A Coruña durante el apagón general del 28 de abril de 2025.jpg
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Así se vivió en A Coruña: Un año del apagón general del 28 de abril
Un año después Quincemil recuerda cómo se vivió en las calles de la ciudad ese fatídico lunes de primavera en el que todo dejó de funcionar a eso de las 12:30
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El 28 de abril de 2025 el país entero se quedó a oscuras. El gran 'apagón' figurará en la historia como uno de los capítulos más extraños de nuestra historia. Empresas, supermercados, colegios, institutos, restaurantes, hospitales, heladerías e, incluso, periódicos...
Todo el mundo vivió con incertidumbre las más de 12 horas en las que no hubo luz. Lo mismo en A Coruña. Un año después, en Quincemil recordamos cómo se vivió en la calle ese fatídico lunes de primavera en el que todo dejó de funcionar a eso de las 12:30.
Supermercados y ultramarinos, entre cierres, colas e incertidumbre
El apagón dejó escenas poco habituales en supermercados y tiendas de alimentación de A Coruña. Muchos establecimientos se vieron obligados a cerrar al no contar con generadores que les permitiesen mantener la actividad, mientras que otros lograron seguir funcionando con limitaciones o recurriendo al cobro en efectivo.
Durante esa jornada, una de las imágenes más repetidas fue la de largas colas y clientes llenando carros ante la incertidumbre sobre la duración del corte. Los productos más demandados fueron aquellos que no requerían refrigeración o que podían consumirse sin necesidad de electricidad
Varios supermercados no pudieron mantener su actividad con normalidad. Entre ellos, algunos establecimientos de Eroski y Gadis se vieron obligados a cerrar. Es el caso del Gadis del mercado de San Agustín, que no abrió sus puertas, mientras que el ubicado en el centro comercial Cuatro Caminos logró operar durante buena parte del día.
"Cerramos sobre las cuatro y volvimos a abrir a las cinco y media. Cuando regresamos ya había una cola enorme esperando".
Nelson Cano, propietario de Ultramarinos Doris, en la calle Curros Enríquez de A Coruña
"Fue un día caótico", recuerda Tamara, encargada de este último establecimiento. "Tuvimos que cerrar un par de horas, pero reabrimos al mediodía y continuamos con el horario habitual". Explica que los clientes se centraron en productos básicos para situaciones sin suministro eléctrico: "Se vendieron sobre todo velas, mecheros y cerillas, además de pan de molde y alimentos no perecederos". El hecho de contar con generador permitió mantener el pago con tarjeta, aunque la incertidumbre fue constante. "No sabíamos cuánto tiempo iba a durar la situación ni cuánto aguantaría el generador", añade.
En el caso de Mercadona, la cadena logró mantener abiertos todos sus supermercados en la ciudad gracias a sus sistemas de respaldo energético, lo que permitió operar con normalidad durante toda la jornada. La actividad fue constante, con un elevado flujo de clientes que pudieron realizar sus compras tanto en efectivo como con tarjeta. Entre los productos más demandados destacaron el agua, los alimentos básicos y el papel higiénico, que llegó a agotarse en algunos establecimientos, en una escena que recordó a la vivida durante el confinamiento.
Apagón general: colas en supermercados y tiendas de electrónica en A Coruña
Los pequeños comercios también se vieron afectados. En Alimentación María, en el paseo de Ronda, la actividad fue irregular. "Trabajamos algo, pero no fue un día normal. Había mucha incertidumbre", explica su encargado, Mahzur. La principal preocupación estaba en los productos congelados, frente al riesgo de que se estropeasen. "Se vendieron sobre todo conservas, agua, leche y pan de molde", señala. En su caso, la falta de conexión obligó a limitar los pagos al efectivo.
Una situación similar se vivió en Ultramarinos Doris, en la calle Curros Enríquez. Su propietario, Nelson Cano, recuerda una jornada marcada por la incertidumbre y la afluencia masiva de clientes: "Fue un día rarísimo. A partir de las 13:00 horas empezamos a recibir a mucha gente, bastante desesperada, buscando de todo". En su caso, los productos más demandados volvieron a ser los básicos. "Vendimos mucha agua y productos no perecederos, pero también fruta. Se llevaron tantas cosas que parecía que se estaba acabando el mundo", señala.
El establecimiento cerró a media tarde, pero reabrió poco después para continuar con la actividad. "Cerramos sobre las cuatro y volvimos a abrir a las cinco y media. Cuando regresamos ya había una cola enorme esperando", explica. Durante la mañana pudieron cobrar con tarjeta, pero por la tarde solo aceptaron pagos en efectivo debido a la caída de las conexiones.
Radios y linternas en bazares y ferreterías
Si hay dos negocios tradicionales que el 28 de abril de 2025, hace un año, se vieron desbordados por la clientela poco después de que se produjera el apagón eléctrico en la península ibérica, fueron las ferreterías y los bazares de electrónica.
Imposibilitados para hacer cobros mediante tarjeta, estos comercios solo aceptaron dinero en efectivo o tuvieron que fiarse de los clientes para percibir el cobro de los artículos comprados al día siguiente o dos después.
Vivieron una jornada intensa, sin descanso hasta el cierre, que en algún caso superó el horario habitual, y con largas colas de personas desde el mostrador que ocupaban parte de la calle o incluso doblaban la esquina más próxima para hacerse con linternas, pilas, radios y hornillos o cocinas de gas.
En Lagares, un establecimiento de electrónica de la Rúa Nova inaugurado en 1957, no recuerdan una "avalancha" de clientes como la motivada por el apagón de hace un año, que llegaba hasta la calle San Andrés. "¿Pero no ocurrió hace dos años?", pregunta despistado su propietario, José Gajino.
Empleados y responsables del bazar electrónico Lagares de A Coruña.
"Me hizo gracia ver a padres venir a comprar los transistores de los que se burlaban sus hijos como algo antiguo porque ahora ellos no podían usar los móviles y querían una radio para enterarse de lo que pasaba", recuerda.
El mayor número de clientes se juntó ante su negocio sobre las cinco de la tarde. "No nos dio tiempo ni a pensar qué hacer. Preparamos todo lo que teníamos de iluminación y lo fuimos vendiendo". Al día siguiente hubo casi tantas compras como tras el apagón.
Los kits de supervivencia ante emergencias eléctricas fueron muy solicitados, con baterías portátiles, cargadores para el coche, pilas, linterna, velas, mecheros y botiquín de primeros auxilios.
Lo que no pudo vender Gajino, aunque se lo pidieron muchas personas, fueron hornillos de gas, que se agotaron en las ferreterías. En Araujo, en la calle Marqués de Pontejos, había tres o cuatro "que volaron" en poco tiempo.
"A la media hora del apagón había clientes de la zona y llegados de más lejos, y ya se decía que toda la ciudad estaba igual. Pronto empezó a haber una locura de gente", rememora Rafael, empleado de Araujo.
Empleados y clientes esta mañana en la ferretería Araujo.
"Sin TPV, fiamos a los clientes que no tenían con qué pagar", añade. "Se vendieron cosas que ya no se venden, como una cocina de camping gas que cuesta más de 50 euros, cualquier cosa con gas, hasta velas de citronela para sacar del apuro y tener iluminación".
En esta ferretería hasta sus empleados se llevaron cada uno un hornillo de gas. "El problema iba para largo".
Helados gratis y parrillas encendidas
Otros de los grandes afectados por el apagón fueron los locales de hostelería que no contaban con generadores propios para mantener la cadena de frío de los alimentos. Precisamente, a algunos, como las heladerías, les tocó echar la persiana para conservar el frío en sus cámaras, como la Iby, o echar mano de la imaginación para evitar el mayor desperdicio de producto, sumando el factor de que la jornada fue especialmente calurosa e invitaba a los transeúntes a comerse un helado.
En The Bio Factory, situada en Riego de Agua, aprovecharon la situación atípica para repartir helado gratis entre los viandantes. María Paz, una de las empleadas, recuerda que el corte de suministro la pilló en la fábrica que tienen en el polígono de Pocomaco: "Aquí temos cámaras de frío que aínda aguantaban. A preocupación era pola tenda; estábamos agardando a ver se a luz volvía, pero como non volvía, ao meu xefe e a min se nos ocorreu que a mellor idea era regalalo para non ter que tiralo".
Y así lo hicieron. La propia María se desplazó hasta el centro de la ciudad para ayudar a su compañera en la tienda a repartir los helados por la calle. "Estivemos repartindo ata que non había luz fóra que nos deixase ver. A xente estaba moi agradecida; incluso queríannos pagar e nos días despois enviábannos mensaxes de agradecemento".
Los restaurantes vivieron también la jornada llena de incertidumbre frente al riesgo de que se estropearan los productos en las neveras y no poder cocinar con cocinas eléctricas ni cobrar a los clientes con datáfonos.
Algunos de ellos pudieron seguir operando, como es el caso de la Parrillada Alcume, en la calle Galera, un restaurante familiar que siguió trabajando con cierta "normalidad" durante el mediodía del corte eléctrico, ya que su parrilla funciona con gas. De hecho, recibieron con los brazos abiertos al equipo de Quincemil al completo para compartir unas tapas en un momento de crisis.
Horas antes, la solidaridad de otro de los locales de la misma calle, Os Tigres, también salvó literalmente a los redactores de este periódico. Cuando se fue la luz, la sede de Quincemil, se quedó sin suministro eléctrico e internet, y no había forma ni de subir los vídeos y fotos, ni de publicar las noticias.
Hasta que un miembro del equipo, habitual de esta taberna marinera, se dio cuenta de que su teléfono móvil se conectaba a su Wifi, por lo que todos los redactores siguieron trabajando en su terraza, tomando prestada su conexión con la red.
Parte del equipo de Quincemil trabajando en el exterior de Os Tigres.
Así se vivió en el CHUAC
El apagón también se notó en el hospital de A Coruña, aunque con mucha menor incidencia que en otros lugares de la ciudad gracias a los generadores que impidieron que el CHUAC se quedase sin energía.
Víctor Calvo, jefe de servicio de mantenimiento del Área Sanitaria, recuerda el "nerviosismo" que se vivió, especialmente en los primeros momentos, motivado especialmente por la falta de información. "Sabíamos que se había producido un apagón, pero no sabíamos a qué nivel. Nos enteramos por nuestros medios internos de que afectaba a todos nuestros hospitales y, claro, era algo que nunca había pasado y no estaba previsto. Lo que sucedió no entraba dentro de nuestras previsiones ni las de nadie. El mayor problema fue el tema de las comunicaciones, de saber qué estaba pasando y cuánto iba a durar para tomar decisiones", cuenta un año después al teléfono.
Al momento se montó un comité de crisis en el centro hospitalario de la ciudad coruñesa. Las dudas no estaban en si el hospital se quedaría sin energía, ya que los generadores comenzaron a funcionar de manera automática ante el fallo eléctrico, sino durante cuánto tiempo serían necesarios. "Los generadores no cubren el 100%, sino las partes que consideramos más críticas para el funcionamiento de un hospital como las áreas quirúrgicas de las UCIs, de hospitalización...", explica Calvo.
Otro problema estuvo, como señala, en las comunicaciones, que fueron "desordenadas". Dentro del propio hospital funcionaban con fluidez, pero el contacto con el exterior, con la caída de la telefonía, se complicó.
"En otras zonas como el hospital de Cee la comunicación comenzó a ser mala o inexistente. Hay centros de salud que no tienen la comunicación interna y para poder hablar con ellos tuvimos que hacer grupos de trabajo e ir allí presencialmente haciendo revisión por zonas", cuenta el responsable de mantenimiento.
"El problema vino por la tarde, cuando empezaron a llegar pacientes con dependencia de oxígeno desde urgencias"
Zeltia Couso, supervisora del hospital de día del CHUAC de A Coruña
Dentro del hospital, el foco se puso en la atención a los pacientes. Zeltia Couso, supervisora del hospital de día polivalente, recuerda también la "incertidumbre" del principio: "No fuimos muy conscientes de lo que se nos venía. Fuimos apagando ordenadores y lo típico para consumir lo menos posible de los generadores, hasta que fue pasando el tiempo, llegaban las noticias de fuera, los teléfonos no iban y ahí fue cuando nos dimos cuenta de la dimensión. Desde Urgencias nos empezaron a llamar en previsión de lo que pudiera pasar".
Couso recuerda que muchas de las citas se pospusieron y el personal volvió a trabajar con papel y boli. "El problema vino por la tarde", explica, "porque en el hospital de día la gente que tenía citas programadas acabó a lo largo de la mañana. Por la tarde fue cuando empezaron a llegar pacientes con dependencia de oxígeno desde urgencias".
"Nosotros trabajamos como apoyo", comenta en relación a muchas personas que, ante la falta de suministro eléctrico o los fallos en el reparto, acudieron como pudieron al hospital para seguir recibiendo el oxígeno que necesitaban. La jefa del hospital recuerda que "hubo gente que entró por Urgencias muy apurada porque estuvieron esperando en casa hasta el último momento, pensando que venía la luz. Algunos tuvieron que buscarse la vida para venir con sus medios porque no se podía llamar ni a un taxi ni nada".
Couso pone también en valor que "dentro del caos nos organizamos bastante bien. Todo el mundo estuvo trabajando genial, desde la cocina, hasta la limpieza y todo el personal. Transmitimos tranquilidad". El trabajo fue continuo hasta bien entrada la mañana del día siguiente, horas después de que volviera la luz: "Yo no contacté con mi familia desde la una del mediodía pero ellos ya intuían que yo estaba aquí metida", rememora ahora.
Ayuda social de la Cruz Roja
En la ciudad, distintos equipos de atención sociosanitaria también trabajaron sin descanso. En el caso de Cruz Roja, Carmen Reigía, coordinadora provincial, recuerda que el apagón le pilló después de la pausa para el café. "Nos extrañó que no hubiera luz en ningún sitio y empezaron a llegar informaciones de todo tipo. Ese primer momento fue de incertidumbre, pero como tenemos una central de emergencias 24 horas teníamos dispositivos de respaldo y conexión y luz", señala.
Para no consumir los recursos, aquí también estuvieron reduciendo el consumo. En las casas, los primeros fallos relacionados con la Cruz Roja estuvieron en el servicio de teleasistencia. Al perder la conexión, los aparatos comenzaron a pitar y a colapsar, por lo que este fue uno de los primeros problemas que atendieron.
Imagen de un voluntario de la Cruz Roja durante el lunes del apagón general en Galicia.
"En la provincia tenemos 14 asambleas locales con equipos de respuesta básica en emergencias que fuimos alertando para dar apoyo", explica la coordinadora. Así, buena parte del trabajo se centró en ayudar a que personas dependientes pudieran acceder o salir de sus domicilios, ya que los ascensores quedaron completamente inutilizados. El trabajo se realizó de manera conjunta con el Servicio municipal de atención a urgencias sociales y la Policía Local.
"Como coordinadora", reflexiona Reigía, "salí contenta con la respuesta que dio la organización. Estuvimos todo el día en contacto con nuestros usuarios, tanto con la telefonía fija como con atención presencial". De manera interna, el sistema de radio fue clave para poder coordinarse, aunque los equipos que trabajaban en la calle, especialmente los más jóvenes, tuvieron que reaprender a utilizar objetos como mapas ante la imposibilidad de utilizar herramientas como Google Maps.
Un año después, Carmen Reigía recuerda que "solemos asociar emergencia con la parte sanitaria y logística, pero hay una parte muy importante que es la social. El apagón fue una emergencia social pura y dura y hay que dar respuesta. La gente necesita sentirse apoyada y como organización sociosanitaria vimos la relevancia de la transversalidad de la emergencia".