El exportavoz de Democracia Real Ya, Carlos Paredes: a la izquierda durante el 15M y a la derecha en su empresa, en la actualidad.

El exportavoz de Democracia Real Ya, Carlos Paredes: a la izquierda durante el 15M y a la derecha en su empresa, en la actualidad. Efe / Cedida

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Carlos Paredes fue portavoz del 15-M hace 15 años y hoy es un autónomo indignado: "Se colocaron todos menos yo"

El emprendedor que tomó el megáfono del colectivo Democracia Real Ya valora el movimiento como "un éxito rotundo con luces y sombras": "Lo viví como una aventura, pero quedaron reivindicaciones sin respuesta".

Más información: Del 15-M al surgimiento de Vox: el libro que explica por qué la política se ha vuelto radical en los últimos años

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"¿Queda algo del espíritu del 15-M? No lo sé... ¿Qué nos queda, además de la nostalgia?".

Con esa pregunta, uno de los portavoces del movimiento indignado del 15-M atiende a EL ESPAÑOL con motivo del 15 aniversario del movimiento, que tiene lugar este viernes.

Se trata de Carlos Paredes, que fue portavoz de una de las plataformas que organizó la manifestación en Madrid: Democracia Real Ya (DRY).

"¿Qué nos queda...?" Se repite a sí mismo. Hace una pausa larga, reflexiona. Y finalmente, concluye: "Nos quedan reivindicaciones sin respuesta".

PREGUNTA.– ¿Cuáles son esas reivindicaciones?

RESPUESTA.– El acceso a la vivienda, la mejora de los servicios públicos, frenar el deterioro de las clases medias...

A mí personalmente me queda un conocimiento mucho más profundo de la sociedad, haber entendido que colaborar reporta mejores beneficios que competir.

Pero a nivel general, las reivindicaciones del 15-M no fueron satisfechas en su momento, algunas se fueron atendiendo después y otras siguen sin estarlo.

Y como no se les dio respuesta política, el malestar se reorientó por las mismas redes sociales que nosotros habíamos utilizado, pero en sentido contrario.

Hubo movimientos que canalizaron ese malestar, como es el caso del movimiento independentista. El 1 de octubre [el procés] fue culpa de que quisieron decirle a la gente que vivía en una habitación de alquiler en Cataluña que los responsables de sus problemas económicos eran las personas que vivían en una habitación de alquiler de Madrid.

Y más tarde, conforme se desinfló Podemos, se produjo un auge de la extrema derecha porque mucha gente está tan harta que quiere que llegue alguien y se líe a mamporros.

A Carlos Paredes no le importó tomar el megáfono durante el 15-M y convertirse en una de las caras visibles de DRY para expresar su indignación contra un sistema que le había fallado.

Tenía 31 años, y le era totalmente imposible independizarse a pesar de trabajar como autónomo. Los coletazos de la crisis económica de 2008 hacían estragos en una clase media que estaba más débil que nunca.

En este contexto nació la plataforma Democracia Real Ya: uno de los colectivos apartidistas que organizó la movilización del 15-M.

La Puerta del Sol de Madrid se llenó de reivindicaciones por la regeneración democrática en la conmemoración del 15-M.

La Puerta del Sol de Madrid se llenó de reivindicaciones por la "regeneración democrática" en la conmemoración del 15-M. Álvaro Calvo Efe

Nació en internet, y defendía que los ciudadanos no están representados por las formaciones políticas, motivo por el que exigía un cambio de rumbo en el sistema.

Una de sus principales características era que se sostenía con una estructura horizontal, sin líderes. Sus caras visibles eran los portavoces que daban la cara ante los medios de comunicación para dar a conocer las decisiones que se adoptaban en sus asambleas.

"Viví todo aquello como una película, como una aventura", reflexiona Paredes, sobre su paso por DRY. "No saqué nada económicamente, solo exposición pública, con los problemas que a veces conlleva. Me dicen muchas veces que fui bastante tonto porque no me coloqué en el mundo de la política. Me dicen: 'Se colocaron todos, menos tú'".

P.– Muchos de quienes formaron parte activa del movimiento indignado se pasaron a las filas de algunos de los partidos que surgieron después del 15-M, como Podemos. ¿Por qué no hizo usted lo mismo?

R.– Cuando salen los partidos políticos que vienen después, hablo de Podemos, a mí me da la sensación de que más o menos están todas las cartas marcadas.

El secretario general de Podemos está decidido de antemano, y la mayoría de los cargos importantes también, aunque existan unas primarias. Eso es totalmente contrario al espíritu profundamente democrático del 15-M. Y por eso decidí no participar activamente.

Sus propuestas, a nivel económico y social, a mí sí me cuadraban en un principio. Al final es un partido socialdemócrata, que defiende la intervención del Estado para modular el sistema económico, sin ningún proceso revolucionario.

Muchas de sus propuestas me parecían sensatas. Pero la organización interna, la jerarquización, el aferrarse a los puestos de poder, la 'hipercompetitividad' que se da en todos los partidos... Eso chocaba frontalmente con el espíritu horizontal del 15-M.

Si yo estoy en un movimiento de solidaridad y colaboración y me voy a meter en una estructura donde voy a tener que 'hipercompetir'... Pues a lo mejor no me interesa. Para eso ya tengo mi empresa.

Sí que participé a nivel local en Leganés, sin salario, como militante e incluso en la ejecutiva. Pero nunca en listas electorales ni en puestos remunerados porque no he querido entrar en ese juego de competir por un puesto de trabajo, que es al final por lo que se está compitiendo.

La Puerta del Sol, el 15 de mayo de 2011.

La Puerta del Sol, el 15 de mayo de 2011. Commons

Ante todo, Carlos no se arrepiente de haber estado tantos días seguidos en Sol, dando la cara ante los medios. Todo lo contrario. Considera que el espíritu de reivindicación que se creó en torno al movimiento era justo y necesario.

Sin embargo, lamenta que los objetivos primordiales del 15-M no se hayan cumplido: "Me preocupa mucho la política actual. Existe un falso discurso de victimización de quienes históricamente han ostentado el poder", expresa.

"Me preocupa la extinción de las clases medias, la polarización... Me parece que las personas, seamos de izquierdas o de derechas, tenemos que poder dialogar sin llevarnos a patadas, porque nuestra capacidad para relacionarnos y colaborar es lo que nos permite salir adelante como sociedad".

P.– Así las cosas, ¿cómo valoras a nivel general lo que representó el 15-M? ¿Fue un éxito?

R.– Siempre que hay luz hay sombra, pero fue éxito rotundo. La prueba es que 15 años después estamos aquí hablando de ello para un medio de tirada nacional.

Otra cosa es que el movimiento pretendiera de repente solucionar todos los problemas económicos del conjunto de la población: eso es muy complicado viniendo de gente de la calle que no tenía ni idea de cómo se gestionan este tipo de movilizaciones. La mayoría éramos ciudadanos de a pie.

Al principio decíamos que éramos apolíticos y tuvimos que rectificar a apartidistas, porque todo lo que defendíamos era político. Yo creo que hicimos todo lo que pudimos y más.

P.– ¿Hubo alguna gran problemática social que el 15-M lograra cambiar?

R.– Si uno mira el panorama que hay ahora, parece que no ha cambiado nada o que estamos incluso peor. Y no es verdad.

Existe una ley de transparencia: los cargos políticos están obligados a hacer una declaración de patrimonio al entrar y al salir.

Existe la dación en pago, que no existía: antes el banco te quitaba la casa y te veías en la calle y seguías pagando el préstamo.

Además, hubo un momento en que todos los partidos empezaron a hacer primarias, cosa que antes era impensable.

Y a raíz del movimiento existe un partido llamado Podemos, hubo un cambio en el PSOE, y gran parte de la gente que está en Sumar o Más Madrid no estarían ahí si no hubiera existido el 15-M.

El tono de Carlos Paredes mezcla la nostalgia y el orgullo cuando comenta su paso por el epicentro del 15-M, las manifestaciones ante la Puerta del Sol, las horas interminables de reivindicaciones, asambleas y entrevistas.

Pero no es ajeno a los flecos que se desprenden de un movimiento que partió de las calles, cuya bandera era la dignidad de las clases trabajadoras y que llevó al sistema a luchar por controlarlo a toda costa.

Por eso, Paredes concluye: "¿Qué nos queda del 15-M, además de la nostalgia...? Las reivindicaciones sin respuesta".