Interior de Sinagoga 4, en A Coruña, donde se cree que había un baño judío.

Interior de Sinagoga 4, en A Coruña, donde se cree que había un baño judío. CGM

Cultura

A Coruña descubre el 'mikvé' de la Ciudad Vieja con unas visitas guiadas: "Te sientes como un arqueólogo"

La actividad abierta al público forma parte de la Semana do Patrimonio Invisible

Te puede interesar: A Coruña organiza visitas guiadas esta semana a su patrimonio invisible

Publicada

Aunque el callejero de la Ciudad Vieja de A Coruña incluye una calle llamada de la Sinagoga, no todo el mundo sabe que en el número cuatro de esta vía hay unos restos arqueológicos que podrían corresponder a un baño judío. Este probable mikvé es una de las pocas pruebas que se conservan de la comunidad judía en la ciudad. Este es, además, uno de los tesoros ocultos que se pueden descubrir en primera persona con la Semana do Patrimonio Invisible.

La visita, de aproximadamente una hora de duración, comienza junto a la Colegiata de Santa María del Campo y lo hace de la mano del guía Leo González.

El grupo del jueves es pequeño, de algo menos de 10 personas, unas pocas afortunadas que forman parte de las 60 que consiguieron plaza para esta visita que llegó a sumar 800 solicitudes.

La ubicación escogida como punto inicial no es casualidad. La propia Colegiata mantiene un vínculo con la comunidad judía que habitó A Coruña.

Tradición judía en A Coruña

La Colegiata llegó a ser propietaria del inmueble situado en el número 4 de la calle de la Sinagoga, a unos metros de distancia. Se desconoce el motivo, pero una hipótesis apunta a que podría ser una de las ventas apuradas de sus propiedades que los judíos se vieron obligados a hacer cuando fueron expulsados en 1492 por los Reyes Católicos.

Resulta difícil calcular cuantas personas judías residían en A Coruña antes de ese año, aunque en base a los impuestos que pagaban a la Corona se calcula que podría haber en torno a 200.

Estas cifras dan muestra de una comunidad judía de importancia en la ciudad, lo que haría necesario contar con al menos una sinagoga y con baños judíos para llevar a cabo los rituales de purificación.

Un segundo vínculo entre la Colegiata y la comunidad judía está en una leyenda del siglo XIX inspirada en un cuento popular y escrita por Vázquez Taboada que habla de un túnel que unía ambos edificios y por el que los judíos accedieron para profanar las hostias y la figura de Cristo.

Leyendas aparte, una muestra indiscutible de la presencia judía en A Coruña es la conocida como Biblia Kennicott. Esta obra, "das máis potentes da Idade Media" en palabras de González, se encargó hace justo 550 años. Otra prueba está en tres lápidas con inscripciones hebreas que se encontraron en la desembocadura del río Monelos, donde ahora está la estación de San Diego.

El 'mikvé' por dentro

Antes de la expulsión a finales del siglo XV, la judería de A Coruña se ubicaba muy probablemente en la zona de la actual calle de la Sinagoga. González cuenta que "a ubicación das xuderías era en zonas marxinais ou apartadas respecto ao centro das cidades amuralladas".

El inmueble que ocupa el número 4 pasó por varias manos después de ser propiedad de la Colegiata. Los últimos propietarios, antes de conocer el patrimonio que este sitio escondía, presentaron en 2019 una solicitud para su derrumbe y crear aquí pisos turísticos.

Ana Debén, jefa de licencias municipal, decidió entonces hacer primero unas catas arqueológicas de la mano del arqueólogo municipal Marco Antonio Rivas que derivaron en los hallazgos de una bóveda de cañón.

Reconstrucción de cómo era el número 4 de la calle de la Sinagoga a finales del siglo XIX.

Reconstrucción de cómo era el número 4 de la calle de la Sinagoga a finales del siglo XIX. Ana Debén

Con todo este contexto aprendido, llega el momento de adentrarse en el edificio.

Previa colocación de un casco de obra, ya que las labores de investigación arqueológica todavía continúan, los visitantes se adentran primero por una puerta. El olor a piedra y polvo se entremezcla con el de la humedad y las linternas se convierten en la principal fuente de luz para viajar al pasado de este edificio.

El interior permite ver restos de una antigua callejuela, el portal medieval y un dintel que se rompió al aumentar la altura del edificio. Al otro lado se cree que había un patio.

Desde otra entrada se accede una estancia cuadrada donde se ubicó en algún momento de la época moderna un granero de la Colegiata. "Antes parece que tivo unha función distinta, seguramente comunitaria", apunta entonces el guía.

Es aquí también donde se pueden ver los trabajos arqueológicos. Bajo unas baldosas que podrían parecer las de cualquier cocina "atopamos unha parede de pedra da que non sabemos a antigüidade". En esa misma estancia se llevarán a cabo unos trabajos para datar los muros "coma se fosen os estratos da terra".

Al otro lado, hay un pasillo elevado que el arqueólogo municipal hipotetiza que podría ser una galería donde las mujeres rezaban.

"A hipótese necesita máis base, pero esta é a organización típica dunha sinagoga, que na época medieval tiñan que disimular a súa monumentalidade", destaca González. Las características van desde una entrada fuera de la vía principal o una antesala a una zona de rezo para unas 40 personas.

En la parte del fondo, bajo los restos de lo que un día fue un balcón, se ven unas escaleras que se adentran en lo que podría ser el mikvé, aunque otras teorías indican que podría ser un aljibe.

Para quienes afirman que esto era un baño judío, aquí se pueden ver algunas características comunes como unas escaleras, una altura mínima del agua para sumergirse o un tragaluz que iluminaba y servía a su vez como punto de observación.

En la tradición judía estos baños sirven para purificarse, en una acción similar a un bautismo y necesaria cuando las mujeres pasan la menstruación o tras un parto, cuando los hombres eyaculan o tras manipular carne en mal estado o al haber movido un cadáver. "É como volver ao útero materno e saír renovado", resume González.

Mikvé o no, basta con bajar una serie de escaleras de piedra estrechas cavadas directamente sobre la roca y que se hunden hasta debajo de un depósito de agua —que se llena de forma natural en tan solo un día— para contemplar estos restos arqueológicos.

Si fueran unos baños judíos, lo serían de especial valor, ya que este agua procede de un manantial y es un agua que tiene una corriente constante y que se filtra pasando por la piedra. "O arqueólogo cre que os dous autores da Biblia se bañaron aquí", ejemplifica el guía siguiendo esta teoría.

Ver la ciudad "doutra maneira"

Una vez fuera, Brais Martínez y Alba García valoran muy positivamente la experiencia.

"A posibilidade de ver restos reais arqueolóxicos é moi interesante. Permite ver a cidade doutra maneira", apuntan ambos, destacando que "é impresionante baixar alí. Sínteste como un arqueólogo".

La primera edición de la Semana del Patrimonio Invisible en A Coruña finalizará este viernes, 15 de mayo.