Óscar Carro, enfermero supervisor de la Unidad de Hospitalización de Escolares y Oncopediatría del Materno de A Coruña
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Así viven miles de niños su hospitalización en A Coruña: "El 50% del paciente son las familias"
Cada 13 de mayo se celebra el Día Mundial del Niño Hospitalizado, un proceso por el que pasan unos 3.000 niños al año en el Hospital Teresa Herrera
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Cada año, unos 3.000 niños y niñas lactantes y en edad escolar pasan por la Unidad de Hospitalización de Escolares y Oncopediatría del Hospital Teresa Herrera en A Coruña. Algunas de estas estancias duran apenas unas 24 o 48 horas tras intervenciones quirúrgicas; otras, en cambio, se prolongan durante meses debido a enfermedades de larga duración. Ya sean breves o prolongadas, todas ellas influyen, en mayor o en menor medida, en su desarrollo y en su día a día.
Este miércoles 13 de mayo se celebra el Día Mundial del Niño Hospitalizado y con motivo de esta efeméride Quincemil profundiza en cómo viven estos pacientes menores de edad de la mano de Óscar Carro, enfermero supervisor, que lleva casi dos décadas trabajando en esta unidad.
¿Cómo es el perfil de paciente en la unidad?
Tenemos un perfil muy diverso. La unidad agrupa a todos los niños, a todas las enfermedades y a todos los procesos que pueda sufrir un niño. Va desde pequeñas intervenciones que se pueden resolver en 24 o 48 horas, como quitarse las amígdalas o una apendicitis, a enfermedades mucho más graves, como procesos oncológicos, que a veces exigen procesos prolongados de varios meses.
Al tratarse de niños y adolescentes, ¿el contacto con las familias es fundamental?
Es un pilar en el paciente pediátrico: el 50% del paciente son las familias. Es fundamental la coordinación, la comprensión y el apoyo a las familias con este tipo de pacientes. También hay que saber adaptarse a las necesidades de cada uno. Tratamos de humanizar su experiencia lo mejor posible. Tenemos una escuela con una profesora, que les da apoyo educativo, y voluntarios y personal de entidades como Cruz Roja y la Fundación María José Jove, entre otras, llevan a cabo actividades por las tardes para que los chicos y chicas estén entretenidos.
¿Cómo vivís las altas de los pacientes?
Se vive de manera muy feliz. Todos somos conscientes de que el alta es siempre algo positivo. Al final, los pacientes y sus familias se llevan un cachito de nosotros y nosotros de ellos, porque cuando acompañas a alguien en momentos difíciles es complicado separar del todo la parte profesional de la personal.
Así que es emocionante cuando la familia puede irse a casa con su niño curado. Además, muchas veces vuelven a visitarnos, por ejemplo, cuando vienen a revisiones y se pasan por la planta para saludar al equipo médico y recordar todo lo vivido.
¿Los niños interactúan entre ellos durante su hospitalización?
Es algo que depende un poco de quién coincida. Hay chavales que si han estado aquí un tiempo pueden hacer amistad. Tenemos personal contratado de animación que organiza actividades con ellos, además del apoyo educativo y de los programas de la ONGs que colaboran con nosotros. Organizamos fiestas temporales como el Carnaval, la Navidad y Halloween y temáticas para que de alguna forma estén conectados con el exterior. También hemos realizado alguna salida al parque o visitas para que conozcan las cocinas o vean dónde están los recién nacidos.
También tenéis un programa de terapia con perros.
Sí, se celebra los miércoles por la mañana. Vienen unos perros de terapia a jugar con unos monitores. Están teniendo mucho éxito porque a los chavales les encanta jugar con los perros en el mismo espacio y pueden estar con ellos un rato.
Para terminar, eres enfermero especializado en pediatría. ¿Es importante formarse en la especialidad?
Sí, creo que la formación en la especialidad es importante, independientemente del área en la que trabajemos. La enfermería, y la sanidad en general, está en constante evolución, y cada vez se busca que los conocimientos sean más específicos y estén más adaptados al ámbito en el que se trabaja.
La especialidad de Enfermería Pediátrica lleva ya años desarrollándose y, poco a poco, se va implantando más en el sistema. Sería positivo darle un mayor impulso, porque contar con profesionales que se dediquen exclusivamente a pacientes pediátricos permite disponer de más recursos formativos y una atención más especializada. Al final, si tras los cuatro años del grado de Enfermería se añaden dos años de formación específica, como una residencia, se consiguen profesionales mucho más cualificados y preparados para hacer frente al día a día.