubrió facetas que no imaginaba: “A veces tienes una percepción totalmente distinta a la que tienen tu hermano, tu mujer o tu madre… y luego te ves y dices: ‘Wow, mira cómo soy’”.

Durante un par de años, las cámaras fueron parte de su vida. Al principio, reconoce, eran una presencia constante; después, un elemento más del paisaje. “Después de dos años con cámaras y micrófonos siguiéndote, llega un momento en el que te olvidas completamente de que están ahí”. Esa naturalidad es, para él, el mayor valor de la serie: que muestra al Ilia real.

Ese “otro lado” es el que lo ha llevado hasta ahora, a pelear en los jardines de la Casa Blanca, a convertirse en uno de los deportistas españoles más mediáticos del momento y a protagonizar un evento que mezcla deporte, política y relato personal.

El Freedom 250 es, en definitiva, un acontecimiento que trasciende lo deportivo. Para Topuria, es la oportunidad de consolidar su posición en la élite mundial. Para la UFC, un escaparate sin precedentes. Y para el deporte español, una presencia histórica en uno de los escenarios más reconocibles del planeta.

Topuria llega a la cita con una mezcla de serenidad y determinación. Su filosofía no cambia: trabajo, disciplina y una relación honesta con lo que es. Lo demás —el escenario, la repercusión, la historia— vendrá después.

Quizá, cuando todo haya pasado, pueda mirar atrás y ver la grabación del combate en la Casa Blanca con la distancia suficiente para comprender la magnitud de lo vivido. Pero hoy, en la víspera del evento, solo existe el combate. Lo demás es ruido.