El equipo de Navarro y Navarro y los investigadores de Coutot Roehrig

El equipo de Navarro y Navarro y los investigadores de Coutot Roehrig Cedida

Reportajes

El auge de los 'cazadores de herencias' que dan con fortunas sin dueño: "Un cartero se llevó 4M sin estar en el testamento"

Rastrean linajes en archivos para localizar sucesores de bienes vacíos: de una 'niña de la guerra' en Crimea a edificios en París; conectan parientes y riquezas.

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Una puerta cerrada. Un timbre. Silencio del otro lado.

"Venimos a hablarle de una herencia".

Ahí empieza el trabajo de los genealogistas sucesorios. Aunque muchos los llamen, con cierta ligereza, "cazadores de herencias".

Guillermo Navarro habla despacio. Es socio del despacho Navarro y Navarro y trabaja con su padre, Lorenzo.

"Llevamos estos asuntos desde los años setenta", cuenta. “Mi padre empezó con esto y yo me incorporé después”.

Su mesa rara vez se llena por iniciativa de los herederos. "Normalmente son comunidades de propietarios o vecinos quienes nos avisan", explica. "Tienen un problema muy concreto: un propietario ha fallecido y el piso queda vacío".

Las escenas se repiten. Cuotas que dejan de pagarse. Conductos que no se reparan. Humedades que bajan al piso de abajo.

"Se genera una serie de problemas en la comunidad", dice. "Además, está el miedo de que pueda entrar un okupa".

Navarro y Navarro tiene convenios con colegios de administradores de fincas: "Cuando se encuentran con una situación de este tipo, nos llaman", resume.

Lorenzo Navarro y Guillermo Navarro socios del despacho Navarro y Navarro

Lorenzo Navarro y Guillermo Navarro socios del despacho Navarro y Navarro Cedida

Ahí empieza el expediente. "Partimos de esa defunción y vamos haciendo el árbol genealógico", explica Guillermo. "Lo primero es ver si hizo testamento o no".

Si no hay testamento, hay que retroceder. "Vamos a ver quién eran sus padres, si tenía hermanos o sobrinos", detalla. "Si el caso es más lejano, miramos abuelos, tíos, primos, hasta el cuarto grado, que es el grado más lejano con derecho a heredar en España".

Archivos polvorientos

La imagen del abogado frente al ordenador se queda corta. "Somos abogados, pero la mitad del despacho son investigadores, genealogistas", dice Guillermo. "Hay mucho trabajo de campo".

Ese trabajo tiene geografía. "Ir al municipio de origen, investigar, preguntar, buscar archivos", enumera. "Parroquias, registros civiles, archivos de todo tipo".

La digitalización ayuda. "El registro civil está mucho más digitalizado que antes", reconoce. "Pero, como tenemos que retrotraernos normalmente a finales del siglo XIX, seguimos mirando archivos polvorientos".

La Ley de Protección de Datos marca una frontera. "No tenemos acceso a todo tipo de registros, sólo a los públicos", explica. "Los muy recientes no se pueden consultar y eso complica un poco las cosas".

Aun así, avanzan. "Es una pequeña limitación", concede. "Pero la solventamos".

¿Cuánto se tarda en cerrar una herencia? Guillermo no duda: "Hay de todo", responde.

"Algunos expedientes los resolvemos en cuestión de días", cuenta. “Otros nos llevan meses y años”.

No es sólo genealogía. "Nos encargamos de tramitar absolutamente todo: el tema jurídico, la parte fiscal y la gestión del patrimonio inmobiliario".

Durante ese recorrido, surgen problemas. "Puede estar ocupado el piso", dice.

También aparecen resistencias humanas. "En muchos casos el heredero ni sabe de quién le estamos hablando", admite. “Es más difícil explicarle que puede tener derecho a una herencia que no esperaba”.

Puertas que no se abren

El primer obstáculo es la sospecha. "De entrada, muchas veces no nos reciben por desconfianza", reconoce Guillermo. "Eso de ‘tiene usted una herencia’ suena un poco sospechoso".

Una mujer madrileña que prefiere no dar su nombre por motivos de seguridad recuerda bien esa sensación. Tenía 74 años cuando recibió la llamada.

Era octubre de 2021 y sonó el teléfono fijo de su casa.

"Le llamamos de Navarro y Navarro. No es ninguna broma, no es ninguna estafa", le dijeron al otro lado. Le explicaron que un primo suyo había fallecido años antes en un accidente de avioneta y que ella podía ser heredera.

La reacción fue inmediata: duda. Colgó y decidió comprobar primero si aquel despacho existía realmente. Cuando confirmó que sí, volvió a llamar.

A partir de ahí, cuenta, los abogados se encargaron de todo: las notarías, los trámites y finalmente la venta de dos pisos que el familiar había dejado en Sevilla.

El proceso duró varios años y obligó a reunir a las hermanas para firmar documentos y viajar juntas. "Al final no era una gran fortuna", dice. "Pero fue una alegría inesperada".

Durante aquellos trámites pasaron unos días juntas en Sevilla. "Nos unió todavía más".

Pesan los timos. "Ha habido temas de estafas y cosas de ese tipo", señala Guillermo.

Por eso el primer contacto se piensa bien. "La verdad es que no hay una manera estipulada", admite. "Lo hacemos como podamos contactar lo antes posible".

A veces es una llamada. A veces una carta. "En muchos casos es personalmente, porque puede que no tengamos un teléfono", dice. "Tenemos la dirección y vamos allí, llamamos al timbre".

No siempre funciona. "Por supuesto que nos han colgado el teléfono", reconoce. "También nos ha pasado que no nos quieran recibir o no nos abran la puerta".

Contra esa desconfianza, el argumento es concreto. "Cuando ven que es un despacho que lleva desde los años sesenta trabajando en esto, que tenemos convenios con instituciones, ya ven que es algo cierto", explica.

Y, sobre todo, cuando empiezan a hablar de familia. "Les hablamos de su familia, vamos reconstruyendo su árbol y les aportamos datos", cuenta. "Ahí piensan: ‘este hombre no se puede haber inventado esto’".

Reencuentros

La genealogía sucesoria no termina en el expediente. "Nos han pasado muchos casos de familias que no se trataban desde hacía décadas", recuerda Guillermo.

"Luego se han tenido que reunir para la tramitación en el notario". Esas citas no siempre son frías. "La verdad es que en varias ocasiones se han puesto a llorar", cuenta. “Muchos herederos, abrazos entre ellos, reconciliaciones”.

Para Guillermo, ahí aparece otra dimensión del trabajo. "Las herencias son dinero", admite. "Pero también son una vuelta al origen de la familia".

Mercedes Zurrón Vilariño, abogada y coordinadora del Departamento Jurídico de Coutot-Roehrig , recuerda a un heredero de Girona al que contactó tras localizarlo en una investigación genealógica.

De niño había perdido a su madre. La familia materna lo crió y el vínculo con la familia paterna desapareció. Décadas después, una herencia volvió a conectar esas ramas.

El hombre sigue escribiendo cada Navidad al despacho para agradecerles por recuperar parte de su propia historia.

Un rastro hasta Crimea

Uno de los casos más complejos comenzó en Asturias, según Victorio Heredero Gascueña, director de investigación en España del mismo despacho. El causante había muerto en Madrid dejando un piso y algunos ahorros.

Jorge Cuartero Viciana y Thibault Brané, genealogistas del equipo de Coutot-Roehrig

Jorge Cuartero Viciana y Thibault Brané, genealogistas del equipo de Coutot-Roehrig Cedida

Al investigar su árbol familiar apareció una historia mucho más antigua. Sus padres habían combatido en la Guerra Civil. La familia fue duramente represaliada. Varios parientes fueron fusilados.

Una tía logró huir a Francia. Siguiendo su rastro apareció una pista inesperada: había terminado en la Unión Soviética como una de las llamadas "niñas de la guerra". Décadas después, los investigadores localizaron a una descendiente suya en Crimea.

Cuando hablaron con ella por teléfono se echó a llorar. Nunca supo qué había pasado con la familia española. La herencia era modesta.

Pero para esa mujer, muy mayor, lo más importante era otra cosa: pidió documentos, fotos, papeles de la guerra. Quería reconstruir la historia que su familia había perdido.

Desde el despacho internacional de Barcelona recuerdan que su trabajo no sólo beneficia a los herederos.

También resuelve un problema público. Profesionales colegiados regularizan patrimonios sin titular que, de otro modo, dejan de pagar impuestos, se deterioran y generan conflictos en comunidades y administraciones.

Herencias tipo

Los números no siempre son espectaculares. "Normalmente estas herencias, como son colaterales, están muy repartidas", explica Guillermo. "Hay muchos primos, muchos familiares".

Él habla de una "herencia tipo". "Puede ser de 250.000, 300.000, 400.000 euros. Al estar tan repartida, la cantidad que les corresponde no es tan elevada".

Aun así, pesa. "Es una ayuda con la que no contaban", afirma. El patrón se repite. "Son personas modestas, más necesitadas. De repente se han encontrado con un dinero que les ha solucionado la vida".

Incluso ahí, la mirada va hacia adelante. "Normalmente los herederos que localizamos son gente ya mayor", explica. "Se alegran porque es un patrimonio que muchas veces lo gestionamos para que hagan donaciones a sus hijos".

Muerte sin herederos

El perfil del causante dice algo del país. "Mayormente suelen ser personas solteras", señala Guillermo. "Un porcentaje un poquito superior son mujeres". Viven en ciudades grandes: Madrid, Barcelona, Málaga.

La familia viene de otro lugar. "Su familia era originaria de algún pueblo del interior. Emigraron a estas ciudades, perdieron el vínculo con la familia y han estado llevando una vida así".

Al reconstruir sus vidas, aparece una nota común. "A veces ves una situación de soledad en los últimos años. Ves historias tristes".

Trabajar a riesgo

No todo expediente se convierte en historia. Antes de arrancar, miran los números. "Hacemos una valoración de la herencia. Si vemos que es un saldo negativo, no se puede llevar. Queremos que sean herencias positivas, que el haber sea claramente superior a los impuestos o a la deuda".

En esos casos, la respuesta es un no. "Tenemos que denegarlas porque no las tramitamos". La otra clave está en la forma de cobrar. "Trabajamos a comisión sobre la herencia recuperada", explica Guillermo.

Ese modelo no fue el primero. "Mi padre, en los años setenta, ofrecía una minuta, como cualquier abogado. Pero el contexto era distinto. Si llamas a un heredero que no sabe ni de quién le estás hablando y ya de entrada le quieres cobrar algo, te dice: ‘yo no quiero saber nada de esto’".

Por eso cambiaron. "Vimos que la manera que tenía sentido era trabajar a resultado. El despacho sólo cobra si finalmente hay un derecho y lo cobra el heredero".

Si la herencia se tuerce, no hay honorarios. "Si la herencia no sale adelante, el despacho no cobra cantidad alguna".

El porcentaje no es fijo. "Depende de la complicación o la dificultad del procedimiento. No es lo mismo una herencia con pocos herederos, hermanos o sobrinos, que una de primos".

Herederos por el mundo

Cuando Navarro y Navarro reconstruye árboles, se cruza con la historia del país. "La guerra civil generó un movimiento migratorio muy grande hacia Argentina, Venezuela y México. También hacia Francia. Muchos se fueron a Francia".

Hoy, los herederos viven en Austria, Francia, Suecia, Inglaterra, Australia. "En muchos sitios, la verdad", resume.

Algunos casos son casi mapas. "Tuvimos una herencia que tenía herederos en Madrid, en Barcelona, en Austria, en Argentina, en Venezuela, todo a la vez. Poner de acuerdo a tanta gente fue un trabajo tremendo, pero salió adelante".

Un cartero y muchos millones

Nuno Fernandes se mueve en otro mapa, pero con problemas parecidos. Es genealogista jefe de ADD Associés para la península ibérica y los países lusófonos.

Nuno Fernandes, investigador del Departamento internacional de ADD Asociados

Nuno Fernandes, investigador del Departamento internacional de ADD Asociados Cedida

"Trabajo en la empresa desde hace más de 20 años. Siempre me dediqué a las investigaciones internacionales", se presenta. El despacho en Madrid es reciente: "Sólo tiene tres años", precisa. Antes, todo se hacía desde París.

Cuando piensa en casos extraordinarios, vuelve a uno. "Es un caso que solucioné hace unos años. Un señor italiano que vivía en París, que dejaba una herencia por muchos millones".

La pista empezó en Francia, pero lo llevó a Italia.

"Fui a investigar a Italia, donde encontré a varios familiares. Primos que conocían de oídas a ese pariente que vivía bien en París. Algo no cuadraba. Me parecía extraña la manera como me hablaban de él, como si no me quisieran decir todo sobre la familia".

Siguió investigando, con insistencia y un poco de suerte.

"Encontré a un hijo de este señor que vivía en Inglaterra. El causante se había casado en Inglaterra por motivos profesionales. No había rastro en los registros habituales. Sin investigación, no se podía conocer".

Cuando llamó al hijo, la noticia fue doble. "Le hablé para decirle que su padre había fallecido y que tenía una herencia. Él no sabía que su padre había fallecido, pero lo conocía".

"Sus padres se habían divorciado cuando él tenía 15 años. El hijo tendría unos treinta años de edad cuando lo contactamos. Trabajaba para el correo, era cartero. En ese momento, heredero único. Recibió una herencia de tres o cuatro millones de euros. Le cambió la vida".

Nuno lo define así: "Es el ejemplo más fuerte que tengo. Un señor muy amable, que no pidió nada a nadie, que recibió un montón de dinero que le cambió toda la vida".

Pero la historia no se detiene en la cifra. "También le aportamos información sobre su familia. La noticia de la muerte de su padre y detalles sobre sus orígenes. Ese chico tenía ciudadanía inglesa, pero por aparte de su padre era italiano".

"También fue al cementerio en Francia a ver la tumba de su padre", detalla.

Un edificio y 50 herederos

Otro expediente lo lleva a una mujer española. "Era una señora de Mallorca, nacida en 1881. Tenía un edificio en las afueras de París".

Cuando les llegó el caso, sabían que no sería sencillo. "Sabes de antemano que va a ser difícil: encontrar a los padres, posibles hermanos, sobrinos…". Tuvieron que viajar. "En primera instancia a España, luego a Estados Unidos, a Puerto Rico, donde también había herederos".

Algunos sabían que tenían familia en Francia. "Lo habían oído por los padres y los abuelos, pero no sabían nada más. Sobre todo los más lejanos, que estaban en Puerto Rico y Estados Unidos no sabían de nada".

La herencia era importante. "Un edificio total, completo, en la zona de París siempre es dinero. Había casi 50 herederos. Son casos muy difíciles", resume. La investigación llevó alrededor de año y medio.

Cuánto se tarda

Nuno divide el trabajo en dos grandes bloques. "Primero está la investigación: saber si existen herederos, localizarlos, identificarlos, contactarlos".

Ese tramo puede ser corto o largo. Si son dos sobrinos únicos, es fácil. Pero cuando tienes primos hermanos, cuarenta o cincuenta herederos, es un trabajo largo".

Luego viene la tramitación jurídica. "Cuando concluimos la investigación empieza la tramitación de la herencia. Papeles, ventas, impuestos. Si existen bienes inmuebles, se tienen que vender. Si es un bien en Madrid, quizás será más rápido que en un pueblito de Huesca".

El modelo económico es similar al de los demás despachos: "El heredero recibe un importe neto del cual ya se han deducido nuestros honorarios".

Escenas de desconfianza

En América Latina la reacción se repite. "La reacción más frecuente es la desconfianza", admite Nuno.

"‘¿Quiénes son estas señores que me llaman? Yo no quiero pagar nada’".

El contexto no ayuda. "Hoy en día se reciben muchos mensajes por email diciendo que tienes una herencia".

"Te prometen millones en otro país, pero primero tienes que pagar a un supuesto abogado. Y hay gente que cae. Algunos lo creen, pagan y no reciben nada", lamenta.

Las escenas pueden volverse tensas. Cuenta el caso de un hijo que lo insultó por teléfono cuando llamó a la residencia de su madre casi centenaria.

"Me llamó estafador, dijo que quería robarle el dinero a su madre", recuerda.

Días después, ese mismo hombre le pidió disculpas cara a cara. Firmaron. La madre murió antes de cobrar. "El dinero lo recibió él como heredero".

También le ha pasado que aparezca la policía cuando va a ver a un heredero. Los miedos están ahí. Los genealogistas lo saben.

Desconfianza y alivio

En los testimonios de estos despachos, la misma escena tiene finales distintos.

Un timbre. Una puerta que se abre apenas. Una frase que descoloca: "Venimos a hablarle de una herencia".

Del otro lado, alguien que no esperaba nada. Que no pensaba en un piso en España, en un edificio a las afueras de París, en un apellido italiano.

A veces responde con insultos. A veces cuelga. A veces llama a la policía.

Pero, cuando los papeles encajan, cuando los nombres coinciden y los pueblos aparecen en los registros, la escena cambia.

La herencia se convierte en una cifra concreta. Un patrimonio que se reparte. Un problema que se resuelve.

Y, muchas veces, algo más.

Una familia que vuelve a verse en una notaría. Un hijo que visita la tumba de un padre al que apenas conocía. Un heredero que por primera vez entiende de dónde viene su apellido.

Entre el dinero y la memoria se mueven estos profesionales a los que muchos llaman "cazadores de herencias".

Ellos prefieren otra etiqueta. Pero su oficio siempre termina igual.

Rastrear un bien. Reconstruir una familia. Llamar a una puerta. Y esperar que alguien abra.