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LA TRIBUNA

Comprensión española hacia el PP vasco

El autor rechaza la idea de que para combatir el nacionalismo vasco solo vale el españolismo y que, por tanto, el PP vasco debe hacer política de espaldas a las instituciones y tradiciones de Euskadi.

Tras el batacazo de las últimas generales y la pérdida generalizada de presencia institucional en las municipales y forales, la situación del PP vasco no se presenta muy halagüeña de cara a las próximas autonómicas. A diferencia del PP nacional, el PP vasco no tiene a nadie con quien pactar, ya que ni Vox ni Ciudadanos existen en Euskadi. Es por ello que su organización está inmersa en un proceso de refundación del que tiene que salir o bien su recuperación en el medio plazo o bien su definitiva marginación política.

Los dirigentes del PP vasco han entendido la gravedad del momento y están dispuestos a renovarse, pero para ello necesitan la comprensión y el apoyo del PP nacional, que debería ser consciente de lo que se está jugando en el envite: quedarse sin representación en el País Vasco.

El proceso no se presenta en absoluto sencillo. Para empezar, desde Euskadi, el nacionalismo del PNV no ve con ninguna simpatía, como cabría suponer, un proceso cuya propuesta principal pasa por recuperar a un amplio sector del electorado de centro derecha vasco de toda la vida, indudablemente españolista, que ha preferido buscar un refugio seguro en el PNV, tanto respecto del nacionalismo radical como de los vaivenes impredecibles de la política española.

La prueba de que esto es así la vimos el otro día con un dirigente histórico del PNV como Iñaki Anasagasti, que cuando le preguntaron por la renovación del PP vasco lo primero que se le ocurrió fue calificarla como mero maquillaje superficial o recordar la salida traumática de su anterior presidenta Arantza Quiroga.

El PP debe integrar su españolismo irrenunciable con su vocación histórica hacia las instituciones de los vascos

Del nacionalismo vasco, obviamente, no podemos esperar otra cosa. Anasagasti solo busca enredar y poner todos los palos que pueda porque conoce como pocos Madrid, de sus muchos años de congresista y senador, y sabe lo que quieren oír ahora en la capital de España sobre este proceso del PP vasco. ¿Pero es que desde el PP nacional y desde los medios de comunicación que tanto influyen en sus dirigentes no podemos esperar algo distinto de la sospecha, el recelo o la desconfianza?

A propósito de la reunión entre Casado y los dirigentes del PP vasco en San Sebastián, con motivo de la reunión del PP europeo, pudimos ver la reacción de cierta prensa madrileña, que aprovechó la ocasión para hablar de que el PP vasco “va por libre”, que no hace autocrítica por los recientes resultados electorales, sacando a relucir el pasado sorayista de Alfonso Alonso y aireando la especie, tan querida por cierto sector del PP nacional, de que todo lo que no sea ponerle cara de perro al nacionalismo vasco no sirve para hacer su política en Euskadi.

Ante este panorama se imponen una serie de aclaraciones que me esforzaré en resumir. La primera es que la propuesta de renovación del PP vasco se fundamenta en el liberal fuerismo, que significa básicamente reafirmar al centro derecha como protagonista fundamental de la política vasca, integrando su españolismo irrenunciable junto con su vocación histórica hacia las instituciones privativas de los vascos. Nadie puede cuestionar el papel de ese centro derecha vasco en la conformación política del País Vasco actual y que se remonta a los tiempos en los que ni el nacionalismo ni el socialismo existían todavía en Euskadi.

La segunda aclaración es que el PP vasco atravesó el desierto de la época terrorista sufriendo en sus propias carnes más que nadie los estragos de aquella desgracia que se abatió sobre todo el país. Entonces la política no podía ser más que la del enfrentamiento total contra el terrorismo, que algunos equipararon, por efecto del acoso brutal que padecieron, con un enfrentamiento contra el nacionalismo vasco en su conjunto.

El centro derecha, el PP vasco, se convirtió así prácticamente en un trasunto de la España oficial en Euskadi, de la paz sin contrapartidas políticas, pero hay que pensar que muchos de los votos que recibía entonces eran votos prestados de todos aquellos que rechazaban el terrorismo por encima de siglas y de política, sin ninguna otra consideración de tipo ideológico o identitario.

El centro derecha vasco representa una tradición política anterior y opuesta a la del nacionalismo vasco

Pero el PP vasco no podía seguir por siempre representando aquel papel de farallón contra la amenaza y la extorsión terrorista, sencillamente porque ETA fue derrotada por nuestro Estado de derecho. Y es por eso que no le queda otra al PP vasco que recurrir a sus posiciones históricas, que le sitúan, como ahora voy a explicar, enfrente mismo del nacionalismo vasco, de modo natural y sin estridencias.

En efecto, el centro derecha vasco representa una tradición política anterior y distinta, en realidad completamente opuesta a la del nacionalismo vasco, defendiendo la Constitución y el Estatuto de modo similar, con la misma fuerza, sin subterfugios ni reservas. ¿Por qué el centro derecha vasco va a dejar de defender las señas de identidad vascas, sus instituciones, su cultura si fue el primero que lo hizo desde antes de que el nacionalismo o el socialismo existieran; si fue el liberal fuerismo vasco, por ejemplo, el que firmó el primer concierto económico con el presidente Cánovas?

Por el contrario, tendrá que ser el propio nacionalismo vasco el que reaccionará, sin duda, de manera hostil, cuando vea que buena parte de su electorado se siente más identificado con un PP vasco, español, foral y sin servidumbres hacia el independentismo o hacia los filoetarras, que con un PNV que salió vergonzantemente indemne y reforzado de la etapa terrorista.

Quienes desde Madrid le otorgan al PP vasco el único papel político de enfrentarse frontalmente al nacionalismo piensan que contra el nacionalismo solo vale el españolismo y que ese españolismo es lo único que debe caracterizar al PP vasco. Se piensa que con eso recuperará el PP vasco los votos de la mejor época de Aznar, pero están en un craso error.

Los tiempos son otros una vez pasado el terrorismo. Lo que se impone ahora es rescatar la identidad política del centro derecha vasco tal como siempre existió. Y basta un razonamiento actual bien sencillo para entender esto: todos los votos que ahora mismo recibe el PP vasco son los del españolismo vasco, y la prueba está en que en el País Vasco ni Vox ni Ciudadanos tienen representación institucional alguna. Si el PP vasco ejerciera, como le reclaman desde Madrid, un antinacionalismo vasco frontal, ¿de dónde más podría sacar los votos que ahora no tiene?

*** Pedro José Chacón Delgado es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU. 

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