Irene Montero puede convertirse en la primera persona que ocupa una vicepresidencia del Gobierno de España, la cima del Estado, con 31 años y sin experiencia alguna en la gestión. Sólo Bibiana Aído se acercó a ese récord: también con 31 años fue ministra de Igualdad en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, aunque en su caso sí había conocido antes el mercado laboral. Y si Aído habló de "miembros y miembras", Montero tiene su "portavoces y portavozas".

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Montero ha tenido una carrera meteórica y vinculada al grado de confianza que Pablo Iglesias ha depositado en ella: de la universidad pasó a la política, y del escaño puede asaltar el cielo del Gobierno. Todo en sólo cinco años. No falta quien lo entiende como otro tipo de puerta giratoria. 

Después de que Pedro Sánchez vetara formalmente a Iglesias para un gobierno de coalición, uno de los primeros nombres que Podemos puso sobre la mesa fue el de Montero. Carmen Calvo, que negocia con Pablo Echenique un posible gabinete, ya ha confirmado que el PSOE le ofrece a ella una vicepresidencia.   

El currículum de la diputada madrileña incluye una licenciatura en Psicología y un máster sobre psicología educativa. Al terminar esos estudios, con 25 años, obtuvo una beca del Ministerio de Educación que la llevó a Harvard, en EEUU, pero abandonó antes de acabar para entrar en política. Eso le impidió terminar la tesis. 

Sustituta de Errejón

Se integró en Podemos justo después del éxito de las elecciones europeas de 2014, donde, contra pronóstico, el partido obtuvo cinco escaños. Enseguida fue nombrada responsable de Movimientos Sociales y Jefa de gabinete del secretario general, que después fue su pareja, padre de sus dos hijos mellizos y de una niña que está a punto de nacer.

El empujón definitivo para Irene Montero llegó en el segundo congreso de Vistalegre, en 2017, que significó el principio del fin de Íñigo Errejón. Fue entonces también cuando trascendió a la opinión pública la relación sentimental que mantenía con el secretario general del partido. Ella fue la elegida para sustituir a Errejón como portavoz parlamentario.

Portaestandarte de la agenda más radical de Podemos, sus primeras dianas fueron la Iglesia católica, el Ibex 35 y la Monarquía. A partir de entonces empezó a frecuentar los platós de televisión y los estudios de radio.

De su carácter y concepción de los medios de comunicación habla el enfrentamiento que tuvo con Àngels Barceló cuando pretendió sustituir a Echenique en la tertulia de políticos de la SER. Pese a la negativa de la periodista, que impuso su criterio de elegir a sus invitados, Montero se presentó en la emisora exigiendo participar en el programa.

La consagración

Desde que fue elegida portavoz parlamentaria, muchos pusieron en cuestión su capacidad. Tras varios fracasos en enfrentamientos con Soraya Sáenz de Santamaría, empezó a ser cuestionada internamente. Pero en la moción de censura fracasada que Iglesias le planteó a Mariano Rajoy, estuvo brillante. Su discurso, agresivo, centrado en denunciar la corrupción del PP y la existencia de "tramas" de poder en la sombra, la consagró definitivamente. 

Fue al término de esa sesión cuando una frase del portavoz del PP hizo saltar las lágrimas de Montero. "Hay quien dice que estuvo mejor la señora Montero... pero no diré yo esto porque, si no, no sé que voy a provocar en esa relación", dijo Rafael Hernando. En ese momento, Iglesias subió a la tribuna para dar por terminado el debate.

Esa consagración no ha evitado que su unión con Iglesias le haya arrastrado a tener que dar explicaciones de sus intereses comunes, como el derivado de la compra de su chalé en Galapagar. Como forma de intenta zanjar el asunto, Iglesias y Montero se vieron en el trance de obligar a las bases a elegir entre el chalé o su dimisión de todos los cargos.

Uno de los problemas para Sánchez si Montero acaba siendo vicepresidenta es la posición de ésta sobre Cataluña. En octubre de 2017, en plena vorágine del procés, calificó a los Jordis de "presos políticos" y arremetió contra el PP por "judicializar el conflicto". En múltiples ocasiones desde entonces se ha mostrado partidaria de celebrar un referéndum de independencia en Cataluña. Según asegura, "negar a los catalanes hablar, pone en riesgo la democracia".

El feminismo

Durante las negociaciones para formar gobierno ha dejado muestras de su radicalidad, como cuando afirmó que "los empresarios no quieren que la gente tenga pensiones dignas" o que la CEOE busca "nuevas elecciones". Su empeño es que el Ejecutivo haga "políticas de izquierdas de verdad".

En su punto de mira también está la Monarquía, a la que asocia una y otra vez a los escándalos y a los casos de corrupción. También cuestiona a Felipe VI: "No lo ha elegido nadie democráticamente".

Para ella, la Fiesta Nacional no debería de celebrarse el 12 de Octubre, sino "el 15-M". Y "las cloacas del Estado", no sólo tapan la corrupción de los poderosos, sino que están detrás de algunas de las campañas contra Podemos.  

Pero si de algo presume Montero es de su feminismo. Rompió su baja de maternidad para encabezar una manifestación convocada en Madrid contra la violencia machista. Su reaparición pública tras completar esa baja fue también un acto con mujeres en el que, con los ecos de La Manada muy cercanos, gritó visiblemente emocionada: "No estáis solas, yo sí os creo".

En el primer debate en TVE de las elecciones del 28-A llegó a sugerir que el discurso de Cayetana Álvarez de Toledo amparaba las violaciones. "¿Está diciendo eso? ¿Me está acusando de amparar el delito de violación?", replicó la candidata del PP sin obtener ya respuesta.

Montero es una convencida de que el próximo secretario general de Podemos será una mujer. ¿Quizás ella, tras escalar a la vicepresidencia del Gobierno?