Varias personas trabajan en la huerta comunitaria de Canido, en Ferrol.

Varias personas trabajan en la huerta comunitaria de Canido, en Ferrol. Cedida

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La huerta comunitaria de Canido, en Ferrol, se consolida pese a las dificultades: "Seguimos porque es gratificante"

El proyecto, nacido en 2020, reúne hoy más de 30 familias y se convirtió en un referente social y ambiental en el barrio

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La huerta comunitaria de Canido es hoy un ejemplo de transformación vecinal. Lo que antes era una parcela abandonada se convirtió en un espacio vivo gracias a la implicación colectiva.

"Era unha parcela que estaba a monte, chea de silvas, e insistimos aos propietarios que deberían limpala", recuerda Roberto Taboada, presidente de la Asociación Vecinal de Canido. Ante la falta de solución, decidieron dar un paso más: "Decidimos propoñerlles que cedesen esa parcela para poder utilizala como horta comunitaria".

La iniciativa surgió a finales de 2020 y rápidamente comenzó a sumar apoyos en el barrio, configurando un proyecto que desde el inicio estuvo un marcado carácter colaborativo. La creación de la huerta no fue un esfuerzo aislado.

"A primeira iniciativa partiu da Asociación Veciñal de Canido e tamén de Xeración, unha asociación xuvenil do barrio", explica Taboada, quien destaca como, poco después, se fueron incorporando otras entidades sociales, educativas y religiosas.

Cada una de ellas acercaba una finalidad distinta. Así, mientras unas buscaban producir alimentos para personas vulnerables, otras la veían cómo un espacio terapéutico o educativo. En el caso de la asociación vecinal, el objetivo era claro: "Crear comunidade e vincular a distintas entidades para facer un traballo conxunto". Este impulso inicial contó también con apoyo institucional. "Ao principio recibimos axudas para mercar materiais, ferramentas e poñer a andar a horta", añade.

De la iniciativa de las entidades a la implicación vecinal Con el paso del tiempo, el proyecto fue evolucionando hacia una mayor participación ciudadana. "Pouco a pouco as entidades foron deixando paso ás persoas, ás veciñas e ás familias", explica Taboada.

La huerta comunitaria de Canido, en Ferrol.

La huerta comunitaria de Canido, en Ferrol. Cedida

En la actualidad, más de 30 familias participan activamente, cada una con un bancal propio. "Cada familia organiza o seu espazo ao seu xeito", comenta, aunque recuerda que existen normas comunes: "Non usar fertilizantes químicos, plantar cousas de tempada e participar polo menos unha vez ao mes nas tarefas comunitarias".

A pesar de este cambio, algunas entidades siguen presentes. "Hai grupos que continúan vindo á horta, como alumnado ou colectivos sociais", señala, manteniendo el carácter inclusivo del proyecto.

La huerta también se convirtió en un espacio de intercambio cultural. "Temos familias que son de fóra de Galicia e achegan produtos dos seus lugares", explica Taboada, quien menciona cultivos poco habituales como pimientos picantes o variedades de patata procedentes de otros países.

Problemas recientes: jabalíes y pequeños robos

No obstante, la huerta también afronta dificultades. Uno de los principales problemas es la presencia de jabalíes. "Empezaron arredor de 2021 ou 2022 a facer fechorías polo barrio", recuerda. "De cando en vez aparecen pola horta e desfán algúns bancais", lamenta subrayando el impacto emocional que esto tiene: "Afecta ás ilusións de quen traballa a terra".

A esto se suman pequeños robos. "En cinco anos nunca tivemos incidencias, pero hai uns meses empezaron a desaparecer cousas", explica. Entre los objetos sustraídos hay herramientas y materiales básicos: "Nos últimos meses desapareceron tres carretillas, ademais doutros útiles".

Ante esta situación, la comunidad decidió reforzar la seguridad. "Cambiamos os cadeados e puxemos outros máis firmes", indica Taboada, quien no descarta nuevas medidas: "Seguramente acabaremos poñendo algunha cámara". También se iniciaron contactos con las autoridades. "Falamos coa concelleira de seguridade e estamos pendentes de trasladar máis información", explica, además de prever la presentación de una denuncia por los robos.

Un proyecto con futuro

Pese a los problemas, el espíritu de la huerta sigue intacto. "Seguimos adiante a pesar de todos estes atrancos porque hai un espírito moi consolidado de traballar na horta", afirma Taboada destacando la implicación del grupo.

La satisfacción que genera el proyecto es la clave de su continuidad. "É moi gratificante", asegura. De cara al futuro, la prioridad pasa por resolver los problemas actuales sin perder la esencia del proyecto. "Necesitamos unha solución para os xabarís e un pouco máis de control policial na zona", apunta. Mientras tanto, la huerta comunitaria de Canido sigue creciendo, no solo en cultivos, sino también en cohesión social.