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Inés, María o Beatriz, pioneras del divorcio... en el s. XVI: "Mi marido me da cruel e mala vida e ha dicho que me ha de matar"

Laura Tinajero, preparando su tesis doctoral, ha encontrado en el Archivo Notarial de Sevilla varias denuncias por brutales malos tratos presentadas, y estimadas, para poder acceder a la nulidad eclesiástica.

Más información: El tortuoso camino hacia la nulidad matrimonial: "El maltrato no es una causa en sí para solicitarla"

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Sevilla, 28 de enero de 1511.

Inés de Azamar comparece a las 10 de la mañana ante el procurador Gerónimo de Aguilar, quien sustituye al alcalde mayor de la Justicia en la floreciente Sevilla del siglo XVI. Lo hace en persona, siendo mujer, madre, y con la cabeza muy alta.

Lo hace de nuevo, esta vez en apelación tras un proceso que se había alargado, agónicamente, durante tres lustros. Inés lo inició en 1496, cuando a través de otro procurador envió una carta desgarradora a Don Fernando de Aragón y Doña Isabel de Castilla.

Cuatro años después del Descubrimiento de América, Inés había tenido ya el arrojo y la valentía de apelar desde Sevilla ante los mismísimos Reyes Católicos.

Con toda probabilidad, llevaba aguantando muchos años, y de qué manera, antes de decidirse a dar ese paso. Tanto, que no dudó en darlo por segunda vez, disconforme con lo que tenía por delante.

Inés afirmó en 1496 que estaba "casada con Alonso Cherino" (...) vecino de la dicha cibdad, [quien] la tratava muy mal e crudamente queriéndola ahogar e matar cada día".

En los protocolos notariales sevillanos aparece este relato crudísimo, y otros muchos más, que atestiguan casos extremos de violencia de género. Un término inexistente en la época.

Inés denunciaba y no se resignaba. No paró de luchar. "Tenía que probar que era víctima de sevicia, es decir, violencia extrema". Solo probando la sevicia era posible, a ojos de la Iglesia, la ruptura matrimonial.

Lo explica a EL ESPAÑOL Laura Tinajero, una licenciada en Humanidades que está preparando su doctorado buceando en los archivos notariales de la Sevilla rica y floreciente de los siglos XV y XVI.

"La violencia correctiva sí estaba permitida para corregir a la mujer, pues dependía del marido al cien por cien", estima.

Lo que no estaba permitido, y por tanto, amparado, era la sevicia: el daño brutal por el daño brutal. Pero para hacerlo, para probarla, para recibir el amparo, había que tener dinero para sostenerlo judicialmente.

Tinajero subraya que fue toda una sorpresa encontrar "un fondo documental que recogiese este maltrato". Fue un compañero suyo, Alejandro Viñas, "quien me dijo que había visto algo rarísimo: una fórmula notarial que es la que reza mi marido me ha dado muy mala vida y me ha dicho que me ha de matar".

Data de finales del siglo XV y principios del XVI, de la época de los Reyes Católicos. Aparece, de momento, en cuatro casos de solicitudes de mujeres para acceder al divorcio eclesiástico debido a que eran víctimas de brutales malos tratos.

El litigio de Inés de Azamar, la sevillana que vivía cerca de la Catedral, se prolongó durante 15 años.

Aquella primera carta dirigida a los Reyes Católicos provocó que el provisor de Sevilla, habiendo oído a las partes "hizo divorcio e apartamiento entre ella y el dicho su marido".

Pero al tiempo, la Justicia le ordenó que volviese con su esposo, y de ahí la apelación de 1511, quince años después.

El maltratador, Alonso Cherino, durante años "la avía tratado muy cruelmente". Le propinaba "muchos palos e puñadas e heridas" en la cabeza, rostro y cuerpo.

La arrastraba por el suelo y la apuñaló en la cabeza: "Le cortó cuero e carne e le salió mucha sangre", reza el documento.También intentó estrangularla "muchas vezes (...) con una toca que le puso a la garganta".

Además, tenía testigos "que le ympidieron e estorbaron" para que no la matara de las palizas. Los testigos eran los criados y esclavos, a quienes Antonio Cherino también había amenazado de muerte si testificaban sobre los hechos.

Las salvajes golpizas se las propinaba antes, durante y después de sus embarazos. "Desta manera la tratava estando preñada e después de parida".

El caso de Inés "fue un proceso que se alargó, porque la Justicia acabó rechazando sus cargos, y lo intentó después por la justicia eclesiástica para anular el matrimonio", explica Tinajero.

Laura Tinajero, licenciada en humanidades que ha desenterrado las historias de las primeras denuncias por violencia de género en los siglos XV y XVI.

Laura Tinajero, licenciada en humanidades que ha desenterrado las historias de las primeras denuncias por violencia de género en los siglos XV y XVI. Cedida

Durante varios folios, el procurador recoge que aquella violencia extrema la sabían "los vecinos. También el agresor amenazaba de muerte a criados y esclavos".

Casas de acogida

Cuando formula la apelación, Inés se encuentra recogida en lo que en la época se conocía como depósito de mujeres. "Son casas de recogida, normalmente conventos, donde a las mujeres en su situación se les permitía estar con sus hijos esclavos y criados, resguardadas y a salvo de los malos tratos".

Eran casas, y el matiz es importante, solo al alcance de las clases pudientes.

El abogado del marido, por su parte, afirmaba en la documental que "pareçe que se tiene e aya tenido alguna sospecha de la dicha Inés de Azamar que aya cometido adulterio, e atento por aver movido este pleito la dicha Inés de Azamar se aya recabado odio y enemistad entre ella y el dicho Alonso Cherino su marido".

Con la acusación de un hipotético adulterio se trataba de justificar la violencia extrema ejercida contra Inés.

La trampa sirvió de poco, porque finalmente se decretó el divorcio entre ambos "para la syguridad de la vida de la dicha Inés de Azamar e que le sería peligroso hazer vida maridable con el". Tras ese divorcio eclesiástico, no podían volverse a casar.

Así, la Iglesia les autorizó a que cada uno de ellos viviera separada "e castamente en su casa con sus bienes, e condeno al dicho Alonso Cherino a restitución de la dote e arras". El marido se negó a devolverle las arras y solo le entregaría la dote. Tardó 30 días en hacerlo.

Otro caso es el de Beatriz Sánchez, vecina de Triana, y mujer de Diego Ortiz. El 13 de junio de 1534, sábado, cede un poder notarial al procurador Juan de Palma.

La fórmula ante el notario público se repite, con un añadido escalofriante: "Por cuanto el dicho mi marido me ha dado e da muy cruel e mala vida e ha dicho e publicado que me ha de matar e beber de mi sangre".

Retiradas de denuncias

También, como hoy, en el siglo XVI, había retirada de denuncias. Una de ellas fue el 7 de mayo de 1519. Lo hizo María Fernández, vecina de Sevilla, residente en la collación de San Esteban, el actual barrio de San Bartolomé. Estaba casada con Alonso Fernández de Jaén, de profesión molinero.

El acta notarial arranca con que la mujer perdona a su marido "que está ausente" en el momento de la toma de declaraciones.

La mujer comenta que tuvieron "cierta discordia", y que a raíz de ella su marido la golpeó con "un medio ladrillo en la cabeça". Añade que sangró mucho, y que por ello ha estado enferma en la cama. Y que continuaba en ella.

No obstante, María salió de la cama un sábado de hace 507 años para hacer el acta notarial. En ella prosiguió atestiguando que había sido tratada de su herida por muchos médicos, y que no lograban curarla.

Asevera que no está enferma por la herida de la cabeza, sino por coger frío al salir de su casa, comer leche y huevos "e otras cosas muy dañosas".

Tras esa confesión añade que teme morir, y que si muere, teme también que su marido cargue con las culpas de su muerte por el medio ladrillazo que le propinó en la cabeza.

Por ello, pone por escrito que le perdona la deuda de 20.000 maravedíes.

Según Laura Tinajero, "esa cifra era o bien la multa impuesta por haberle dado con el ladrillo en la cabeza, o la fianza que se le imponía a los maltratadores para que no volvieran a pegar brutalmente a sus mujeres". 

Eso quiere decir también que el molinero nunca le pagó a su mujer ni la multa o fianza por haberla apalizado. 

Tinajero subraya que esos documentos "los vieron historiadores en el siglo XX, porque están sus firmas, y no se quisieron publicar".

Pregunta.- ¿Le gustaría avanzar más en este tema?

Respuesta.- Mi intención con estas mujeres es continuar en el archivo documentándome sobre el tema.

Porque, de momento se encuentra trabajando en la edición de un libro divulgativo sobre los casos de las mujeres empresarias, cofrades, y mercaderas en el siglo XV. Efectivamente: existían.

Es más. "La primera jefa de la Universidad de Sevilla fue una mujer". Se llamaba María Sánchez. Ejerció el cargo de 1509 a 1517.

Era una beata franciscana, laica, que vivía en la Puerta de Jerez "Era la administrativa de la Universidad de Sevilla", Una universidad fundada en 1505 a la que solo asistían hombres.

"Estuvo hasta 1517 porque fue cuando hizo testamento, María Sánchez era la encargada de administrar desde las obras a ser la albacea del Maese Rodrigo, fallecido en 1509 y fundador del colegio Santa María de Jesús".

En el testamento Maese Rodrigo dio orden a rectores y colegiales para que la obedecieran y trataran “como madre verdadera” por su entrega al proyecto educativo.

Tras la muerte de Maese Rodrigo en 1509, María asumió la responsabilidad de gestionar las propiedades, cobrar las rentas y supervisar las obras del colegio.

"Nadie ha querido hablar de ella", sostiene Tinajero. Por ello, advierte de que "aquí ha habido un sesgo, porque no interesaba", asevera Tinajero.

"Lo que me estoy encontrando es que era muy normal que existieran mujeres religiosas, laicas, que vivían sin autoridad masculina. Se las llamaban beatas, y gestionaban su propio patrimonio".

Trabajaban "en una red de ayuda de mujeres, lo que ahora podría llamarse sororidad..

"Eran solteras, viudas e incluso casadas, que dejaban dote a otras mujeres para casarse o dinero, para lo que quisieran. Ese dinero las facultaba para volverse beatas laicas, es decir vivían en su propia casa y nadie les decía que se casaran".