Instante del concierto.
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Mar de Fondo celebra diez años con un Garufa de A Coruña entregado y sin fisuras
La banda coruñesa llena la sala en una noche intensa, marcada por la conexión total con el público y un directo sólido de principio a fin
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La noche del sábado dejó claro que hay conciertos que van más allá de la música. La actuación de Mar de Fondo en la Sala Garufa convirtió su décimo aniversario en una experiencia compartida, de esas que empiezan mucho antes de subirse al escenario y permanecen cuando ya todo ha terminado.
Con las entradas agotadas desde semanas atrás, el ambiente ya anticipaba algo especial. La sala no solo estaba llena: respiraba expectación, como si cada asistente supiera que no iba a ser una cita cualquiera.
Y así fue desde el primer instante, cuando la banda apareció sin artificios, dejando que fuese la música la que hablara.
El arranque fue directo, sin rodeos. Los primeros temas marcaron el tono de un concierto intenso, con identidad propia y sin concesiones, combinando energía y crudeza en un sonido que remite a raíces reconocibles del rock nacional, pero con sello propio.
A medida que avanzaba el repertorio, el directo ganó en profundidad. Las guitarras se entrelazaban con precisión, mientras la base rítmica sostenía cada tema con firmeza, creando una atmósfera compacta que envolvía por completo al público. No había distancia entre escenario y pista: la conexión era total.
Uno de los momentos más destacados llegó con la aparición de Susana Seivane. Su colaboración aportó una nueva dimensión al concierto, transformando el sonido y abriendo un paréntesis distinto dentro de la intensidad general, sin perder fuerza ni coherencia.
El recorrido por canciones de distintas etapas sirvió también como repaso a la trayectoria del grupo. Lejos de sonar a nostalgia, cada tema encajaba como parte de un mismo discurso, mostrando la evolución de una banda que ha sabido crecer sin perder su esencia.
Hubo también espacio para el homenaje, con guiños a Los Suaves que el público reconoció y celebró al instante. La respuesta fue inmediata, con la sala completamente volcada, coreando y acompañando cada compás.
En el tramo final, el concierto adquirió un tono más denso y emocional. Las canciones se volvieron más profundas, más introspectivas, llevando la actuación a un terreno donde la intensidad no se medía en volumen, sino en significado.
El cierre llegó con la sensación de haber vivido algo completo. No fue solo la presentación de un disco ni un aniversario: fue la confirmación de un proyecto sólido, capaz de construir su propio espacio dentro de la escena musical y llenarlo de contenido.
Al terminar, no hubo un final claro. Quedó en el aire esa impresión de continuidad, de algo que sigue más allá del escenario, acompañando al público incluso al salir a la calle.