Jóvenes donan óvulos para pagar alquileres o facturas: entre altruismo, necesidad y una compensación que puede marcar el fin de mes.

Jóvenes donan óvulos para pagar alquileres o facturas: entre altruismo, necesidad y una compensación que puede marcar el fin de mes. E.E

Reportajes

Raquel, Laura, Luci y Daniela 'venden' sus óvulos a 1.200 € para llegar a fin de mes: "Me pinché para pagar el alquiler"

Aunque la legislación española la define como altruista, donan óvulos para pagar alquileres o facturas: la compensación marca el fin de mes.

Más información: El drama legal de los embriones congelados en España: "el limbo" de 100.000 potenciales vidas abandonadas y no reclamadas

Publicada

La aguja entra en la piel del abdomen una vez más. Después vendrán otras. Diez. Doce. Catorce. Depende del tratamiento. Durante días, la rutina consiste en inyectarse hormonas, acudir a controles médicos y esperar el momento de la extracción.

Para algunas mujeres, es el primer paso para ayudar a otra persona a convertirse en madre. Para otras, además, es una forma de conseguir dinero rápido cuando el alquiler aprieta, el trabajo no alcanza o la cuenta bancaria se acerca peligrosamente al cero.

Alejandra recuerda perfectamente aquellas semanas. Las hormonas le provocaron hipersensibilidad, dolor de pecho, hinchazón abdominal y dolores de cabeza. Después llegaron los cólicos tras la extracción de los óvulos.

"No lo pasé bien y no lo volvería a repetir", cuenta. Sin embargo, reconoce que en aquel momento se encontraba tan desesperada económicamente que entiende perfectamente por qué otras jóvenes recurren al mismo camino.

Su historia aparece en un contexto que preocupa cada vez más a sociólogos y expertos en juventud: España atraviesa una de las peores crisis de acceso a la vivienda de las últimas décadas.

Según explica Antonio Echaves, profesor titular de Sociología de la Universidad de Sevilla especializado en juventud y emancipación, la tasa de emancipación entre los jóvenes de 16 a 29 años apenas alcanza el 14,5%, el peor dato desde que existen registros.

Al mismo tiempo, el alquiler medio ronda los 1.180 euros mensuales, una cifra prácticamente equivalente al salario medio juvenil, situado alrededor de los 1.200 euros.

En ese escenario, la donación de óvulos emerge para algunas mujeres como una fuente extraordinaria de ingresos. No una solución estructural a sus problemas económicos, pero sí una ayuda puntual capaz de cubrir una habitación, una factura pendiente, un ordenador o un viaje urgente.

La conversación tampoco ocurre únicamente en las clínicas. Basta escribir "donación de óvulos" en TikTok o Instagram para encontrar vídeos de jóvenes que documentan el proceso paso a paso: las inyecciones hormonales, las visitas médicas, la extracción y la compensación económica recibida.

Algunas detallan cuánto cobraron. Otras responden preguntas de potenciales donantes.

En los comentarios se repite un patrón. Junto a las dudas sobre los efectos secundarios aparecen mensajes de jóvenes que preguntan cómo empezar el proceso, cuánto dinero se recibe o qué clínicas lo realizan.

"Lo necesito", "me ayudaría muchísimo para pagar el alquiler", "estoy pensando en hacerlo porque no llego a fin de mes" o "necesito más información" son algunas de las respuestas que se acumulan bajo estos vídeos.

La escena no permite medir cuántas mujeres donan por necesidad económica. Pero sí muestra que la compensación forma parte de la conversación pública que rodea a la donación y que muchas jóvenes la observan también como una posible vía para obtener ingresos extraordinarios.

La legislación española establece que la donación de óvulos es un acto voluntario y altruista. Sin embargo, contempla una compensación económica destinada a cubrir las molestias físicas, los desplazamientos y el tiempo invertido por la donante.

En los testimonios recogidos para este reportaje, esa compensación ronda los 1.200 euros por ciclo.

Laura tenía 24 años cuando donó por primera vez.

"Me lo contó una amiga. Mi situación era complicada. Había tenido una niña y las cosas no eran fáciles", recuerda.

Trabajaba y vivía con el padre de su hija, pero el dinero seguía siendo insuficiente. La compensación económica fue una motivación importante. Con ese dinero pudo viajar a su país.

"Creo que la primera vez fue más por necesidad, pero también con conciencia de que hay muchas mujeres que no tienen la oportunidad de ser madres por sí solas. Yo tenía una necesidad, pero la otra persona también", explica.

Con el tiempo volvió a donar más veces.

La historia de Raquel es distinta, aunque comparte el mismo punto de partida: la necesidad económica.

Tenía 22 años, estudiaba en la Universidad Complutense y trabajaba en una cafetería cuando perdió su empleo. Vivía en un piso compartido y no tenía dinero suficiente para pagar siquiera una habitación.

"Mi motivación era poder tener un techo para dormir. No quería volver a casa de mis padres en Andalucía, necesitaba terminar mis estudios", cuenta.

Una excompañera de trabajo le habló de la donación de óvulos. Raquel no tenía planes inmediatos de ser madre y gozaba de buena salud. Decidió intentarlo.

"La verdad es que en ese momento no fui tan consciente de lo que estaba haciendo. Necesitaba el dinero y me piche para pagar el alquiler", admite.

Ilustración sobre uno de los procesos de la donación de óvulos publicada en el libro de Rocío Núñez Calonge.

Ilustración sobre uno de los procesos de la donación de óvulos publicada en el libro de Rocío Núñez Calonge. Carmen Núnez

Después repitió la experiencia tres veces más. Una cuando dejó un trabajo cuyos horarios eran incompatibles con la universidad. Otra cuando se quedó sin empleo y sin sus pocos ahorros. La última para poder comprar el ordenador que necesitaba para empezar un nuevo trabajo.

"Después de la segunda vez no quería volver a hacerlo, pero me vi obligada por necesidad y era lo más fácil", recuerda.

Y expresa: "No es divertido pincharse y exige compromiso, pero es una forma sencilla de conseguir dinero y, además, ayudas a una mujer. Eso mola".

Desde el sector de la reproducción asistida rechazan, sin embargo, que exista una relación directa entre vulnerabilidad extrema y donación.

Rocío Núñez Calonge, directora científica de UR Grupo Internacional de Reproducción Asistida y una de las mayores expertas españolas en reproducción asistida, sostiene que el perfil de las donantes apenas ha cambiado en los últimos años.

"La mayoría siguen siendo estudiantes y tienen alrededor de 25 años", explica.

Según la especialista, la motivación económica siempre ha coexistido con otra razón fundamental: el deseo de ayudar a otras mujeres.

"La mayoría lo hace por un doble motivo: económico y para ayudar", señala.

Núñez Calonge reconoce que algunas jóvenes han recurrido a la donación para afrontar gastos concretos, como facturas o estudios. Sin embargo, insiste en que la necesidad económica por sí sola no basta para convertirse en donante.

"Si una mujer está en una situación vulnerable o de necesidad continuada, no se la acepta. No sería ético", afirma.

Antes de iniciar el proceso, las candidatas atraviesan entrevistas médicas y psicológicas, pruebas genéticas, estudios ginecológicos y controles destinados a garantizar que la decisión sea libre e informada.

"En la clínica donde trabajaba antes, la psicóloga con la que colaborábamos en este estudio rechazaba al 25% de las candidatas que llegaban para donar. Y ese rechazo no era arbitrario: era una forma de protegerlas", explica la experta.

La realidad que describen las jóvenes, sin embargo, conecta con un fenómeno más amplio.

"Lo que hay detrás es falta de recursos económicos o dificultades para llegar a fin de mes", sostiene Echaves.

El sociólogo evita establecer una relación causal directa entre la crisis de vivienda y la donación de óvulos, pero considera que prácticas de este tipo pueden interpretarse dentro de un contexto general de precariedad juvenil.

"La crisis habitacional y laboral puede dar lugar a procesos sociales de este tipo. Los jóvenes sacan dinero de donde pueden", resume.

El diagnóstico que realiza sobre la situación de la juventud española es demoledor.

Aunque el paro juvenil ha mejorado respecto a los peores años de la crisis financiera, los salarios siguen creciendo a un ritmo muy inferior al precio de la vivienda. Según sus cálculos, un joven asalariado necesitaría destinar cerca del 98% de su sueldo al alquiler de una vivienda media.

La consecuencia es una generación atrapada.

Jóvenes que trabajan, pero no pueden emanciparse. Jóvenes que retrasan proyectos personales, relaciones de pareja o la posibilidad de formar una familia. Jóvenes que comparten piso hasta bien entrada la treintena porque acceder a una vivienda propia se ha convertido en un privilegio.

En ese contexto aparece también Daniela.

Llegó desde Venezuela a España en 2024 junto a su hermana menor. Ambas encontraron empleo, una en una perfumería y otra cuidando personas mayores. Pero los ingresos no alcanzaban para mantenerse en Valencia y, al mismo tiempo, enviar dinero a su familia.

Decidieron donar óvulos.

"Prefiero donar mis óvulos, ayudar a una madre y ganar dinero antes que vender mi cuerpo o fotos de mi cuerpo", explica. Y sostiene: "No podíamos echar más horas de las que hacíamos".

Su hermana tenía miedo. Le asustaban las inyecciones y el procedimiento. Aun así, ambas repitieron la experiencia dos veces más.

Daniela y su hermana no llegaron a Valencia pensando en donar óvulos. Llegaron pensando en trabajar. La donación apareció después, cuando descubrieron que los salarios no alcanzaban para mantenerse ellas y seguir enviando dinero a Venezuela.

No es una carrera, ni un empleo estable, ni una solución permanente. Apenas un ingreso extraordinario dentro de trayectorias marcadas por la incertidumbre.

Núñez Calonge recuerda que la donación tiene límites estrictos. En España existe un máximo legal de seis donaciones por mujer y todas quedan registradas en el Sistema de Información de Reproducción Humana Asistida (SIRHA), dependiente del Ministerio de Sanidad.

Además, la mayoría de las donantes ni siquiera alcanza ese límite.

"La media de las que repiten realiza como mucho tres ciclos", explica.

Por eso, desde el ámbito médico rechazan la idea de que la donación pueda resolver problemas económicos estructurales.

Pero los testimonios recogidos para este reportaje muestran otra realidad: cuando una habitación, un ordenador, una factura o un viaje urgente parecen inalcanzables, 1.200 euros pueden marcar la diferencia.

La donación de óvulos sigue siendo, legalmente, un acto altruista. Las clínicas insisten en que ninguna mujer puede convertirse en donante si atraviesa una situación de vulnerabilidad extrema y recuerdan que el proceso exige información, controles médicos y seguimiento psicológico.

Sin embargo, hay historias que muestran una realidad más compleja.

La cuestión incómoda no es si la donación de óvulos es altruista o económica. Tampoco si las mujeres que donan quieren ayudar a otras personas o necesitan dinero. Los testimonios muestran que ambas cosas pueden coexistir.

La pregunta es qué dice de una sociedad que algunas jóvenes contemplen la posibilidad de someterse a un tratamiento hormonal, atravesar controles médicos y pasar por una extracción de óvulos para pagar gastos básicos.

"Es un fracaso de la sociedad", concluye Echaves. "La vivienda se está convirtiendo en algo inalcanzable y eso condiciona las decisiones vitales de los jóvenes".

Mientras tanto, en alguna habitación compartida de Madrid, Valencia o Sevilla, otra joven hace cuentas frente al móvil. El alquiler vence en pocos días. El sueldo no alcanza.

En redes sociales, otra chica cuenta cuánto le pagaron por donar óvulos, cómo fue el proceso y qué sintió después de la punción.

Raquel lo resume mejor que cualquier estadística. Cuando tenía 22 años, se quedó sin empleo, no podía pagar la habitación donde vivía y no quería regresar a casa de sus padres en Andalucía.

"Mi motivación era poder tener un techo para dormir".