Un hombre que intenta dormir entre cartones a pesar del ruido de la Cabalgata. Una mujer que suplica limosna a la salida de un centro comercial. La niña que juega en el parque a unos metros de la chabola donde viven sus padres. El anciano que agita el vaso de plástico cuando cae se pone el sol del 5 de enero. ¿Y si todos ellos pudieran permitirse un capricho? ¿Y si pudieran elegir su regalo?

Un grupo de voluntarios, reunidos en torno al título "Nadie sin Navidad", ha recogido las cartas de necesidad de decenas de sintecho en Madrid para luego cumplirlas. La lista que sigue arroja una realidad helada, una especie de pirámide de Maslow en la que la necesidad se impone crudamente al capricho.

La ropa de abrigo gana por goleada: "Botas, bufandas, calcetines gruesos, mitones de lana, jersey de cuello alto, abrigo de invierno, abrigo de plumas, guantes y gorro...". Cada pedido apuntado con su talla y su lugar de destino.

Muchos ceden la posibilidad del obsequio a sus hijos: "Camiseta firmada del Real Madrid, peluche de koala, muñeca de Rapunzel, muñeca de la Sirenita, coche teledirigido, muñeca Frozen...". El resto de los bienes también acarrean necesidad: "Maquina de afeitar, colonia de hombre, balón de fútbol -porque jugar también lo es-, colonia de mujer, cepillo y pasta de dientes...". Un mechero del Real Madrid se aparece en la lista como un objeto punzante, un ¿capricho? doloroso de leer. Esta es la historia de Marta, Marco y el resto de voluntarios que han hecho posible "Nadie sin Navidad". Antes, la lista tal cual se anotó:

-Botas talla 39

-Camiseta firmada del Real Madrid

-Bufandas

-Cuchillas y espuma (x2)

-Maquinas de afeitar

-Calcetines gruesos (x2)

-Mitones de lana

-Jersey con cuello talla S

-Pantalón talla 42

-Peluche koala

-Colonia hombre (x2)

-Abrigo talla L (x10)

-Abrigo talla M (x5)

-Muñeca Rapunzel

-Ropa niño 5 años (x3)

-Ropa talla L (x5)

-Muñeca Sirenita

-Coche teledirigido

-Muñeca Frozen (x3)

-Pijama talla L

-Abrigo plumas talla M (x2)

-Mechero Real Madrid

-Balón de fútbol

-Colonia de mujer (x3)

-Chándal

-Mochila grande

-Guantes y gorro

-Cepillo y pasta de dientes

-Peluches varios (x5)

-Bolso (x4)

Recorrer Madrid cargados de regalos

Marta, Marco y el resto de voluntarios recorren Madrid en un coche cargado de regalos. Se plantan en la Plaza Mayor. Les espera Chari. Cuando esta pintora de calle y vida sufrida descubre la colonia que había pedido por Reyes, les dice: "Algún día os lo agradecerán, pero no serán humanos, recibiréis la recompensa en otro lugar".

Como Chari, decenas de personas sintecho van recibiendo sus paquetes: ropa, muñecas, mecheros, bolsos... La foto se repite en varios lugares del centro de la ciudad. Conduce Marta de la Torriente, estudiante a punto de graduarse en Empresariales inspiradora de esta iniciativa: "Nadie sin Navidad".

"No me regalaban algo desde que era niña"

La mecánica es sencilla sobre el papel, pero compleja en la práctica. Pasean, preguntan a los guardianes durmientes de las aceras qué les gustaría recibir como regalo y activan la maquinaria para conseguirlo. Cuelgan la lista de la compra en redes sociales y ofrecen dos posibilidades a los potenciales colaboradores: aportar dinero o ser ellos mismos quienes cedan el presente. "Si es de segunda mano, que sea en buen estado", rezan las instrucciones.

Un voluntario entrega un regalo en la Plaza Mayor.

Un voluntario entrega un regalo en la Plaza Mayor. Cedida

"A mí no me regalaban nada desde que era niña, creo que desde los nueve años...". ¿Y si usted pudiera ofrecer algo? "Lo daría todo, le compraría una casa al que no la tuviera", sigue Chari. "En este tiempo, ya todo es material. El pobre no tiene derecho a nada. En cuanto los poderosos se enteran de que eres pobre o estás solo, van a por ti. Pero lo vuestro... Demuestra que todavía quedan personas con alma".

La lista de regalos facilitada por Marta y sus amigos a este periódico pone nombre al sueño de los sintecho en Madrid. Ilustra sus aspiraciones, su necesidad más urgente, el primer paso que darían con unas pocas monedas en el bolsillo.

"¿Por qué no un pintalabios?"

Una vez, Marta se enteró de que unos voluntarios habían abroncado a una señora que decidió gastar su donativo en un pintalabios. "¿Por qué no te has comprado comida? ¿Cómo se te ocurre?". A Marta le sirvió de reflexión: "¿Por qué no un pintalabios si era eso lo que quería?". Algo parecido sucedió cuando un hombre, que hacía muchísimos años no recibía un regalo, fue reprendido por la Policía en ese instante: "Oiga, controle a su animal". Él contestó: "¿Pero no ve que me están obsequiando? ¡No vivía esto desde niño!".

Los voluntarios, antes de emprender la ruta de reparto.

Los voluntarios, antes de emprender la ruta de reparto. Cedida

Entre el medio centenar de regalos repartidos este año prima la supervivencia, un deseo lógico, pero imprevisto a ojos del que duerme bajo techo: la ropa de abrigo. "Botas número 39, bufandas, dos pares de calcetines gruesos, mitones de lana, jersey de cuello vuelto talla S, abrigo de invierno, abrigo talla L, abrigo talla M, abrigo plumas talla M, guantes y gorro -cuatro juegos-". Así quedaron escritos tras la consulta de Marta y sus amigos.

También asoma una "camiseta firmada del Real Madrid", "cuchillas y espuma de afeitar", "un peluche de koala", "una muñeca Rapunzel", "una muñeca de la Sirenita", "un coche teledirigido", "un balón de fútbol"... "Como puedes ver, muchos pidieron regalos para sus hijos", detalla Marta.

El año que viene, también en Barcelona

Tras el éxito cosechado, una agrupación de jóvenes de Barcelona se ha puesto en contacto con Marta para replicar el proyecto en la Ciudad Condal el próximo curso. Pero, ¿cómo empezó esta aventura?

"Es la segunda vez. El año pasado, unas amigas me propusieron hacer algo distinto por la gente de la calle en Navidad. Se me ocurrió esto. Nosotros nos ocupamos de preguntar y de repartir. Como somos estudiantes, no podemos pagar los regalos, así que nos movemos para lograr donaciones", relata a bordo del coche durante uno de los últimos días de reparto.

Marta y Marco, entregando un regalo.

Marta y Marco, entregando un regalo. Cedida

¿Por qué lo haces? "No hay un solo motivo, pero... Es increíble la sencillez que muestran al pedir. Un ruso quiso una postal escrita para él. En resumidas cuentas, noto que cuando hago esto, soy más feliz. Eso es todo". Marta no menciona una filosofía concreta para definir esa fuerza interior que mueve al conjunto de voluntarios: "Cada uno tendrá la suya, pero a mí me lleva mi corazón".

Además de "Nadie sin Navidad", hace varios años que Marta participa en "Te invito a cenar", que reunió cientos de sintecho ante una suntuosa mesa de comida en el Palacio de Congresos a mediados de diciembre. "Ya te digo, me llena. Durante el año, voy de voluntaria a la Cañada Real. A pesar de todos los ratos que paso con ellos, cada día me sorprenden más".

Pero lanzarse a la calle con los brazos abiertos también esconde un relato peliagudo, el de las mafias que controlan a sus limosneros, el del engaño, la traición... Marta y una amiga estrecharon lazos con una señora rumana. Tomaban café casi todas las semanas: "Hasta que sus jefes la cambiaron de sitio. De repente, desapareció. Fue muy duro".

Se hace de noche. El coche de Marta ya ha recorrido, con distintas paradas de por medio, la recta que va de Cibeles al faro de Moncloa.