Lionel Messi en el Camp Nou frente a banderas independentistas.

Lionel Messi en el Camp Nou frente a banderas independentistas.

LA TRIBUNA

De la Europa League se sale antes que de Lledoners

¿Ha vuelto el F.C. Barcelona a la senda del independentismo con el retorno de Joan Laporta a la presidencia? La pregunta correcta es, más bien, si estuvo alguna vez en ella, más allá de los aspavientos de rigor en la Cataluña del procés.

4 noviembre, 2021 06:10

Con la vuelta de público a los estadios y de Joan Laporta a la presidencia del Barça parecen haberse recuperado viejas tradiciones que pocos echaban de menos. Antes del Clásico del pasado domingo 24 de octubre volvió a sonar, seis años después, el himno nacional de Cataluña en el Camp Nou en presencia del president de la Generalitat. 

Directivos y gobernantes trajeados y sonrientes acompañaron con los labios al unísono cada verso de Els segadors (ventajas de tener un himno con letra) con la tranquilidad y el patriotismo del que sabe que merendará canapés. Como si sólo se movieran hilos en el Santiago Bernabéu.

La poética historia de amor entre el F.C. Barcelona y el nacionalismo catalán parece haber renovado, al menos, por una legislatura más.

Pero no se confundan. El Barça no tiene patria. Ni siquiera con un viejo roquero al mando. Con el club prácticamente en quiebra, Lionel Messi en el PSG y un estadio que se cae a trozos, la única patria debe ser la buena gestión. No hay senyera en vano, y si se tiene que ir a Arabia Saudí a jugar la Maradona Cup, los valores democráticos del club pasan de repente a un segundo plano

Cada guiño al gobierno de la Generalitat, más allá de los formalismos protocolarios, se debe entender como parte de esa gestión que después ningunea al Espanyol en los medios de comunicación públicos. El Barça no tiene patria porque, de alguna manera, es en sí su propia patria. Y la de muchísima gente en Cataluña, en España y en todo el mundo.

"Se ha oído hablar de mil procesos constituyentes y de mil plebiscitos, pero jamás de una Superliga catalana"

Dejando de lado conspiraciones vesánicas, tampoco el club se ha posicionado nunca más allá. Y menos tratándose de simples comunicados, con cada coma reflexionada al milímetro para no embozar el tiesto. 

Al final, defender el derecho a la autodeterminación es una tesis común y habitual por aquí (aunque cueste mucho de entender en la meseta), más que suficiente para que se sientan orgullosos de su equipo los independentistas y para que nadie pueda decir que la institución también lo es (exactamente la misma estrategia de marketing que emplea Gerard Piqué, otro apátrida). Los sucesivos ejecutivos del procés siempre lo han entendido y nunca les han pedido nada más, ¿qué mejor embajador que un Barça que lo ganaba todo?

Tengamos claro, por otra parte, que quienes condenaron a su nación al veredicto del Tribunal Supremo (mala idea) en aquel otoño de 2017 no permitirían la misma suerte para su equipo de fútbol. De la Europa League se sale antes que de la cárcel de Lledoners.  

Valga un pequeño ejemplo. Se ha oído hablar de mil procesos constituyentes y de mil plebiscitos, pero jamás de una Superliga catalana. Laporta no presidiría un club que se la jugara en la última jornada contra un Sitges revelación.

Póngase en duda entonces si realmente la independencia de Cataluña sería beneficiosa para una multinacional como el Barça y si, por muy extravagante que sea el personaje, un abogado como Laporta no lo tiene meridianamente claro.

"Hasta la mismísima Región de Murcia hubiera soñado con una república independiente y próspera con aquella generación de futbolistas"

El problema llegó, quizás, cuando el independentismo se obsequió unilateralmente con una ficticia selección nacional durante algunas temporadas. Una selección que ganaba Champions con jugadores bajitos, sin tatuajes, y que hablaban catalán en la intimidad y en público. Un equipo que practicó el mejor fútbol nunca visto y que regaló a España su primer Mundial (entiéndase mi discrepancia con Arcadi Espada: aquello no era sólo Messi). 

Hasta la mismísima Región de Murcia hubiera soñado con una república independiente y próspera con aquella generación de futbolistas.

El resto del reparto no era decepcionante: el Real Madrid de José Mourinho, muchos jueces canosos y desafiantes, y un gobierno presuntamente lleno de mafiosos.

No creo que exista relación política alguna entre el auge del independentismo y los éxitos del Barça de Pep Guardiola. Pero en lo social es difícil saberlo, igual que es difícil frenar a una sociedad ilusionada y comprometida con una causa. Cataluña siempre ha sido una tierra ambiciosa y persistente.

No obstante, y después de tanta tragedia, el Barça de ahora es otra cosa, qué les voy a contar. No da ni para pedir un nuevo Estatut.

No me gustaría perder la oportunidad, y antes de que me arrepienta, de hacer una perspicaz recomendación a los nostálgicos patriotas catalanes con la autoestima nacional malherida: vayan ustedes a ver a su selección femenina al Estadio Johan Cruyff (otra delicia). ¿Quién sabe?

*** Àlex Carcel es periodista.

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