Tatiana, la ucraniana que huyó de la guerra y montó su pastelería en Curtis (A Coruña)
Tatiana, la ucraniana que huyó de la guerra y montó su pastelería en Curtis (A Coruña)
De huir dos veces de las bombas a encender el horno en Curtis: la historia de Tatiana, la pastelera ucraniana que convirtió su huida de la guerra en una nueva vida entre dulces en Galicia
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La historia de Tatiana es digna de una película. Afortunadamente, de las que terminan bien. Hasta hace seis años, su vida estuvo marcada por la guerra. Primero la que vivió en su juventud, en Georgia, el país donde nació. Allí experimentó por primera vez la terrible sensación de tener que huir de casa durante la guerra ruso-georgiana de agosto de 2008.
Tras aquello, que Tatiana recuerda con horror, tuvo que marcharse a Ucrania, como hicieron muchos georgianos. “Gracias a mi madre, si no, habría muerto allí”, cuenta. Pero la historia volvió a repetirse casi quince años después, cuando Rusia volvió a cruzarse en su camino, esta vez con la invasión de Ucrania. Entonces Tatiana vivía en Járkov, la segunda ciudad más grande del país y situada a pocos kilómetros de la frontera rusa, que fue uno de los primeros objetivos de las tropas. Como había hecho su madre con ella años atrás, Tatiana tuvo que huir con sus hijas.
“Escuché los bombardeos sobre las cuatro de la mañana. Ya tenía algunas cosas preparadas, así que me levanté, cogí a mis dos hijas, que entonces eran muy pequeñas, una chaqueta y salimos corriendo de casa. Caminamos más de veinte kilómetros sin parar, en pleno febrero y con un frío intenso, para escapar de allí”.
Así comenzaba un periplo que acabó llevando a Tatiana y a sus hijas hasta Arteixo, donde una familia las acogió durante cinco meses. Después de conseguir los papeles empezó a trabajar: primero como ayudante de cocina, lavando platos en Cecebre, y más tarde también en la cocina de un restaurante de Mabegondo. Fue precisamente allí donde conoció a su marido, que era cliente del restaurante, y donde su sueño empezó a tomar forma. “Yo soy pastelera y, aunque esté mal decirlo, soy muy buena”.
Una de los postres de El Mundo
De Járkov a Curtis: una nueva vida entre pasteles
Antes de la guerra, Tatiana regentaba una de las pastelerías de moda de Járkov. Pero al comenzar el conflicto, de la noche a la mañana se vio sin nada. Por eso, cuando puso un pie en España tuvo claro que trabajaría duro para volver a hacer lo que mejor sabía: pasteles. Limpiar platos después de haber sido propietaria de un próspero negocio en su ciudad fue duro. Pero para Tatiana luchar es algo inherente a su personalidad; ni siquiera es una elección.
“Mi marido y su familia me han ayudado mucho; sin ellos no sé si habría sido posible”, nos cuenta Tatiana tras la barra de El Mundo, la pastelería que abrió hace apenas un año en Curtis. Allí realiza un trabajo puramente artesanal, en el que muchos de sus dulces proceden de las recetas que ya elaboraba en su pastelería de Ucrania: pastas de nuez, de almendra, de mermelada de manzana o rellenas de dulce de leche.
Todas están trabajadas con mantequilla de calidad y hechas a mano, una a una, “con mucho cariño”. “Cada una es diferente, porque cada una tiene su propia masa y su propia receta”, explica.
También elabora trampantojos de gran calidad y tartas de todo tipo para bodas, cumpleaños o bautizos. Todo sin usar conservantes y hecho por ella misma. “Ahora estoy trabajando aquí sola. Prefiero tener poco, pero de mucha calidad. Por la mañana abro al público y por la tarde preparo los pasteles del día siguiente, aunque siempre dejo una luz encendida por si llega algún cliente que necesita algo”.
La historia de Tatiana es una historia de superación y resiliencia. “Ninguna persona sabe lo que es una guerra hasta que no la ha experimentado. Incluso mis hijas, que eran muy pequeñas cuando huimos de Ucrania, siguen asustándose cuando escuchan helicópteros o ruidos fuertes. No se lo deseo a nadie. Las guerras no deberían existir”.
Cuando le pregunto si volverá a Ucrania, lo tiene claro: “De vacaciones o a visitar a mi familia, porque mi madre aún sigue allí. Pero a vivir no. Ahora tengo aquí mis raíces. Mis hijas son dos niñas gallegas más y España es un país maravilloso al que debo muchas cosas”.