Una doctora atiende a una mujer con menopausia.

Una doctora atiende a una mujer con menopausia. Shutterstock

Opinión Punto de inflexión

Menopausia, la rebelión contra el silencio heredado

El CEO de Postgradum University reflexiona sobre la importancia de formar a los profesionales para que atiendan con las mejores herramientas esta etapa de la vida de las mujeres, que históricamente ha sido relegada a la esfera de lo privado

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Desde mi posición al frente de una escuela de posgrado para profesionales de la salud, observo cada día una realidad que nos interpela como sociedad: la menopausia sigue siendo el último gran tabú de la medicina española. No soy sanitario, pero acompaño a profesionales de la salud que trabajan en el terreno, que escuchan a las mujeres, que ven la brecha entre lo que necesitan y lo que reciben. Y lo que veo me obliga a escribir esto.

Hablamos de una realidad que afecta a más de 10 millones de mujeres en España.

Una etapa vital que, sin embargo, ha sido relegada históricamente a la esfera de lo privado, de lo indecible. Las mujeres que hoy entran en la perimenopausia son hijas de una generación que lo soportó todo en silencio. Madres que confundieron los sofocos con un mal día, la ansiedad con nervios y el insomnio con preocupaciones. Heredamos su silencio, pero no debemos heredar su resignación.

Los números son abrumadores. Un reciente barómetro revela que, aunque 8 de cada 10 mujeres a partir de los 40 años sienten preocupación por la llegada de esta etapa, un 57% no ha consultado nunca a un profesional sobre sus síntomas.

¿Por qué? Porque hemos normalizado el malestar. Porque, como sociedad, hemos aceptado que una mujer en la perimenopausia experimente una media de casi nueve síntomas diferentes como una carga inevitable, algo que "hay que aguantar".

Este silencio tiene un coste que va mucho más allá de lo personal. Un estudio reciente sobre el impacto de la menopausia en el trabajo en España es demoledor: mientras que un 93,5% de las trabajadoras presenta síntomas, solo un 5% de las empresas ofrece algún tipo de apoyo específico.

A pesar de ello, el 71% de estas mujeres mantiene un alto nivel de compromiso. Son profesionales brillantes, en la cima de sus carreras, que navegan en secreto síntomas que van desde la niebla mental hasta la fatiga crónica, temerosas de ser estigmatizadas como "viejas" o "incapaces". Estamos perdiendo productividad, talento y, sobre todo, estamos perpetuando una injusticia.

Pero aquí está lo crucial: esta crisis tiene solución. Y la primera línea de esta transformación está en la sanidad de proximidad. En la farmacia de barrio, en la consulta de atención primaria, en la voz de una enfermera. Son los profesionales sanitarios los que tienen la llave para desmantelar este tabú generacional. Pero para ello, necesitan algo que hoy no tienen de forma sistemática: formación rigurosa, actualizada y libre de intereses comerciales sobre la menopausia.

Esto no es un problema de falta de conocimiento científico. La ciencia existe. Lo que falta es que ese conocimiento llegue a los profesionales que están en primera línea, y a través de ellos, a las mujeres que lo necesitan. Necesitamos que los farmacéuticos, los médicos de atención primaria, los enfermeros, tengan las herramientas para identificar, informar y acompañar a las mujeres en esta etapa. Necesitamos que el criterio clínico genuino, basado en evidencia, sea la norma, no la excepción.

Ya hay ejemplos de que esto es posible. Cuando los profesionales sanitarios reciben formación rigurosa sobre menopausia, el impacto es inmediato: las mujeres consultan, reciben respuestas, mejora su calidad de vida. Hemos visto cómo pequeños grupos de profesionales formados pueden impactar directamente en miles de pacientes. Esto demuestra que el cambio no requiere revoluciones costosas, sino voluntad política y compromiso de la comunidad sanitaria.

El desafío ahora es escalar. Es convertir esto en un movimiento real, en un cambio sistémico. ¿Cuántas farmacias en España tienen un farmacéutico formado específicamente en menopausia? ¿Cuántos médicos de atención primaria reciben actualización sobre esta etapa? ¿Cuántos enfermeros tienen herramientas para educar a las mujeres sobre lo que van a vivir?

Necesitamos que los colegios profesionales, las universidades, los organismos sanitarios públicos, asuman esta responsabilidad. Necesitamos que la formación en menopausia sea obligatoria en los planes de estudio de grado y que sea reforzada en los posgrados. Necesitamos que los profesionales sanitarios tengan acceso a educación continua de calidad, sin conflictos de interés.

La generación de nuestras madres aguantó. La nuestra tiene el deber de hablar. Y la de nuestras hijas, si actuamos ahora, vivirá una menopausia sin silencios, acompañada por profesionales que saben qué hacer, que entienden lo que están viviendo, que pueden ofrecer soluciones reales.

Esto no es una cuestión de salud femenina. Es una cuestión de justicia. Es una cuestión de si queremos que 10 millones de mujeres sigan navegando solas una etapa de sus vidas, o si queremos que tengan el acompañamiento que merecen.

La pregunta no es si es posible. Ya sabemos que sí. La pregunta es: ¿vamos a hacerlo? Referencias