Bianca Ciobanu, número uno MIR 2026.

Bianca Ciobanu, número uno MIR 2026. Cedida

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Bianca Ciobanu, la rumana de 41 años número 1 del MIR 2026, contra quienes dicen que copió: "Lo estudié durante cuatro años"

Estudió Medicina en Reus, en la Universitat Rovira i Virgili. Su nota media no alcanza el 7, pero ha obtenido la mayor nota neta de la historia: 188 sobre 200.

Más información: Bianca, 41 años, va camino de ser la mejor nota de la historia del MIR: "Nunca he sido una estudiante excepcional"

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"Por una pregunta yo he sido la primera, pero podía haber sido la segunda, la tercera o la cuarta". Hay victorias que incomodan, y no porque sean ilegítimas, más bien porque obligan a revisar los relatos que nos hemos contado sobre el mérito, la edad, el origen y el camino correcto hacia el éxito.

La historia de Elena Bianca Ciobanu Selaru es un ejemplo de ello. El 27 de febrero, el Ministerio de Sanidad publicó los resultados provisionales del examen MIR 2026, y en el puesto número 1 apareció su nombre. 192 aciertos y 8 fallos, un total de 188 respuestas netas sobre 200 preguntas —resultados todavía provisionales—, una puntuación que de confirmarse sería una de las mejores de toda la historia de la prueba.

Ante las recientes acusaciones que sugieren que pudo haber copiado, Bianca desmiente rotundamente estas afirmaciones, calificando esta conducta de "aberración". La futura residente defiende que su resultado ha sido fruto de su esfuerzo y disciplina: "Lo he estudiado durante cuatro años", y atribuye esta polémica a la envidia y prejuicios sobre su edad y origen.

Bianca tiene 41 años. Estudió Medicina en Reus, en la Universitat Rovira i Virgili. Su nota media universitaria no alcanza el siete. Empezó la carrera en 2018, cuando ya tenía 34 años, accediendo a través de la prueba para mayores de 25. Durante años compaginó los estudios con el trabajo.

"Llevo sintiéndome médico toda la vida"

Bianca lleva más de la mitad de su vida en este país. Llegó de Rumanía a los 17, se instaló en Murcia, construyó una vida. Tenía una casa, un coche, y su propia empresa. Pero pasó por un bache personal que le hizo cambiar de planes. “Pasé una noche oscura del alma que sólo las personas que pasan por ellas lo entienden”, se detiene.

Decidió venderlo todo y mudarse a Reus. “Vendí mi casa, vendí mi coche, vendí mi empresa. Vine a Reus y empecé una nueva vida”. La decisión estaba tomada. Quería ser médico.

Concretamente, endocrina, porque mientras cursaba el Grado de Nutrición y Dietética, carrera que incluye una carga importante de bioquímica, descubrió que las hormonas moldean la vida. La fisiología del cuerpo es el mapa de casi todo lo que nos pasa, de la diabetes a la tiroides, de los problemas de memoria a la salud cardiovascular. “Si sabemos fisiología y nos hacemos preguntas de cómo funcionamos, podemos prevenir ciertas enfermedades y patologías”.

Método Pomodoro

En tercero de Medicina, mientras sus compañeros de clase tenían una media de 10 años menos que ella —con toda la neuroplasticidad que eso conlleva, como ella misma reconoce—, Bianca empezó a preparar el MIR.

Se inscribió en la academia AMIR, empezó a hacer simulacros. El primer día sacó 20 respuestas netas. “Era muy difícil porque no había dado muchas asignaturas, no conocía el modelo y tengo siempre la barrera del idioma”, explica. Así que adoptó un método propio: coger la primera pregunta del simulacro, estudiar todo el tema que tocaba, hacer esquemas, y volver.

La estrategia maduró durante cuatro años. En los últimos dos, empezó a levantarse a las 5 de la mañana, hacer un poco de ejercicio y dedicar ocho horas al estudio, usando la método Pomodoro 50/10 —cincuenta minutos de concentración, diez de descanso—. Todos los días. Sin excepciones.

“Yo no he aprobado el MIR en siete u ocho meses. Llevo estudiando el MIR desde tercero de carrera, casi cuatro años y pico”. Y añade, “El MIR es estrategia. No es la carrera, y lo repito, carrera y MIR son cosas muy distintas”. La carrera enseña medicina, el MIR mide la capacidad de descartar opciones, de no caer en trampas, de gestionar la incertidumbre de un examen de 200 preguntas en tiempo limitado.

Cuando llegó octubre de 2025, en los simulacros ya sacaba 180 netas.

Notas provisionales

El día del examen, Bianca salió del aula con un “sabor agridulce”, confiesa. Las preguntas que otros candidatos encontraron difíciles le parecieron de las más fáciles. Menciona una que generó confusión en los pasillos: el porcentaje de incompatibilidad laboral que un inspector médico puede certificar. Un 33%. Para ella, una pregunta “demasiado fácil y asequible.” Para muchos otros, un escollo.

También el formato había cambiado. El examen de 2026 fue, según Bianca, más directo y menos casuístico que los anteriores. Menos casos clínicos elaborados, más conceptos puros. “Ha preguntado mucha gente si he estudiado en España. Sí. Yo vivo en España desde los 17 años, tengo nacionalidad española”. La pregunta no es inocente, y ella lo sabe.

Cuando vio el resultado provisional, no hubo euforia. “Incertidumbre, sobre todo”. La convocatoria de este año era, ya antes de los resultados, una convocatoria herida.

“Como estamos ante resultados provisionales y tal como se ha desarrollado esta convocatoria, creo que lo más sensato es esperar a que el Ministerio publique las definitivas”, comenta. No es la respuesta que uno espera de una triunfadora, es la respuesta de alguien que lleva cuatro años estudiando Medicina y sabe perfectamente en qué consiste la prudencia clínica.

Imagen de archivo Ministerio de Sanidad.

Imagen de archivo Ministerio de Sanidad. Jesús Hellín Europa Press

La polémica

En los días siguientes a la publicación de los resultados, la Asociación MIR España registró un escrito formal ante el Ministerio de Sanidad pidiendo una auditoría del proceso. El argumento es estadístico.

Los datos históricos del Ministerio mostraban que, en la última década, el techo para un candidato con expediente académico igual o inferior a 6,75 se había situado en el puesto 209, logrado en 2021. En las dos últimas convocatorias, ese perfil caía por debajo del número 1.300. En 2026, alguien con ese mismo expediente había logrado el número uno absoluto.

La asociación fue cuidadosa, pues no nombró a nadie, exigió respetar la presunción de inocencia. Pero la combinación era lo suficientemente llamativa como para pedir explicaciones oficiales. Y pusieron sobre la mesa el ejemplo de Argentina, donde el año pasado, varios aspirantes al Examen Único de Residencias Médicas habían superado la media histórica con notas universitarias que no correspondían a su rendimiento académico. Las autoridades los obligaron a repetir la prueba. Ninguno igualó su calificación original.

Un periódico de tirada nacional ha publicado una información que va mucho más lejos, insinuando irregularidades directas en el examen. Bianca lo cuenta con una mezcla de indignación y extraña calma: “Me puse en contacto con la chica que escribió la noticia, y me ha dicho que esto viene de más arriba. Que lo siente muchísimo, pero que la noticia está hecha por sus superiores y a ellos les interesa que entren y lean la noticia”.

La información, según Bianca, llega de personas similares a las que la contactan por redes sociales preguntándole cómo lo ha hecho. “Esto no es normal, que con 41 años y rumana hayas sacado 188 netas en el MIR”, dice repitiendo, casi palabra por palabra, el argumento de quienes dudan de ella y que lleva días escuchando.

Hay un momento en la entrevista en que Bianca busca una metáfora y la encuentra perfecta. “Imagina que alguien lleva meses trabajando para comprarse un ordenador que vale 2.000 euros. Y llega otro y le dice: no, ese ordenador lo has robado. Así me siento yo”.

“Los resultados son los que son. Yo soy Bianca Ciobanu, he nacido en Rumanía, tengo 41 años, y puedo decir de una manera rotunda que lo he conseguido. Y he llegado hasta aquí gracias a mis esfuerzos y gracias a una disciplina constante durante muchos años. Esto no es algo que llegue de hoy para mañana”.

No esquiva el componente racial de las dudas. “La gente es racista, mucho”. Ha recibido mensajes de odio de compañeros. Uno de esos mensajes, dice, viene de un murciano, otro, de un sirio. Bianca se detiene ahí, dejando que la paradoja hable sola.

“En Cataluña se me han hecho realidad mis sueños”

Más allá de la polémica, si los resultados se confirman, Bianca Ciobanu tiene el panorama médico español a sus pies. Puede elegir cualquier especialidad, en cualquier hospital del país.

Tiene claro que se quiere quedar en Cataluña, su hogar, pero todavía no sabe qué elegir. La endocrinología sigue tirando de ella por vocación, pero en la zona de Cataluña donde vive hay pocas oportunidades laborales para un endocrino. La medicina de familia la reconcilió durante las prácticas con lo que la medicina puede ser en su versión más humana. Y la dermatología tiene buen futuro y rama quirúrgica.

“Lo que me dice el corazón, lo que me dice el cerebro, las opiniones de los demás… Estoy barajando. No lo tengo claro porque no había pensado llegar hasta aquí”.

Pero llegar hasta aquí no es el final, Bianca habla de gestión sanitaria, de un “cambio de paradigma urgente”, de querer participar en algo más grande que una consulta. Está haciendo un máster en Gestión Sanitaria. Sigue acumulando pasos.

“El MIR solo te abre una puerta, no te paga absolutamente nada. Me abre la puerta a seguir trabajando y a cobrar menos de 1.000 euros al mes durante el R1”.

La persistencia como forma de inteligencia

Hay una frase que Bianca pronunció en el vídeo que la academia AMIR publicó antes incluso de los resultados oficiales, y que se convirtió en el eje de su historia pública: “La persistencia también es una forma de inteligencia”

Lo que la entrevista con EL ESPAÑOL añade a esa frase es el precio de esa persistencia. El bullying en la universidad, los mensajes de odio tras los resultados, la pérdida que la trajo hasta aquí, las madrugadas de 5 de la mañana y la constancia durante tantos años.

Y la paradoja de todo ello es haber llegado tan lejos que el éxito mismo se convierte en sospecha. “Siempre que alguien destaca, la gente le envidia. No porque ellos no puedan, es porque ellos no se lo proponen”.

Puede que tenga razón. Puede que la Asociación MIR también la tenga. Esas dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo y, en cualquier caso, la historia de Bianca merece que se resuelva en los hechos, con datos, con transparencia, y con el rigor que cualquier estudiante a MIR merece, y no en el rumor ni en el prejuicio.

Mientras espera los resultados definitivos, se despierta un poco más tarde que antes, sale a que le dé el sol de primavera que acaba de llegar, y no tiene nada que hacer por primera vez en cuatro años.

Es, dice, algo a lo que todavía no está acostumbrada.