Los Golfiños ante su estatua
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Los Golfiños ya tienen su propia estatua en Riazor: A Coruña homenajea a los bañistas más fieles
El grupo, que desde hace 16 años se baña cada mañana en el arenal coruñés, recibe una escultura y la promesa de una caseta para cambiarse
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Nadie se merece más una estatua en Riazor que los Golfiños. Y es que nadie pasa más tiempo en la playa que ellos. Cada mañana, desde hace 16 años, este grupo de jubilados acude al arenal herculino para darse su baño matinal.
Eso fue lo que llamó la atención del escultor Miguel Couto. Un día, mientras paseaba por el paseo marítimo, se encontró con este grupo de mayores en su tradicional rincón frente a las Esclavas y quiso saber quiénes eran. Especialmente le sorprendió verlos en invierno.
"Era una mañana bastante desapacible", recordaba este martes delante de ellos. Aquella imagen le pareció algo "extraordinario".
"Los Golfiños nos enseñan a amar la vida con un gesto muy sencillo y cotidiano", afirmó. Y es que da igual que llueva o truene: si el agua está a buena temperatura, ellos se meten en el mar.
Marisol, Cati, Mariluz, Arturo, Manolo, Alfredo, Ibonet, Esther, Marga, Mercedes, María la andaluza, María la asturiana, José 1, José 2, Ana, Toni, Francisco, Josefa, Lourdes, Mila, Conchi, Antonio, Carmen y Puri. Uno a uno, la alcaldesa de A Coruña fue nombrándolos durante la presentación de la estatua como homenaje a su constancia y a la amistad que han construido alrededor del mar.
Contentos, vieron cómo la lona dejaba al descubierto la escultura que desde ahora los representará para siempre. Una mujer en el instante previo a lanzarse al agua, un gesto que ellos repiten desde hace años.
"Valentina os representa a todos vosotros", les dijo Couto.
La pieza, fundida en bronce a más de mil grados, ocupa ya un lugar privilegiado en Riazor. Son muchas las figuras que han salido del taller del escultor, pero pocas tan especiales como esta.
"Somos un grupo de viejos y viejas que nos queremos mucho", resumía uno de sus integrantes. "Al principio nos juntábamos para jugar a las cartas, otros hablaban de política o de fútbol, aunque pronto nos dimos cuenta de que era mejor no hablar de eso", bromeaba entre risas.
A cualquiera que les pregunte le recomiendan lo mismo: bañarse todos los días. "Es adictivo", asegura uno de ellos. Están convencidos de que la playa de Riazor tiene algo especial que engancha.
Y su insistencia también tuvo recompensa. Durante el acto, la alcaldesa les prometió una caseta que llevaban años reclamando. Desde que los Golfiños se asentaron en este rincón de la playa, una de sus señas de identidad han sido las perchas clavadas en el muro donde dejan la ropa antes de entrar al agua. Ahora, por fin, tendrán un espacio donde poder cambiarse con comodidad.
"Antes no me gustabas, pero ahora sí", le dijo una de las bañistas a la regidora entre risas.
Con una escultura frente al mar y una caseta en camino, los Golfiños ya forman parte, para siempre, de la historia de A Coruña.