El investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano.
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Gonzalo Escribano, experto en política energética: "El cambio climático es una amenaza para la economía española"
El director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano es uno de los ponentes del II Foro de Competitividad y Reindustrialización que se celebra el martes 20 de octubre, donde explicará cómo la situación geopolítica afecta a los recursos energéticos y cómo podrán adaptarse las empresas a los diferentes escenarios
Más información: Santiago acogerá el 20 de octubre un foro sobre el futuro y los retos de la industria gallega
Santiago de Compostela acogerá el próximo martes 20 de octubre el II Foro de Competitividad y Reindustrialización, en el que se abordarán el futuro y los retos de la industria gallega. Un interesante encuentro que se celebrará por la mañana en el Bandalux Campus y que contará con la participación de representantes empresariales y especialistas de diferentes ámbitos.
Organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), en colaboración con la Xunta de Galicia, el Círculo de Empresarios de Galicia, Nordés Club Empresarial y el Club Financiero de Santiago, el encuentro se enmarca en la iniciativa Capacita Directivos y es de acceso gratuito previa inscripción a través de la página web de APD, enviando un correo electrónico a noroeste@apd.es o llamando al 672138946.
Cuestiones como la energía, la innovación, la internacionalización y los nuevos proyectos empresariales se pondrán sobre la mesa en una mañana en la que expertos del sector darán su punto de vista.
Uno de ellos es el investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, que abrirá el encuentro en una conversación con el codirector de El Orden Mundial, Eduardo Saldaña. Ambos son los protagonistas del primer bloque de la jornada, que girará alrededor de la industria y la competitividad.
Precisamente, a unos días del evento, hablamos con Escribano sobre geopolítica y soberanía energética. El director del programa Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano nos da algunas claves que podrían llevar a un nuevo equilibrio global y nos desgrana la incierta situación actual a nivel internacional, haciendo una reflexión sobre cómo deberían actuar las empresas ante este escenario.
Gonzalo Escribano, investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano.
¿Qué se van a encontrar los asistentes al II Foro de Competitividad y Reindustrialización con tu intervención?
El foro lo abre una conversación con Eduardo Saldaña en el que hablaremos de geopolítica y de energía. Él pondrá el foco en el contexto geopolítico y geoeconómico más amplio y yo intentaré explicar algunas de las tendencias geopolíticas que afectan al mundo de la energía y cómo se plasma esto en nuestras realidades económicas, con una subida de los precios de los combustibles y de la electricidad, llevando a un aumento generalizado del nivel de precios.
Explicaré cómo afecta eso desde el punto de vista económico al conjunto de la economía, pero también al sector empresarial, que ahora va a tener nuevos retos con los costes energéticos al alza y con una situación de mayor rivalidad geopolítica, no solamente con la Unión Europea, Rusia y crecientemente con Estados Unidos, sino también en la parte de las cadenas de valor descarbonizadas con China.
Intentaremos hacer un diagnóstico y estudiar cómo retrasar algunas tendencias, mirando hacia el futuro con los escenarios que se abren tanto con lo que ocurre en el Golfo Pérsico con Irán como con la situación con Rusia, con la relación entre la Unión Europea y Estados Unidos y China.
"El sector empresarial va a tener nuevos retos con los costes energéticos al alza y con una situación de mayor rivalidad geopolítica, no solamente con la Unión Europea, Rusia y crecientemente con Estados Unidos, sino también en la parte de las cadenas de valor descarbonizadas con China"
Gonzalo Escribano, investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano
La situación en Oriente Medio es quizás una de las que más preocupa, pero también hay una situación de incertidumbre con Estados Unidos y Rusia. ¿Hacia dónde avanzará? ¿Qué nuevos escenarios energéticos se podrían abrir?
Los escenarios que vemos en el conflicto de Oriente Medio son tres. Uno es mantenerse en la misma situación de los últimos meses, desde el alto al fuego que no se ha cumplido de finales de abril, donde lo que hemos visto es un progresivo aumento de los flujos, las exportaciones de petróleo y en menor medida de gas natural licuado de los productores del Golfo a los mercados mundiales.
Estamos en niveles, sobre todo en petróleo crudo, bastante cercanos a los previos a la guerra, aunque en los últimos días han vuelto a bajar mucho. Pero la logística se ha complicado muchísimo. Ahora, los petroleros que salen necesitan escolta estadounidense, pasar por unos corredores muy al sur, hacer trasbordos barco a barco, desactivar sus mecanismos de localización...
Todo eso redunda en mayores costes y mayores riesgos, sumado a que en las últimas semanas Irán ha vuelto a atacar con cierta frecuencia a los petroleros. Con el escenario de los últimos meses, nos situaríamos un poquito por encima de los 100 dólares por barril de petróleo.
Un segundo escenario es que hubiese una escalada desde los niveles actuales, con un bloqueo más fuerte y menos flujos no solamente por Ormuz, sino que se extendiese y desbordase también al estrecho de Bab-el-Mándeb.
Esto supondría una tensión adicional sobre los mercados energéticos, que ya están muy exigidos después de casi ocho meses de guerra, con unos inventarios en mínimos y unas reservas estratégicas que ya han empezado a utilizarse mientras nos acercamos al invierno. Esto llevaría a precios por encima de los 110 dólares.
El tercer escenario sería la reanudación de los ataques a activos energéticos, como un ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán que desate represalias, volviendo a una situación similar o más tensa que en el inicio de la guerra con ataques cruzados de misiles y drones. Los niveles de precios de petróleo y de gas se irían muy por encima de los actuales, acercándose a los 150 dólares.
¿Y respecto a las otras zonas?
En Rusia la situación es complicada. Nuestro escenario central es que el conflicto continuará. Estados Unidos y Trump no han podido evitar los ataques ucranianos a las refinerías rusas, que se han reanudado estos días. Entendemos que el conflicto y los ataques al sector energético ucraniano y a las refinerías y petroleros rusos seguirán, lo que mantendrá tensionados los mercados de combustibles, especialmente el diésel.
Puede haber escenarios en los que se acaben esos ataques con mediación estadounidense; no han tenido mucho éxito hasta ahora, pero podría suceder. Eso relajaría los precios, sobre todo de los combustibles ya refinados, y en menor medida de fuelóleo y queroseno.
Un tercer escenario se daría si se intensifican los ataques y aumentan las tensiones en los mercados energéticos. Tenemos una relación tumultuosa entre la Unión Europea y la administración Trump, que amaga unos días con obligarnos a comprarle un montón de productos energéticos y ejercer lo que ellos llaman el dominio energético estadounidense y otros nos amenaza con prohibirnos la exportación de diésel si no liberamos reservas estratégicas.
Con China vemos dos escenarios. El actual, en el que con ciertas tensiones se van imponiendo algunas políticas más restrictivas por parte de la Unión Europea como aranceles compensatorios o requisitos de contenido local, que buscan protegerse siguiendo las pautas de la Organización Mundial del Comercio o investigaciones antidumping.
Un segundo escenario, más agresivo por parte de Europa, es el que están solicitando algunos estados miembros como Francia. Este podría llevarnos a un enfoque más duro, no necesariamente siguiendo las pautas establecidas por el orden multilateral, llevando a una escalada con China.
Así podríamos intercambiar requisitos de contenido local más estrictos por parte de la Unión Europea, como se está solicitando estos días, y en represalia los chinos podrían adoptar restricciones más serias a la exportación de algunos minerales estratégicos o intensificar su estrategia de subvencionar las exportaciones de coches eléctricos, placas fotovoltaicas, etc.
"El cambio climático es una amenaza de primer orden para la economía europea y en concreto para la española, donde tenemos sectores como la agricultura o el turismo e infraestructuras marítimas importantes muy amenazadas por el cambio climático"
Gonzalo Escribano, investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano
¿Cómo se podría lograr el equilibrio en cuanto a la soberanía energética?
La soberanía energética europea es una cuestión que está cada vez más en boga. Hemos pasado de hablar de autonomía estratégica a soberanía, algunos incluso hablan de independencia energética, aunque esto es imposible: en un mundo globalizado, siempre vas a depender de alguien.
Se está intentando avanzar hacia la autonomía estratégica y una mayor soberanía energética. ¿Cómo se hace eso? Hay varias sendas.
Una parte es diversificar hacia proveedores y suministradores que sean más fiables y que tengan menos riesgo geopolítico. En ese sentido, diversificar de Rusia y de Oriente Medio hacia Estados Unidos supone una mejora en el perfil de seguridad energética de Europa.
Con todos los problemas que podamos tener con la administración Trump, las exportaciones energéticas de Estados Unidos, tanto gas como petróleo y productos derivados hacia la Unión Europea, las llevan a cabo empresas privadas que responden básicamente a sus cuentas de resultados y a sus accionistas, mientras que en países como Irán o Rusia o incluso China, donde no importamos de grandes cantidades de petróleo aunque sí de derivados, son empresas muy controladas.
Esa diversificación de los suministros de gas y petróleo hacia Estados Unidos supone en principio una menor vulnerabilidad. La diversificación hacia esos y otros suministradores en América Latina y África rebaja la situación de riesgo. Pero no nos podemos quedar ahí. A ello tenemos que sumar una menor dependencia externa, sobre todo a la importación de combustibles fósiles, también de algunos minerales estratégicos y tecnologías.
Lo que tiene que hacer la Unión Europea es una descarbonización estratégica. El cambio climático es una amenaza de primer orden para la economía europea y en concreto para la española, donde tenemos sectores como la agricultura o el turismo e infraestructuras marítimas importantes muy amenazadas por el cambio climático. España y sus países vecinos son una de las zonas del mundo donde más impacto va a tener y está teniendo el cambio climático.
Pero no debemos quedarnos solamente ahí. La descarbonización se ha convertido en un vector de autonomía estratégica, de seguridad energética y de competitividad industrial, ya que la Unión Europea no tiene grandes recursos de gas y petróleo como Estados Unidos ni de carbón como China. No podemos competir en base a unos combustibles fósiles de los que carecemos, que tenemos que importar y nos hacen vulnerables.
Con lo cual, además de la diversificación de los fósiles, lo que tenemos que hacer es identificar las fuentes, reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y aumentar el componente generado localmente bien por renovables, bien por nuclear en función de los perfiles de cada Estado miembro de la Unión Europea.
A esas dos dimensiones de diversificación y de estrategización de la descarbonización le tenemos que sumar la competencia con China. La Unión Europea está intentando avanzar en esa descarbonización estratégica con un mayor componente local, con una menor dependencia de las importaciones de China, desarrollando su industria de vehículos eléctricos, hidrógeno, baterías...
"Nuestro sector empresarial tendrá que hacerse a la idea de que vienen tiempos difíciles en términos de costes energéticos fósiles. El gas y el petróleo van a seguir teniendo una situación geopolítica muy complicada y tendrán que empezar a ver los beneficios de ir transitando en la medida de lo posible hacia un abastecimiento más electrificado y hacia un ahorro y una eficiencia energética"
Gonzalo Escribano, investigador principal y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano
¿Cómo se refleja esta situación en España?
España tiene una situación en términos de diversificación bastante privilegiada con el resto de Europa.
Importamos mucho petróleo y combustibles refinados de Estados Unidos y tenemos una dependencia históricamente muy baja de Rusia, aunque seguiremos importando gas natural licuado (tenemos la mayor flota de gas natural licuado de Europa y la más eficiente en cuanto a precios de regasificación) hasta que se ponga en marcha la prohibición europea en los próximos meses.
Tenemos un perfil de riesgo más bajo porque estamos muy diversificados y además estamos diversificados hacia regiones que en principio no tienen grandes problemas. Nuestra dependencia del gas de Catar es muy baja y la dependencia del petróleo de Arabia Saudí o Irak estaba en torno al 10%, nada que ver con la que tienen otros países europeos.
Lo mismo ocurre en la parte de descarbonización. Más de un 60% de nuestra generación eléctrica ya es renovable y eso hace que cuando suben los precios del gas afecte menos. Apenas el 15% del precio de las horas está fijado por el gas, con lo cual tenemos unos precios eléctricos que pueden ser elevados y en los que tanto el sector empresarial como los consumidores residenciales pueden notar subidas, pero no llegan a las alcanzadas en 2022. No estamos tan mal como en aquella época ni tan mal como en otros países europeos.
Y también tenemos un mix eléctrico muy diversificado. Un 20% de la electricidad es generada por energía nuclear y un 60% por renovables, con lo cual casi el 80% de nuestro mix eléctrico, a veces más, es de origen local. Esto nos da una autonomía estratégica importante.
Respecto a cómo avanza España en el desarrollo de su sector descarbonizado, tenemos una postura diferenciada en Europa. Nuestra relación con China es similar a la que tiene Alemania pero mucho más transaccional que la que tiene Francia.
España ha llegado a acuerdos con compañías chinas para deslocalizar inversiones chinas en España en el sector del vehículo eléctrico o de las baterías y tenemos inversiones significativas de China en nuestro sector energético. Pero no tenemos, como Portugal, un dominio de nuestra red eléctrica o de nuestros puertos, que son importantes para la logística de los hidrocarburos.
Estamos en una situación relativamente privilegiada en nuestra relación con China. No tenemos una excesiva dependencia a nivel de inversiones en nuestras infraestructuras estratégicas, pero tenemos un buen nivel de interlocución y una estrategia de intentar transferir tecnología y atraer inversiones chinas a España para desarrollar un sector industrial descarbonizado.
Esto es así en parte porque tenemos una buena relación con China y en parte porque también tenemos unos costes energéticos relativamente bajos comparados con el resto de Europa.
¿Cómo podría afectar a Galicia?
En el foro intentaremos dirigir esta situación a cómo afectará a las empresas españolas y gallegas. En Galicia, es importante entender cómo compaginamos la acción de las inversiones chinas con que esas inversiones sean verdaderamente productivas y lleven a un desarrollo de nuestros sectores descarbonizados.
Nuestro sector empresarial tendrá que hacerse a la idea de que vienen tiempos difíciles en términos de costes energéticos fósiles. El gas y el petróleo van a seguir teniendo una situación geopolítica muy complicada y tendrán que empezar a ver los beneficios de ir transitando en la medida de lo posible hacia un abastecimiento más electrificado y hacia un ahorro y una eficiencia energética.
Eso depende de cada sector, pero desde luego que el agrícola, el pesquero y el industrial, que son grandes consumidores de hidrocarburos, tendrán que llevar a cabo los ajustes correspondientes.
Y por otro lado, aquellos sectores que tienen una mayor capacidad de electrificarse deberían acelerar para mantener esa ventaja comparativa que ya estamos teniendo frente al resto de Europa.