Laura empezó a prostituirse en España desde 2023.

Laura empezó a prostituirse en España desde 2023. Arte EE

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Laura y las 'temporeras del sexo' que vienen de América Latina a España cada verano: "Gano 40.000 euros en tres meses"

Durante el verano, hay mujeres de Colombia que vienen solo por esa temporada para prostituirse con empresarios de alto nivel y deportistas.

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El reloj marcaba las 4:30 de la mañana. Laura (Colombia, 1996) estaba despierta, acostada en la cama de un hombre que hasta hace dos días no conocía.

Los ventanales que estaban a su lado le gustaban. Desde allí se divisaba Madrid a la distancia.

No se sentía incómoda. Tampoco amada por las manos que acariciaron su cuerpo. Ella está acostumbrada al frío de las sábanas desconocidas, a la extrañeza de las almohadas ajenas.

A la mañana siguiente, Laura se levantó primero que él. Cogió la ropa del suelo y caminó hasta el baño.

Se dio una ducha con agua fría y cuando salió, el hombre ya no estaba en la cama. Entonces, ella se sentó en una de las esquinas del colchón y se empezó a vestir.

Hasta que la puerta se abrió y él entró.

—¿Ya terminamos?— dijo.

—Sí, mi amor— respondió ella sin mirarle.

El silencio fue denso. Ambos reconocían, sin tener que decirlo, que lo sucedido no era fruto del amor o la complicidad.

Acto seguido, el hombre se dirigió a su armario y abrió una pequeña caja fuerte. Allí, según calcula Laura, había al menos unos 30.000 euros en efectivo.

—Ten. Y también tienes un par de euros más para un coche— le dijo mientras arrojaba un fajo de billetes.

El dinero cayó sobre la cama. Laura, de inmediato, lo cogió. Tiene la creencia, por su madre, de que si el dinero toca el lugar donde ella duerme, se le acaba más rápido.

Tardó casi cinco minutos en contar el dinero varias veces. Por las dos noches que se acostó con un empresario español obtuvo 4.500 euros. Era gerente de un banco.

Tras vestirse, pidió un Uber y se dirigió hasta Madrid, al piso de una de sus mejores amigas.

Su amiga sabe a lo que se dedica. No le incomoda porque Laura suele dejarle un buen dinero por su estancia, que suele ser desde junio hasta agosto.

—Decidí ser escort porque le tengo miedo al amor— confiesa Laura, al otro lado del teléfono.

Pero la colombiana se define como una "prostituta de alto nivel". No se acuesta con cualquiera. Tampoco lo es durante todo el año.

—Viajo a España cada verano y escojo mis clientes. Ya tengo algunos asegurados. Por esos tres meses me suelo ganar unos 40.000 euros— dice.

Con el dinero que gana, puede tener un estatus de vida alto en Colombia durante todo el año.

—Por lo general me pagan jugadores de fútbol para ir a fiestas en Ibiza, deportistas, y otros empresarios en Madrid y Barcelona— asegura.

Su tarifa es innegociable. Por un día cobra 2.000 euros. No lo hace por horas. Además, si la persona que quiere sus servicios está en otra ciudad, este debe encargarse de comprar los billetes.

Preparación

La única relación que Laura tuvo fue con un hombre de "mucho dinero" en Colombia. Duraron seis años. Por ello se acostumbró a ese estatus social, que su familia no podía brindarle.

Es la única relación que he tenido. Me dolió terminar porque hubiese tenido una vida cómoda, sin apuros. Pero en medio del despecho, una amiga me comentó de este trabajo. Y solo son tres meses. Además de que se disfruta mucho— expresa Laura.

Durante el resto del año, en Colombia, Laura se dedica a ejercitar su cuerpo. También asiste a cursos de modelaje, catas de vinos y todo lo que considera que requiere para tener un ‘alto nivel’.

Sus clientes deben desearla. Pagan por lo que ven. Por ello, en esos nueve meses no trabaja en nada más. Tampoco tiene ningún estudio universitario.

Pero su primer miedo para ese trabajo fueron sus padres. Para viajar por primera vez a Madrid, en 2023, lo hizo con su amigo con la excusa de poder definir qué quería hacer con su vida.

Ellos aceptaron. La veían perdida, sin rumbo. Para la tranquilidad de ellos, les dijo que iba con su amiga. Y esta se encargó de enseñarle los pormenores. También de brindarle los contactos necesarios para estar en ese mundo.

Y allí, desde un principio, entendió que sus clientes no eran las personas promedio ni los turistas.

Yo no busco un trabajador común. Me gusta el lujo. Antes de acostarme con alguien tengo varios requisitos— explica.

Condiciones

Su condición inicial es que quien la contrata por un día debe llevarla a una tienda de lujo y comprarle la prenda con la cual la va a desvestir.

Posteriormente deben ir a cenar a un restaurante que sea reconocido. Y, una vez todo ha terminado, proceden a ir a la vivienda de la persona.

No toma copas de más. Tampoco consume ningún tipo de droga. Esa es una de sus diferencias con otras prostitutas.

—Hay muchos jugadores de fútbol que piensan que por pagar pueden hacer lo que quieran. Intentan que tome o consuma algo de más para hacerlo sin protección o cumplir todo lo que piden— añade.

Quienes más la contratan son deportistas. Concretamente, futbolistas. En muchas ocasiones ellos tienen parejas. Y, en esos casos, sí acepta ir a una propiedad alterna que posea esa persona.

Y otra cosa, que la hace una escort de 'alto nivel', es que tiene un número limitado de hombres con los cuales acostarse durante el verano.

—No todo es sexo. Si me acostara con todos los que pueden pagarme, estaría desecha y tampoco lo disfrutaría— confirma.

En los tres meses que está tiene un máximo de 10 citas confirmadas. Y, como mínimo, deben contratarla para dos noches y un máximo de una semana y media.

—También es cierto que podría hacer más dinero. Pero creo que con el que tengo ya es suficiente. Con eso he podido comprar dos propiedades. Una la tengo en arriendo y en la otra vivo yo— aclara.

Además de eso, tampoco debe preocuparse de comprar ropa. Es por eso que uno de sus requisitos se trata de que sus clientes se la compren. "Así me evito un gasto", dice riéndose.

Su alto precio también se debe a que entiende que la belleza es efímera. La juventud se esfuma.

—El dinero me lo entregan en efectivo. Pero lo que yo hago es camuflarlo, por ejemplo, con compras de lujo. Puedo comprar un anillo que cueste 3.000 euros— dice.

Lo anterior debido a que, en Colombia, el máximo de efectivo que se puede ingresar sin declarar al volver al país son 10.000 dólares.

Entonces, Laura suele comprar diferentes tipos de cosas. Intenta que no sean excesivamente caros al cambio para revenderlos en su país.

Esa es la vida de Laura: nueve meses de estar en su país y, por tres meses, trabaja como prostituta.

Vive en un bucle incansable. Su vida está llena de lujos. Pero también de rostros desconocidos, de manos extrañas y de noches efímeras.

Eso no le preocupa. Considera que en unos años su pasado estará enterrado. Y que su círculo de conocidos no será el mismo.

—Después de los 35 años aspiro encontrar a un hombre para amarlo— sentencia.

Sueña con tener dos hijos. También con una vida que no tenga fecha de caducidad.

Cree que todo será un recuerdo.

Pero hay reminiscencias que no se van. Cambian de forma. Se esconden. Aprenden a esperar.

Y regresan en el momento menos pensado, sin preguntar si todavía hay espacio para ellos.