La tumba de Joan Estévez en Vilac (Val d'Aran), fallecido el pasado 13 de febrero.

La tumba de Joan Estévez en Vilac (Val d'Aran), fallecido el pasado 13 de febrero. Ferran Barber

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La guerra de Joan Estévez, el mercenario que sobrevivió a Ucrania pero murió en su casa en los brazos de su madre

El protagonista del documental 'Mercenario', estrenado en Movistar Plus+ en abril de 2025, nunca llegó a adaptarse a su vida civil tras varias campañas en el frente ucraniano.

En su pueblo natal, Vilac, en el corazón del Val d'Aran, su tumba adornada con montañas de flores y coronas fúnebres parece la de un héroe de guerra, que no obstante libró su combate más duro lejos de las trincheras.

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Ningún reportaje está maldito, pero, si alguno mereciera cargar con ese calificativo, sería el que este periódico publicó en septiembre de 2023. Trataba sobre un grupo de españoles que se preparaba, casi sin saberlo, para ser carne de cañón en la guerra ucraniana.

Habían transcurrido apenas 19 meses del estallido del conflicto (hace ya la friolera de cuatro años de aquel 24 de febrero de 2022), y nos acercamos hasta un campo de entrenamiento a las afueras de Binéfar (Huesca) para conocer su historia.

La foto que elegimos para abrir el reportaje mostraba, en primer plano, a un veterano de los cazadores de montaña del Ejército; en segundo, al instructor del curso, un tipo duro curtido en la Legión Extranjera Francesa y en Dios sabe qué batallas más. Hoy cuesta ya distinguir qué fue ficción y qué realidad.

Un alumno del curso de GOA se apuesta en una pared mientras su instructor explica cómo hacer un ejercicio.

Un alumno del curso de GOA se apuesta en una pared mientras su instructor explica cómo hacer un ejercicio. Juanjo Pérez Monclús

La historia de la foto es relevante porque sus dos protagonistas están ya muertos.

El cazador de montaña Miguel Ortiz, cántabro y a quienes sus hermanos de armas llamaban 'El Abuelo', murió en la brutal batalla de Avdiivka a los pocos días de poner un pie en el frente. Era noviembre de 2023.

Lo contamos después, junto a la agónica lucha de su humilde familia por recuperar el cadáver. Es probable que nunca lo logren.

El instructor, el "tipo duro", nos dejó el pasado viernes 13 de febrero, a los 40 años, pero no en un barrizal del Donbás, sino en casa de su madre en Gessa, bajo las majestuosas montañas del Val d'Arán, de donde era oriundo. Se paró su corazón por razones aún no determinadas.

Joan Estévez, como se llamaba, alias "Espinosa", sobrevivió a varias campañas en Ucrania, pero no al desconcierto del soldado en una vida civil a la que nunca volvió a acostumbrarse.

Por si aún no les suena, Espinosa fue el protagonista del documental 'Mercenario' que se estrenó en Movistar Plus+ en abril de 2025. En él contaba su vida en el frente y su posterior regreso a casa.

El hombre y el soldado

Cuando fuimos a aquel curso de preparación que impartía en Aragón, Espinosa interponía deliberadamente una distancia. Se tenía por un guerrero y se ajustaba al personaje.

Un hombre rápido de mente y de movimientos ágiles. Se le veía crecido, muy posiblemente, por el asombro y respeto que despertaba en sus pupilos.

Su historia, al menos la que nos contó con sus adornos, parecía sacada de una ficción: entrenamientos en la selva de la Guyana francesa, despliegues con el Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra, operaciones encubiertas en los rincones más insospechados del planeta…

La verosimilitud se la daba el equipo táctico en el que iba embutido. También el aura de quien apadrina a aquellos infelices que se dirigían a una muerte segura.

Cuando lo conocimos, se mostraba hermético. Tenía un celo por su privacidad admirable y comprensible. Esa coraza, sin embargo, no le duró siquiera hasta la segunda vez en que nos vimos.

Joan Estévez en el frente ucraniano. Fotograma del documental 'Mercenario'.

Joan Estévez en el frente ucraniano. Fotograma del documental 'Mercenario'. Movistar Plus+

Nos volvimos a encontrar a instancia suya: quería que se conociera la historia de 'El Abuelo', su alumno muerto en Ucrania y a quien fue a buscar, sin éxito.

Espinosa se enroló en varias misiones con la legión de voluntarios extranjeros. Paralelamente, buscaba a su amigo reciente en los circuitos secundarios de la guerra, entre mercenarios, estafadores, oficiales corruptos y otros personajes de la peor calaña. Se lo había prometido a su familia.

El papel de tipo duro lo había interpretado ya en Binéfar. En el bar Casa Bomba de Viella, punto de encuentro de los currantes que viven de espaldas a las legiones de esquiadores y veraneantes que acuden al valle, mostró su lado más auténtico. Es decir, frágil.

Pidió varias cervezas, se puso emocional. Fue ahí cuando, junto al fotógrafo, Juanjo Pérez Monclús, atisbamos el dolor que atravesaba a ese veterano que buscaba a 'El Abuelo' y su lugar en el mundo, sin terminar de hallarlo, ya fuera de las trincheras.

Espinosa se derrumbaba hablando de él. La muerte del cántabro y la injusticia que se cometió con él –lo mató un compañero cuando agonizaba– le obsesionaban.

Hablamos más veces. A esa fijación por encontrar el cuerpo de su camarada muerto se le unía la de ser agente de campo de inteligencia, para lo que pedía contactos. Quería dedicarse al oficio de las armas de por vida. Aunque sabía que ese riesgo no se paga ni con gloria ni dinero.

Lo intentó en Ucrania y en España. Incluso en el Santo Oficio, el servicio secreto vaticano. Pero sólo recibió negativas. A lo sumo, miradas compasivas. El aparato español de seguridad e inteligencia le marcaba de cerca, pero no precisamente para incorporarlo de colaborador o de informante en su plantilla.

'Mercenario'

Espinosa era ya muy conocido en el Val d'Arán antes del estreno del documental 'Mercenario' en abril del año pasado. Pero tras el lanzamiento de la producción, su fama se incrementó: su historia puso cara y voz a todos esos españoles que han ido a combatir a los rusos.

Aquel hermetismo que mostró ante nosotros en el curso de Binéfar, con la cara tapada por una braga de camuflaje para que no se le identificara, se desintegró para contar su historia ante las cámaras.

Es como si todos sus intentos en la sombra por ser reconocido hubieran desembocado en esa exposición extrema para dejar, al menos, un legado. Tal vez también fue su último reclamo para que alguien se fijara en él e hiciera realidad los sueños por los que tanto había peleado, literalmente.

Tras el documental, Espinosa ya no era sólo entre los suyos ese rebelde que de cuando en cuando se metía en líos. A partir de 'Mercenario' fue, además, el portador de una historia singular: la de alguien que había derramado su desconcierto juvenil en las trincheras del Donbás y que, tras servir como francotirador desde enero a junio de 2023, cargaba con el peso de la guerra.

Fotograma del documental 'Mercenario'.

Fotograma del documental 'Mercenario'. Movistar Plus+

A diferencia de otros combatientes españoles en Ucrania, Espinosa reunía una cierta mezcla de carisma y vulnerabilidad bajo la pátina de tipo duro que él mismo había alimentado hasta convertirla en parte de su personaje de 'Mercenario'.

"Vida hecha"

Espinosa –Joanet, como le llamaban– amaba su tierra y su familia. De joven encadenó trabajos ligados al turismo y la hostelería –regentó un bar llamado Nord–, como tantos araneses que viven al amparo del esquí. También era un excelente esquiador, además de cazador.

Durante un tiempo pareció haber conseguido lo que en el valle llaman sin pompa "tener la vida hecha": una casa, dos negocios y un hijo, esa combinación de raíces y proyectos que parecía una historia de éxito local.

Luego vino el divorcio de la madre de su hijo, alguna que otra trifulca, los problemas personales, una etapa de desconcierto en la que él mismo admitía a menudo haberse desbordado, y ese giro que lo devolvió primero al Ejército, después a la Legión Extranjera francesa y, finalmente, a las posiciones avanzadas del Donbás.

La guerra de verdad, no obstante, la lidiaría ya de vuelta a su tierra, que es donde terminó muriendo a primera hora de la tarde del pasado viernes, muy lejos de las balas y de sus propias fantasías de gloria.

Se desplomó estando en la casa de su madre en Gessa, una pequeña población de poco más de 150 habitantes, encajada en la ladera que asciende desde Viella a Baqueira. Era allí donde solía residir últimamente cuando andaba por el valle.

Entrada al pueblo de Gessa.

Entrada al pueblo de Gessa. Ferran Barber

Muerte en el valle

"Nadie puede saber de qué ha muerto porque no lo sabe todavía ni el forense, ni tampoco lo sé yo, y se murió en mis manos", nos decía su desolada madre este miércoles, al pie de la escalera de la vivienda en la que vive con su actual pareja.

Que su corazón falló es un hecho, pero, a falta de completar el estudio forense –las analíticas toxicológicas y los estudios histopatológicos de los tejidos–, se ignora a ciencia cierta si se trató de una muerte natural súbita o si intervino algún factor externo desencadenante. Aun así, las especulaciones se extendieron por todo el valle casi de inmediato.

El protagonista de 'Mercenario' creció en una familia de padres divorciados muy conocida en la Val d’Aran, con dos hermanos y una hermana, en un paisaje donde el apellido pesa casi tanto como las montañas y donde todo el mundo sabe de quién eres.

"¿Aturdida? Yo no estoy aturdida", nos espetó su madre. "Tengo unos cojones que me los piso y estoy aguantando como una estoica. Mi vida no es ningún misterio, mi vida ha sido una lucha, y ahora ha llegado esto. A mis hijos los conozco con todas sus virtudes y todos sus defectos y, para mí, son un amor. Cada ser humano es diferente".

"Se han dicho mil cosas de él", se lamentó en nuestra presencia. "No es nada personal pero no puedo fiarme de los periodistas porque estoy escarmentada. Hubo uno que dijo que mataba por un salario de 7.000 euros y le trajo toda clase de tormentos. Por su culpa, le perseguían los rusos", dice la mujer.

"Y sí, que sepan que Joan vivía atormentado por todas las mentiras que se dijeron de él. ¿Periodistas? Bastante mierda tuvo el pobre chaval y bastante sufrió por culpa del que dijo de él cosas que no son verdad".

Azucenas y crisantemos

Su padre vive en el pueblecito de Vilac, en cuyo pequeño cementerio fue enterrado Joan el pasado fin de semana. Hallamos la tumba familiar donde yacen sus restos literalmente enterrada bajo los ramos y las coronas funerarias que le regalaron sus familiares y sus amigos. Ya de anochecida, un vecino del pueblo nos ayudó a iluminar el sarcófago de piedra.

Es un cementerio diminuto a la medida de una aldea de poco más de doscientos habitantes. Y allí, junto a un puñado de nichos, encontramos montañas de gerberas, azucenas y crisantemos todavía frescos recortándose contra el nuboso horizonte de un anochecer de invierno. "Vinieron cientos de personas a su entierro. Se llenó el cementerio", nos susurró el vecino.

"Ojalá descanse en paz porque no fue mala persona", nos comentó algo más tarde su amigo Iván Fitz. Cuando regresaba a la Val d’Aran, Joan se dejaba ver por los bares de Viella y uno de los que frecuentaba era justamente el de su colega de la infancia Iván, Caña al Mono.

Iván Fitz, amigo de Joan Estévez.

Iván Fitz, amigo de Joan Estévez. Ferran Barber

La víspera de su muerte, el excombatiente había estado en su establecimiento con la que era su pareja. "Yo le vi muy tranquilo, muy relajado, y justo al día siguiente me enteré de lo ocurrido y me quedé perplejo", asegura Fitz. "Si ponéis algo en mi boca algo sobre él que sea bueno".

"No éramos íntimos pero con los años construimos una amistad", nos explicó acodado en la barra del bar. "Dicen que se desplomó en los brazos de su madre a la hora de la comida. Pero se han dicho muchas cosas. Ya sabes, pueblo pequeño, infierno grande".

"Él siempre quiso dedicarse a algo útil para la gente. Quería ser policía y, como eso no fue posible, terminó en el Ejército. Todos hemos cometido errores. Pero cada uno se busca la vida como puede. Lo que sí puedo decir es que no era un tipo broncas ni arrogante. Al contrario, era sereno, muy tranquilo".

Espinosa no encontró la muerte en las trincheras ucranianas; ella le encontró en la quietud de las montañas del Pirineo. A su funeral acudieron más de 300 personas. Quizá no estaba tan solo como creía.