Héctor Esteban, catedrático de la UPV, sujetando un detector de radiofrecuencia.

Héctor Esteban, catedrático de la UPV, sujetando un detector de radiofrecuencia. Cedida

Reportajes

Héctor Esteban, el catedrático que declara la guerra a la IA en sus exámenes: "Hay alumnos que ya no saben redactar"

El profesor de la UPV y director ETSI de Telecomunicación ha decidido emplear detectores de radiofrecuencia durante las pruebas de su facultad.

Más información: Jesús G. Maestro, el catedrático que fustiga la ignorancia: "Hay alumnos que no saben poner las tildes a su propio nombre"

Publicada

Héctor Esteban (Pego, Alicante, 1972) es catedrático del área de Teoría de la Señal y Comunicaciones en la Universitat Politècnica de València (UPV), donde imparte clase desde 1998. Con casi 30 años de trayectoria docente y 18 en gestión universitaria —fue director de máster, de departamento y ahora de la Escuela de Telecomunicación—, Esteban se encuentra en primera línea de una batalla que está librando la universidad española: evitar que los estudiantes utilicen las IA para aprobar sin estudiar.

La Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicación que dirige el profesor Esteban ha implementado detectores de radiofrecuencia para localizar móviles durante los exámenes y ahora explora medidas más contundentes, como "detectores de metales" o "inhibidores de frecuencia".

EL ESPAÑOL, en consecuencia, ha querido hablar con el catedrático con el fin de que exponga los retos a los que se enfrenta la universidad española con la democratización de las IA y las posibles soluciones que se pueden aplicar.

Pregunta.– Lleva casi 30 años en las aulas. ¿Cómo ha percibido la irrupción de las IA, especialmente desde la democratización de ChatGPT entre 2022 y 2023?

Respuesta.– Es un tema largo porque te descoloca un poco. Como profesor, te planteas hasta qué punto lo que estás impartiendo realmente les va a ser de utilidad en su vida profesional cuando ves que una IA es capaz de resolver los problemas que planteas a los estudiantes cada vez mejor y de manera casi perfecta.

Te planteas si tienes que dar un vuelco radical a la forma en la que impartes la docencia. Pero a veces la conclusión es que lo más moderno no es lo mejor: pasó con las tablets en los colegios, que ahora se están retirando porque el papel y escribir es mejor para aprender. Se ha comprobado que es una tecnología menos útil a la hora de enseñar.

El catedrático Héctor Esteban con uno de los detectores de radiofrecuencia.

El catedrático Héctor Esteban con uno de los detectores de radiofrecuencia. Cedida

P.– ¿Cree que la IA puede sustituir la lección magistral?

R.– Es una duda razonable. Pero mi sensación a día de hoy es que, para utilizar bien la inteligencia artificial, primero tienes que tener las habilidades básicas muy interiorizadas. Es como en la película Karate Kid: el maestro Miyagi ponía al alumno a "dar cera y pulir cera" porque primero tienes que interiorizar los movimientos básicos y luego ya haces karate.

En ingeniería no puedes usar la IA si no tienes interiorizado qué es un logaritmo o la relación entre longitud de onda y frecuencia, por ejemplo. La IA no es buena para empezar a aprender una disciplina; es para el final del trayecto, se debe trabajar en el último curso o en el máster.

P.– ¿Ha percibido un descenso en el rendimiento de los alumnos en estos últimos tres años?

R.– Mi percepción personal es que con la IA hay una mayor brecha entre los buenos y los mediocres. El que es bueno, inteligente y trabajador, saca provecho de la IA y es todavía mejor. Pero para mucha gente sí es una tentación recurrir a la IA y luego no tiene ni la capacidad de redactar, que luego hacer un trabajo final de grado... O les dices que hagan un informe y ya no saben redactar porque se acostumbran a que se lo redacte todo ChatGPT, pues pierden habilidades básicas.

Entonces mi percepción es que hay una mayor brecha que antes, porque hay mucha gente que se acomoda y no aprende como toca.

P.– Hablemos de las medidas que han tomado en su ETSI para evitar el fraude en los exámenes con el uso de las IA. ¿Por qué decidieron introducir detectores en los exámenes?

R.– Todo esto nace del móvil. Antes de la IA, la copia era una chuleta o pasarse hojas, algo que con vigilancia se atajaba y no era excesivamente grave. Pero con el móvil detectamos casos de alumnos que hacían fotos al examen, las pasaban por WhatsApp a alguien fuera que les cobraba y les devolvía la solución. Ahora ya no necesitan a esa persona externa ni pagar. ChatGPT les resuelve el examen en dos o tres segundos. Es una tentación muy alta para el mal estudiante y queremos evitar que hagan trampas.

P.– ¿Cómo funcionan exactamente estos detectores?

R.– Son detectores de radiación electromagnética, de unos 10 o 12 euros, y funcionan muy bien. Detectan WiFi, Bluetooth, 3G, 4G y 5G en un espectro muy amplio. El aparato pita o vibra cuando detecta algo cerca. En una de las primeras pruebas, al decir que íbamos a pasar el detector, 15 alumnos se levantaron a dejar el móvil a pesar de que sabían que estaba prohibido entrar con él.

Les habíamos avisado de que no se podía entrar con el móvil. Que si encontramos uno, aunque esté apagado o no se esté utilizando, el alumno estaba suspenso en la asignatura por el mero hecho de tener un dispositivo prohibido. Y aun así…

Los detectores de radiofrecuencia utilizados en la UPV.

Los detectores de radiofrecuencia utilizados en la UPV. Cedida

P.– ¿El detector también inhibe los relojes inteligentes o pinganillos?

R.– Cualquier cosa que tenga un enlace inalámbrico produce radiación y esto lo detecta. El problema es que podría haber circunstancias en las que no funcione al 100%. Por eso estoy pensando en dar un paso más allá.

P– ¿Cuál es ese siguiente paso?

R. – Estamos barajando tres opciones. En primer lugar, usar inhibidores de frecuencia. Estos hacen que los dispositivos no puedan comunicarse. El problema es que en España sólo los pueden usar las fuerzas de Seguridad del Estado. La Policía, por ejemplo, los utiliza en sus oposiciones para que no copien.

Están muy bien, porque aunque tengan el móvil, no van a poder conectar con ChatGPT. En mi universidad hemos hecho consultas sobre el posible uso y me ha llegado un documento que parece afirmar que el espectro radioeléctrico dentro de la universidad es de propiedad de la universidad, pero no está claro. Entonces, aún no se sabe lo legal que puede ser.

P.– ¿Y las otras dos opciones?

R.– Por un lado, usar detectores de metales como los de los aeropuertos, ya sean arcos o manuales. Es imposible meter un móvil sin que pite, aunque esté apagado. Es intrusivo y supone que los alumnos lleguen media hora antes, pero si queremos asegurar que no se copia, no veo muchas más alternativas viables. Y, por otro, reforzar los detectores de radiofrecuencia que ya usamos.

P.– ¿Es excesivo llegar al detector de metales?

R.– Aunque suene a estado policial, hay que destacar que la tentación de copiar es brutal. Al final, si queremos proporcionar egresados a las empresas y a la sociedad con cierta garantía de que tienen una formación, hay que aplicar métodos para intentar evitar las trampas.

P.– ¿Y no debería cambiar la evaluación para adaptarse a la realidad de la IA?

R.– Tengo claro que un trabajo escrito ya no es una manera válida de evaluar. Hoy en día eso es absurdo porque lo va a hacer la IA y te vas a frustrar. Para mí, las formas de evaluar ahora son dos: exámenes en papel presenciales con todas las medidas anticopia posibles y presentaciones o exámenes orales.

Hay que obligarles a que sepan expresarse por sí mismos y retarles con preguntas que se salgan del guion que les haya preparado ChatGPT para ver si de verdad han asimilado los conceptos.

P.– ¿Los profesores deberían afrontar solos el reto de tratar las IA en las aulas?

R.– Esto es un problema de todos y no nos pueden dejar solos a los profesores. Hay que tomar conciencia del peligro de que los estudiantes consigan graduarse sin ir a clase y usando IA. Es un problema global que afecta también a los institutos y necesitamos que la administración ayude a implementar medidas y, si es necesario, cambie la legislación.