El presidente estadounidense Donald Trump junto al presidente surcoreano Lee Jae Myung en el marco de la cumbre de líderes de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Gyeongju, Corea del Sur, el 29 de octubre de 2025.

El presidente estadounidense Donald Trump junto al presidente surcoreano Lee Jae Myung en el marco de la cumbre de líderes de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Gyeongju, Corea del Sur, el 29 de octubre de 2025. Reuters

Tribunas

La UE y Corea del Sur ante el mismo problema: regular la IA sin agraviar a EEUU

Ni Bruselas ni Seúl se benefician de presentar la regulación digital como una campaña contra EEUU, pero tampoco pueden permitirse que la sensibilidad de EEUU determine los límites de sus ambiciones regulatorias internas.

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La política de regulación digital se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo la economía, la tecnología y la geopolítica se superponen ahora.

Lo que antes podía parecer un debate técnico sobre el derecho de la competencia, la seguridad online o la inteligencia artificial (IA) se ha convertido cada vez más en una cuestión de poder: quién establece las reglas de la economía digital, qué empresas soportan las mayores cargas regulatorias y cómo gestionan los aliados sus discrepancias cuando la regulación choca con el dominio del mercado.

Esto es especialmente visible en la relación triangular entre la UE, Corea del Sur y Estados Unidos.

La UE ha sido la que más ha avanzado en la construcción de una ambiciosa arquitectura regulatoria para el ámbito digital, mientras que Corea del Sur ha comenzado a desarrollar un marco propio más sistemático. En ambos casos, sin embargo, muchas de las empresas más afectadas son estadounidenses.

Como resultado, la regulación digital ya no es sólo una cuestión de gobernanza interna. Se ha convertido en una cuestión de diplomacia comercial, confianza estratégica y gestión de alianzas.

La vicepresidenta de la Comisión y responsable de Competencia, Margrethe Vestager.

La vicepresidenta de la Comisión y responsable de Competencia, Margrethe Vestager. CE

La UE y Corea del Sur están convergiendo gradualmente en la idea de que es necesaria una mayor supervisión pública de los mercados digitales y de la IA, aunque dicha supervisión recaiga a menudo de forma más intensa sobre las empresas tecnológicas con sede en EEUU. Al mismo tiempo, esa convergencia no debe ser exagerada.

El enfoque de la UE es más integral, más jurídico y está vinculado más explícitamente a ideas como los derechos fundamentales, la equidad y la soberanía digital.

El enfoque de Corea es más cauteloso y más híbrido. Combina las preocupaciones por la confianza y la seguridad con la política industrial, el impulso de la innovación y la sensibilidad ante las repercusiones comerciales.

Precisamente porque ambas partes son similares, aunque no idénticas, existe una fuerte necesidad de cooperación entre la UE y Corea.

Sin una coordinación más estrecha, ambas podrían acabar regulando a las mismas empresas globales por motivos similares, lo que generaría estándares fragmentados, costes de cumplimiento duplicados y fricciones innecesarias con Washington.

La Unión Europea: de la autorregulación a la soberanía digital

La posición de la UE ahora es relativamente clara. En los últimos años, Bruselas ha intentado superar la antigua idea de que los mercados digitales se rigen por la autorregulación o la aplicación posterior de normas antimonopolio.

La Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) introdujo un nuevo marco para intermediarios y plataformas en línea, especialmente para las grandes plataformas y motores de búsqueda, con el objetivo declarado de que el entorno digital sea más seguro y fiable.

Y la Ley de Mercados Digitales (DMA), por su parte, se dirige a los llamados “guardianes de acceso” o gatekeepers. Es decir, grandes empresas tecnológicas capaces de actuar como cuellos de botella entre las compañías usuarias y los consumidores.

En paralelo, la Ley de Inteligencia Artificial de la UE estableció un enfoque basado en el riesgo para la gobernanza de la IA, y ha sido definida por la Comisión Europea como el primer marco jurídico integral sobre la IA.

"Puesto que muchas de las empresas investigadas son estadounidenses, EEUU ha interpretado la regulación digital europea como un ataque desproporcionado contra sus compañías "

En conjunto, estas medidas demuestran que la UE ya no considera la regulación digital como un complemento marginal del mercado, sino como parte del orden constitucional del mercado único digital.

Sin embargo, sería demasiado simple afirmar que la UE es simplemente “anti-Big Tech. Una interpretación más precisa es que la UE ha llegado a la conclusión de que los mercados digitales altamente concentrados generan asimetrías estructurales que el derecho tradicional de la competencia tarda demasiado en corregir.

Por tanto, la DSA y la DMA no son sólo instrumentos de protección al consumidor. Son también herramientas de autoridad pública.

La UE presenta explícitamente tanto la DSA como la DMA como medidas para proteger los derechos fundamentales online y crear un entorno más justo para las empresas. Del mismo modo, la Ley de la IA no se plantea como un rechazo a la innovación en IA, sino como un intento de impulsar una adopción fiable.

En otras palabras, la posición europea no es simplemente punitiva. Es regulatoria en un sentido mucho más amplio y con mayor confianza en sí misma.

Críticas de EEUU a la política de la UE

Y es precisamente donde entra en juego Estados Unidos.

Debido a que muchas de las empresas designadas o investigadas bajo estos marcos regulatorios son estadounidenses, funcionarios y empresarios de EEUU han interpretado con frecuencia la regulación digital europea como un ataque desproporcionado contra compañías norteamericanas.

La Estimación Nacional del Comercio 2026 de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) considera la DSA y la DMA como medidas de gran impacto sobre los grandes proveedores de servicios digitales, y subraya las acciones regulatorias dirigidas contra firmas estadounidenses.

Aunque las críticas de Washington no implican necesariamente que las normas europeas sean ilegítimas, sí muestran que EEUU interpreta cada vez más la regulación digital desde la perspectiva de las barreras comerciales y los efectos discriminatorios.

Esto es políticamente relevante porque transforma lo que la UE suele presentar como una elaboración neutral de normas en un asunto de disputa comercial transatlántica.

El enfoque híbrido de Corea del Sur: equilibrio entre innovación y gestión de alianzas

Corea del Sur ocupa una posición más compleja. Por un lado, comparte con la UE una creciente conciencia de que los mercados digitales no pueden quedar simplemente en manos de actores privados dominantes.

Seúl también ha intentado reforzar la supervisión de las plataformas, la gobernanza de datos y la política de IA, avanzando explícitamente hacia un marco legal que combine el impulso al desarrollo de la IA con una base de seguridad y confianza.

El Ministerio de Ciencia y TIC señaló en su plan de trabajo de 2025 que, tras la aprobación de la Ley Marco de IA en diciembre de 2024, el Gobierno elaboraría regulaciones complementarias para equilibrar la innovación y la seguridad, incluyendo estándares para la IA de alto impacto y medidas relacionadas con los deepfakes.

Documentos oficiales surcoreanos también describen la Ley Básica de IA como una herramienta para promover la industria de la IA al tiempo que establece una base de seguridad y confianza antes de su entrada en vigor en enero de 2026.

Informes de la OCDE señalan asimismo que la Ley Básica de IA de Corea fue aprobada en enero de 2025, y entraría en vigor en enero de 2026, subrayando principios como la transparencia, la explicabilidad, la seguridad y la fiabilidad.

Por otro lado, la lógica regulatoria de Corea no es idéntica a la de la UE.

Seúl ha sido mucho más cuidadosa para no parecer hostil a la innovación, y sigue estando más expuesta que Bruselas a la presión comercial y de seguridad de EEUU. De hecho, las preocupaciones de Washington sobre el entorno regulatorio digital surcoreano se han vuelto cada vez más explícitas.

"Bruselas está más dispuesta a absorber las críticas estadounidenses porque la soberanía digital se ha convertido en un elemento central de su discurso político. Seúl es más cautelosa porque su dependencia estratégica de EEUU es más profunda"

El informe de USTR de 2026 señala que, en una hoja informativa conjunta entre EEUU y Corea de noviembre de 2025, Seúl se comprometió a garantizar que las empresas estadounidenses no sean discriminadas ni enfrenten barreras innecesarias en las leyes y políticas relacionadas con los servicios digitales. El mismo informe también expresa inquietudes sobre los obstáculos que afectan a los proveedores extranjeros de servicios en la nube en el sector público coreano.

El 23 de abril de 2026, Reuters informó de que Seúl volvió a asegurar a los legisladores estadounidenses que las tecnológicas norteamericanas no sufrirían un trato discriminatorio.

Estos acontecimientos sugieren que, a diferencia de la UE, Corea del Sur debe regular dentro de un margen político mucho más estrecho. Corea intenta demostrar que una mayor supervisión de los mercados digitales es compatible con la gestión de alianzas y el libre comercio.

Por esta razón, sería engañoso presentar a Corea del Sur como un simple imitador del modelo europeo.

Corea tiene sus propias razones para la regulación digital: la preocupación por la equidad de las plataformas, la competitividad tecnológica nacional, la gobernanza de datos, la seguridad pública, y el posicionamiento industrial a largo plazo en la inteligencia artificial.

Sin embargo, debe perseguir estos objetivos mientras garantiza a Washington que el activismo regulatorio no es discriminación encubierta. Esto genera una tensión que la UE también conoce, aunque de forma menos intensa.

Bruselas está más dispuesta a absorber las críticas estadounidenses porque la soberanía digital se ha convertido en un elemento central de su discurso político. Seúl, en cambio, parece más cautelosa y, en ocasiones, más defensiva, porque su dependencia estratégica de Estados Unidos sigue siendo más profunda e inmediata.

Alineamiento estratégico: áreas clave para la cooperación digital UE-Corea

Precisamente por eso, la cooperación entre la Unión Europea y Corea del Sur es tan importante.

Si nos fijamos únicamente en las medidas legales nacionales, las diferencias entre Bruselas y Seúl son evidentes. Pero si consideramos el entorno estratégico más amplio, sus intereses comunes aparecen con mayor claridad.

Ambos quieren que la economía digital siga siendo abierta, pero sin que carezca de gobernanza.

Ambos se muestran preocupados por la excesiva dependencia de un pequeño grupo de plataformas extranjeras dominantes.

Ambos necesitan una gobernanza de la IA que fomente la innovación y, al mismo tiempo, mantenga la confianza pública.

Y ambos comprenden cada vez más que la gobernanza digital está vinculada no sólo a la competitividad económica, sino también a la resiliencia y la seguridad económica.

La declaración conjunta del tercer Consejo de Asociación Digital UE-Corea, celebrada en noviembre de 2025, describió explícitamente la Asociación Digital como un elemento central para la cooperación en tecnologías digitales emergentes, competitividad, innovación, resiliencia, investigación y seguridad económica.

"La cooperación es necesaria para que no se produzca una sobrerregulación, ni un panorama regulatorio fragmentado que aumentaría la confusión"

Ese lenguaje es importante porque demuestra que la relación bilateral ya ha superado la fase del diálogo meramente simbólico.

El ámbito más evidente para la cooperación es la interoperabilidad regulatoria. La Unión Europea y Corea del Sur no necesitan leyes idénticas, pero sí principios compatibles.

Si regulan plataformas, sistemas de IA, transferencias de datos o servicios en la nube mediante conceptos y métodos de cumplimiento completamente diferentes, podrían debilitar su propia influencia y aumentar la incertidumbre empresarial.

La interoperabilidad no significa uniformidad. Significa fomentar un diálogo institucional suficiente para que las normas desarrolladas en una jurisdicción no resulten opacas o contradictorias en la otra.

Esto es especialmente importante en sectores donde las empresas operan en ambos mercados y donde la acumulación de sobrerregulación puede convertirse en un problema real. Un panorama regulatorio fragmentado no necesariamente fortalecería la autonomía: simplemente podría aumentar la confusión.

Un segundo ámbito de cooperación es el comercio digital y la gobernanza de datos.

En este sentido, resulta especialmente significativa la conclusión, en marzo de 2025, de las negociaciones sobre el Acuerdo de Comercio Digital entre la UE y Corea.

Según la Comisión Europea, el acuerdo abarca flujos transfronterizos de datos, privacidad y protección de datos personales, contratos electrónicos, servicios de confianza, protección del código fuente, confianza del consumidor en línea, datos gubernamentales abiertos y cooperación regulatoria en materia de comercio digital.

Esto es importante porque proporciona una base institucional concreta para equilibrar la apertura y la regulación.

En otras palabras, la UE y Corea del Sur no se ven obligadas a elegir entre el comercio digital y la gobernanza digital. Están intentando diseñar un marco que permita la coexistencia de ambos. Esto podría adquirir un valor cada vez mayor si siguen aumentando las preocupaciones de EEUU sobre posibles regulaciones discriminatorias.

Un tercer ámbito de cooperación es la gobernanza de la inteligencia artificial.

La UE ha actuado con mayor rapidez y contundencia, pero la reciente legislación de Corea demuestra que el país asiático también busca un marco de gobernanza que combine confianza y desarrollo industrial. Esto crea una oportunidad para el aprendizaje mutuo en materia de políticas.

"Corea puede aprender de la UE en la construcción de claridad jurídica y supervisión institucional, mientras que la UE puede aprender de la mayor sensibilidad surcoreana hacia las realidades de implementación"

Corea puede aprender de la experiencia de la UE en la construcción de claridad jurídica y supervisión institucional, mientras que la UE puede aprender de la mayor sensibilidad surcoreana hacia el despliegue, la escalabilidad industrial y las realidades de implementación.

En este sentido, la cooperación no debe reducirse a la mera exportación normativa desde Bruselas hacia Seúl. Debe ser un proceso bidireccional. De lo contrario, existe el riesgo de que la UE ofrezca un modelo altamente formalista y Corea uno más pragmático, sin que ninguna de las dos partes logre trasladar plenamente sus fortalezas hacia un enfoque compartido.

Por último, la cooperación entre la UE y Corea es necesaria porque ambas partes necesitan una forma más inteligente de gestionar la dimensión estadounidense.

Ni Bruselas ni Seúl se benefician de presentar la regulación digital como una campaña antiestadounidense. Eso sería estratégicamente torpe y políticamente contraproducente. Pero tampoco pueden permitirse que la sensibilidad de Estados Unidos determine los límites de sus ambiciones regulatorias internas.

El reto, entonces, consiste en cooperar de manera que sus decisiones regulatorias sean más transparentes, menos arbitrarias y más fáciles de defender en términos económicos internacionales.

Si la UE y Corea del Sur logran coordinar su discurso en torno a la equidad, la confianza, la seguridad, la interoperabilidad y el debido proceso, podrían reducir la probabilidad de que cada acción regulatoria se interprete inmediatamente como proteccionismo.

"Si Bruselas y Seúl no logran coordinarse, corren el riesgo de convertirse en reguladores paralelos, con objetivos similares pero resultados fragmentados"

Conclusión: construir un modelo coherente para la gobernanza digital

La UE y Corea no son reguladores digitales idénticos, pero avanzan en una misma dirección general.

Ambos aceptan ahora un papel más importante del Estado en la configuración de los mercados digitales y la gobernanza de la IA.

Ambos se enfrentan a la realidad estructural de que muchas de las empresas más afectadas son estadounidenses.

Por lo tanto, ambos deben navegar la difícil frontera entre la regulación legítima y la percepción de discriminación.

La UE ha abordado este desafío mediante un marco amplio basado en los derechos y en una conciencia de soberanía. Corea ha seguido un camino más limitado y cauteloso, condicionado por las preocupaciones sobre la innovación y la sensibilidad hacia su alianza.

Sin embargo, estas diferencias no debilitan la necesidad de cooperación. Al contrario, la refuerzan.

Si Bruselas y Seúl no logran coordinarse, corren el riesgo de convertirse en reguladores paralelos, con objetivos similares pero resultados fragmentados.

Si cooperan, podrían contribuir a construir un modelo de gobernanza digital más coherente, que no sea ni desregulador ni proteccionista, sino estratégicamente equilibrado e institucionalmente creíble.

*** Tomasz Wierzbowski es profesor adjunto en la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros en Seúl.