Susana en su alojamiento en Valdoviño
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Susana Fernández, la gallega que participó en Supervivientes hace 20 años y ahora regenta un hotel rural: “Me siento libre”
La hostelera de Valdoviño recuerda su paso por el programa como una experiencia transformadora que le enseñó a vivir sin prisas y a valorar lo esencial
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Hace veinte años, cuando el formato apenas daba sus primeros pasos en España, Susana Fernández dejó su restaurante y se marchó a África para participar en la segunda edición de Supervivientes. No era famosa ni buscaba serlo. “Yo fui por la experiencia”, insiste. Hoy, instalada en una casa con más de 250 años en Valdoviño que ella misma restauró piedra a piedra y convirtió en hotel rural, mira atrás con serenidad. Cocinera de vocación y gallega hasta la médula, asegura que aquella aventura extrema le cambió la vida.
Cuando piensa en Supervivientes, ¿qué es lo primero que se le viene a la cabeza?
Que volvería. Lo digo con total sinceridad. Me lo ofrecieron en más ocasiones, y hubo un momento en el que estaba muy metida en la radio en Madrid, viajando por toda España, grabando, feliz con mi voz y con mi trabajo, y decidí que no era el momento. Pero tengo esa sensación muy gallega, muy de intuición, de que en algún punto de mi vida volveré. Porque aquello fue el retorno a mí misma. Yo me fui en 2005, con mi restaurante lleno, con éxito, con estabilidad… y decidí romperlo todo para probarme.
¿Qué le empujó a dar ese salto cuando ya tenía la vida hecha aquí?
Fue una época en la que yo tenía mucha amistad con Paula Vázquez. Ella venía en Navidades, conocía a sus padres, yo siempre le hacía sus necoritas a la plancha, que es lo de ella, sus cigalitas, entonces ella me contaba las experiencias, la aventura. ¿Qué me llevó? Creo que no somos totalmente reales hasta que no conozcamos de qué somos capaces. Yo fui a cambiar mi vida y a ver de qué era capaz. Volví reforzada, mucho más tranquila y dándome cuenta de que puedo sobrevivir en cualquier circunstancia.
" Adelgacé 15 kilos en un mes"
¿Fue tan duro como parecía en pantalla?
Mucho más. Adelgacé 15 kilos en un mes. Eso no es una exageración. Pasábamos hambre real. Nos daban un saco de arroz y me dijeron: “Tú eres la responsable, raciónalo porque no hay nada más”. Y no había nada más. Ese arroz venía lleno de piedras, lo tenía que lavar con el poco agua que traíamos caminando cinco kilómetros a 50 grados. Imagínate el cuerpo, sin azúcar, sin café… Todo eso saca el verdadero carácter de una persona. Ahora creo que el formato es más espectáculo. En aquella época, en Kenia, éramos supervivientes de verdad. Yo asumí el rol de cocinera, cuidaba de mis compañeros. Siempre digo algo: nadie trata mal al que le da de comer. Y allí la cocinera era yo. Fui la única que no nominó a nadie, me fui porque cogí una gastritis muy fuerte. Pero me fui querida. Eso es lo que me importa.
Ha reconocido que incluso “robó” comida para el grupo.
Sí, y lo digo ahora sin problema (ríe). Robé del baúl que nos dieron y algún licorcito también cayó, no lo voy a negar. Yo no fumaba, no bebía, no tenía esa ansiedad que otros sí tenían por dejar hábitos, y eso me dio claridad. Mientras algunos estaban nerviosos, yo estaba centrada en que comiéramos todos.
Interior del alojamiento de Susana
¿Hubo algún momento concreto que le cambiara la mirada?
Muchísimos. Pero hay uno que no olvido. Paramos con el autobús delante de una escuela en Kenia, que imagínate lo que son las escuelas allí. Veías a los niños guapísimos, con su uniforme humilde, por el camino de barro con sus zapatillos. Empezaron a golpear el cristal para que les diéramos algo. Ellos no tenían nada, pero tenían una sonrisa. Y nosotros, que veníamos de una sociedad con todo, quejándonos porque no nos daban agua suficiente. Aquello me dio una lección de vida. Me hizo ser un poquito mejor persona y quizás no tener tanta prisa.
¿Qué fue lo primero que hizo al volver a Galicia?
Comer, sin duda (ríe). Tenía un hambre tremenda. Pero más allá de eso, quería volver a mi casa, abrazar a mi mejor amiga, Bego, estar con mi familia. Sentirme arropada.
¿Qué consejo le daría a alguien que hoy entra en un reality?
Que sea auténtico. Que no vaya a montar un personaje pensando en la audiencia o el dinero. Porque eso se cae. Allí te quitan todo: tabaco, alcohol, azúcar… y sale tu verdadero yo. Puedes ganar mucho en un momento, pero si luego vuelves a tu tierra y la gente no te respeta, ¿de qué sirve? Yo cuando me fui por enfermedad, al volver tenía una pancarta aquí en Valdoviño que todo mi pueblo me votó y toda mi gente me seguía. Eso es lo más valioso para mí. Mi consejo sería que hay que vivir la experiencia como una oportunidad para conocerte, no como un trampolín.
Hablemos de su presente. ¿Cómo nació el hotel rural que regenta hoy?
Fue un flechazo absoluto. Pasé por delante de esta casa, que tiene más de 250 años, y me enamoré. La compré en 1999. La restauré yo misma, piedra a piedra. Todo lo que hay dentro lo he traído de mis viajes. El marinero que está ahí lo hice yo, lo diseñé yo, lo pinté yo y lleva conmigo desde el 99. Mi familia siempre fue mayorista de marisco, crecí entre cetáreas y pescaderías, llevo la cocina en la sangre. Convertirla en hotel fue una corazonada, una manera de unir mi vocación hostelera con mi amor por esta tierra. Hoy en día me aporta riqueza humana. Vienen peregrinos del Camino Inglés, gente de Sudáfrica, Estados Unidos, Francia, Austria… Me encanta escuchar sus historias, cuidarles, hablar en inglés con ellos. Me dicen que lo que más recuerdan es el trato y eso para mí es un orgullo.
¿Qué le diría a alguien que visita Galicia por primera vez?
Que se meta en el pueblo, que se involucre con la gente, que se vaya a la playa, que se tome un vinito en el bar de al lado, que respire Galicia, que nos conozca y que disfrute de nuestro mar, nuestras playas y sobre todo de nuestros restaurantes. No se come en ningún sitio como aquí, porque tenemos el mejor producto del mundo. O sea, yo les diría que, ya que venís a disfrutar de la playa, la tenéis. Pero involucraros en nuestra gastronomía. Meteros en nuestros restaurantes, nuestras tabernas y furanchos, que prueben el caldo gallego, el marisco y que hablen con la gente.
"A supervivientes me gustaría volver. Porque yo creo que volvería a hacer lo mismo"
¿Cómo le gustaría ser recordada?
Como la cocinera. A supervivientes me gustaría volver. Porque yo creo que volvería a hacer lo mismo. Volvería a ser esa amiga, esa cocinera y esa persona que era como su carácter gallego. O sea, quiero que me reconozcan como una gallega de las de verdad, de las que te abría la puerta de su casa y te sacaba el caldo y el pote, pero yo te saco nécoras. La nécora a la plancha es mi plato estrella y, de hecho, tengo un anillo de una nécora. Además, estoy creando platos nuevos y experimentando mucho, incluso hago mi propio vino.
Si tuviera que resumir su viaje, desde África hasta hoy, en una sola frase…
Libertad. Me siento libre porque me he conocido a mí misma, no tengo ataduras de problemas. Cuando sabes quién eres y qué necesitas de verdad, dejas de vivir para el ruido. O sea, a mí no me movió lo que fuera a ganar, que es importante porque necesito ganar dinero. Pero no me fui a supervivientes por el dinero, porque nosotros nos llevábamos 3000 euritos, y parte de eso era para Hacienda. Hablando claro, nosotros éramos los pobres en el programa. A mí me movió el conocerme a mí misma y ser feliz cada momento. Y eso, para mí, es el mayor premio de todos.