Vera García, posdoctoral en Nueva York

Vera García, posdoctoral en Nueva York Shutterstock y Cedida

Economía

Vera (30), investigadora gallega en Nueva York: "Casi el 50% del sueldo se va en la vivienda. Es una barbaridad"

Natural de Boiro (A Coruña), lleva más de 1 año en Nueva York como posdoctoral centrada en nuevas terapias contra el cáncer de hígado

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Vera García tiene 30 años, nació en Boiro (A Coruña) y hoy desarrolla su carrera científica en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Es investigadora posdoctoral en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde trabaja en el desarrollo de nuevas terapias contra el carcinoma hepatocelular, el tipo de cáncer de hígado más común.

Tras realizar su doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, Vera decidió dar el salto al extranjero. No fue una decisión impulsiva ni sencilla, pero sí motivada por la falta de oportunidades. "Aunque en Galicia y en España en general hay bastantes oportunidades para hacer la tesis, a la hora de quedarte no hay mucha opción, ni de financiación, ni los sueldos son comparables", explica.

Investigación contra el cáncer de hígado

El proyecto que desarrolla en Columbia está todavía en una fase inicial. Fue ella misma quien lo puso en marcha y se centra en la identificación de nuevas técnicas terapéuticas para potenciar los tratamientos actuales contra el cáncer de hígado. "Estamos en fases muy preliminares, buscando genes candidatos para el futuro desarrollo de terapias", señala.

Su interés por este tipo de cáncer surgió tras querer reorientar su carrera científica. Su doctorado estuvo centrado en las células madre, pero al comenzar el posdoctorado decidió adentrarse en el campo oncológico. "Quería cambiarme al campo de cáncer. En realidad fue por eso por lo que estudié biología", firma Vera.

El carcinoma hepatocelular, además, presenta una alta tasa de recurrencia y una supervivencia todavía limitada, lo que lo convierte en un gran reto médico.

Vera trabaja principalmente con modelos animales, en concreto con ratones, algo que supuso un cambio importante para ella. "Yo nunca había hecho trabajo con animales y al principio me costó, porque al final es un ser vivo", reconoce. Calcula que su posdoctorado durará "unos cuatro o cinco años", porque hay que "esperar a que los animales estén listos y desarrollen las enfermedades".

Su jornada laboral es similar a la que tenía en Galicia: experimentos en laboratorio, seguimiento de animales y muchas horas de lectura científica. El laboratorio está formado mayoritariamente por otros posdoctorandos, cada uno responsable de sus propios proyectos.

Su adaptación a Nueva York y la dificultad de vivir de la ciencia

Conseguir el puesto tampoco fue sencillo. No contó con ninguna beca y pasó meses enviando currículums y realizando entrevistas. "Me lancé a mandar currículums a universidades con prestigio y cuadró", resume. Tras varias entrevistas online, viajó a Nueva York para conocer el laboratorio y la ciudad, donde nunca había estado.

La adaptación no fue inmediata. "Llegué en invierno y el invierno aquí es bastante durillo", recuerda. A eso suma el carácter individual de la ciudad: "Nueva York es una ciudad donde la gente va mucho a su rollo y bastante solitaria". Un año después, asegura que ya se siente adaptada, aunque su vida personal sigue estando en Galicia.

En lo económico, las diferencias salariales existen. "Un estudio que me consigue la universidad para que yo viva ronda los 2.000 dólares al mes (1.705 euros) y nuestro salario neto al empezar son como unos 4.200 dólares (3.580 euros). "Al final, casi el 50% de tu salario va en la vivienda. Es una barbaridad", afirma.

Aun así, el problema de fondo, señala, es común: la precariedad de la ciencia. "En investigación no estamos muy bien pagados, creo que en ningún sitio", reflexiona. De hecho, algunos de sus amigos camareros en Nueva York ganan más que ella. "Muchas veces creo que es porque lo aceptamos", concluye, reivindicando una mayor valoración social y económica del trabajo científico.