Paloma Anca con su nuevo libro
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Paloma Anca publica un libro que pone humor a cada semana del año: "Quería algo que se pudiese leer a ratos"
Esta abogada coruñesa que escribe “cuando está sembrada” firma con 'Las reflexiones de Palo' un libro de 52 relatos breves que mezclan cocina, ironía y vida cotidiana para leer “a ratos” y sin culpa
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Escritora de croquetas, ghostings y paraguas robados. Así podría definirse Paloma Anca, coruñesa, amante de la escritura desde los 12 años y autora del blog Hoy estoy sembrada, donde lleva más de una década convirtiendo lo cotidiano en literatura a base de ironía, tachones y mucha retranca. La misma que utiliza en sus artículos de Opinión en Quincemil.
Tras emocionar con Bosco. Una vida en tu mirada, vuelve ahora a las librerías con Las reflexiones de Palo, un libro de 52 relatos breves -uno por cada semana del año- que no pretende cambiarte la vida, pero sí acompañarte en la playa, en la cafetería o en esos diez minutos robados al día para desconectar. No es un recetario, aunque hable de cocina; es un menú de escenas pequeñas, contradicciones asumidas y humor ligero con poso, pensado para que el lector se reconozca, sonría y, si puede ser, acabe el lunes con humor de viernes.
¿Qué te llevó a reunir tus reflexiones en este formato de “52 relatos breves”, uno por cada semana del año?
Quería algo que se pudiera leer a ratos, sin compromiso. Algo que acompañe en la playa, en una cafetería o en esos diez minutos que te sientas para desconectar. Y el formato de los relatos cortos es el que más me divierte. Empecé a escribirlos hasta que llegó un punto en el que pensé “¿cuándo paro?”. Ahí me di cuenta de que leemos poco y siempre vamos con prisa, así que un relato a la semana me pareció algo asumible. Aunque ya hay gente que me ha dicho que es imposible quedarse en uno.
El libro juega con el lenguaje de la cocina, pero no es un recetario. ¿Por qué elegiste ese hilo conductor culinario para hablar de la vida?
La cocina tiene algo muy honesto y es que mezclas ingredientes y sale lo que sale. A veces es un plato buenísimo y otras, un desastre. Como la vida. Por eso me gustaba utilizar ese lenguaje, aunque el libro está muy lejos de ser un recetario. Es una forma de hablar de lo cotidiano, desde un sitio cercano y reconocible.
¿Hay alguna “receta” del libro que te resulte especialmente significativa o que resuma su espíritu?
Cuando en el menú tienes desde croquetas, hasta chocolate con churros, huevos fritos o torrijas, es difícil elegir. Pero creo que me quedo con las recetas en las que me contradigo. En una digo una cosa y veinte páginas después digo la contraria y me quedo tan tranquila. Ahí está el espíritu del libro, no intentar ser siempre coherente ni perfecto.
¿Cómo nació la idea del título Las reflexiones de Palo?
En un principio, el libro se iba a llamar Las recetas de Palo, pero desde la editorial me dijeron que podía llevar a confusión. Así que decidí cambiarlo por Las reflexiones de Palo, que suena serio, hasta que empiezas a leer.
¿Cómo fue el proceso de recopilación y escritura de los 52 relatos? ¿Partiste de textos del blog o los escribiste desde cero?
Hay un poco de todo. Algunos nacieron del blog; revisé, reescribí y fue muy entrañable reencontrarme con la Paloma de 2012. También rescaté textos de mi etapa en la Escuela de Escritores. Y, por supuesto, he escrito muchos desde cero porque durante todo este tiempo, me han seguido pasando cosas que necesitaba contar.
En tus textos hay mucha observación de lo cotidiano. ¿Cómo entrenas esa mirada que convierte lo rutinario en materia literaria?
No la entreno. Como te digo, me pasan cosas y necesito volcarlas en un papel. Creo que también ayuda ser una persona curiosa. Las Reflexiones de Palo no sale de pensar un gran argumento, sale de fijarme en detalles pequeños. Mucha gente me dice: “eso también me pasa a mí” y creo que ahí está la clave. Reconocerse, ver las cosas desde otra perspectiva y poder sacar una sonrisa.
¿Qué papel juega la ironía en tu escritura?
La ironía es mi forma natural de escribir. Me cuesta hacerlo de otra manera. Incluso en mi primer libro que trataba un tema delicado, se colaba. La ironía me permite hablar de cosas más profundas sin que pesen tanto. Que el texto siga siendo ligero, pero que a la vez, invite a reflexionar. Yo me manejo mejor poniendo una cosa seria entre tres tonterías.
¿Cuándo sabes que una reflexión, una conversación o una escena puede convertirse en relato?
Escribo sobre mi vida cotidiana, por lo que casi todo lo que me pasa podría convertirse en un relato. No me pasan cosas extraordinarias: voy a la compra, a un concierto, me subo a un tren, veo una serie… pero muchas veces hay algo (una frase, la subida del precio del chocolate o el ghosting a una amiga), que se me queda rondando. Y cuando no se va, ya sé que de ahí sale un texto.
Tu primer libro, Bosco, una vida en su mirada, tenía un tono más emotivo y biográfico. ¿Qué te ha permitido explorar este nuevo formato?
En realidad ha sido al revés. Yo ya escribía así en mi blog, con ironía y tachando palabras. En Bosco, tenía que contar una historia concreta siguiendo un hilo. Aquí he tenido libertad total, saltando de un tema a otro, escribiendo sobre lo pequeño, lo cotidiano, lo que me ha ido apeteciendo.
¿Qué aprendiste del proceso con Bosco que te ha servido ahora para Las reflexiones de Palo?
A confiar más en el lector y a soltar antes los textos. Si espero a que esté perfecto, puedo quedarme toda la vida en la misma frase sin avanzar.
Tu lema es “cuando estoy sembrada, escribo; cuando no lo estoy, también hablo”. ¿Qué hay detrás de esa frase?
Que escribir es mi versión más ordenada. Me gusta más observar, dejar que las ideas se vayan ‘cocinando’ en mi cabeza. Hablar es más inmediato y a veces caótico.
¿Qué papel juega A Coruña en tu forma de ver y contar las cosas?
Muchísimo. Para empezar, ‘la retranca´ gallega me viene de serie. También está el mar y ¡el clima! Una aprende rápido a relativizar. Creo que haber nacido aquí me hace más humilde y me pone los pies en la tierra.
¿Dónde sueles escribir? Sigues escribiendo desde cafés o rincones concretos de la ciudad?
Escribir es menos romántico de lo que parece. Es un trabajo muy solitario que pide rutina y sentarse delante de la página en blanco. Pero también necesito estímulos alrededor. Por eso me gusta escribir en cafeterías donde me puedo pedir un té matcha para confirmar que sigue sin gustarme y de repente me sale un texto sobre eso. La inspiración a veces aparece sola, pero la mayoría de las veces tengo que sentarme y buscarla.
Si tuvieras que regalar una “reflexión de Palo” a quien empieza la semana con prisa, ¿qué dirías?
Yo creo que todos vivimos un poco atropellados, pero algunos lo disimulan mejor. Así que le diría que por mucho que corra, el viernes va a tardar lo mismo en llegar. Que si puede elegir, es mejor llegar tarde y guapa, que puntual y fea. Y que se deje un ratito al final del día para desconectar, por ejemplo, leyendo Las reflexiones de Palo. Con un poco de suerte acabará el lunes con humor de viernes.