El edificio de Seguros Santa Lucía de A Coruña

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El edificio de Seguros Santa Lucía de A Coruña

Situado en la calle Ferrol 1, el actual edificio de Seguros Santa Lucía, anteriormente edificio Jelasa, es obra del arquitecto Alfonso Pérez Guerra. Esta obra, construida en 1976, define una de las esquinas de la plaza de Lugo con una estética neutra y sencilla

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La ciudad continúa su construcción a pesar de todo. Los empeños del ser humano por destruir su hábitat solo generan un movimiento circular en el que este se ve reconstruido una y otra vez. La idea de la ciudad no tiene descanso. Los símbolos urbanos constituyen la memoria del lugar y se convierten en identidad, por ello resisten el tiempo, pero son también objetivo de destrucción en caso de conflicto. El tejido urbano, sin embargo, más extensivo, es la masa gris de la ciudad. Este tipo de construcción es elástica y, por lo tanto, ágil en términos de transformación.

“Históricamente, en Nápoles se duda de la promesa de una comida. Por eso mismo la ciudad ha dado al mundo cosas para llenar el estómago de manera barata, como la pizza y la pasta y todas sus variantes. El café napolitano es como la coz de una mula. Le obliga a uno a seguir andando a un coste mínimo”. Peter Robb, ‘Medianoche en Sicilia’

La obligación de seguir en pie parece un mandato natural, una consecuencia de la supervivencia. Pero, en realidad, responde a un conjunto de mecanismos fruto de la inercia social, como si esta reconstrucción constante no supusiera un coste económico o emocional. Los planes urbanos definen una organización para el crecimiento de la ciudad, incluso, en muchas ocasiones, desarrollan ordenanzas reguladoras en torno a aspectos compositivos o estéticos. Pero dichos parámetros resultan ser flexibles hasta el punto de que permiten la reconstrucción y transformación constante.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

La casa al sol

La construcción de la ciudad es un acto racional, aunque su destrucción casi nunca lo sea. En este sentido la experimentación de los diferentes modos de enfocar la intervención urbana es un campo siempre abierto. O como afirmaba Axel Munthe: “Mi casa estará abierta al sol, al viento y a las voces del mar, como un templo griego, y luz, luz, luz por todas partes”. La aspiración o el anhelo de crear un hábitat cada vez mejor es una constante urbana que define al ser humano, quien aprovecha la flexibilidad morfológica para conseguir mejorar su entorno.

“Cada hecho de cultura no solamente es aprobado, sancionado y transmitido por una sociedad (o una clase) entera, sino que también posee rasgos generales y válidos para todas las culturas y todas las sociedades […] y todas las culturas…ponen en claro a nivel espiritual, el mecanismo de la adaptación biológica, psíquica y social del hombre concreto” C.I. Gouliane

En A Coruña, el primer ensanche coruñés crea un modelo de desarrollo de apariencia rígida en el que la urbanización de las manzanas ha de cumplir un conjunto de normas más rígido del existente hasta entonces. A pesar de ello, se produce una adaptación lingüística en la que el ensanche absorbe todo tipo de lenguajes, siempre y cuando cumplan ciertos requisitos compositivos. En entorno de las plazas que incluye el ensanche es aún más destacable en estos términos, ya que la presencia de la arquitectura se hace más visible.

En la calle Ferrol 1, la esquina de la parcela estaba formada por un edificio tradicional que en la década de los setenta fue sustituido por una obra contemporánea. Obra del arquitecto Alfonso Pérez Guerra, este singular edificio fue construido en 1976 por encargo de Jesús Lago y Lago (Jelasa). Su autor, Alfonso Pérez Guerra, era originario de Chantada, aunque realizó porca obra en Galicia ya que tras titularse en Arquitectura en Barcelona se estableció en esta ciudad tras una estancia en el MIT (Massachusetts Institute of Technology) en la que cursó una diplomatura en gestión de empresas. Dentro de su trayectoria destacan no solo sus obras sino su labor empresarial, siendo presidente de la Asociación Española de Prevención y Seguridad en 1976, vicepresidente de la Federación Internacional de Asociaciones de Especialistas de la Seguridad e Higiene del trabajo (1979), más tarde, en 1980, fue diputado por la UCD. Sus obras más notables son la Clínica Teknon (Barcelona, 1972), el Plan General de Ordenación Urbana de Burela (Lugo), el Hotel Sant Jordi en Calella (Calella, 1990) o la Iglesia Mare de Déu de l’Esperança (Barcelona, 1981). En A Coruña, el edificio de la calle Ferrol 1, construido en 1976, es muy diferente a sus propuestas posteriores desarrolladas en Barcelona.

Iglesia Mare de Déu de l’Esperança (Barcelona, 1981) via elpdp

Iglesia Mare de Déu de l’Esperança (Barcelona, 1981) via elpdp

Hotel Sant Jordi en Calella (Calella, 1990) via elpdp

Hotel Sant Jordi en Calella (Calella, 1990) via elpdp

Formas curvas

En edificio de Jelasa es una obra sencilla y neutra que parece aplicar los principios lingüísticos del movimiento moderno diluidos en un pseudoexpresionismo con el que se cierra el vértice de la parcela. La volumetría expresionista, utilizando el gesto dinámico de la curva, se integra en el barrio de forma subliminal. Esta estrategia compositiva tiende un puente entre la morfología expresionista y el lenguaje moderno. El edificio se adapta a la normativa desarrollando dos planos de fachada, el primero formado por la planta baja y primera, y el segundo que agrupa cinco plantas. El cuerpo superior vuela sobre el inferior creando una línea de sombra que se subraya con el uso de un material de revestimiento más oscuro en el cuerpo inferior. El contraste cromático entre el blanco y el negro define una estética sólida y rígida que contrasta con el dinamismo del volumen planteado. La materialidad del edificio, con estructura de hormigón armado, sigue el contraste que aparece en su cromatismo combinando una fachada con prefabricados de hormigón con grandes planos de vidrio.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Vía Todocolección

Vía Todocolección

El edificio alcanza la estética moderna a través de la materialidad y una elección sobria de su cromatismo, pero es la composición de los planos de fachada mediante llenos y vacíos, así como los diferentes acabados, la que genera su imagen moderna. Los planos de vidrio, aunque puedan marcar un vacío, provocan un efecto reflectante que en realidad establece una piel brillante y tersa. El tono oscuro de los vidrios enrasados con los planos opacos que, sin embargo, es capaz de producir reflejos, crea una dualidad perceptiva propia de la modernidad. Esta estética describe una imagen del edificio atemporal. La planta baja se beneficia del juego reflectante de los vidrios en combinación con el tono oscuro de los elementos opacos de tal manera que toda ella parece un gran zócalo de sombra sobre el que flota el cuerpo superior. En la planta baja, los elementos verticales se revisten con mármol oscuro sobriamente decorado mediante un estriado lineal y una pletina metálica que refuerza dicha linealidad. La cara inferior del voladizo se reviste de un material oscuro, prolongando el efecto de la planta baja. En el cuerpo superior, las carpinterías oscuras diluyen la percepción de su estructura de tal forma que los huecos se perciben como largas líneas que recorren la fachada reforzando la curvatura. En la última planta, esta envolvente continua se perfora en dos puntos: en el vértice de la esquina y en una de las fachadas. Dicho retranqueo establece una ‘galería hacia dentro’, que permite una mayor entrada de luz.

El edificio es un volumen compacto que cierra con sencillez la manzana. Su morfología define una evolución natural de las estrategias compositivas propias del racionalismo que, poco a poco mutan a través del lenguaje moderno hacia una estética sobria y neutra.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Definición de persona

En el peculiar diccionario ‘Verbolario’ de Rodrigo Cortés se define la palabra persona como “Fragmento insignificante de la realidad, cuya existencia en general ignora.” En su tercera acepción y “Criatura esculpida de lenguaje y tiempo.”, en la cuarta. Y es que el ser humano es un individuo de poca relevancia en términos de escala, pero al mismo tiempo forma parte del lenguaje y del tiempo, por lo tanto, de la cultura. La construcción de la ciudad, obra del ser humano, es en sí el reflejo de sus propios cambios y transformaciones. La supervivencia obliga a la reinvención constante, de tal manera que la cultura se supera una y otra vez acomodando el contexto al sentir de las personas. La ciudad es una construcción colectiva, por ello, mientras el ser humano la siga habitando, esta seguirá estando viva.