Nuria Prieto

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El hospital San Rafael de A Coruña, una obra compleja de Andrés Fernández-Albalat

El hospital de San Rafael, es obra del arquitecto Andrés Fernández-Albalat. Construido en 1966 se trata de un edificio vanguardista en términos de función y forma, y, a pesar de las alteraciones contemporáneas su estética era profundamente moderna

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Hay proyectos muy complicados. Las cualidades que determinan un sistema o una situación están compuestas por un amplio número de elementos interconectados que debido a sus singularidades particulares no permiten una predicción sencilla. La traslación de los problemas propios del ser humano a las acciones que desarrolla en la construcción de su hábitat crea también una trasposición de dicha complejidad. Según Michel Focault el universo humano se compone de sueños, máscaras y contradicciones.

“Cubismo no es de forma, sino una estética, e incluso un estado de ánimo, por lo que es inevitablemente que esté conectado con cada manifestación del pensamiento contemporáneo. Es posible inventar una técnica, pero no se puede inventar toda la complejidad de un estado de ánimo.” - Juan Gris

Algunas tipologías arquitectónicas solicitan proyectos más complejos solo por el hecho de contar con un programa más complicado que otras. La dificultad de un proyecto puede derivarse de facetas de naturaleza diversa, desde el territorio al programa, el clima o los materiales disponibles. Sin embargo, hay algunas tipologías específicas que implican un conjunto de detalles y protocolos, que de forma tradicional definen una morfología. La arquitectura docente, sanitaria o deportiva cuentan con unas normas propias, configurando la tipología hospitalaria como una de las más complejas. La arquitectura de un centro de salud, hospital o edificio sanitario ha requerido siempre de dos perspectivas combinadas: la del usuario y la del trabajador. El usuario ha de encontrarlo cómodo, funcional y seguro para desarrollar su trabajo según los protocolos previstos. Mientras que el usuario ha de percibirlo accesible, acogedor e higiénico. Estas características tan específicas motivan un conjunto de restricciones fenomenológicas que se suman a las elementales que se definen en el programa.

Foto: Nuria Prieto

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San Rafael

Situado próximo al principal hospital de la ciudad, el Hospital San Rafael en As Xubias, es una interesante obra proyectada por el arquitecto Andrés Fernández-Albalat en 1966. El hospital era propiedad de don Rafael Hervada Sandeliz. A pesar de las profundas transformaciones que el edificio ha sufrido en la actualidad, la obra original seguía una estructura organizativa sensata que conjugaba lo emocional con lo meramente funcional. La distribución programática, así como la estructura del edificio son rígidas frente a un solvente y amable diseño del espacio. El edificio, con forma de L, se abre hacia la ría, de tal manera que el acceso crea un vestíbulo al aire libre acogedor en el que resulta sencillo acceder como visitante. La ‘L’ se establece como figura geométrica esencial que articula circulaciones y organización de los diferentes usos.

En la planta baja el centro del edificio estaba ocupado por un amplio patio que permitía orientarse al acceder al volumen que albergaba servicios médicos y hospitalarios en el brazo noroeste, mientras que en el opuesto se disponían los servicios sociales. El uso del patio central como recurso para la accesibilidad del edificio es fundamental, especialmente en aquellos edificios en los que el usuario desconoce cómo está organizado el programa y en el que, además, es probable que acuda en condiciones emocionales que impliquen cierta fragilidad. Por otra parte, el patio, proporciona un punto de fuga a la mirada, aligerando la gravedad del espacio. En la segunda planta se encontraba un primer conjunto de habitaciones para pacientes situados sobre los espacios de servicio médico, mientras que sobre los servicios sociales se situaba al área quirúrgica. En las plantas superiores se ubicaban el resto de las habitaciones. Su proximidad al área quirúrgica permitía que los movimientos de los pacientes se hiciesen de forma rápida y efectiva. El mantenimiento de la organización en ‘L’ del conjunto incluso en plantas superiores permite que las circulaciones estén optimizadas y sean simples, así como una disposición de las habitaciones en espina de pez, de tal forma que estas siempre contarán con una sana ventilación e iluminación natural al exterior.

Foto: Nuria Prieto

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Naturalidad

Uno de los aspectos más interesantes de este proyecto, es su volumetría derivada de una inteligente plegadura de la fachada. Mediante la estrategia de plegado consigue controlar las vistas de cada una de las habitaciones de tal forma que desde una no pueda verse lo que sucede dentro de otra, u otros espacios del edificio. Esta privacidad es fundamental para la salud mental de los usuarios quienes no sólo ven garantizado su espacio personal, sino que también, se impide la vista de otros pacientes y procedimientos. La repetición y la naturalidad de los recorridos garantizaba una fácil adaptación al uso para los visitantes y usuarios. Además, el módulo de cada una de las habitaciones que genera una planta de forma compleja se trabaja de tal manera que el baño se ubica en el triángulo residual entre módulos, y el espacio de la cama se desarrolla dentro de un área regular más o menos cuadrada. El baño sirve también de bisagra entre habitaciones, de tal manera que algunas pueden compartirlo. La mayor parte de las habitaciones contaban con una terraza que garantizaba el aire limpio y las vistas sobre la ría. El edificio, entonces, se encontraba en un entorno son gran presencia de vegetación natural, lo que subrayaba aún más la calidad de las vistas.

“Andrés Fernández-Albalat Lois aplicó, instintivamente criterios precoces de accesibilidad universal y neuroarquitectura en el Sanatorio de San Rafael, teniendo en cuenta que en esa época ni siquiera existían dichos términos. Lo hizo posible, sencillamente, por ser un arquitecto con valores científicos, técnicos, humanísticos y sociales” - Belen Vaz Luis

Foto: Nuria Prieto

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La estructura del edificio fue desarrollada en hormigón armado, con un interesante esquema que permite generar esquina en voladizo, lo que crea un espacio fluido y más fácil de iluminar naturalmente. La combinación de esta estructura con carpintería de aluminio de proporciones alargadas en horizontal crea una estética moderna en la que se puede apreciar un racionalismo que ha evolucionado desde sus formas más puras a una complejización incluso de su imagen. En el interior su estética moderna se combina con la presencia de elementos naturales a la manera del movimiento moderno de posguerra como harían Richard Neutra o Antonio Bonet Castellana. Se incorpora una figura de carácter monumental con agua y vegetación que hace la visita más amable.

Foto: Nuria Prieto

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Neorrealismo

Uno de los libros más relevantes de la historia de la arquitectura moderna es “Complejidad y contradicción” de Robert Venturi. En él, el arquitecto expresa la mirada renovada sobre las ciudades que, tras la posguerra comienzan a revivir. Tras el trauma de la posguerra, Venturi acuñó el eslogan “menos, es aburrido”, difiriendo del superado “menos es más” de Mies van der Rohe que se popularizó en la década de los veinte.

"Me decanto por la complejidad y la contradicción en la arquitectura. [...] Rechazo el purismo, la evidencia y la consistencia. […] "Los arquitectos ya no pueden permitirse el lujo del purismo. La arquitectura elemental e híbrida [...] debe encarnar la dificultad y la contradicción."

La complejidad se acerca más a la vida humana, por ello tras la voluntad protectora del brutalismo, aparece una corriente que busca que las obras reflejen la realidad. Casi como el neorrealismo italiano hizo con el cine, la arquitectura busca alejarse de lo artificioso y acercase a lo mundano. La mirada sobre la arquitectura de la década de los sesenta, en ocasiones, refleja de forma directa la vida de esa década y de finales de los cincuenta. Una arquitectura costumbrista que habitaba una vanguardia propia de la modernidad.