Manifestación constitucionalista en Barcelona.

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LA TRIBUNA

Por qué las elecciones catalanas no cambiarán nada

La autora defiende una reforma de la ley electoral que acabe con los privilegios medievales de algunas regiones españolas. 

11 febrero, 2021 02:00

Las elecciones que van a tener lugar en Cataluña no cambiarán nada realmente importante y en ese sentido carecen de interés. Es decir, lo tienen sólo para aquellos que aspiran a tocar gobierno y a repartir presupuestos a sus redes clientelares. Un giro de tuerca más en el latrocinio organizado cuyo fin nunca dependerá de la clase dirigente catalana.

Esperar eso sería un disparate rayano en la ciencia ficción. Habría que suponer que existen virtudes sobrenaturales, porque no de otro modo actúa el que renuncia a una posición de privilegio heredada (exactamente así: heredada) llevado por unos ideales democráticos o por esa forma de respeto hacia uno mismo y los demás que llamábamos honradez, palabra tan rara en estos tiempos, tan anacrónica que casi hay que ir a buscar su sentido al Diccionario de Autoridades.

Es difícil que algo pueda cambiar de manera sustantiva en la vida pública española, atenazada por mordazas de silencio y complicidad. Y esto lo sabemos todos con tanta claridad que no llama la atención. El jueves 3 de diciembre, en El HormigueroPablo Motos le pregunta a Rafa Nadal:

–¿Si tú pudieras cambiar algo de España en este momento para el bien de todos, qué cambiarías?

Y el genial tenista contesta:

–No te lo puedo decir.

Acto seguido, los dos se saludan con el codo y se echan a reír. Sobran los comentarios. Al día siguiente aparece un magnífico artículo de mi admirado César Antonio Molina titulado Guía de perplejidades. Su final resulta inquietante: "¿Pero hay alguien que no tenga miedo?".

En Andalucía nos contaban que estábamos lejos de los Pirineos, donde al parecer se sentían los benéficos aires de la mítica Europa

La única posibilidad de cambio que podría verse en el horizonte sería la rebelión de las comunidades autónomas que están destinadas a convertirse en los territorios nutritivos de las autonomías extractivas que son perpetuamente untadas con manteca presupuestaria para que encuentren interesante y provechoso no dar al traste con la precaria unidad nacional.

Y esto está así no desde hace poco, sino desde mucho antes de la Constitución del 78. La pobre vino a sancionar legalmente lo que había sido la política franquista durante 40 años: regiones pobres destinadas a suministrar mano de obra barata y mercados cautivos a las regiones ricas.

En el colegio y en el instituto nos lo explicaban así en los 80: que los gobiernos franquistas no habían tenido más remedio que apoyar a las regiones más desarrolladas y las demás, pues… qué le vamos a hacer. En Andalucía nos contaban que estábamos muy lejos de los Pirineos, donde al parecer se sentían ya los benéficos aires de la mítica Europa que otorgan inmediatamente a quien los respira inteligencia y capacidad.

Los especímenes más interesantes desde el punto de vista zoológico-moral eran los exclérigos convertidos al amor libre

Esto me lo han explicado a mí tanto profesores con bigotito del antiguo régimen como melenudos docentes contrarios a los exámenes y partidarios del derecho a roce con las alumnas. Los especímenes más interesantes desde el punto de vista zoológico-moral eran los exclérigos convertidos al amor libre.

Quiere decirse que esta idea era compartida por todos en perfecta armonía porque el problema que sostiene la balcanización de España no tiene que ver con las ideologías, y es anterior a ellas. Colocarlo en clave derecha-izquierda no sólo no contribuye a su comprensión, sino que enturbia definitivamente cualquier posibilidad de solución. Esa Disposición Adicional I que es una vía de agua en el buque constitucional fue colocada ahí por Herrero de Miñón, un señor de derechas de toda la vida.

Siempre hay un rayo de esperanza en el horizonte. Contra viento y marea ha conseguido presentar candidatura en todas las provincias catalanas Izquierda en Positivo, que nació para aglutinar a la izquierda no nacionalista en Cataluña porque el PSC hace mucho ya que se mudó a Pedralbes.

En Tarragona lo hace en colaboración con Unidos, sí, pero es el mismo proyecto que aspira a la despolitización de la administración pública, a acabar con la mal llamada inmersión lingüística y a dar visibilidad y voz a tantos votantes de izquierda que están huérfanos en todas partes, pero mucho más en Cataluña.

Esto no es un tablero de izquierdas contra derechas, sino una pugna del Estado moderno contra fueros medievales

Y naturalmente aparece la vieja aspiración a una ley electoral nueva que corrija la sobrerrepresentación de determinadas siglas que han terminado siendo, década tras década, los árbitros de la política española y han condicionado de manera decisiva a los gobiernos de izquierdas y derechas. Las minorías han marcado el rumbo de las mayorías. Porque (hay que insistir en ello) esto no es un tablero de izquierdas contra derechas, aunque lo parezca en superficie, sino una pugna del Estado moderno contra fueros medievales.

El problema podía haberse resuelto de muchos modos, pero el más eficaz y sencillo es una nueva ley electoral. Fue uno de los puntales del proyecto de Ciudadanos cuando esta formación sabía para qué había nacido. Se olvidó de hacerlo cuando pudo y ahora es difícil que pueda ya hacer nada fuera de sobrevivir.

Pero siempre hay un foco de resistencia que alienta la esperanza. El decreto de aplazamiento de las elecciones catalanas fijadas para el 14 de febrero fue suspendido por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a instancias de un recurso presentado por Izquierda en Positivo. No hay que desdeñar la capacidad de las minorías dispuestas a dar la batalla. Como dijo Oswald Spengler: "Siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización".

*** Elvira Roca Barea es filóloga y ensayista. Su último libro es Fracasología. España y sus elites: de los afrancesados a nuestros días.

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