Ángela y María, en Jungle World, en A Coruña
Ofrecido por:
Tía y sobrina dejan en otras manos el proyecto de su vida en A Coruña: "Fueron 15 años de pura felicidad"
Ángela y María impulsaron en 2011 una de las primeras guarderías bilingües de A Coruña. Ahora, la jubilación de la mayor pone fin a una etapa marcada por la vocación, miles de familias y una larga lucha con la administración
Puede interesarte: A Coruña adjudica 308 plazas en las escuelas infantiles municipales y abre el plazo de matrícula
Este martes 30 de junio, María y Ángela recorrieron por última vez los pasillos de Jungle World. Era su último día al frente de la escuela infantil que levantaron desde cero hace quince años. Los nervios se parecían a los de aquella inauguración de 2011. Solo que esta vez costaba mucho más contener las lágrimas.
Cada rincón del centro guarda un pedazo de su historia. "El sofá lo tapizó mi padre, las letras las hizo mi tía, el mostrador lo barnizamos entre varios...". Quince años de esfuerzo y dedicación que, desde esta semana, quedan en otras manos. María lo piensa y se le vuelven a llenar los ojos de lágrimas.
Hay proyectos que nacen de una oportunidad y otros que nacen de una necesidad. El de María nació el día que fue madre. Quería que sus hijos crecieran en un entorno bilingüe, pero descubrió que en A Coruña apenas existían escuelas infantiles con inmersión completa en inglés. Aquella carencia terminó convirtiéndose en una idea de negocio. Como sabía que no podía emprenderla sola, llamó a una de las personas en las que más confiaba: su tía Ángela.
Así nació Jungle World en 2011. Quince años después, ambas se despiden del centro infantil que levantaron desde cero, convencidas de que el proyecto seguirá creciendo.
"Siempre supe que quería tener mi propio negocio, pero no sabía de qué. Fue al ser mamá cuando encontré la idea", recuerda María. Y es que el proyecto de su vida realmente fue ser madre, pero una cosa vino con la otra. Hoy sus hijos permanecen en las orlas de las primeras promociones.
Durante estos quince años, Jungle World ha visto pasar entre 2.000 y 3.000 familias por sus aulas. Niños que dieron sus primeros pasos en inglés, trabajadoras que formaron parte del equipo y familias que acabaron convirtiéndose en parte de la historia del centro.
"Nos vamos muy orgullosas del legado que dejamos", asegura. "Estos proyectos los hacen las personas y cada una de las que pasó por aquí aportó su granito de arena".
El relevo perfecto
El final del proyecto no llega por falta de ilusión, sino por una cuestión personal. Ángela se jubila y para María continuar sola era inviable.
"Yo sola no podía asumirlo", explica. Por eso decidieron buscar un relevo antes que echar el cierre.
Ese relevo llegó de la mano de Antía Fontaiña y Yaiza Sieira. Antía llevaba once años al frente de una escuela infantil en Ribeira, un proyecto que emprendió con apenas 23 años. Y Yaiza viene de un centro multidisciplinar especializado en psicología y pedagogía. Compartían una misma forma de entender la educación y, cuando surgió la oportunidad de hacerse cargo de Jungle World, decidieron unir sus caminos.
"A nivel laboral compartimos muchas ideas y surgió esta oportunidad. Decidimos emprender este proyecto juntas", explica Yaiza.
El pasillo favortio de María y Ángela
Su intención no pasa por cambiar la identidad del centro, sino por darle continuidad. "Queremos mantener la esencia de Jungle World, pero evolucionar un poco". Ambas apuestan por un modelo de atención integral que acompañe no solo a los niños, sino también a sus familias.
"Pensamos en caminar junto al niño durante todo su proceso de desarrollo", explica. La idea es ofrecer un seguimiento individualizado y sumar la atención psicopedagógica para que cada familia encuentre respuesta en un mismo espacio.
"No queremos ser solo un lugar donde se eduque. Queremos construir un proyecto cercano e innovador, sin perder la esencia que siempre ha tenido Jungle World".
María y Ángela fueron quienes pensaron en ellas cuando decidieron dar un paso al lado. "Buscaban gente con ganas de luchar", cuentan.
Aunque ya no formen parte del día a día del centro, las fundadoras seguirán muy presentes. "Sabemos que si tenemos cualquier duda estarán ahí. Hay pequeñas cosas que solo ellas conocen". Porque ya lo dicen María y Ángela: "Nos va a costar separarnos". Y normal.
"Nos da mucha pena dejar atrás un sueño al que dedicamos quince años de nuestra vida. Pero también nos vamos con la tranquilidad de saber que continúa. Cuando haces algo que te apasiona das lo mejor de ti, y esa es la sensación con la que nos marchamos", concluyen emocionadas tía y sobrina.