David Fernández, en el mostrador de la mercería Aurorita de A Coruña.
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El tiempo se detiene en Aurorita, mercería de A Coruña: "Para sobrevivir hay que especializarse"
David Fernández, propietario de este negocio de Alfredo Vicenti "de hace sesenta o setenta años", cree que este "comercio de barrio" está debilitado por las ventas 'online'y las grandes superficies
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Un comercio de los de antes. Se suele decir de aquellos que, resistiendo el avance de los tiempos, apenas cambian su apariencia por dentro y por fuera y parecen anclados en un pasado cubierto de nostalgia. Amontonan artículos en el bajo que ocupan y su almacén, conservan entre su clientela un sector de edad avanzada y brindan, por lo general, un trato cercano y familiar.
Esta descripción encaja con las viejas mercerías, y Aurorita es una de las que aún quedan en A Coruña. Aunque en el rótulo sobre su entrada solo se lea "mercería" y haya que buscar en uno de sus escaparates el nombre de su dueña original en un marco que anuncia arreglos de ropa.
En una esquina de las calles Riazor y Alfredo Vicenti se abre la puerta de Aurorita. A un par de pasos en el mostrador está David Fernández, el propietario actual desde hace seis años. Le compró el negocio a Merche, de la pastelería próxima, a quien ocho años antes se lo había ofrecido la mujer que había empezado a vender hilos y artículos de costura, medias, pijamas y colonias seis o siete décadas atrás.
Prendas y artículos en el interior de Aurorita.
Fernández, de 55 años, no tiene claro las décadas que acumula Aurorita. "Sesenta o setenta años debe tener". Recuerda que él entraba a la tienda cuando era niño. En solo 30 metros cuadrados había tres mostradores, cada uno con su empleada. Y el marido de Aurora tenía una autoescuela en la calle.
Un "giro" en el sector
"Mi madre era modista". Ahí está el vínculo del dueño con la ropa. Tras dejar un trabajo se enteró del traspaso de la mercería, que encajaba con su idea de atender al público. "Porque había pocas, y ahora hay menos". No se encontró con lo que esperaba.
"Pensé que al ser un negocio de barrio iba a tener más clientela, pero me encontré con internet reventando los precios y con apenas posibilidad de competir. También los chinos, que tienen de todo, pero la calidad no es la misma que aquí", resume David Fernández.
Cree que "para sobrevivir hay que darle un giro a las mercerías", adaptarse a los tiempos y promocionarse “como hace La Crisálida” (también en A Coruña) y expandirse o "especializarse en algo específico", como ha meditado más de una vez.
Escaparate de la mercería Aurorita en la esquina de Riazor y Alfredo Vicenti.
Con lo pequeña que es la tienda, hay unas 3.600 referencias en Aurorita, calcula su responsable, y, como antes, también ofrece arreglos, de los que se encarga él y una modista. De hecho, casi la mitad de los clientes que salen o entran durante una jornada es para dejar o recoger una prenda con algún problema.
Elvira, Cándida, Aurorita. Las mercerías tienen nombre de mujer en A Coruña. Unas cerraron hace tiempo, otras resisten, muchas veces hasta que llega la jubilación en un sector "comido por las grandes superficies" y el voraz apetito del comercio online.