Ardines y su amante, Katia, en una fotografía que el marido le envía a esta, dolido al conocer la infidelidad.

Ardines y su amante, Katia, en una fotografía que el marido le envía a esta, dolido al conocer la infidelidad. EL ESPAÑOL

Reportajes El sumario del caso (II)

Así se enteró Ardines de que su asesino, enloquecido, conocía la aventura con su mujer

Katia le avisó de que lo suyo no era un secreto 9 meses antes del asesinato. Pedro envió a la hija y a la esposa de éste audios de los amantes.

Llanes (Asturias)

-En esta foto estás mejor.

La relación entre Pedro Nieva y Katia Blanco se resquebrajó, por lo menos, dos meses atrás. Cuando le envió ese mensaje lo cierto es que la autodestrucción de la pareja era ya inevitable. Junto a esas cinco palabras, el marido enviaba una fotografía en la que aparecían dos personas: su propia mujer y Javier Ardines, a quien hasta aquel momento consideraba su mejor amigo en Llanes

Cuando descubrió la verdad, aquella fotografía cobró otro sentido distinto. Y de ahí ese tono mordaz en el mensaje enviado a su mujer. Le llegó a principios de febrero de 2018, siete meses antes del asesinato del concejal de Izquierda Unida en el pueblo. El hombre ahora considerado como el autor intelectual del crimen continuaba metiendo el dedo en la llaga de su mujer y de la aventura que había mantenido en secreto.

EL ESPAÑOL ha tenido acceso a los más de 250 folios del sumario del caso. En ellos, los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil dan cuenta de sus pesquisas, de cómo fue urdido el crimen meses antes del 16 de agosto, de cómo Pedro buscó todos los métodos posibles para espiar a su mujer y poder saber qué hacía, con quién quedaba, si se veía o no se veía con Ardines.

Después de treinta años de encuentros furtivos en casa de uno y de otro, Javier Ardines y Katia, la prima de su mujer, cortaron todo contacto dos días después de que ella supiese que su marido era consciente del romance entre ambos. Pedro le enseñó a su mujer una grabación que había realizado días antes. Estamos a principios de diciembre de 2017. En ella, Katia y el edil comentaban el modo en que habían conseguido mantener en el tiempo la relación sin que nadie se enterase. 

Justo después de esa grabación, Katia llamó a Ardines para contarle que su marido ya lo sabía todo. Le reveló que Pedro la vigilaba, que le controlaba el teléfono móvil, las llamadas, los mensajes de Whatsapp. Todo.

De ese modo, ambos acordaron que lo mejor era quedar en no llamarse ni escribirse más en un tiempo. Ardines y la prima de su mujer, y a la vez amante, solo volvieron a contactar de forma muy puntual, para saber el uno del otro. Apenas se vieron unas pocas veces más. La última, el 12 de agosto, se saludaron casi a lo lejos, como dos desconocidos, unos días antes del crimen. Ardines estaba en la playa de Cuevas del Mar, en la parroquia de Nueva de Llanes, donde se conocieron por primera vez. Ella pasaba en coche por la carretera y ambos se hicieron un gesto con la mano.

La revelación a la familia de Ardines

Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo. A la izquierda de todo, Katia.

Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo. A la izquierda de todo, Katia. EL ESPAÑOL

La tarde del 15 de diciembre de 2017, Pedro comienza a romperse para siempre. 

-¡¡Te he querido más que a mi vida!! Recuérdalo siempre mi amor.

-¡Se nos rompió la vida!, responde Katia.

-No te quiero preocupar. Yo sí que te pierdo. Te me escapas de entre los dedos y no sé, pero me muero si te pierdo, y sé que te perderé, lo sé.

En los meses siguientes, Pedro pasa el tiempo carcomiéndose por dentro, con ese veneno que lo corroe todo actuando en su cabeza. El control sobre su esposa deriva en rabia y sed de venganza a cualquier precio hacia el concejal, su vecino y amigo de las vacaciones.

Mientras preparaba el crimen, lo reveló todo a Nuria, la mujer de Ardines, y a su hija. Lo hizo once días antes de que el hombre de Izquierda Unida en Llanes, un tipo recio y de fuertes convicciones, piel morena, buena presencia, seguro de sí mismo, apareciese muerto a las puertas de su casa de Belmonte de Pría. 

A las tres de la tarde de ese día, 5 de agosto, sin mediar palabra, Pedro envía un archivo de audio a las dos mujeres de la familia de Ardines. Alba, la hija del concejal, tarda varias horas en responder. A las 22:14 le pregunta qué significa esa grabación de audio. Esa misma jornada, de mañana, su mujer coge el coche y parte hacia Llanes a pasar los primeros días de las vacaciones del verano.

"Lo tienen fácil. Por eso quería ir ella antes"

El coche de uno de los sicarios en dirección a Llanes la madrugada del crimen.

El coche de uno de los sicarios en dirección a Llanes la madrugada del crimen. EL ESPAÑOL

Esta situación lleva a los investigadores, según se desprende del sumario al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, a pensar que, de nuevo con el miedo en el cuerpo, ante la posibilidad de que las relaciones furtivas resurgieran, Pedro trató ya de dinamitarlo todo revelando aquella aventura a la mujer de quien fuera su amigo y al resto de la familia. El propio Pedro lo explica a la hija de Ardines en la conversación de esa misma jornada.

- "Pues sí, por eso quería ir ella antes. Aunque les da igual que estemos, lo tienen fácil como dicen, y están muy cerca. Cuando íbamos para allí, ella muchas veces salía desde la mañana y yo cuando dejaba de currar a la tarde". 

La hija de Ardines pudo entonces escuchar el famoso audio en el que a ambos, concejal y amante, amigo y prima política, reconocen sin saber que les escucha una grabadora encendida, la relación que existía entre ellos.

Ante las respuesta de Alba, Pedro, el presunto inductor del crimen, se muestra muy afectado desde el punto de vista emocional: "Lo siento, pensé que podría superarlo y no quería hacer sufrir a nadie. Pero no puedo más. Ahora también lo niega, dice que estaban tonteando. Pero lo dicen ellos mismos. Lo peor es que llevan muchos años".

Alba dice que "aquí no sabíamos nada". Pedro le contesta al momento:

-"Yo lo escuché 1.000 veces. Al principio no podía ni terminar de escucharlo entero. Lo escuché con cascos y en silencio y bufff... Me rompo cada vez que lo escucho".

Ardines, en una foto de archivo.

Ardines, en una foto de archivo.

Ya no había vuelta atrás. A aquellas alturas de mes, iniciados los calores de agosto, Ardines ya tenía los días contados. Los sicarios contactados por Pedro llevaban algunos días yendo y viniendo al pueblo, haciéndose a las costumbres, controlando los caminos, detallando la rutina del concejal.

Fue once 11 días  antes cuando la familia del capitán del Bramadoria conoció su secreto más oculto y también el mejor custodiado. 

Dos días antes del crimen, Ardines borró sus conversaciones del teléfono móvil con Pedro y con Katia. Luego les bloqueó.

Un día antes del asesinato, Pedro y Katia discuten a distancia.

-¡Yo no he follado con nadie! Que se te meta en la puta cabeza.

-Te ríes de quien te dé la gana, de mí no. Ya te has reído de mi muchos años. Muchos.

La mañana en que aparece el cadáver, a eso de las diez, alguien cercano llama a Katia para contárselo. La mujer se viste y sale corriendo de la casa de Llanes, junto a la del concejal, para comprobar si es cierta la tragedia. Inmediatamente piensa en Pedro, y le escribe.

-Se ha muerto Javier. Tiene un golpe en la cabeza. Parece que le han hecho algo, dice Katia.

-¿Se sabe algo más?

-Pedro, qué has hecho.

-Yo no he hecho nada, te lo juro.

-Tienes que venir, te va a llamar la Guardia Civil.

Camino de acceso a la casa de Ardines en Belmonte de Pría, donde apareció el cuerpo.

Camino de acceso a la casa de Ardines en Belmonte de Pría, donde apareció el cuerpo. Efe