La primera vez que se pronunció la profecía fue el 4 de marzo de 2019. Ahí, en una entrevista en TVE, la entonces sólo número dos de Podemos, Irene Montero, lo dijo: “Estoy convencida de que, pronto, el líder de Podemos será una mujer”. Con Pablo Iglesias en la baja paternal que ambos se repartieron y con ella al frente, todos -insistamos: todos- sabían que hablaba de sí misma. Lo apuntaló Iglesias a su regreso, tras su vuÉLve, y le dio la razón. Aunque matizó una cosa, curiosa ahora que se pone en perspectiva, que él lo seguiría siendo “de momento, hasta 2021”.

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El líder del partido dijo aquello un 25 de marzo. El pasado jueves se cumplieron dos años, redondos. La profecía se ha hecho realidad, pero el detalle no. Para la mayoría de los españoles, entonces, Yolanda Díaz era ¿Yolanda quién? y, ahora, la flamante ministra de Trabajo se ha convertido en heredera in pectore desde que Iglesias anunció el pasado 15 de marzo que dejaba la Vicepresidencia, que se la daba a Díaz, y que él iría a hacer la batalla contra el fascismo enfrentándose a Isabel Díaz Ayuso por la presidencia de la Comunidad de Madrid en las elecciones del próximo 4 de mayo.

Según ha podido saber EL ESPAÑOL, con su marcha, Iglesias ha dejado todo atado, y bien atado, y ha llegado a un compromiso con el presidente, Pedro Sánchez, para que Irene Montero siga de ministra de Igualdad hasta que acabe la legislatura. Sin embargo, a pesar del amarre, el futuro de la número dos de Podemos y pareja del líder se ha empezado a complicar. En el chalé de Galapagar, donde residen vicepresidente y ministra, y donde un grupo escueto de cuatro o cinco personas sigue decidiendo el devenir de toda la formación, afilan sables.

Iglesias y Montero en el Congreso de los Diputados. EFE

“Que Irene era la heredera, eso lo sabíamos todos. Pablo siempre ha ido allanando el camino para ella. La mayoría de los asesinatos -las purgas, desde Íñigo Errejón a Carolina Bescansa- han sido para despejarle el camino. También los millones de euros, millones, que se han gastado en promocionarla. Tenía que ser Irene. Pero, claro, ¿ahora, a Irene quién la votaría? ¿Cuántos escaños sacaría Podemos si se presenta ella? ¿Siete u ocho? Estoy convencido de que, cuando se retire y Pablo mire atrás, se dará cuenta de que todo eso no sirvió para nada, que se equivocó”, cuenta a este diario un antiguo miembro de la formación muy cercano a la pareja.

Es a raíz de todo esto que la pareja no está viviendo sus mejores momentos. Consciente de que desaparecer del todo en Madrid significaría el principio del fin para Podemos, Iglesias buscó un ‘efecto Illa’. El primer peón con el que jugar la partida fue Alberto Garzón, coordinador general de IU y actual ministro de Consumo.

Él mismo lo reveló en una entrevista en Telecinco: "La única opción que valoramos diferente a la mía fue la de Alberto. (...) Juntos, hablando con él, llegamos a la conclusión de que podía ser más útil en el Ministerio de Consumo y yo llegué a la conclusión de que tenía que dar este paso. (...) No había más nombres sobre la mesa".

Sin embargo, sí que hubo un peón más, un plan B. Iglesias le propuso a Irene Montero que fuera ella quien se presentara en las autonómicas pero, sabiendo que sería su adiós a la política a medio plazo, la ministra de Igualdad dijo que no, traicionando la lealtad que le ha tenido hasta ahora. Eso ha obligado a ser él mismo el que asuma la responsabilidad y ha decidido aupar para su sucesión a Yolanda Díaz. El día en el que el líder de Podemos presentó su candidatura, Montero tardó horas en pronunciar su apoyo explícito y, el pasado miércoles, cuando Iglesias se despidió del Congreso, Montero ni estaba ahí. Díaz sí.

Este tipo de tejemanejes y juegos de poder son más que habituales en la política. Sin embargo, Podemos consiguió hacer que lo personal fuera político. Se intuyó en sus manifestaciones, se confirmó cuando el número uno y dos se hicieron pareja, y se registró ante notario cuando consultaron a las bases si debían seguir al frente tras comprarse el chalé de Galapagar.

Ya lo subrayó, respecto a la compra del chalé, el filósofo y expresidente socialista del Senado, Manuel Cruz, en su Transeúnte de la política: “Tanto tiempo riéndonos de que durante la Segunda República se sometiera a votación entre los socios del Ateneo de Madrid la existencia de Dios y ahora resulta que lo más acrisolado de nuestra izquierda se dedica a trasladar a las bases del partido sus remordimientos de conciencia”. Y es así como Galapagar, una casa privada, se convierte en el símbolo de lo político en estas dos últimas semanas.

Yolanda Díaz, a la izquierda, camina junto a Irene Montero, a la derecha. EFE

Ascenso capado dos veces

Hay una fotografía que, de vez en cuando, vuelve para atormentar a Pablo Iglesias. Se tomó en octubre de 2014, en la primera asamblea ciudadana de Vistalegre, y refleja al núcleo fundador de Podemos. En ella, además del propio Iglesias, aparecen a su lado y en primera fila Luis Alegre, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Tania González e Íñigo Errejón. De aquella instantánea, ya no queda nadie al lado del líder y ese núcleo duro en lo político está compuesto por una sola persona: Irene Montero.

En aquel 2014, Montero aún no era nadie. Entró junto a Rafa Mayoral a formar parte de Podemos tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 y comenzó en la segunda línea, como responsable de Movimientos Sociales y llevando el gabinete de Iglesias. En 2015 entró en el Congreso y ahí siguió en un plano discreto: ejerció de vocal de la Comisión de Fomento y fue portavoz de su grupo en la Comisión de Educación y Deporte. El poder estaba en manos de otros, entonces. Pero inició una relación con Pablo Iglesias.

Fue a partir de ahí -y no necesariamente a consecuencia de su relación sentimental- que la figura de Montero empezó a crecer en la formación. Y, a la vez que crecía ella, se iban borrando los nombres de los fundadores del partido. Iglesias iba allanando el terreno ya desde entonces para que, algún día, ella le sustituyese. Eso se vio nítidamente cuando, en 2017, sustituyó al entonces número dos, Íñigo Errejón, como portavoz del grupo parlamentario en el Congreso. El resto de la historia, es de sobra conocido. Un año después se compraron la casa en Galapagar.

El primer feo que Iglesias le hizo a Irene Montero fue en verano de 2019. Tras las elecciones de abril, en plena negociación entre PSOE y Podemos, los socialistas ofrecieron a Iglesias hacer vicepresidenta a Irene Montero y, además, darle la cartera de Igualdad. Eso es lo más cerca de la gloria política que ha estado Montero. Sánchez no quería a Iglesias en el Ejecutivo y le daba la oportunidad de salvar los muebles aupando a su sucesora natural al frente de Podemos. Iglesias, entonces, dijo que no.

De izquierda a derecha: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Tania González, en la Asamblea fundacional de Vistalegre. EFE

La repetición electoral salió bien para la formación y, tras las elecciones de noviembre de 2019, Unidas Podemos se quedó con más carteras ministeriales de las que aspiraba a tener anteriormente. Sin embargo, la vicepresidencia fue para él y entró en juego una persona hasta entonces desconocida: Yolanda Díaz. La gallega es amiga íntima de Pablo Iglesias desde que él la asesoró a ella cuando estaba en Izquierda Unida y, ahora, es la que él ha designado para alcanzar la gloria de su partido.

Esta es la segunda vez que el líder de Podemos aleja de la Vicepresidencia a su pareja y, en un partido en el que lo personal es político, ha desatado la tensión en el chalé de Galapagar. Más aún cuando Díaz ni siquiera está inscrita en Podemos; actualmente no podría ni votarse a sí misma en unas primarias. La promoción de la gallega es, además de por sus valores, una respuesta a los dos noes anteriores: con su señalamiento para liderar Podemos, Iglesias la sitúa en posición de preponderancia respecto a Garzón -ambos proceden del PCE- y respecto a Montero.

La batalla por Madrid

Antes de este golpe de efecto que vino a romper la baraja, antes del anuncio que pilló a todos por sorpresa y en el que Iglesias comunicó -sorprendentemente, en sede ministerial- que se presentaba a las elecciones autonómicas en Madrid, se lo pidió a Irene Montero. Este gesto, ya confirmado por diversos medios, implica que el líder de Podemos ya daba por amortizada políticamente a su pareja.

Salir del Gobierno para ir a competir por un puesto de segunda, con tan poco optimismo electoral, sería para Irene Montero descender de estar a las puertas del poder absoluto a salvar los muebles como sea. Desde Madrid, ella no habría podido aspirar a liderar la formación en un futuro cercano. Por eso le ha dicho que no. Y, aunque, según ha podido saber EL ESPAÑOL, Iglesias trasladó a Sánchez su intención de que Montero agotara la legislatura en Igualdad, las llaves del partido se las ha acabado dando a Yolanda Díaz.

Detrás de ese movimiento están las preguntas que se hacía el antiguo miembro de la formación: “¿A Irene quién la votaría? ¿Cuántos escaños sacaría Podemos si se presenta ella?”.

En el último barómetro del CIS en el que se preguntó la opinión de la ciudadanía sobre sus ministros se puede apreciar bien la situación. Yolanda Díaz obtenía en enero una nota de 4,6. Aunque se trata de un suspenso, era la tercera mejor valorada y empataba con Salvador Illa, todavía ministro de Sanidad. Ya se ha visto en Cataluña lo bien que ha funcionado el efecto Illa. Yolanda Díaz podría repetir una jugada similar. En cambio, Irene Montero y Pablo Iglesias eran, ambos, empatados, los que peor nota sacaban: un 3,3. En un Gobierno tan grande, con tantas carteras, que una sea la tercera mejor valorada y otra la peor, es un abismo de diferencia.

En este movimiento que ha venido a revolucionar la política nacional, Iglesias se ha llevado para Madrid, además, a un peso pesado del Ministerio de Igualdad. Se trata de Beatriz Gimeno, la feminista y activista en favor de los derechos LGTBI que hasta ahora dirigía el Instituto de las Mujeres. Junto a ella, estarán en las listas del líder de Podemos su jefe de gabinete, el exJemad Julio Rodríguez, y su asesora Lilith Verstrynge, con quien se rumoreó que Iglesias tenía un affaire.

Al margen de la política que se les complica a ambos, tanto Iglesias como Montero podrán seguir llevando una vida holgada en su casa de Galapagar. El todavía vicepresidente, que contempla seriamente volver a la Universidad si fracasa el próximo 4-M, seguirá cobrando el 80% de su sueldo, aunque ya no tendrá coche oficial y perderá muchos de sus beneficios, ostentados todavía por su pareja.

De todas formas, aunque Iglesias acabe marchándose y Montero sea condenada a la irrelevancia, les seguiría yendo bien en lo privado. Este viernes se han publicado sus bienes y ambos se han hecho ricos en la política. Lo ha resaltado el exsenador de Podemos Ramón Espinar, que ha remarcado cómo Iglesias entró en la política con 45.000 euros en la cuenta y Montero hizo lo propio con 6.000 y ahora ambos acumulan un patrimonio de 800.000 euros cada uno. Casi nada.

El enfado de Montero

El pasado miércoles Pablo Iglesias compareció en el Congreso de los Diputados por última vez. Han pasado años ya desde aquel enero de 2016 en el que entró rompiendo con todo y con 69 diputados de la mano. “Quiero que mis últimas palabras en esta tribuna, esta vez como vicepresidente, vuelvan a ser un homenaje de esas generaciones de españolas y españoles que lucharon contra el fascismo por la libertad y por la justicia social. Porque fueron, somos; porque somos, serán”, dejó dicho en su adiós.

Acto seguido, se baja de la tribuna, se acerca a la bancada azul del Gobierno y le da la mano a Yolanda Díaz, que le aplaude llorando. Después, se sienta sólo en su escaño. No tiene a su consorte al lado, no está Irene Montero. Su pareja y ministra de Igualdad, no acude al Congreso para acompañarle en un momento histórico para él. Saltan las alarmas.

Lo cierto es que la falta de apoyo por parte de Montero hacia la aventura madrileña de Iglesias se viene cocinando desde el mismo momento en el que el todavía vicepresidente hace el anuncio vía vídeo. En un primer momento, Montero se limita a únicamente retuitear la publicación de Iglesias. Horas más tarde se pronuncia pero con un escueto mensaje: “A ganar Madrid”. No fue hasta las 22.30 que dio su apoyo explícito con otro tuit en el que explicaba que había una mayoría en Madrid que no quería a Isabel Díaz Ayuso.

La siguiente vez que Montero se pronuncia al respecto fue el pasado miércoles. Compartió la despedida de Iglesias en el Congreso y dejó un mensaje. Repitió el “Porque fueron, somos. Porque somos, serán” y dejó caer un intencionado “Aquí seguimos”.

Varias fuentes coinciden en subrayar que, si la jugada de Madrid le sale mal a Iglesias, Irene Montero seguirá dando la batalla por liderar Podemos. A pesar de Yolanda Díaz, quien no se sabe si de verdad quiere esa manzana envenenada, si hace falta. Lo haría en contra de la última voluntad de Iglesias. No es poca la tensión en una dupla del poder que se lava los dientes en el mismo baño. “Aquí seguimos”, Montero dixit.