En el centro, Yolanda Iturrospe en la actualidad; a la derecha, el estado de su mandíbula tras las operaciones realizadas por necrosis; a la izquierda, la reclamación que interpuso la familia y el informe médico.

En el centro, Yolanda Iturrospe en la actualidad; a la derecha, el estado de su mandíbula tras las operaciones realizadas por necrosis; a la izquierda, la reclamación que interpuso la familia y el informe médico. E. E.

Reportajes

La pesadilla de Yolanda tras 6 cirugías de mandíbula por un silencio administrativo: "Mi madre no es un mono de feria"

En 2020, los médicos detectaron a Yolanda Iturrospe un cáncer de amígdalas que ha derivado en una grave necrosis mandibular no tratada a tiempo.

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Seis años de calvario y más de cinco operaciones sin éxito. Yolanda Iturropse (Vitoria, País Vasco, 1958) ve cómo su vida cada día es más decadente por culpa de una necrosis mandibular que no fue tratada a tiempo.

A Yolanda le detectaron cáncer de amígdalas en 2020, es entonces cuando comienza "un dolor facial intenso y afectación funcional severa", según indica el informe pericial preliminar de la paciente. El martirio aún perdura.

La mujer no fue ingresada hasta enero de 2023, y no es hasta marzo de 2024 que la operan por primera vez de necrosis mandibular, cuatro años después de que le detectasen el cáncer.

María Denche, hija de Yolanda, ha contactado telefónicamente desde Canarias con EL ESPAÑOL para denunciar la denigrante situación a la que se enfrenta su madre: "No tomaron medidas hasta que pusimos una reclamación al centro", revela.

"Mi madre tenía unos dolores insoportables y acudía a urgencias todas las semanas", explica con indignación. Sin embargo, la solución nunca llegaba, sólo le decían que debía tener paciencia, que había lista de espera. Una lista de espera en la que el nombre de Yolanda no constaba: "Sentíamos que el médico se estaba riendo de nosotras", recuerda María.

Durante los 14 meses que la paciente estuvo en espera no se le realizó ningún seguimiento hospitalario. Tras mucha demora y no ver mejoras en la salud de Yolanda, demandaron los informes médicos. Es entonces cuando llegó su sorpresa: descubrieron que padecía una necrosis mandibular grave desde 2022 como consecuencia de la no actuación médica en su correspondiente momento.

El propio informe médico –al que ha tenido acceso este diario– indica que el retraso en la operación supuso la "progresión de la necrosis" y el "agravado de forma directa de las secuelas físicas, funcionales y estéticas".

El estado actual de la mandíbula de Yolanda tras seis operaciones.

El estado actual de la mandíbula de Yolanda tras seis operaciones. Cedida

Además, el expediente, fechado el 18 de octubre de 2025, señala que la paciente presenta una actual "deformidad facial importante" que supone una "discapacidad estética y social en primer orden". A su vez, una "limitación funcional alimentaria" que provoca "imposibilidad de masticar alimentos sólidos".

Y lo más grave: "Un dolor crónico y un trastorno depresivo severo, con gran impacto emocional y social y afectación psicológica profunda".

Sin hablar ni comer

Al llegar el día de la intervención, esta "no salió como debía". Por este motivo, decidieron solicitar un cambio de doctor: "No queríamos que ese hombre volviese a operar a mi madre", aclama la hija de Yolanda.

Yolanda antes de las operaciones.

Yolanda antes de las operaciones. Cedida

Yolanda Iturrospe tiene 67 años y siempre ha sido una mujer llena de vida. Con cariño, su hija María recuerda: "Era una persona muy activa, iba todo el día en tacones y le encantaba ir a bailar".

Ya en 2008 se enfrentó a una intervención quirúrgica por un cáncer de boca y de garganta y, a pesar de que afrontarlo no fue sencillo, lo superó y apenas tuvo secuelas posteriores más allá de una leve desviación de la mandíbula.

Sin embargo, ahora, su día a día ha cambiado por completo: "Tiene el ánimo muy bajo, apenas quiere salir a la calle y se siente observada", lamenta quien la ha visto perder su brillo poco a poco por culpa de las intervenciones médicas fallidas.

Durante las primeras semanas posteriores a la operación, Yolanda salía con mascarilla, pero esta se le infectaba de pus y tenía que llevar siempre un pañuelo con el que limpiarse.

"Apenas puede comer y sólo puede tomar líquidos. También le ha cambiado la voz, ahora es más gangosa y casi no se le entiende cuando habla", cuenta su hija.

La pesadilla de Yolanda empezó en enero de 2023, cuando fue ingresada por primera vez. Tras este ingreso le apareció un pequeño agujero en la parte inferior de la mandíbula; después "todo fue avanzando a pasos agigantados" y sintieron un gran "silencio" por parte de la administración.

El estado físico de Yolanda Iturrospe tras la primera intervención quirúrgica.

El estado físico de Yolanda Iturrospe tras la primera intervención quirúrgica. Cedida

Hasta marzo de 2024, cuando fue operada por primera vez, Yolanda se mantuvo a la espera y continuó trabajando a pesar de los fuertes dolores. Después de esta primera intervención se ha enfrentado a otras cuatro, y están a la espera de una sexta.

María explica que a su madre "la han tratado muchos profesionales y ninguno ha conseguido poner fin a esto". "Están probando con ella y mi madre no es un mono de feria con el que hacer pruebas", denuncia.

Secuelas irreversibles

Sumidos en la desesperación, los familiares de Yolanda decidieron tomar la decisión de enviar una reclamación a la asociación Defensor del Paciente. No fue hasta ese momento que los servicios médicos la atendieron definitivamente.

Tras la primera intervención, Yolanda fue dada de alta y enviada a su casa sin sonda de alimentación y con las cicatrices abiertas, generándole graves infecciones en cada comida.

Después la operaron hasta cinco veces más. Operaciones que le han dejado deformaciones no sólo en la mandíbula, sino también diferentes cicatrices por el resto del cuerpo: las piernas, el hombro, el pecho...

Las cicatrices de Yolanda Iturrospe tras sus operaciones.

Las cicatrices de Yolanda Iturrospe tras sus operaciones. Cedida

"Mi ama no puede mover el cuello ni la cabeza", lamenta María. Por ello, solicitó un fisioterapeuta para su madre y, a pesar de que en un principio le aprobaron la solicitud, este nunca llegó.

Tras mucho insistir en que les proporcionase nuevas opciones, Yolanda fue derivada al servicio de Cirugía Maxilofacial del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. Sin embargo, allí le dijeron que "no podían hacer nada más por ella", dejándola en una situación terrible sin ninguna solución. "Únicamente le ofrecieron la posibilidad de paliativos", cuenta María.

Entre el dolor y la esperanza

En ese momento, y llenas de desesperación, decidieron acudir a la consulta privada del cirujano Pedro Cavadas, quien ha transmitido esperanzas a la familia al decirles que había posibilidad de "recuperar parcialmente la funcionalidad y la estética".

Por ello, solicitan que la trasladen su centro, en Valencia. Los honorarios del doctor Cavadas son privados y cobra hasta 70.000 euros, una alta cifra que la familia, dicen: "No nos podemos permitir". Sin embargo, aseguran que tienen el derecho de que la seguridad social les derive a este médico para que la trate, cubriendo gran parte de los costes.

Por su parte, las explicaciones que le dan desde el Servicio Vasco de la Salud respecto a no poder derivarla son, según explica María: "Al ser un médico privado que no colabora con la seguridad social, dicen que primero deben agotar las opciones en la sanidad pública, pero ahí nos dicen que no pueden hacer nada más por mi madre".

Ahora están esperando para una nueva operación, en la que le quitarán parte del tejido del otro peroné. Además, le han planteado quitarle el metal que le bordea la cara, aunque "sin garantizar que la situación pueda mejorar y sin saber qué consecuencias tendrá", según expresa la hija de la afectada.

El metal que Yolanda que lleva en la mandíbula desde la primera operación.

El metal que Yolanda que lleva en la mandíbula desde la primera operación. Cedida

Por el momento, les ofrecen ir a paliativos para realizar curas semanales. Pero María denuncia que "esa no es la solución". "Mi madre tiene mucha infección, molestia, dolor, incomodidad...".

Desolada, expresa: "Apenas puede hablar bien. Nosotros aceptamos que eso no va a cambiar y mi madre también lo asume". Sin embargo, María denuncia que su madre sufre un "desastre físico, moral y de salud derivado de unas operaciones que se supone que eran para mejorar su calidad de vida". Pero que, por desgracia, la empeoran cada día más.