Jose Enrique Abuin Grey, 'El Chicle', en el juicio por el asesinato de Diana Quer

Jose Enrique Abuin Grey, 'El Chicle', en el juicio por el asesinato de Diana Quer EFE

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'El Chicle' se defiende: confundió a Diana Quer con "una gitana" que le "pilló robando" gasoil

El asesino confeso declara por primera vez durante el juicio por el asesinato de la joven madrileña, perpetrado el 22 de agosto de 2016.

Santiago de Compostela

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Tuvieron que pasar más de tres horas desde las nueve y media de la mañana, cuando estaba fijado el inicio de la sesión del juicio, para escuchar la voz de José Enrique Abuín, 'El Chicle', resonar por primera vez en el salón de bodas de los juzgados de Santiago de Compostela. Y cuando lo hizo, salió de su garganta un hilo ronco y afónico. "Fui hacia ella por miedo a que me delatara".

'El Chicle' dice que tenía miedo de que Diana Quer, la joven a la que confesó asesinar la noche del 22 de agosto de 2016, fuese una de las gitanas de los feriantes.  Y que le delatase al verle con las cuatro garrafas de 25 litros, llenas hasta los topes, del gasoil que acababa de robar a los responsables de las atracciones de la feria de A Pobra do Caramiñal.

Se encontró con la chica de frente, como a diez metros de distancia. Se dirigió hacia ella, dijo, por ese motivo. "Entendí que me iba a delatar porque me vio. Pensé que era una gitana. Le eché la mano derecha al cuello. Y luego la mano izquierda por detrás de la cabeza. Y cuando me di cuenta... Vi que estaba parada. Que no se movía. Lo primero que hice fue cogerla y llevarla hacia el coche. Mi intención no era matarla. Sé que lo hice mal, pero reaccioné así".

-Yo le voy a explicar cómo fue. Aquella noche salí para robar gasoil, con varias garrafas. Entré por donde está el centro médico y llegué hasta donde estaban las caravanas de los feriantes. Después de la curva estaban los dos camiones de los feriantes. Primero los camiones y después las caravanas. Delante de una torreta blanca y roja es donde me encontré con la chica de frente. Llegué con el coche, aparqué. Venía una pareja caminando de frente a mi coche, y cuando pasaron, bajé a mirar a los camiones aparcados a ver si había gasoil. Yo ya iba con las garrafas de gasolina en la mano cuando me la encontré. 

Hasta ese momento, Abuín permanece en el lado izquierdo de la sala, con una chaqueta azul vaquera, una camiseta y absolutamente inmóvil, como una estatua de piedra. Mantiene la mirada caída, clavada en el escritorio, sin mirar al público ni emitir sonido, sin realizar gesto alguno. 

Así se queda durante la hora en la que se prolongan las intervenciones iniciales de las partes, durante la lectura de los escritos de acusación, durante la intervención de la fiscal de Ribeira, Cristina Margalet, en fin, hasta que llega su turno.  Abuín luce una prominente barba, perfectamente recortada, y la cabeza afeitada por los laterales, con el pelo algo más largo en la parte superior. 

"Ustedes van a tener que preguntarse cuál fue el móvil del crimen. Y ese era atentar contra la libertad sexual de Diana. Las circunstancias apuntan todas en la misma dirección. Diana aparece totalmente desnuda. Y con las piernas extrañamente abiertas. No da una explicación razonable ni razonada el acusado". Ricardo Pérez Lama remachó con esa frase su intervención inicial, la que empleó para presentar el juicio.

-¿Cómo pudo matarla de ese modo, con una sola mano?

-Yo puedo levantar mi peso con dos dedos de cada mano. Solo con dos dedos de cada mano. 

-O sea, que tiene usted mucha fuerza. 

-En los dedos, sí.

"No la violé"

Juan Carlos Quer, a las puertas del Juzgado de Santiago de Compostela.

Juan Carlos Quer, a las puertas del Juzgado de Santiago de Compostela. B.C.

El interrogatorio de la fiscal prosiguió, y Abuín desmenuzó su versión de lo ocurrido aquella noche. De cómo se deshizo del cuerpo de Diana. "Mi primera intención era dejar el cuerpo en la ría. Pero continué porque había gente en el muelle. Saqué el cuerpo del coche y lo bajé al lado del pozo. Bajé las escaleras que hay y bajé al pozo. Esa nave tiene tres plantas. Tiene otro nivel más arriba. yo entré en la planta de en medio. Bajé las escaleras al sótano y dejé el cuerpo al lado del pozo".

-¿Y no es cierto que llevó a Diana viva hasta ese sótano y que la violó?

-No. No la violé.

-¿Por qué le sacó la ropa?

-Por miedo a que quedaran restos de ella en el coche. En el coche va mi mujer, más gente. Era una blusa, un niki y un pantalón corto. La ropa interior no se la saqué porque no estaba en contacto con el coche. 

-¿No se la sacó?

-No, no se la saqué.

-¿Qué hizo con la ropa?

-Puse la tapa, cogí la ropa, la metí en el coche, detrás del asiento de copiloto. Cuando iba a salir de la nave con el coche, vi que el bolso estaba todavía encima del asiento. Así que bajé de nuevo al sótano, cogí el bolso, abrí la tapa y tiré el bolso al pozo. 

"Les ruego que se desinfecten"

María Fernanda Álvarez, abogada de El Chicle.

María Fernanda Álvarez, abogada de El Chicle.

- "Ustedes van a tener que mandar un mensaje muy claro a la sociedad. Aquí no hay patente de corso. El que la hace la paga".

La letrada defensora del asesino confeso resultó implacable. María Fernanda Álvarez estaba situada justo enfrente de él, y sin mantener contacto visual en ningún momento. Pasaron los minutos y no dejaba de subrayar papeles, de tomar notas, con la mirada fija en el jurado y las manos apoyadas en el mentón. Hasta que llegó su turno.

Con los ojos bien abiertos, una camisa azul de cuello amplio bajo la toga, la mandíbula apretada, el discurso de María Fernanda Álvarez venía a decirles a los nueve miembros del jurado que se liberasen de cualquier imagen preconcebida que tuvieran. Y que escuchasen a su defendido. "Les pido encarecidamente que se desinfecten. Que se desprendan de todos los juicios de valor, de eso de 'El Chicle' asesino, el chicle estrangulador, 'El Chicle' asesino. Aunque no lo quisieran, consciente o inconscientemente, les han filtrado ese mensaje negativo de que 'El Chicle' es un depredador sexual".

María Fernanda exigió que los hechos previos al asesinato de Diana Quer, es decir, tanto el intento de secuestro de Boiro por el que fue condenado como la violación a su cuñada en 2005. Y también critica, dice, el cariz mediático del propio caso. "Comprenderán que la defensa se realizará en un ambiente un tanto hostil. Como una cirujana con un instrumental que está en el quirófano con un material que no ha sido inmunizado, que no ha sido desinfectado". Fue su carta de presentación para lo que se viene en las próximas jornadas.  

"Si no fuera por José Enrique -sentenció-, Diana estaría viva. Un cadáver oculto tantos días es un dolor infinito. Me hago cargo. Soy madre, tengo una hija. Es un dolor infinito. Pero un tribunal de justicia ha de dar un juicio racional, en virtud de pruebas. Es el único medio racional mediante el cual la inteligencia puede llegar a la verdad. La prueba es la única garantía de acierto".

El Chicle ni se inmuta

Abuín, durante la fase previa a su declaración.

Abuín, durante la fase previa a su declaración. B.C.

La fiscal del caso fue la primera en dirigirse al jurado, y lo dividió todo en tres fases perfectamente diferenciadas: la noche del crimen, el año y medio posterior y el hallazgo del cadáver. Describió desde el inicio del caso los hechos ocurridos en la noche del 22 de agosto de 2016, el rapto, el recorrido de 'El Chicle' hasta la nave industrial junto a la casa de sus padres, el modo de perpetrar el crimen, el ocultamiento del cadáver,  su conducta después de perpetrar el crimen, la confesión, el hallazgo del cuerpo desnudo en el pozo, con su tanga flotando en el agua, también su bolso, así como el resto de sus pertenencias. Fue didáctica y explicativa, dirigiéndose siempre al jurado, expresándose con cadencia y tranquilidad. Intentando de que todo se entendiese a la perfección.

"El acusado acechó y arrastró a Diana. La llevó a un almacén. Y allí, la violó y la mató. Así de crudo, señores del jurado". Abuín ni se inmuta. Y el letrado de la acusación prosigue con su explicación, poniendo énfasis en la frase cada vez que menciona la agresión sexual. Hagamos aquí un breve alto. Ricardo Pérez Lama no es un abogado cualquiera. Se trata de un reputado y conocido abogado gallego, con experiencia en este tipo de casos. El que le proporcionó más visibilidad fue la representación legal de la Asociación Clara Campoamor en el proceso por el asesinato de Asunta Basterra, que sentó en el banquillo a los padres de la menor, Rosario Porto y Alfonso Basterra, un caso que conmocionó a la opinión pública gallega. Participó también en el juició contra el hombre que asesinó a su hijo con una pala en Oza-Cesuras, hace dos años. Aquel hombre fue condenado a prisión permanente revisable. 

-¿Para qué detiene a Diana -proseguía minutos antes el abogado de los Quer-, una chica joven, guapa, si no era para atentar contra su libertad sexual? La otra pregunta es ¿para qué mata a Diana? Él sabía lo que le pasaría si dejaba con vida a Diana. Tenía la experiencia de lo que había ocurrido con su cuñada Vanesa, que le denunció con agresión sexual. Buscaba impunidad. Buscaba deshacerse del cadáver, ocultarlo. Eliminar pruebas. Al cabo de veinte días volvió a esa nave y volvió a sumergir el cuerpo de Diana. Y por eso pedimos la condena de prisión permanente revisable".

Fuera, en el receso, en la puerta de los juzgados, los Quer salen por separado con amigos y familiares. Diana se sitúa en el lado izquierdo, y Juan Carlos al otro extremo de la entrada. No se miran, no se hablan, ni tampoco se cruzan sus miradas. 

Tres horas antes, algunos protagonistas importantes aguardan para acceder a la sala del juicio. El centenar de personas ante las puertas del salón de bodas de los juzgados son en su mayoría jóvenes, algunos de ellos estudiantes, interesados en conocer de primera mano el caso. En la parte final de la cola, Eli, la madre de la chica a la que 'El Chicle' intentó secuestrar en Boiro, conversa con una amiga. Ambas pretenden acudir a varias de las sesiones de la semana en los juzgados de Santiago.

A pocos metros de ellas, Juan Carlos Quer, el primero de la familia en llegar a los juzgados, deambula con las manos a la espalda y una botella de agua entre las manos. Da pasos en círculos mientras todos aguardan a entrar en la sala de vistas. En cuanto la fila comienza a avanzar hacia la sala en la que ya espera el acusado, el juez, las partes y el jurado, en fin, todos los protagonistas de la historia, se coloca el último, y empieza a caminar despacio hacia el interior.