Juan Carlos I y el palacio de la Zarzuela.

Juan Carlos I y el palacio de la Zarzuela. EE

La tribuna

Corinna, Juan Carlos, Suiza y las Bahamas: el tic-tac de "una bomba de relojería"

6 julio, 2020 05:26

Cuando Juan Carlos I abdicó en junio de 2014, varios analistas políticos se entretuvieron en cruzar apuestas sobre el apelativo con el que pasaría a la Historia por su largo y productivo reinado. Pareció ganar el apodo de El Campechano, así como su bisabuelo, Alfonso XII, fue conocido como El Pacificador y su abuelo, Alfonso XIII, ha sido llamado por algunos como El Africanista.

Tras leer las declaraciones ante la Fiscalía de Ginebra de Corinna Larsen, amante de Juan Carlos durante, al menos, ocho años, y de Dante Canonica, abogado experto en crear sociedades en paraísos fiscales y testaferro del rey emérito en Suiza, es difícil encontrar un apelativo piadoso para el monarca que reinó en España entre 1975 y 2014. Desde luego, campechano fue en el trato.

uan Carlos I saluda a Corinna Larsen en un acto institucional.

uan Carlos I saluda a Corinna Larsen en un acto institucional. Efe

Pero las revelaciones de Corinna al fiscal Yves Bertossa, el 19 de diciembre de 2018, y de Canonica, cuatro meses antes, dejan corto el apodo afable para el emérito. Más justo y apropiado que el campechano sería llamar a Juan Carlos de Borbón como el villano. O, simplemente, como el comisionista. Y, por qué no, como el dinamitero, porque las tropelías económicas cometidas durante años por Juan Carlos, conocidas ahora, pueden actuar como una bomba que derribe la monarquía en España, representada ahora por Felipe VI, un rey sin tacha hasta el momento.

¿Una bomba? Precisamente en la declaración de Dante Canonica al fiscal Bertossa, que este lunes publica EL ESPAÑOL, el abogado utiliza el término "bomba de relojería de efecto retardado" para expresar lo que Juan Carlos sintió que podía pasarle si trascendía el dinero opaco que guardaba en Suiza.

En 2008 el entonces Rey de España recibió un llamativo regalo de 100 millones de dólares procedente del rey de Arabia Saudí. El obsequio coincidió en el tiempo con el contrato firmado por 12 empresas españoles para construir el AVE a La Meca, un consorcio encabezado por Juan Miguel Villar Mir, dueño de OHL, íntimo amigo y consejero económico de Juan Carlos I. Tanto trato con el Rey condujo a que le nombrara duque.

Estos 100 millones fueron ingresados en una cuenta en el banco suizo Mirabaud, abierta por la Fundación Lucum, registrada en Panamá, tras la cual se escondía el monarca español. Lo más probable es que esta enorme cantidad equivaliese a un aumento en la licitación pagado por las empresas españoles adjudicatarias, que llegó después envuelto al Rey de España como un generoso regalo del hermano saudí.

Arturo Fasana, Juan Carlos I y  Abdalá bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí.

Arturo Fasana, Juan Carlos I y Abdalá bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí.

Corinna, la amante oficial de Juan Carlos entre 2004 y 2012, lo narra todo al fiscal Bertossa como si se tratara de un cuento de amor, más propio de Barbara Cartland. Mientras el experto en crear sociedades off-shore, Canonica, lo interpreta como la asesoría que le brindó al emérito, siempre dejándole claro que todo debía hacerse de manera transparente.

Ambos coinciden en que el Rey de España recibió 100 millones de dólares de Arabia Saudí, que los escondió en Suiza, entre 2008 y 2012, año en los que España entró en una terrible crisis económica incomparable y vivía ajena a los codiciosos tejemanejes privados de su jefe de Estado.

El cuento de amor

El cuento que Corina Larsen relató al fiscal suizo fue verdaderamente enternecedor. Quizás influyó que las Navidades estaban cerca. La declaración, en Ginebra, se produjo el 19 de diciembre de 2018. Para la amante real, que vivió varios años en La Angorrilla, muy cerca del Palacio de la Zarzuela, Juan Carlos le transfirió 64,8 millones de euros en 2012 “por gratitud y por amor”. Más aún, “para garantizar mi futuro y el de mis hijos”.

Corinna Larsen, divorciada dos veces, tiene dos hijos: Anastasia Atkins, consecuencia de su primer matrimonio con el empresario Philip Atkins, y Alexander Kyril, hijo de Johann Casimir zu Sayn Wittgenstein, noble alemán con el que sólo estuvo casada de 2000 a 2005, pero que le sirvió para utilizar durante años y años el título de princesa.

Larsen describe, pues, a Juan Carlos como un hombre generoso y de buen corazón, preocupado por el futuro de unos hijos que no eran suyos. Precisamente, el padre de Felipe VI es conocido por todo lo contrario, al no ser nada dadivoso, sino más bien un redomado tacaño.

En su declaración ante el fiscal, Corinna hace una detallada relación de la ayuda financiera que el emérito le prestó. Por la manera de actuar, puede colegirse que ambos, más que por amor, actuaban como un equipo recaudador bien compenetrado.

Además de los 64,8 millones transferidos a su favor en 2012 por Lucum, la fundación panameña oculta de Juan Carlos con cuenta bancaria en Ginebra, Corinna recibió otras cantidades del entonces Rey de España o por su intercesión: cinco millones del Gobierno de Kuwait, justo después de un viaje de Juan Carlos a este país; un préstamo de dos millones para comprar una casa en Eton (Inglaterra), una ayuda de otros dos millones para la casa adquirida por la alemana cerca de Trafalgar Square, en Londres, mansión en la que se gastó más de nueve millones de euros en total.

La devoción de Corinna por las propiedades, según su declaración al fiscal de Ginebra, recogida por El País, no acaba aquí: con el concurso del Rey Juan Carlos, compró dos casas en la estación de esquí suiza de Villars, conocida también por sus chocolates. Juan Carlos aportó otros dos millones.

En total, se calcula que desde que la conoció en 2004 hasta que supuestamente finalizó su relación con Juan Carlos en 2012, después del accidente en la cacería de Botswana, Juan Carlos le entregó/financió una suma superior a los 75 millones de euros.

Juan Carlos I junto a Jeff Rann, director de Rann Safaris.

Juan Carlos I junto a Jeff Rann, director de Rann Safaris.

Una ingente cantidad de dinero que ambos movieron como cubiliteros, a espaldas de España y, se supone, que de los Gobiernos de Rodríguez Zapatero y de Rajoy. Y, todo, según Corinna, por amor. Tanta entrega y generosidad económica de un enamorado, de ser cierta sería la más alta en la Historia de España. Y, quizás, del mundo.

Pensando en las consecuencias funerarias que ha tenido para la imagen de Juan Carlos I, tanto dinero en construcción recuerda al Taj Mahal, el palacio mausoleo erigido en el siglo XVII por un emperador en el norte de la India en memoria de su amada fallecida. Aquí, el muerto sepultado es el emérito.

El cuento de Canonica

El abogado suizo interpreta la actividad económica de Juan Carlos, entre 2008 y 2012, de manera diferente a Corinna. No por amor, sino simplemente por lucro. Produce cierto escalofrío conocer que el jefe del Estado lo recibió en la Zarzuela, acompañado por Arturo Fasana, gestor de grandes fortunas en Suiza, para plantearles cómo podía ocultar el dinero que recibiría desde Arabia Saudí.

Aunque Juan Carlos dijo no saber qué cantidad le regalaría el rey árabe, al final fueron los susodichos 100 millones de dólares, para lo cuáles crearon la mencionada Fundación Lucum, en un paraíso fiscal como Panamá, con Juan Carlos como beneficiario tapado.

Un dinero que, como explicó Corinna al fiscal, y ya había confirmado Canonica en la misma sede, el emérito ordenó en 2012 transferir a su amante porque “era una bomba” de relojería que podía descubrirse en cualquier momento. La versión del abogado es, pues, menos romántica: Juan Carlos entregó a Corinna los 64,8 millones de euros, ingresándoselos en otro paraíso fiscal, Bahamas, no por amor, sino para borrar pistas.

Hasta producirse este desenlace, en junio de 2012, Juan Carlos recibió a Canonica y Fasana varias veces en su despacho oficial de jefe de Estado, en Zarzuela, incluso él mismo viajó a Ginebra para rematar la operación de supuesto blanqueo de dinero a favor de su amante.

¿Qué pasaba en España?

¿Qué sucedía en España mientras el jefe del Estado recibía estas millonarias comisiones, pagaba lujos inmobiliarios a su codiciosa amiga, y se desvivía para cerrar pistas?

Entre 2008 y 2012 España fue barrida por una crisis económica sólo comparable, como trauma nacional, a la crisis sanitaria padecida por el coronavirus estos meses. Concretamente, en 2012, el año en que Corinna recibe “por amor” los 64,8 millones de euros, España alcanza los seis millones de parados, con un desempleo del 26,2%; Bankia es nacionalizada y se produce un rescate bancario que exige emplear más de 40.000 millones; la prima de riesgo alcanza récord histórico, con lo cual la financiación de España se dispara; hay recortes en Sanidad y en Educación, con huelgas generales.

Este 2012, se lleva a cabo una reforma laboral, con el abaratamiento del despido para animar a los empresarios a contratar; Rajoy, presidente desde 2011, se ve obligado a incumplir su promesa electoral y sube el IRPF, y los ayuntamientos el IBI; se disparan los desahucios; incluso se produce un rodeo simbólico del Congreso de los Diputados ante la incapacidad de los políticos para poner remedio al tsunami económico…

Mientras tanto, el jefe del Estado dedicaba buena parte de su tiempo a recaudar dinero o dando órdenes para hacer transferencias y que desapareciera como si fuera David Copperfield. O, como sucedió en 2010, en Bahrein, Juan Carlos aprovechó un viaje de placer para agarrar un maletín con 1,7 millones de euros en billetes, entregado por el sultán, y llevárselo en vuelo directo y sin pasar aduanas a Ginebra, entregándoselo a Arturo Fasana en mano. Otro regalo que se perdió en el agujero negro de la banca Mirabaud.

Años antes, Álvaro de Orleans, otro colaborador de Juan Carlos en una de sus actividades particulares, recibió alrededor de 50 millones por la intermediación en la venta del Banco Zaragozano, propiedad de los Albertos, íntimos de Juan Carlos. ¿Quién fue el beneficiario final? Zagatka, otra fundación creada para tapar el frenesí recaudador del inquilino de Zarzuela.

También en 2012 se produjo el gran hecho desencadenante: acabada la Semana Santa, el 13 de abril, cuando Juan Carlos estaba en una cacería en Bostwana, acompañado de Corinna, el hijo de ésta, Alexander, el primer marido de ella, Atkins, y de Kayali, el multimillonario que pagaba la fiesta, se cayó y ahí comenzó el principio del fin.

El Rey se rompió la cadera derecha en tres trozos, dos días después de haber abatido de siete tiros a un hermoso elefante de 50 años y cinco toneladas. Sí, lo mató, pero se pegó un tiro en la corona sin saberlo. Dos años después, en junio de 2014, abdicaría.

Mientras tanto, España estaba hundida en la depresión económica.

Situación insostenible

Las declaraciones conocidas de Canonica y Corinna sobre las actividades durante la Corona de Juan Carlos (la triple CCC), colocan al rey emérito en una situación de imposible continuidad en el Palacio de la Zarzuela. El padre de Felipe VI, que ha pasado todo el confinamiento en su vivienda en el Pardo, tiene sus estancias encima del despacho oficial del actual jefe del Estado.

Para Felipe VI la situación también es insoportable. El desastre de su padre le machaca anímicamente y le socava su reinado, que hasta ahora ha conducido sin ningún escándalo. Es más, en su esfuerzo por aproximarse al pueblo recorre estas semanas España, acompañado por Letizia.

Juan Carlos I y Felipe VI, durante el XXX Aniversario del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas.

Juan Carlos I y Felipe VI, durante el XXX Aniversario del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas.

El actual Rey, recto, más Grecia que Borbón, sabe perfectamente que en el despacho que ahora ocupa, y que fue durante tantos años de su padre, hubo reuniones económicas, de carácter ilícito. Si Juan Carlos fue capaz de instar a la creación de una fundación para recibir 100 millones de un sospechoso regalo, y lo que no se sabe, despierta dudas sobre tantos episodios históricos vividos en aquel despacho, entre los que destaca la noche del 23-F.

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