Pedro Sánchez y Alberto Núñez-Feijoó durante el debate en el Senado.

Pedro Sánchez y Alberto Núñez-Feijoó durante el debate en el Senado. E.E.

Reportajes

El dedo acusador de Sánchez y la templanza de Feijóo: lo que dijeron sin hablar en el debate

EL ESPAÑOL analiza las claves del lenguaje corporal de ambos líderes políticos, que dan muchas pistas de sus diferencias. 

12 septiembre, 2022 02:02

El reciente cara a cara entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en el Senado nos brinda una excelente oportunidad para la observación y el análisis de ambos líderes, más si cabe teniendo en cuenta el clima de tensión e incertidumbre que marca la actualidad.

En un contexto donde la crispación gana las batallas, no está de más recordar que en el terreno de lucha las únicas armas no son las palabras. El lenguaje corporal, las expresiones, los gestos o la voz también tienen mucho que decir. Cualquier detalle marca la diferencia, todo comunica.

Feijoó el templado

Es posible que en el Partido Popular no haya existido un líder tan sometido a la presión de las expectativas como Feijóo, gestada a la luz de su trayectoria en Galicia y al halo de respetabilidad y eficiencia que le acompaña dentro y fuera del partido.

Su talante, en apariencia imperturbable y conciliador, ha sido una credencial puesta a prueba desde el minuto uno en un partido agitado, en el que su liderazgo mediático no ha dejado de estar en jaque. ¿Se refleja esto en su comportamiento?

Hasta ahora, el presidente del PP no había tenido oportunidad de brillar en un formato en el que no debemos olvidar que Sánchez juega con ventaja, al disponer de tiempo ilimitado tanto para su exposición como para las réplicas. Sin embargo, ha sabido aprovechar la oportunidad.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interviene durante el debate en el Senado.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interviene durante el debate en el Senado. Europa Press

Feijóo se muestra más afianzado en su papel que meses atrás. Discurso en mano y con aparente templanza, muestra calma y control de la situación en todo momento. No hay indicios de nerviosismo, tiene claro a lo que viene. Su tono es serio, rozando la severidad, y emplea con frecuencia el recurso de la ironía sarcástica. Todo ello de una forma coherente, sus palabras y su cuerpo bailan en la misma sintonía, una fortaleza que suma puntos a la credibilidad de cualquier político.

Podríamos decir que es que ha sabido transmitir seguridad, solidez y corrección, y eso es otro tanto que se suma el líder popular. No parece fácilmente perturbable, domina su emocionalidad, pero esta sobriedad le resta expresividad y conexión con el observador, su potencial votante.

Exhibe un discurso verbal coherente, bien hilado y trabajado, pero en la balanza gana la razón por encima de la emoción. Maneja con destreza la dialéctica, pero es parco en cuanto a lo que expresión facial y gestual se refiere. La exposición elocuente es importante, sin embargo, lo que conquista los corazones de las personas tiene mucho más que ver con transmitir emociones, y eso se consigue exhibiendo una comunicación no verbal natural y abierta, donde los gestos, las miradas o la habilidad vocal también seduzcan.

Pedro el elocuente

Pongámonos en contexto. Para Sánchez es más que probable que este encuentro, en clave electoral, haya supuesto una oportunidad para consolidar su liderazgo frente al principal líder de la oposición. ¿Cuál ha sido su estrategia?

Más allá de las dos horas y cuatro minutos de intervenciones, frente a los 26 minutos de Feijóo, el presidente del Gobierno ha exhibido una conducta no verbal realmente significativa. En primer lugar, empezando por su apariencia, algo más desenfadada que su contrincante al prescindir de la corbata. Con gesto relajado, caminar sólido y expresión sonriente, transmite la actitud del que se sabe ganador nada más entrar en el hemiciclo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aplaude en el debate del Senado.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aplaude en el debate del Senado. Europa Press

Sánchez se muestra fluido, cómodo y elocuente. Numerosos gestos ilustradores, aquellos que engalanan las palabras, acompañan su discurso. También muestra coherencia, lo que expone es lo que exhibe corporalmente. A diferencia de su contendiente, la gestualidad es más intensa, por momentos incluso apasionada. Su característico gesto de unir las manos y entrelazar los dedos hace aparición en numerosas ocasiones y emplea la voz de forma adecuada para enfatizar las partes importantes del discurso.

Por un momento se permite salir del guion, recordemos que se siente cómodo para hacerlo, para responder al murmullo sonoro de la bancada azul. Y lo hace con expresiones faciales características de la ira y el desprecio, y alzando el dedo índice “acusador” con vehemencia. Es evidente que se siente profundamente resentido con el partido de la oposición. Eso sí, Sánchez se recompone rápidamente, sale de ese enojo y prosigue con el discurso.

Llama la atención que, durante el tiempo de intervención de Feijóo, desde su silla responde con un lenguaje corporal provocador. Ante las críticas e improperios del líder popular, responde con sonrisas socarronas, expresión facial altiva, niega con la cabeza como diciendo “¡desde luego!” y se muerde los labios como un “déjame callarme”.

¿Conclusión? Desde el punto de vista de la comunicación no verbal, este debate ha dejado al descubierto luces y sombras de ambos líderes. En cuestión de expresividad emocional y carisma, Pedro Sánchez suma puntos en el marcador electoral, pero no podemos subestimar el potencial de Núñez Feijóo, quien se afianza como rival que se hace respetar y va ganando experiencia y confianza.