Paloma Anca
España Comprimida
La reflexión de Paloma Anca sobre la forma en la que hemos simplificado todo lo que engloban el norte y el sur del país
Siempre me ha llamado la atención la gente que dice: "Este verano nos vamos al norte". Al norte. Así, en bloque.
Da igual que te vayas a San Sebastián, a Ribadeo, a Cudillero o a las Rías Baixas. Todo es "el norte". Parece que a partir de Valladolid, España deja de tener provincias y pasa a ser un parque temático con una única recepción.
"BIENVENIDOS AL NORTE: Por la noche refresca. Se recomienda llevar una sudadera 'por si acaso'. Hay un 73% de posibilidades de lluvia, pero aquí los planes no se cancelan nunca. Las orquestas empiezan a las 23:00. Desayuno a elegir entre sobaos, bollo preñao o filloas".
Y con el sur ocurre lo mismo. Mucha gente asegura que veranea "en el sur" igual que dice que va a comprar "fruta". Ni manzanas ni melocotones. Fruta. Como si Cádiz, Almería y la costa de Huelva fuesen distintas calles que desembocan en la misma plaza.
Me recuerda un poco a los americanos, cuando anuncian ilusionados que este verano viajarán "a Europa". Visto así, parece que Atenas y Reikiavik están a dos paradas de metro ¿no? Pues eso.
Supongo que necesitamos simplificar el mapa para que nos quepa en la cabeza conversación. Hablamos de España como si fuera un dibujo hecho con dos rotuladores: arriba, verde; abajo, amarillo. Y el resto, ya lo trataremos en otro momento (nadie dice: "Este año me voy al este". Ni presume de haber descubierto el "noroeste profundo". Ahí sí somos precisos).
Pero norte y sur son dos sacos gigantes en los que vamos metiendo diferentes paisajes, comidas, acentos, temperaturas y costumbres.
Abrimos el saco del norte y metemos una gilda, un percebe, una fabada, una vaca, un faro, un bosque, una playa larguísima con bandera azul, un gaitero y una señora diciendo "llévate una chaquetita". Cerramos el saco, nos lo echamos al hombro como Papa Noel y nos quedamos tan tranquilos.
Y con el sur hacemos lo mismo. Ahí dentro cabe un espeto en Málaga, un lince ibérico de Doñana, una gamba de Huelva, un abanico, una feria, una tabla de kite surf, un chiste de Lepe y una bailaora gritando '¡Arsaaa!'. Cerramos el saco. Sur.
Se parece a mi cajón de la mesilla de noche, donde conviven gomas del pelo, un paquete de Kleenex, una linterna y el cargador de un móvil que ya no existe Nokia. Nada tiene relación entre sí, pero ahí están desde hace años.
Lo decía antes, yo creo que hablamos así porque el cerebro, aunque es extraordinario, también es vago. Sobre todo en agosto. Y etiquetar y guardarlo todo en carpetas facilita las cosas. Norte. Sur. Playa. Montaña. Bueno. Malo. Todo archivado para no gastar neuronas.
Y es verdad que simplificar las cosas puede dar mucha paz. Pero después, no podemos escandalizarnos cuando llegue alguien a Galicia preguntando por las mejores rabas o aterrice en Málaga buscando las playas de Cádiz.
Al final, no es que hayamos perdido el norte, es que lo hemos comprimido en un archivo ZIP y no nos molestamos en abrirlo.