Alicia Carabel en el ultramarinos Villar, en el barrio de A Falperra de A Coruña.

Alicia Carabel en el ultramarinos Villar, en el barrio de A Falperra de A Coruña. Quincemil

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El ultramarinos de A Falperra, en A Coruña, que presta libros: "Hoy la gente no cocina"

Alicia Carabel le puso también su nombre a Villar, negocio de alimentación "con muy buena fruta" en el que relevó a su suegra hace más de 25 años

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Los nombres de mujer suelen identificar a determinados comercios, negocios locales de proximidad como zapaterías o mercerías que pasaron al recuerdo o todavía perviven; Yolanda, Elvira, Aurorita o Cándida son ejemplos en A Coruña. También hay tiendas de alimentación que se conocen por el nombre de una mujer: la de Patri, la de Gabriela o la de Alicia.

Alicia Carabel es la propietaria de unos ultramarinos de la calle Sinforiano López que rebautizó con su nombre tras coger hace más de un cuarto de siglo el relevo de su anterior dueña, su suegra, Teresa Castro, al jubilarse. "En aquella época las pesetas cambiaban a euros y ella se hacía un lío".

La tienda se sigue llamando en realidad Villar, el apellido del suegro y del marido de Alicia, aunque en el barrio de A Falperra los clientes compran sus productos básicos del día en el ultramarinos de Alicia.

Es uno de tantos (cada vez menos) negocios tradicionales de alimentación que quedan en la ciudad. Si destaca por alguna particularidad, se le puede atribuir a la afición de su dueña por la lectura. Porque en la entrada a la tienda reposan sobre un pequeño mueble unos pocos lotes de libros usados que deja un cliente y se lleva otro.

Libros y fruta en la entrada del ultramarinos de Alicia.

Libros y fruta en la entrada del ultramarinos de Alicia. Quincemil

"Como un servicio de préstamo", compara Carabel. "Un día los puse aquí y una clienta me preguntó si se dejaba leer uno. Luego lo trajo, se corrió la voz y seguí dejándolos para prestar. Hay gente que viene aquí a comprar algo y aprovecha y se lleva uno a casa que después devuelve".

"Todo cierra"

A Alicia le gusta "la comida y atender a la gente", así que encontró en la venta de alimentación un terreno en el que asentar su actividad profesional. Lo hace en un tramo silencioso de Sinforiano López, una calle con dos curvas en ángulo recto por el que hay poco tránsito rodado y peatonal.

"Antes esto no era una desventaja, con el paso de los años sí", admite Carabel. Lo explica lamentando, como muchos comerciantes coruñeses, la desaparición de establecimientos de toda la vida en sus barrios.

Dibujo del antiguo ultramarinos Villar, firmado por Engry, y acceso a la tienda de alimentación de Alicia.

Dibujo del antiguo ultramarinos Villar, firmado por Engry, y acceso a la tienda de alimentación de Alicia. Quincemil

"Los comercios van cerrando. Aquí había bazares, peluquerías, mercerías, más ultramarinos, cinco bares. Ahora ¿qué queda? Nada. No es la calle, son los cierres".

También se marcha buena parte de "los clientes de siempre" (unos porque fallecen, otros porque prefieren comprar en el supermercado más cercano), aunque llegan nuevos vecinos pero que no hacen comunidad como "los de antes".

"Es que hoy la gente no cocina. Es así. Lo que te salva es la fruta, por ejemplo. Fruta, muy buena”, recalca para señalar el producto que más vende, de variedad y de calidad. Como lo que, por tradición, se ofrece en los ultramarinos de A Coruña.