Margarita, en estado vegetativo tras ser operada de tiroides, y su marido.

Margarita, en estado vegetativo tras ser operada de tiroides, y su marido.

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Margarita entró al quirófano por tiroides y lleva 9 años vegetativa: la indemnización millonaria

Sufrió daños cerebrales irreparables por tres fallos en la intubación. La compañía aseguradora de los anestesistas, condenada a pagar 1'7 millones de euros. 

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Margarita Espallardó (Cartagena, 1966) ingresó en el Hospital de Molina de Segura (Murcia) para ser operada y, al día siguiente, volver a su casa. Nada grave. Una intervención, en principio, poco dificultosa: iba a someterse a la extracción del tiroides debido a un bocio multinodular –un bulto, para entendernos–. Pero, durante la intubación, las complicaciones derivaron en una hipoxia de 25 minutos, condenándola a permanecer, de por vida, en estado de semi-inconsciencia. Nueve años después, sigue así. Por eso, la Audiencia Provincial de Madrid, en una sentencia, ha confirmado la condena de 1’7 millones de euros a la compañía aseguradora de los dos anestesistas que llevaron a cabo el proceso en el centro médico.  

La familia de Margarita, por fin, está a punto de dar esta historia por terminada. Durante años, han luchado para que se reconozca la negligencia médica. No por “venganza”, sino por evitar otro caso como el suyo. Ellos, el día de la operación, aquel 26 de abril de 2010, no estaban preocupados. Y tampoco lo estaba la paciente. Confiaban en su médica, la que la había asesorado sobre el tiroides desde que tuvo los primeros síntomas. Por eso, nadie creía que algo podía salir mal. Ni sus hijos, ambos menores, ni su marido. En pocos días, volvería a casa y a trabajar como limpiadora. Eso pensaban, pero… 

No ocurrió así. “Su doctora le propuso, para ser intervenida lo antes posible, someterse a la operación en un hospital privado de Molina de Segura y ella accedió”, recuerda José Andrés, su cuñado, en conversación con EL ESPAÑOL. Ingresó el 26 de abril de 2010 por la mañana y se sometió a la operación por la tarde, a primera hora. Allí, según dicta la sentencia, por los antecedentes de Margarita, tenían constancia de sus problemas a la hora de ser intubada. Sin embargo, pese a todo, surgieron complicaciones. 

Operación.

Operación. Imagen de archivo

“Las negligencias comenzaron casi desde el principio (…) No hay constancia de que la mujer fuera informada de que las dificultades para la intubación pudieran conllevar una hipoxia con daños neurológicos”, cuentan a EL ESPAÑOL desde el bufete de abogados Rafael Martín Bueno.  Pero sucedió. “Vemos que tardan mucho en dar la cara. Salen una primera vez y nos dicen que han tenido problemas. Después, otra vez y dejan que pase la familia. Le daban unos espasmos bestiales”, recuerda José Andrés.

Tres fallos en la operación

La intubación falló hasta en tres ocasiones. No pudieron conseguirlo y utilizaron una “mascarilla laríngea supraglítica. Pero tampoco surtió efecto. “Presentaba un broncoespasmo severo (contracción de los bronquios que impide respirar). En ese momento, decidieron practicarle una traqueostomía urgente”. No surtió efecto. Esos momentos en los que no recibió oxígeno derivaron en “una hipoxia en la paciente que le causó daños cerebrales severos e irreparables”, prosiguen desde Rafael Martín Bueno. 

“A la mañana siguiente, decidieron llevársela a Cartagena. Entró en la UCI en mal estado y estuvo allí entre dos y tres meses”, explica José Andrés. La familia de Margarita interpuso entonces una denuncia y comenzó un periplo de lucha contra el sistema. “Nos costó mucho porque no nos han ayudado absolutamente nada. Además del trato... ¡Ni nos han pedido perdón ni nada! Nosotros no queríamos ir contra las personas porque entendemos que los fallos ocurren… Pero sí queremos que no suceda algo parecido”, prosigue José Andrés. 

Las consecuencias de aquella negligencia médica las siguen sufriendo hoy en día. Margarita, que permanece ingresada por su estado de salud, necesita de asistencia 24 horas. Su marido, cuando puede, acude para ayudar. Y su hijo mayor, ya con 21, sin trabajo, se dedica a cuidar a su madre. “Lo que queremos es que, con el dinero de la indemnización, tratar de que ella esté lo mejor posible. Poder invertirlo en ella, en una persona que la cuide o lo que sea...”, explica. 

Porque la realidad es que el estado de Margarita, nueve años después, sigue siendo de semi-inconsciencia. “De la operación salió en coma y así estuvo casi nueve meses. Después, estando en Aguas Vivas, en Alcira (Valencia), despertó y, desde entonces, está en este estado. Pero te puedes imaginar. Abre los ojos, mueve las piernas… Pero no hace nada que sea voluntario. No puede valerse por sí misma. Lleva pañales y sonda. Sólo respira…”, lamenta José Andrés. Y reitera, para terminar: "Sólo queremos que no vuelva a ocurrir".