Simona, durante la entrevista en su piso de Requena.

Simona, durante la entrevista en su piso de Requena. Biel Aliño

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El drama de Simona Banica, ni le extirpan un tumor cerebral ni le pagan el IMV: "Me dejan morir"

La vecina de Requena, que no cobra el ingreso mínimo pese a tenerlo concedido, espera impaciente para operarse de un bulto del tamaño de una pelota de golf.

9 febrero, 2023 02:49
Requena

Simona Banica recibe a EL ESPAÑOL en su piso de Requena. "Perdón por el frío, ya no pongo la calefacción", se disculpa. La mujer sobrevive con la pensión de viudedad de 115 euros que recibe su hijo pequeño, todo a pesar de que el Estado, según los documentos que exhibe, le debe 3.872 por atrasos en el ingreso mínimo vital. Pero este no es su mayor pesar. En noviembre le detectaron un tumor cerebral del tamaño de una pelota de golf. Le dijeron que la operarían de urgencia. Se rapó la para facilitar la intervención. Pero ahora no le dan fecha. "Me dejan morir", denuncia.

La mujer derrocha fortaleza. Desglosa sin pestañear los horrores sanitarios y burocráticos que ha sufrido durante los últimos meses. Se quita de repente el pañuelo para explicar cómo será la intervención. "Me tienen que abrir la cabeza de oreja a oreja y levantarme el cerebro para acceder al tumor. Está muy difícil, pero es la única manera", detalla. Solo se derrumba al pensar en la precaria situación que podría dejar a su familia. "Pido, por favor, que me operen cuanto antes para recuperarme y volver a trabajar", exclama. Es madre de tres hijos, uno menor de edad.

Nació en Argeș (Rumanía). Allí fue auxiliar de enfermería, y por ello vive con especial pesar el retraso de su operación. En España ha trabajado en multitud de negocios: en almacenes de distintas hortalizas, de recolectora en el campo, en la hostelería... Llegó a tener tres trabajos simultáneos. Pero el desgarro de un tendón de su brazo derecho la dejó fuera de combate.

[Extirpan el 90% del tumor cerebral del pequeño Oliver tras una operación de 10 horas]

Encadenó bajas hasta agotar todas las prestaciones y tener que recurrir al ingreso mínimo vital (IMV) del Gobierno de España. Lo cobró inicialmente con normalidad. Pero todo cambió cuando Simona, para "ser totalmente legal", comunicó a la Seguridad Social que su hija se había emancipado y que su hijo pequeño había empezado a cobrar la pensión de orfandad.

No cobra nada del IMV "desde septiembre de 2022". "Y lo peor es que consta como que sí lo tengo concedido y eso me impide pedir otras ayudas", lamenta. El INSS le ha comunicado por carta que le corresponden 167,13 euros mensuales tanto a ella como a su hijo. "Pero estas cantidades ni llegan a la cuenta bancaria ni se corresponden con lo que nos toca por unidad de convivencia de un adulto y un menor", denuncia.

La publicidad del Gobierno cifra en 859 euros el importe a percibir en este escenario, y la propia Simona recibió una carta de la administración en la que consta que le deben un total de 3.872 euros que nunca llegan a su cuenta.

Simona, en su habitación.

Simona, en su habitación. Biel Aliño

En paralelo, Simona empezó a notar un fuerte dolor de cabeza, "muy fuerte, como si se me fuera a salir un ojo", relata. Atravesó el ritual de pruebas que no condujeron a ninguna parte, en el que incluso achacaron los dolores a una depresión. Llegó un punto en el que se asustó, porque empezó a perder la sensibilidad en parte de la cara. Ya en julio, ante la ausencia de mejora, exigió una resonancia magnética, y ahí apareció el tumor, tras realizársela en el mes de octubre.

Pasó unas semanas muy angustiosas, las que transcurrieron desde que le informaron de la existencia del tumor hasta que la recibió en noviembre el neurocirujano que le explicó qué era exactamente. "Me dijeron que era benigno al 70%, pero muy grande", expone. En el informe que muestra consta que mide "41 por 53 por 26 milímetros". "Es más grande que una pelota de pimpón", expone.

"Está creciendo"

Pese a no ser maligno, "está creciendo". "Por eso me dijeron que había que operar cuanto antes, porque el espacio en la cabeza es muy reducido y me puede provocar un daño cerebral en tres o cuatro meses si se expande más", agrega. No se puede tratar ni con radio ni con quimioterapia, pero la buena noticia es "que se puede operar".

Aquel plazo temporal es el que más angustia a Simona. Pese a que le alertaron de la urgencia y catalogaron su caso de "grado uno", que, según detalla, supone que debían intervenirla en menos de un mes, la realidad es que ya han pasado casi tres desde la cita del mes de noviembre. Por eso, cansada de esperar, decidió denunciar su situación en entrevistas ofrecidas a los diarios Las Provincias y Levante-EMV.

Simona Banica.

Simona Banica. Biel Aliño

"En diciembre ya me había atendido la anestesista para preparar todo el preoperatorio. Me dijo que sería antes de Navidad. Me corté el pelo y no hicimos ningún plan, para estar preparada. Pero nunca llega la llamada", lamenta. La paciente llegó a hablar con el neurocirujano, quien, para desconcierto de Simona, le argumentó que existe una gran lista de espera y le restó urgencia a la intervención.

Su caso está en el Hospital General de Valencia, y Simona incluso ha pedido amparo para que la atiendan en La Fe, con el objetivo de agilizar su operación. "Lo que quiero es que me operen ya, porque cada vez estoy peor. Estoy perdiendo mucha sensibilidad y veo borroso en muchas fases del día. Además, tengo fallos de memoria y, a veces, me cuesta hablar", advierte.

Se da además la paradoja de que le piden que evite estresarse. "¿Cómo no voy a estresarme, si no me operan y no me llega lo que me corresponde del ingreso mínimo vital para poder vivir?", estalla. "No entiendo este abandono. Me dejan morir, y yo no quiero morir. Aún no tengo ni 50 años y me queda mucho por vivir", concluye.