De los gallegos se dice que no se sabe si suben o bajan. Si vienen o van. Que si depende de la marea. Y ella es muy gallega. Sólo así se explica que, sin que nadie lo esperara, apareciera en el Consejo de Ministros, cogiera la cartera de Trabajo y, de la nada, surgiera una nueva estrella para la izquierda del PSOE. Esto, claro, es lo que opinan desde Madrid. En casa, la cosa es distinta, y en ella, en Yoli, confiaba todo el mundo.

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Así conocen los amigos de la familia a Yolanda Díaz (Fene, 1971), ministra de Trabajo y miembro de Galicia en Común, adscrito a Unidas Podemos. En las postrimerías del franquismo, a pesar de todo, pocos podían esperar que "la hija de Suso Díaz" acabara por superar en popularidad a su padre, un histórico sindicalista de Comisiones Obreras (CCOO) y miembro del PCE. Menos, que entrara en La Moncloa a dirigir el Ministerio de Trabajo. Y, prácticamente nadie, que acabara imponiendo sus tesis a Nadia Calviño, ministra de Economía, y a Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, todo mientras la izquierda perdía votos. Casi lo de siempre: cuando llegó, como buena gallega, no se le esperaba, y sin gritos ni aspavientos ha demostrado que sí, que sube y no baja. 

Los únicos que ya lo sabían eran los suyos. Pablo Iglesias lo tenía claro desde que fue su asesor en las elecciones gallegas de 2012. Sus vecinos lo intuían desde incluso antes. Llegó para dar la nota. No en vano, es la primera niña nacida en el barrio de San Valentín (Fene), una cooperativa obrera edificada a la sombra de Astano, actual Navantia, al otro lado de la ría de Ferrol. Un torrente de lucha sindical, solidaridad y panfletos revolucionarios. Y, en medio de todo, una niña.

Yolanda Díaz, en A Coruña, durante la campaña electoral de noviembre de 2019. Yolanda Díaz

Ahora, cincuenta años después de su nacimiento, aún quedan resquicios de la resistencia, y en el segundo piso de la Avenida Mar todavía huele a reuniones de CCOO y militancia clandestina. Ahí, a menos de 100 metros de la ría y a tiro de piedra de los astilleros, se forjó una personalidad. 

"Éramos los niños del partido", recordaba la ministra hace años, "tenía cuatro años cuando Santiago Carrillo [secretario general del PCE] me besó la mano". Hace tiempo que la casa no pertenece a los Díaz, que abandonaron el pueblo rumbo a Santiago de Compostela cuando Yolanda tenía 14 años, pero en el barrio todavía la recuerdan.

"Mis hijas jugaban con ella de pequeña, y sólo puedo decir cosas buenas de la familia: trabajadores e implicados", rememora una vecina para EL ESPAÑOL. "Sobre todo de su madre", Carmela, una trabajadora de la Ford afiliada a CCOO, que falleció hace siete años y de la que heredó su nombre la hija de Yolanda, nacida en 2012. En Fene, sin embargo, parece que no ha pasado el tiempo, y todavía no se olvida aquel viejo conflicto, el de trabajadores contra empresarios.

Sindicalista sin sindicato

"[Nadia] Calviño tiene su bando, y Yoli está del nuestro", señala Xosé Manuel Sánchez Aguión, un viejo amigo de la familia. Secretario general de CCOO de Galicia hasta hace tres años, fue uno de los primeros "jefes" de Yolanda Díaz en su juventud, cuando asesoraba al sindicato como abogada externa. "Es todo lo que se puede esperar de una sindicalista, que es lo que ha mamado desde pequeñita", resume. 

Sin embargo, aunque haya basado toda su carrera en el sindicato, Yolanda no está afiliada a Comisiones. Allí guardan un buen recuerdo de ella, tanto "que pensaba que estaba dentro [del sindicato]", asegura un antiguo compañero. Todos los antiguos dirigentes de CCOO contactados por este periódico la recuerdan con cariño. "Con los pies en la tierra y muy profesional", en palabras de Aguión. Con ellos se reúne cada 10 de marzo durante el Día da Clase Obreira Galega. No ocurre lo mismo con sus compañeros en política, al menos en Galicia.

"[En el sindicato] Nunca ha ocupado un cargo a pesar de ser hija de quién es", señala a EL ESPAÑOL un antiguo colaborador. Añade que "nunca ha gestionado gran cosa", en relación a sus escasos éxitos electorales y al breve año que pasó como teniente de alcalde de Ferrol. Al final, curiosamente, lo que más se explota de ella es su imagen relacionada "con un sindicato al que no pertenece", señala un allegado del Partido Comunista.

De hecho, uno de los mayores miedos a que fuera ministra era, precisamente, su trayectoria: sin contactos con los empresarios, clave en las negociaciones, y con poca experiencia en el sector privado hasta su salto a la abogacía. La única que se le conoce es una breve estancia como camarera para pagarse los estudios de Derecho en Santiago. Una vez los acabó y abrió su despacho de abogada, en marzo de 1998, su vida ha transcurrido en paralelo al mundo de la empresa. Sin chocarse con ella.

Como letrada empezó haciendo un poco de todo, pero siempre con la vista fija en el Derecho Laboral. Con el tiempo acabó defendiendo a mujeres maltratadas, sí, pero sobre todo a trabajadores en situaciones irregulares, despidos colectivos y manifestantes contra sus empresas. En el fondo siempre ha estado con los de abajo, con los que se manchan en el barro, pero desde su despacho. Y no tardó demasiado en meterse en política.

Eso también le viene de familia. Apenas un año antes de nacer, cuando su padre entró a militar en el Partido Comunista, Suso afilió consigo a su gemelo, Xosé -Pepe- Díaz, que también bregaba en la lucha sindical y obrera de la época. Con los años abandonaría la formación por el BNG, donde llegaría a ser diputado autonómico durante ocho años. El mismo año que abandonó la cámara, en 2005, su sobrina Yolanda sería elegida coordinadora general de Esquerda Unida.

Pablo Iglesias (d), Xosé Manuel Beiras (2d), Yolanda Díaz (2i) y el dirigente de Anova Antón Sánchez (i), en un acto en A Coruña en 2015. EFE

El germen de Podemos

La carrera política de Yolanda Díaz no fue gran cosa hasta 2012. Por entonces era conocida como la líder de un partido sin un escaño en el Parlamento, la candidata a la Xunta que nunca había logrado representación y una concejala del Ayuntamiento de Ferrol que había dimitido como teniente de alcalde tras pelearse con el PSOE. No era el mejor perfil para afrontar una nueva campaña electoral, y necesitaba un revulsivo.

Apareció en escena Xosé Manuel Beiras, histórico líder nacionalista, antiguo candidato del BNG a la Xunta de Galicia y una de las figuras más representativas de la política autonómica, que acababa de fundar un nuevo partido, Anova. Beiras representaba el galleguismo, la clave territorial, y Yolanda a la izquierda, la clave ideológica. Por separado no tenían posibilidades. Juntos, constituyeron una candidatura. 

En 2012, se unieron en Alternativa Galega de Esquerda (AGE), un partido instrumental con el que afrontar la campaña electoral. Para sumar los dos proyectos, ficharon como asesor a un joven madrileño que Yolanda conocía del Partido Comunista, un profesor de la Universidad Complutense llamado Pablo Iglesias. La idea: aprovechar el viento a favor del 15M y formar una marea política de izquierdas. Lo que nadie esperaba es que la marea subiría tanto que, en un par de años, llegaría a Madrid.

Consiguieron nueve diputados y se convirtieron en tercera fuerza con Beiras como candidato y una foto para la historia: Yolanda Díaz saliendo de las reuniones con su hija en brazos. La imagen daría la vuelta a Galicia como muestra de la conciliación laboral y la nueva política, e incluso se propuso incluirla en el cartel electoral. La idea, claro, vino de Iglesias, que la copiaría años más tarde, ya en Podemos, para que Carolina Bescansa, otra gallega, hiciese lo propio con su hija en los plenos del Congreso.

Yolanda Díaz con su hija tras la reunión del Consello Nacional de Esquerda Unida, en 2012. E.E. Yolanda Díaz

"Desde entonces quedó en el registro de Iglesias, pero seguía en IU", revela un antiguo dirigente de Izquierda Unida cuando Yolanda Díaz era secretaria de Política Social. "Luego apoyó a [Alberto] Garzón para ser coordinador federal y apartar a Cayo Lara, pero desde entonces, aunque estaba en Izquierda Unida, Yolanda Díaz siempre ha sido de Pablo Iglesias", indica la misma persona a EL ESPAÑOL

En lo que respecta al actual vicepresidente, entonces un simple asesor, aprendió mucho de su experiencia gallega. Incluso le dio la idea de formar su propio partido. En alguna ocasión ha mencionado que "la primera traducción electoral del 15M no fue Podemos, sino AGE". El germen de todo.

Así lo demostraría Iglesias años más tarde, ya con las elecciones de 2015 a la vista y en busca de una cabeza morada en Galicia, a la caza de alguien que heredase el espíritu de AGE. Lo más fácil era contar con Beiras, su mentor político, "pero era demasiado mayor y problemático para llevarlo a Madrid", concreta una persona de la candidatura. En cambio, decidió contar con Antonio Gómez-Reino, impulsor de Marea Atlántica, y su antigua jefa, Yolanda, para encabezar el asalto gallego a los cielos. 

Las dos Españas

Pero algo cambió en las elecciones de noviembre de 2019. Tras la repetición celebrada a finales de ese año, Yolanda Díaz no tenía claro si quería repetir como diputada. Las bases (e Irene Montero) la convencieron. Luego, tras la coalición con el PSOE, no quería asumir la cartera de Trabajo. "No, no y no", le dijo a Iglesias. Al final, el vicepresidente le regateó un sí. Hoy, un año después de la vuelta a las urnas, pandemia de por medio, es la cuarta ministra mejor valorada del Gobierno. La primera, Nadia Calviño, también es gallega, pero poco tiene que ver con ella.

Nadia Calviño, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Economía.

Su relación recuerda al viejo conflicto que ya tuvo que vivir su padre. Ese de las dos Españas del trabajo que tienen que elegir bando: el de los empresarios o el de los trabajadores. Ahora su batalla no se decide en las huelgas, sino en la mesa del Consejo de Ministros. Tampoco por piquetes y panfletos sustituidos por una tensa convivencia y comentarios velados. Tanto que no se sabe si suben o bajan. Pero se intuye.

Díaz y Calviño también representan a las dos Españas de la izquierda, la del PSOE y la de más allá. Una, hija de Suso Díaz, militante del PCE en la clandestinidad y sindicalista. La otra, de José María Calviño, director de RTVE bajo el mando de Felipe González. Una abogada comunista bregada en la lucha obrera. La otra, economista acostumbrada a los despachos de las instituciones europeas. No iba a ser fácil juntarlas a la mesa del Consejo de Ministros. Pero la coalición se arriesgó.

De momento, Díaz ha sacado adelante seis grandes medidas pactadas con sindicatos y patronal, todas bajo el beneplácito aparente de Calviño, con más poder en el Consejo de Ministros y un asiento privilegiado al lado del presidente. Al principio, la ministra de Economía dejó pasar el incremento del salario mínimo, la regulación de los ERTE y la ley del teletrabajo. Hasta que presentó batalla por la reforma laboral.

La 'contrarreforma' de Díaz es una de las principales ambiciones del Ministerio de Trabajo desde que se inició la legislatura, paralizada por la pandemia y por una Nadia Calviño que considera que todavía no es el momento. Hay cuestiones demasiado espinosas, como el límite de subcontratación, que enfrentan a las ministras y sus allegados. Para una, su objetivo es acabar con la reforma laboral de 2012. Para la otra, Podemos no puede llegar tan lejos tan pronto.

Pablo Iglesias y Yolanda Díaz (EUROPA PRESS).

Pero también hay rumores de otra batalla, una más interna. Porque no dudamos que Díaz no es de Podemos. Tampoco de IU, que abandonó hace poco más de un año. Sigue siendo comunista, del PCE, pero sobre todo es de Pablo Iglesias. La mayoría de personas consultadas por este diario hablan de lealtad y camaradería entre Díaz e Iglesias, amigos y compañeros en el Consejo de Ministros, pero algunos sectores miran con recelo la ascensión de la ministra y su reciente protagonismo.

Temen que se aleje del líder, que adquiera, como ya está sucediendo, un perfil propio, y pueda disputarle la cabeza del partido. De momento, a nivel de imagen, Yolanda Díaz ha fagocitado a Irene Montero. Tanto es es así que si dentro del Consejo de Ministros hubiera que decidir a la zarina de la izquierda esa sería, sin lugar a dudas, la hija del sindicalista. Se lo ha ganado por derecho propio.

Hace unos días hubo un detalle muy significativo captado por los cámaras: Pablo Iglesias esperaba a alguien en el patio para entrar en el hemiciclo. Ese alguien era Yolanda Díaz. Cuando apareció, los dos entraron con paso firme, juntos, al pleno de los diputados.

No está en el calendario un relevo político, pero Yolanda Díaz ya aparece en la foto de la izquierda. Ya está en primera fila. Y con los gallegos nunca se sabe.