Grupos privados de Facebook y aplicaciones de mensajería se convirtieron en el principal canal de compra, venta e intercambio informal de leche materna en España.

Grupos privados de Facebook y aplicaciones de mensajería se convirtieron en el principal canal de compra, venta e intercambio informal de leche materna en España. Arte E.E.

Reportajes

El mercado negro de leche materna en redes sociales a 60€ el litro y sin control médico: "La vendo con análisis de ETS"

Especialistas alertan sobre contaminación en intercambios clandestinos coordinados por Facebook y Telegram entre familias desesperadas.

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A las dos y media de la madrugada, el mensaje seguía subiendo respuestas. "Buenas, busco leche materna en la zona de Prosperidad, Madrid. Mi bebé tiene intolerancia a fórmulas infantiles, por favor, estoy desesperada".

Debajo, decenas de comentarios. Algunas madres daban consejos sobre lactancia. Otras recomendaban extractores. Una, directamente, ofrecía ayuda privada: "Hay grupos específicos para eso, yo lo hago hace meses y me funciona bien. Escribeme por privado".

La escena se repite todos los días en grupos de Facebook y comunidades de mensajería donde miles de mujeres hablan sobre maternidad, lactancia y crianza.

Ahí circulan consultas legítimas, angustias reales y también un mercado paralelo que crece en silencio: la compra, venta e intercambio informal de leche materna.

"Compro leche materna en Barcelona o alrededores".

"Busco donante de leche materna en Valencia".

"Vendo leche materna con analíticas recientes en Madrid".

"Busco calostro para recién nacido en León".

"Me sobra leche materna congelada, escribidme si os interesa".

"Vendo bolsas de leche materna congelada, con pruebas de ETS".

"Leche materna recién extraída y congelada, Madrid centro".

Los mensajes aparecen a cualquier hora. Muchas son madres primerizas. Algunas llegan a esos grupos después de noches sin dormir, bebés que no logran agarrarse al pecho o diagnósticos digestivos que convierten cada toma en una crisis.

La dinámica empieza casi siempre igual: una madre pide ayuda públicamente. Otras responden con empatía, consejos y experiencias personales. Después, la conversación migra al privado.

En esos circuitos, la leche materna se ofrece congelada en bolsas etiquetadas a mano, se transporta en mochilas térmicas y se paga por transferencia o efectivo.

60 € el litro

En España, el precio en el mercado informal no es uniforme, pero en muchos intercambios ronda entre 40 y 60 euros por litro. Algunas publicaciones online muestran cifras incluso más elevadas.

Laura, de 31 años y vecina de Madrid, llegó a uno de esos grupos después de meses de frustración. Su hijo tenía intolerancia a determinadas fórmulas infantiles y ella no conseguía producir suficiente leche.

"Me sentía culpable todo el tiempo", cuenta. "Entraba en redes y veía a madres diciendo que la leche de fórmula era malísima, que lo mejor era siempre la leche materna. Empecé a obsesionarme".

Su bebé no era prematuro extremo ni estaba hospitalizado, por lo que no podía acceder a un banco oficial de leche humana.

Desesperada, terminó comprando "lotes congelados" a través de Facebook a una mujer de Usera que, según le explicó, vendía el excedente de su producción y obtenía un sobresueldo mensual de más de 800 euros.

"No pensé que estuviera haciendo algo peligroso", admite. "Pensaba que estaba haciendo lo mejor para mi hijo".

Ese razonamiento es precisamente el que más preocupa a los especialistas.

Desde hace años, la Asociación Española de Bancos de Leche Humana sigue con atención el crecimiento de estas redes informales.

Aunque no existen estadísticas oficiales sobre su magnitud, los profesionales reconocen que las plataformas digitales facilitaron enormemente el contacto entre familias.

"Tenemos conocimiento desde hace años de que estas prácticas existen y que se realizan principalmente a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y grupos privados en internet", explica Manuela Peña Caballero, vicepresidenta de la Asociación Española de Bancos de Leche Humana.

"Pero se trata de intercambios fuera de los circuitos sanitarios regulados y sin garantías de control clínico, microbiológico o de trazabilidad".

"El mejor alimento posible"

La lógica detrás de estas búsquedas, aclara, es comprensible.

"El principal motivo probablemente es que una madre busca para su hijo el mejor alimento posible, y esto es algo reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando una mujer no puede amamantar o no produce suficiente leche, es lógico que busque otra forma de conseguirla".

En muchos grupos, las madres comparten una misma idea: que la leche materna siempre será superior a cualquier alternativa artificial.

Algunas cuentan malas experiencias con fórmulas. Otras desconfían directamente de ellas.

También aparecen discursos más extremos, alimentados por publicaciones virales y testimonios personales, que presentan la fórmula casi como un fracaso.

En ese contexto, la leche humana adquiere un valor emocional y simbólico enorme.

Pero el problema empieza cuando esa necesidad entra en contacto con un circuito sin controles.

"No hay control ninguno sobre la donante, sobre el procedimiento ni sobre la conservación de esa leche", advierte Peña Caballero.

"Y en una sociedad como la nuestra, en la que disponemos de alternativas terapéuticas muy válidas, parece un contrasentido exponer a un bebé a esto".

La especialista insiste en que el principal riesgo no es solo la posible transmisión de enfermedades infecciosas. También existe incertidumbre total sobre los hábitos de vida de quien dona o vende la leche.

"No podemos asegurar el estado de salud de la donante, si consume tóxicos, medicamentos o drogas que puedan pasar a través de la leche", señala.

"Tampoco tenemos garantías sobre cómo se realizó la extracción, la conservación o el transporte".

En los grupos, muchas vendedoras intentan transmitir confianza mostrando análisis de sangre o estudios de enfermedades de transmisión sexual.

"Leche extraída con todas las medidas sanitarias", prometen algunas publicaciones. Otras destacan que son madres sanas, no fumadoras o que siguen dietas cuidadas.

Pero para los especialistas, eso está lejos de alcanzar estándares seguros.

Los riesgos

"La leche está expuesta a contaminación desde el mismo momento de la extracción", explica Peña Caballero.

"Y después necesita una cadena de frío estricta para evitar proliferación bacteriana y garantizar que siga siendo segura y de calidad".

En los intercambios informales, esa cadena muchas veces depende de trayectos improvisados en coche, moto o transporte público. Bolsas congeladas que pasan horas en una mochila térmica antes de llegar a destino.

Además, existen riesgos todavía menos visibles.

"Hay estudios publicados que analizaron leche materna comercializada por internet y encontraron que estaba adulterada con leche de vaca para obtener mayor rendimiento económico", advierte la vicepresidenta de la asociación.

La frase provoca estupor incluso entre madres acostumbradas a navegar esos grupos. Porque detrás de muchas publicaciones no siempre hay altruismo. También hay negocio.

En algunas comunidades online internacionales, donde participan usuarios de distintos países, las ofertas se multiplican.

Hay mujeres que venden excedentes ocasionales y otras que mantienen producciones altas mediante extracción frecuente para comercializar más cantidad.

Así se promociona la venta de leche materna en grupos cerrados de redes sociales, mediante imágenes y mensajes directos entre usuarias.

Así se promociona la venta de leche materna en grupos cerrados de redes sociales, mediante imágenes y mensajes directos entre usuarias. Cedida

La leche no aparece "de la nada": la producción aumenta con la succión y el estímulo constante. Por eso muchas de las vendedoras son madres lactantes que generan más leche de la que consume su bebé.

Pero no todas las personas que participan en esos espacios buscan alimentar a un niño.

En varios grupos aparecen advertencias frecuentes dirigidas a las madres: "No es para adultos", "Puedo demostrar que es para mi bebé", "No hago tomas directas".

Detrás de esos mensajes hay otra realidad incómoda: hombres que se infiltran en comunidades de lactancia con fetiches vinculados a la leche materna y contactan a mujeres con fines sexuales.

Las administradoras de algunos grupos intentan moderar ese tipo de interacciones, aunque el control resulta difícil. Especialmente en plataformas enormes, con miles de usuarios y publicaciones constantes.

Bancos oficiales

Mientras tanto, el circuito oficial funciona bajo reglas completamente distintas.

En España, los bancos de leche humana operan principalmente para bebés prematuros o neonatos gravemente enfermos hospitalizados.

La donación es altruista y voluntaria: las madres no cobran por donar y las familias receptoras tampoco pagan.

"La diferencia fundamental es que los bancos garantizan la seguridad de todo el procedimiento", explica Peña Caballero.

"Existen protocolos y sistemas de control que aseguran la calidad y trazabilidad de la leche".

Las donantes pasan entrevistas clínicas y análisis serológicos para descartar enfermedades transmisibles. También se evalúa que no consuman determinados medicamentos, alcohol, drogas u otras sustancias incompatibles con la donación.

Después, la leche se procesa bajo estrictos controles microbiológicos y se pasteuriza mediante métodos térmicos destinados a destruir virus y reducir la carga bacteriana.

Incluso los recipientes son diferentes.

"En los bancos de leche no solemos aceptar las bolsas habituales de congelación", señala la especialista.

"Se utilizan envases proporcionados por el propio banco porque se considera que ofrecen mejores garantías para una conservación estéril".

La extracción, aunque suele hacerse en casa, también está supervisada. Las donantes reciben formación específica y materiales adecuados antes de empezar el proceso.

Nada de eso existe en los circuitos paralelos.

Aun así, muchas familias siguen recurriendo a ellos. En parte porque el acceso a leche donada está limitado al ámbito hospitalario. Y en parte porque internet convirtió experiencias individuales en modelos aspiracionales.

En los grupos, algunas madres describen la lactancia casi como una obligación moral.

Las publicaciones más emocionales —las historias de bebés que "rechazaron la fórmula", las fotos de congeladores llenos de bolsas de leche, los relatos de sacrificio materno— generan miles de interacciones y consolidan una idea difícil de desmontar: que cualquier alternativa es menos natural, menos sana o menos amorosa.

Los especialistas intentan combatir esa percepción.

"La Seguridad Social dispone de una amplia gama de fórmulas financiadas para niños con problemas digestivos o alergias", recuerda Peña Caballero. "Existen herramientas terapéuticas seguras y adaptadas a cada situación clínica".

Pero el componente emocional pesa.

"Entendemos perfectamente la preocupación y el deseo de ofrecer leche materna", dice. "Pero es muy importante priorizar la seguridad".

En los grupos, sin embargo, la sensación dominante suele ser otra: urgencia.

Las conversaciones avanzan rápido. Una madre pregunta cómo usar un extractor. Otra recomienda una marca. Una tercera explica cuánto tiempo dura la leche congelada.

Después aparecen ofrecimientos privados, fotos de bolsas etiquetadas y mensajes de mujeres dispuestas a enviar leche desde otras ciudades.

Algunas publicaciones tienen un tono solidario. Otras, claramente comercial.

"Vendo leche materna congelada, cuento con pruebas que garantizan mi sanidad".

"Pago por leche materna en Tenerife".

"Compro leche en Valencia".

En medio de todo eso, también circula información contradictoria, recomendaciones sin aval médico y consejos intercambiados entre desconocidos.

La falta de regulación convierte a estas redes en una especie de zona gris digital: espacios donde conviven madres angustiadas, mujeres que buscan ingresos extra, personas que realmente quieren ayudar y usuarios con intereses ajenos a la crianza.

La propia Asociación Española de Bancos de Leche Humana reconoce que es muy difícil medir el fenómeno precisamente porque ocurre fuera de los circuitos sanitarios. Pero los profesionales sí perciben un aumento de visibilidad.

"Las redes sociales favorecen este tipo de conexión entre familias y el establecimiento de circuitos de circulación de leche", explica Peña Caballero.

La paradoja es que muchas de las mujeres que participan en esos intercambios no sienten que estén entrando en un mercado clandestino. Lo viven más bien como una extensión de las comunidades de apoyo a la lactancia.

Un gesto entre madres.

Una solución urgente.

Una ayuda mutua.

Hasta que aparece el riesgo.

"Las vías informales pueden implicar peligros que muchas familias desconocen", insiste la especialista. "Nuestra responsabilidad como sanitarios es informar".

Porque detrás de cada bolsa congelada enviada de un barrio a otro, detrás de cada publicación desesperada pidiendo leche humana, hay algo mucho más delicado que un simple intercambio online: bebés cuya alimentación depende de decisiones tomadas, muchas veces, en medio del miedo, la culpa y la desinformación.