Miguel Ángel Campos, A Gabeira
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La alta cocina ferrolana que resiste a las crisis: "Llevamos 103 años y soy la cuarta generación entre fogones"
Tres restaurantes de referencia demuestran que tradición, producto local y relevo generacional son el motor gastronómico de la ciudad
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Ferrol no solo mira al mar por su historia industrial o militar. También lo hace desde los fogones. En una ciudad acostumbrada a reinventarse tras cada crisis, hay restaurantes que han hecho de la resistencia, el producto y la identidad su seña de identidad.
La escena gastronómica ferrolana vive un momento de crecimiento sostenido. Nuevas propuestas conviven con casas históricas que han sabido adaptarse sin perder esencia. El resultado es una oferta que combina marisco de la ría, huerta gallega y tradición reinterpretada.
Detrás de cada proyecto hay una historia distinta: herencias familiares centenarias, vocaciones que nacen entre abuelas y fogones, o mesones que llevan tres décadas defendiendo el producto de aquí sin concesiones.
Más de un siglo sirviendo calidad
En Restaurante A Gabeira, la historia es una realidad que se cuenta en años, ciento tres, exactamente. Miguel Ángel Campos es la cuarta generación al frente de un negocio que comenzó cuando su bisabuela decidió montar un bar de comidas en San Xurxo, en un contexto marcado por los movimientos militares previos a la Segunda Guerra Mundial.
“Llevamos 103 años, soy la cuarta generación del restaurante; yo me he criado entre fogones”, resume. Más que una profesión, en su caso es una herencia vital. Si algo ha sostenido el proyecto durante más de un siglo no ha sido solo la tradición, sino la capacidad de adaptación. “En un restaurante lo que más se premia es la calidad y la calidad viene dada por la cercanía”, defiende. La lonja de Ferrol, Cedeira o A Coruña y los pequeños productores son parte esencial de su día a día.
Las crisis han sido el mayor desafío: la del 82 tras el cierre de los astilleros, la del 95, la de 2010. “Lo más difícil fue lograr mantener la calidad”. Ahora, con la vista puesta en la jubilación dentro de nueve años, el futuro dependerá de la quinta generación: su hijo estudia cocina y podría tomar el relevo.
Nacer en pandemia y crecer en experiencia
Muy distinta es la historia de Bacelo, que abrió sus puertas en plena pandemia. Álex Bacelo y su pareja Mar decidieron convertir el tiempo robado por los horarios imposibles de la hostelería en un proyecto común.
“Antes apenas pasábamos tiempo juntos; la idea era montar algo que nos permitiera compartir vida y trabajo”, explica Álex. Su vínculo con la cocina nace de la infancia, de cocinar con sus abuelas Rosa y Carmen. En el caso de su socia, la vocación fue siempre clara.
Álex y Mar, de Bacelo
En Bacelo no buscan diferenciarse a toda costa. “Lo importante es trabajar en lo que te gusta, hacerlo bien y que la gente salga con ganas de repetir”. La experiencia completa, desde que el cliente entra hasta que se va, es tan importante como el plato.
La tradición es su base, pero con margen para el juego. “Innovar está bien, pero hasta ciertos límites; todo tiene que ser reconocible”. El producto gallego y de temporada marca especialmente los fuera de carta, que cambian según la huerta y el mercado. Sobre Ferrol, Álex lo tiene claro: “La escena gastronómica está en auge. Estamos creciendo de una manera muy buena y atrayendo turismo gastronómico”. Su meta no es expandirse, sino consolidar el proyecto y encontrar un equilibrio entre vida personal y negocio.
Producto sin rodeos y para todos los públicos
En Restaurante De Manuel, Manuel Fandiño lleva 30 años defendiendo una fórmula clara: producto de aquí y cocina para todos. Hijo de hosteleros, decidió montar un mesón que pudiera reunir tanto al que busca una tortilla con raxo como al que quiere unas buenas almejas o carne de calidad.
“Trabajamos única y exclusivamente con producto de aquí”, afirma. Y cuando se le pregunta qué distingue su propuesta, no duda: “Tenemos las mejores almejas a la plancha del mundo y, por supuesto, de la Ría de Ferrol”.