Marco, inmigrante chileno residente en Negreira (Galicia)

Marco, inmigrante chileno residente en Negreira (Galicia)

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Yoana, Marco, Aries y Katuccia, cuatro historias en Galicia para entender la regularización: "Venimos a trabajar"

Cientos de miles de historias marcadas por la incertidumbre, los sacrificios y el deseo de empezar una vida normal son las responsables de casi la mitad del crecimiento económico de España desde 2022

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Las cerca de 900.000 solicitudes presentadas para acogerse al proceso extraordinario de regularización impulsado por el Gobierno esconden una realidad que los economistas llevan tiempo señalando: la inmigración se ha convertido en el principal motor del crecimiento español. Un reciente estudio de Funcas atribuye a la incorporación de trabajadores extranjeros casi la mitad del aumento del PIB desde 2022 y habla de un fenómeno "sin parangón entre las grandes economías europeas".

Pero más allá de las estadísticas y de los debates políticos, hay historias personales.

Yoana Flores, venezolana, llegó a España de forma irregular en febrero de 2025. Vive en A Coruña junto a su marido y su hija y tramitó su solicitud de regularización con la ayuda de la ONG SenValos. Hoy colabora como voluntaria para ayudar a otros inmigrantes.

"Creo que todo el que haya enviado esta solicitud se sentirá feliz", explica. Para ella, el proceso representa "la oportunidad de tener un estatus legal y buscar un trabajo para cubrir las necesidades". Después de haber vivido anteriormente en Chile sin conseguir regularizarse, considera que España ofrece una oportunidad que pocos países conceden.

"Los que venimos no lo hacemos para invadir, ni para vivir de ayudas, ni para quitarle el trabajo a nadie", afirma. "Venimos porque realmente tenemos necesidad, a trabajar y a integrarnos".

La incertidumbre de la irregularidad deja huella. "Estar aquí sin papeles es como estar en una montaña rusa de emociones", reconoce. "Hay días en los que deseas rendirte".

Desde su llegada buscó apoyo en Cruz Roja, donde participó en talleres y recibió orientación. "Nunca pedí ayuda económica, solo información", subraya. Y lanza un mensaje a la sociedad española: "No se pueden juzgar vidas sin conocerlas verdaderamente". Recuerda además que "España fue hace no muchas décadas un país de emigrantes" y se pregunta: "¿Por qué negar la oportunidad a gente que solamente busca mejorar su situación de vida?".

Vender una casa para aguantar

Marco llegó desde Chile en enero de 2024. Tras pasar por Ávila se instaló en Negreira, donde espera poder volver a trabajar como conductor de autobús o ambulancia. Tiene más de 55 años y representa a un perfil menos visible, el de quienes buscan rehacer su vida en entornos rurales y en sectores con alta demanda de empleo.

"Estoy aliviado", reconoce. Hasta ahora, la única posibilidad que tenía de regularizarse era encontrar una empresa que quisiera contratarlo y esperar por él. "Para eso tienen que conocerte muy bien y jugársela por ti".

Durante estos dos años se sostuvo gracias a la venta de una pequeña vivienda que tenía en Chile. "Con ese dinero me he mantenido", explica.

También destaca la importancia de las personas que encontró por el camino. "Soy amigo de un matrimonio de gallegos y han sido un apoyo muy importante. Si no hubiese sido por ellos, no estaría tan bien hoy".

Su mensaje para quienes miran con preocupación a los inmigrantes es sencillo: "Que confíen en las personas. Por el hecho de ser extranjeros no significa que seamos delincuentes". A su juicio, "la mayoría de latinoamericanos que venimos somos gente honrada y trabajadora. Además, tenemos la misma cultura y compartimos el mismo idioma, por lo que nos integramos muchísimo mejor que inmigrantes de otras nacionalidades, con culturas, lenguas y religiones distintas a la nuestra".

De hecho, dos tercios de los solicitantes de la regularización son latinoamericanos.

El limbo de los cubanos

Aries Cañellas, historiador cubano exiliado en España, llegó en noviembre de 2023 y solicitó asilo político. Como miles de sus compatriotas, sigue atrapado en una situación que describe como un limbo jurídico.

"El Gobierno no te concede el asilo, pero tampoco te lo deniega", explica. La tarjeta roja que posee le impide abandonar España. "Mi pareja vive en otro país y solo podemos vernos una vez al año, cuando ella viene".

Cuando se anunció la regularización no dudó en solicitarla. Incluso renunció al proceso de asilo. "Muchos tuvieron dudas porque la regularización te da residencia por un añoy luego hay que ver qué pasa", señala.

También denuncia las dificultades para conseguir documentación desde Cuba y los elevados precios que cobraban algunos despachos privados por realizar los trámites. "Había gente pagando entre 250 y 450 euros", recuerda.

Para él, la medida supone una oportunidad sin precedentes. "Hay gente viviendo en situaciones de vulnerabilidad máxima y con esto podrán irse integrando". Y añade que el beneficio también es para España: "El país se beneficia porque entran a cotizar oficialmente cientos de miles de personas".

"Todo migrante quiere aportar"

La peruana Katuccia Mildred vive en A Coruña desde hace once meses y ya dispone de una autorización provisional de residencia.

Se declara "profundamente agradecida" a la ONG SenValos por haberla acompañado en un momento en el que desconocía los requisitos necesarios. "Me acogieron de la mejor manera y me orientaron", asegura.

Técnica en Administración de Empresas, llegó completamente sola. "No tenía familia ni amigos acá y fue un cambio muy brusco", recuerda.

La imposibilidad de trabajar legalmente la llevó a aceptar empleos en negro, con todos los riesgos que eso conlleva. "Después de dos meses no me pagaron", lamenta.

Ahora sueña con homologar su título y continuar desarrollándose profesionalmente. En su opinión "todo migrante que sale de su país quiere aportar y progresar en el nuevo lugar donde vive". Y añade que, con la documentación en regla, podrá "seguir formándose" y poner su "grano de arena" para mejorar España.

Recuerda además algunos comentarios que recibió durante este tiempo. "Hubo personas que me invitaban a regresar a Perú", cuenta. A ellas les responde con una petición sencilla: "Que no nos pongan obstáculos".

Un nuevo comienzo

Ahora solo queda esperar la respuesta de la Administración, que para muchos supondrá dejar atrás años de economía sumergida e incertidumbre permanente.

La regularización no es un punto final, sino el inicio de una ansiada nueva etapa. Como resume Yoana Flores, se trata simplemente de "pertenecer a una sociedad en la que tengamos oportunidades".