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. Sergio Pérez Reuters

LA TRIBUNA

Segunda ola del coronavirus: no faltan recursos, sobra burocracia

El autor asegura que el sistema sanitario está anticuado y excesivamente burocratizado, y que eso le impide ser ágil en su respuesta a la pandemia.

19 octubre, 2020 01:36

El 19 de mayo escribí en este periódico un artículo titulado El fin de la epidemia en el que destacaba, desde hacía ya algunos días, la falta de ingresos por Covid en los diferentes hospitales de HM. Animaba entonces a reiniciar, con prudencia, la actividad sanitaria normal tras el bloqueo sufrido en esa primera ola, y aunque la daba por vencida, advertía de la posibilidad de que hubiera una segunda en otoño.

Es obvio que el confinamiento y la disminución drástica de la movilidad, fruto del estado de alarma decretado por el Gobierno, permitieron que el virus dejara de extenderse hasta casi su desaparición. Doy fe de que durante las semanas del mes de junio previo al levantamiento del estado de alarma, no hubo ni un solo paciente que ingresara por Covid en los hospitales que HM tiene en Madrid, León, Galicia y Barcelona. En el resto de territorios debió de suceder algo parecido porque, en aquellos momentos, la incidencia global no superaba los 5 casos por cada 100.000 habitantes, y había zonas con cero casos.

En España, gracias al confinamiento, prácticamente no había virus entonces. Por tanto, ¿qué ha pasado este verano para haber tenido una evolución tan mala y en tan poco tiempo? Haciendo análisis de lo ocurrido entre la primera ola y esta segunda, que tiene pinta de quedarse muchos meses, creo que los motivos que han provocado una y otra son muy diferentes.

En primavera hubo un retraso inexplicable en dar la alarma por parte de las autoridades. Esa fue la causa de que, primero en Madrid y luego en otras zonas, se contagiaran de golpe cientos de miles de personas. Esa es la única causa.

El Ministerio no estaba preparado, ni por recursos ni por experiencia, para poder afrontar lo que se le vino encima

A partir de ese momento era fundamental que el Gobierno asumiera el mando único para tratar de coordinar las actuaciones. Pero se vio que el Ministerio de Sanidad no estaba preparado, ni por recursos ni por experiencia, para poder afrontar lo que se le vino encima. Posiblemente nadie hubiera podido lidiar adecuadamente con algo así.

Con la perspectiva que da el tiempo, creo que todas las administraciones -estatal, autonómica y local- lo hicieron lo mejor que pudieron, pero simplemente la plétora de pacientes fue inasumible para unos recursos que no teníamos y que en ningún caso podríamos mantener en condiciones normales. Es decir, se produjo una crisis de recursos. Para afrontar este tipo de casos es fundamental que funcionen las instituciones de vigilancia, que para eso están.

Ahora bien, la puesta en marcha del operativo para contener esta segunda ola de la pandemia es lo que realmente ha sacado a la luz las costuras de un sistema sanitario anticuado, descoordinado, excesivamente burocratizado y poco ágil en su capacidad de respuesta. De haberse organizado bien, ahora sí habría suficientes recursos para controlar la situación. En esta segunda ola hemos sufrido una crisis de burocracia.

Con el número de contagiados, hospitalizados y muertos que ha habido me sigue sorprendiendo que todavía haya quien se manifieste a favor del mantenimiento del actual régimen de gestión pública. A la vista está que ha sido incapaz de reforzar el sistema -empezando por la atención primaria- con la velocidad suficiente como para poder contener una expansión del virus que se veía venir desde julio. Esa no es la Sanidad pública que todos queremos.

A principios de julio, precisamente, advertí de que era necesario incorporar al Ejército a los grupos de rastreadores. Eso era mucho mejor que verles recoger cadáveres por falta de recursos funerarios suficientes, como ya pasó.

Si no se introducen cambios, sólo hay dos opciones: o asumir el colapso del sistema o disminuir la movilidad 

Hoy nos enfrentamos a una situación endémica, con una enfermedad contagiosa y mortal, que ocupa una gran parte de los recursos sanitarios en detrimento de otras patologías que son más letales pero menos urgentes. Además, ante la falta de vacuna y tratamiento realmente efectivo, si no se introducen cambios, sólo hay dos opciones: o asumir centenares de muertos a la semana y el colapso del sistema, o aplicar medidas que disminuyan la movilidad, con lo que ello pueda suponer para la actividad económica.

Por tanto, o somos capaces realmente de coordinarnos todos y trabajar al unísono para adaptarnos a la situación y poder combatir al virus de forma efectiva, o lo que nos espera hasta la llegada de la vacunación masiva -que no será antes del otoño de 2021- va a ser un auténtico calvario, sanitario y económico.

Del mismo modo, o somos capaces de introducir los cambios necesarios en nuestro sistema sanitario a nivel de financiación, integración, coordinación, digitalización y refuerzo de servicios básicos, anteponiendo el interés de los pacientes, o el virus se llevará por delante el que ha sido hasta ahora nuestro mayor pilar del Estado de bienestar, que quedaría reducido a la condición de servicio público paupérrimo.

Hay un dicho que dice "ante un problema, lo racional es solucionarlo, lo político negar su existencia". Me temo que la Covid-19 no nos deja esa segunda opción.

*** Juan Abarca Cidón es presidente de HM Hospitales.

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